Resa, situado dentro del término municipal de Andosilla (Navarra), es hoy en día un importante yacimiento arqueológico. Desde 2018 se están llevando a cabo excavaciones promovidas por el Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento de Andosilla, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, el periodista andolense, Carlos García Pardo, estudiantes universitarios y voluntariado local.

Historia La fecha exacta de su fundación es desconocida, aunque se sabe que ya estaba habitado durante la dominación musulmana. Sobre 908, Sancho Garcés I de Pamplona incorporó toda esta comarca a su incipiente reino tras arrebatársela a la familia muladí de los Banu Qasi de Tudela (Navarra), quienes eran vasallos de los Omeyas de Córdoba. Con el tiempo, el pueblo se convirtió en un importante bastión defensivo del reino pamplonés, primero frente al Islam y después frente a Castilla. En 1350, tras perder su relevancia estratégica, sufrir varias epidemias de peste y desprendimientos de piedras sobre las casas, quedó prácticamente deshabitado. En esa fecha, solo vivía una familia en el lugar: la de Juan Jiménez de San Adrián. Ese mismo año, los vecinos de Andosilla compraron parte de su término municipal al rey Carlos II de Navarra, excepto el soto y las salinas. Las rentas del soto y de las salinas se las concedió en 1414 Carlos III de Navarra a Pierres de Peralta. Resa, que posiblemente estuvo amurallado, tuvo dos iglesias, Santa María y San Esteban, situadas a ambos extremos del núcleo urbano, un castillo, cuya verdadera naturaleza es debatida ya que podría haber sido simplemente un conjunto de cuevas fortificadas, y un puente sobre el río Ebro, del cual aún quedaban vestigios a mediados del , según el relato del jesuita e historiador, José de Moret, que visitó la zona en esas fechas.

Según informaba Julio Altadill, la Corona navarra poseía el lugar desde el reinado de Sancho el Fuerte, adquirido mediante el pago de treinta mil sanchetes, a Rodrigo Díaz de los Cameros y su esposa Aldonza que los habían obtenido, a su vez, del rey Alfonso VIII de Castilla que lo había mantenido en rehenes (año 1179) de paz, según acuerdo alcanzado con Sancho el Sabio.

Toponimia Se desconoce la etimología de la palabra Resa. A lo largo de su historia, el pueblo ha tenido diferentes denominaciones: Arrezo, Arreza, Aresa, Areso o Ressa, entre otras.

El yacimiento arqueológico El yacimiento se asienta entre dos unidades geomorfológicas bien definidas. Por un lado, se encuentra enmarcado por el relieve producido por las rocas del anticlinal de Sartaguda, un pliegue de hasta , orientado de noroeste a sudeste y formado por rocas sedimentarias miocenas entre las que destacan yesos, arcillas, areniscas y calizas.

Por otro lado, limita con el río Ebro, entre cuyos meandros se abre una serie de terrazas fluviales de cronología pleistocena y holocena, formadas por gravas poligénicas y arenas y arcillas en proporciones variables, con clastos de calizas, cuarcitas, areniscas y microconglomerados, localmente cementados por carbonatos. Entre las distintas terrazas, se documentan también varios meandros y cursos abandonados, con características litológicas similares.

En el marco de Resa se distinguen, atendiendo a la nomenclatura operante en la sección de Arqueología del Gobierno de Navarra, dos yacimientos diferenciados:

El yacimiento Resa-1 abarca el denominado "cementerio de los moros”, un amplio canchal (depósito de coluviones en la base del anticlinal) situado sobre la amplia terraza fluvial conocida como La Veguilla. El yacimiento se encuentra en el límite del espacio inundable durante los periodos de recurrencia de cincuenta años. Los trabajos arqueológicos realizados hasta la fecha se han centrado principalmente en esta área, definiéndose dos sectores de excavación: el sector 1/100, situado en un punto elevado del canchal a una altitud aproximada de (iglesia, lagar y tumbas); y el sector 1/200, localizado a unos cincuenta metros de la anterior, sobre la superficie de La Veguilla a una altitud aproximada de (villa romana).

El yacimiento Resa-2 abarca un conjunto de cuevas abiertas en la pared rocosa miocena con un control privilegiado sobre el valle del Ebro. Entre ambas zonas, las vegas del Ebro están actualmente dedicadas a cultivos intensivos de regadío, aunque perduran aún algunos fragmentos de sotos y áreas arboladas, especialmente en los puntos más cercanos al Ebro. En el momento en que arrancaron los trabajos, el yacimiento Resa-1 se encontraba fuertemente afectado por la extracción mecánica de tierras con el objetivo de reforzar las defensas del Ebro, realizada entre 1975 y 1977. Estas operaciones habían supuesto la apertura de una amplia trinchera en el canchal, en cuyo cantil quedaron expuestos restos de varios enterramientos dentro de una secuencia estratigráfica de gran potencia. dicha trinchera sirvió como referencia para la realización de los primeros trabajos a partir de 2019.

Los descubrimientos

La villa romana La villa romana se encuentra situada a 1,70 metros de profundidad. Es una edificación de época del Alto Imperio romano (siglos I-II d. C.), probablemente un centro productivo agrícola que, además, se encontraba próximo a la ciudad de Calagurris (Calahorra, La Rioja). Los restos encontrados están formados por un gran muro que alterna fábrica de mampuestos con sillares ciclópeos. Perpendicularmente tiene adosado un muro de fábrica de mampostería, de peor calidad y dimensiones menores. El muro principal presenta una alineación este-oeste. Su desarrollo hacia el este fue destruido por las remociones de tierras aportadas a las defensas del río Ebro a finales de los setenta del siglo pasado. Por el oeste se inserta por el cantil. Se desconoce hasta donde se prolonga. El muro perpendicular es de peor factura y su cimentación se sitúa a cotas superiores. Asociados a estos restos constructivos se han documentado depósitos con fragmentos de tégulas, ímbrices y ladrillos. También, se han documentado unos pocos restos de vasijas, de sigilata hispánica, así como algunos restos óseos de fauna doméstica. Estos depósitos se sitúan a ambos lados del gran muro, a una cota similar y marcan el nivel correspondiente al abandono del uso de dichas construcciones. Estas estructuras forman parte de una edificación o conjunto de edificaciones cuyos restos también fueron destruidos por las remociones. Los grandes bloques ciclópeos de arenisca dispersos por el entorno formaban parte de esta realidad. De momento, no se va a continuar excavando en este lugar.

La iglesia La iglesia es una de las dos que tuvo Resa, posiblemente la dedicada a Santa María. Se encuentra situada en el centro del promontorio sobre el que se asienta el yacimiento y es el elemento más importante excavado hasta el momento. La información recabada hasta el momento permite afirmar que el edificio corresponde a una iglesia prerrománica de planta basilical con cabecera única de planta semicircular y separadas ambas por un coro o presbiterio. Los muros son de 45-50 centímetros de grosor.

Entre el derrumbe del edificio se han localizado dos grandes pilares monolíticos, realizados en yesos, probablemente las jambas de una portada monumental que coronaba esta abertura. Uno de ellos presenta dos hendiduras hacia la mitad de su altura que originalmente debieron de servir para encajar una cancela con funciones litúrgicas. Tanto el interior como el exterior de la nave presentan evidencias de haber sido recubiertos con un enlucido de yeso, tanto en las paredes interiores como, al menos parcialmente, en las exteriores, donde se conservan las marcas del encofrado. Un fragmento de carbón englobado en el enlucido interior ha proporcionado una datación situada entre la segunda mitad del y el primer cuarto del XIII. La cabecera está formada por dos espacios: un coro o presbiterio rectangular y un ábside semicircular de planta ligeramente en herradura. En el coro, el pavimento estaba compuesto por una mezcla de yeso y tierra batida, apoyado sobre un zócalo que se extiende por todo el edificio. También, se ha identificado un pequeño "murete" en el muro este de la nave, además de numerosos sillares y pilares que parecen haber formado parte de una estructura ornamental, posiblemente arcos interiores. Estos elementos, realizados en yeso, refuerzan la idea de que el interior de la iglesia tenía un diseño más elaborado. El ábside conserva en buen estado su nivel de uso, donde destaca un entramado central compuesta por bloques de yeso unidos con argamasa, interpretada como los restos de un altar. Este ara, a diferencia de lo habitual, no se apoya directamente contra el muro perimetral del ábside. También, se ha identificado otra estructura formada por tres sillares de yeso superpuestos, que podría haber funcionado como un pilar auxiliar. Entre los escombros del derrumbe de los muros perimetrales, que cubren casi todo el interior del edificio, se han encontrado fragmentos de cerámica torneada, de tonos grises y anaranjados, algunas con esmaltes verdes y melados. En la parte norte, un fragmento del muro aparece como un solo bloque derrumbado. Estas características subrayan la complejidad y la riqueza arquitectónica de la iglesia, confirmando su relevancia dentro del yacimiento.

El lagar El lagar es de época medieval y se caracteriza por una solera y paredes elaboradas en un mortero de cal o yeso de gran finura. La estructura presenta una planta rectangular, con el orificio y el canal de desagüe en excelente estado de conservación, que conducen, a través de una piedra vertedera, hasta la pila destinada a recoger el mosto. El lagar se encuentra en el contexto de la necrópolis, lo que sugiere una estrecha relación entre la actividad agrícola y el entorno funerario de la época.

La necrópolis