La Santa Junta, oficialmente Cortes y Junta General del Reino, fue el máximo órgano dirigente de los comuneros de Castilla durante la revuelta contra Carlos I, el cual sesionó a modo de Cortes extraordinarias desde el 1 de agosto de 1520 hasta el 23 de abril de 1521, cuando la batalla de Villalar la obligó a disolverse.
La Junta comenzó sus reuniones el 1 de agosto de 1520 en la ciudad de Ávila. En el mes de septiembre decidió trasladarse a la localidad de Tordesillas, residencia de la reina Juana, donde amplió a catorce el número de ciudades que la componían y se consolidó, desconociendo a los virreyes nombrados por el monarca, como única autoridad legal en Castilla.
Tras la derrota en Tordesillas a comienzos de diciembre, la Junta se debió pasar a Valladolid, su nueva sede. A partir de entonces, la brecha entre procuradores moderados y radicales creció y debilitó internamente a la asamblea. La derrota de Villalar, el 23 de abril de 1521, terminó con el movimiento comunero al norte de la sierra de Guadarrama y llevó, lógicamente, a la disolución de su máximo órgano de gobierno. Años después, muchos de sus antiguos integrantes serían juzgados por traición y ejecutados.
Contexto thumb|150px|Retrato del cardenal Adriano de Utrech, cuya designación como regente de Castilla provocó la indignación de las ciudades.
El 31 de marzo de 1520, tras la correspondiente convocatoria en febrero del mismo año, el rey Carlos I reunió las Cortes en Santiago de Compostela con el objetivo de que los procuradores sufragasen su viaje al Sacro Imperio Romano Germánico, donde se coronaría emperador, con un cuantioso servicio extraordinario. A pesar de las reticencias iniciales que existieron entre gran parte de los representantes de las ciudades, el monarca trasladó las Cortes a La Coruña y, una vez reanudadas, consiguió arrancar el voto favorable de la mayoría y embarcarse rumbo al Imperio.
La votación del servicio condujo a que durante los meses de mayo y junio de 1520 se sucediesen violentas protestas y altercados en las principales ciudades de Castilla: Segovia, Zamora, Burgos y Guadalajara. La respuesta del regente-cardenal Adriano de Utrecht, muy criticado por su condición de extranjero, consistió en confrontar militarmente con los rebeldes. De esa manera, a mediados de junio de 1520, el pesquisidor Rodrigo Ronquillo instaló su cuartel general en Santa María la Real de Nieva y se dispuso a sitiar la urbe segoviana, principal foco de los disturbios populares. A los pedidos de auxilio de la ciudad, liderada por el comunero Juan Bravo, acudieron las milicias de Toledo, Madrid y Salamanca, las cuales consiguieron que Ronquillo se replegase hasta Arévalo. Mientras tenían lugar estos sucesos, las ciudades levantadas en Comunidad comenzaban a ensayar la formación de un nuevo órgano político que pudiese tomar el rumbo de la crisis y obligar al poder real a llevar a cabo las reformas solicitadas.
La Junta en Ávila Preliminares El 8 de junio de 1520, poco antes de la expedición contra Segovia, Toledo dirigió una circular a todas las ciudades que tenían voto en Cortes. En ella les proponía la necesidad urgente de reunirse para poner orden en el reino y, principalmente, adoptar cinco objetivos concretos:
Anular el servicio votado en La Coruña. Volver al sistema de encabezamientos para recaudar las alcabalas. Reservar los cargos públicos y eclesiásticos a los castellanos. Prohibir la salida de moneda fuera del reino. Designar a un castellano para que dirigiese el reino en ausencia del rey.
Las advertencias del cardenal Adriano para que las ciudades hiciesen oídos sordos a este llamamiento dieron el efecto deseado, pues en los primeros días de julio solo Salamanca, Segovia y Toro se mostraban conformes con enviar sus procuradores a la junta propuesta por Toledo. Semanas después, sin embargo, el regente pensó en la posibilidad de convocar la asamblea en Valladolid bajo su propia dirección, lo que le permitiría acallar las posiciones radicales que pudiesen surgir en los debates. El 6 de julio la ciudad de Burgos lo urgió a decidirse en ese sentido, pero el día 9, cansada de esperar una respuesta satisfactoria de su parte, le propuso a Toledo que la Junta se celebrase en Segovia a finales del mes.
El 17 de julio, Toledo escribió una carta convocando la asamblea para el día 1 de agosto, pero no en Segovia, sino en Ávila. Esta vez no contó con el apoyo de Burgos, que, a instancias del Condestable de Castilla, siguió aguardando la confirmación del cardenal para celebrar una junta en Valladolid.
Primeras sesiones en Ávila thumb|300px|right|Vista de la Catedral de Ávila, primer sitio de reunión de la Santa Junta en Ávila. El 1 de agosto de 1520, tal como estaba acordado, los procuradores de Toledo, Segovia, Salamanca, Toro y Zamora se reunieron en la catedral de la ciudad de Ávila, dentro de la capilla del Cardenal. En realidad, la adhesión de Zamora fue tan solo momentánea. Las gestiones de Burgos, por un lado, y la influencia que el conde de Alba de Liste ejercía en la ciudad, por el otro, consiguieron que revocase el mandato de sus procuradores el 10 de agosto. Ávila, por su parte, había designado el 2 de julio una delegación de tres canónigos para que asistiesen a los debates, pero pocas semanas después el cabildo dejó sin efecto la decisión. No obstante, tanto el deán como el arcediano de Bonilla continuaron reuniéndose con el resto de los procuradores por su propia voluntad, actitud que les valió de reproches y sanciones por parte de las autoridades eclesiásticas.
En definitiva, no fueron más que cuatro ciudades las que se reunieron en Ávila en el mes de agosto. Este número tan reducido llevó a la Junta, el 17 de agosto, a pedir que le permitiesen trasladarse a la capilla de San Bernabé, algo más pequeña y acogedora. No obstante, el lugar les fue denegado y los procuradores debieron celebrar sus reuniones en el ayuntamiento de la ciudad.
El cronista fray Prudencio de Sandoval realizó de la Junta de Ávila una descripción regularmente citada en la bibliografía del movimiento comunero, pero que está repleta de errores:
Ni León, ni Ávila estaban representadas en agosto en la Junta, pero en cambio Segovia, que sí lo estaba, no es mencionada por el cronista. Tampoco parece probable que el toledano Pero Laso de la Vega asistiese a sus sesiones, ni que las mismas estuviesen dirigidas por un tundidor llamado Pinillos.
El hundimiento del poder real El incendio de Medina del Campo, perpetrado por las tropas realistas de Antonio de Fonseca el 21 de agosto de 1520, hundió definitivamente al poder real y aceleró el curso de los acontecimientos. A raíz de este suceso, la composición de la Santa Junta se vio ampliada con el ingreso de nuevas ciudades, muchas de las cuales, hasta ese momento, se habían mostrado reticentes a secundar el movimiento comunero: son los casos de Zamora, León, Valladolid, Cuenca, Soria y Guadalajara. A algunas de ellas, como Soria y Guadalajara, es probable que la regencia encabezada por el cardenal Adriano les haya permitido acudir con sus procuradores para que, al menos, actuasen como elementos moderadores en el seno de la asamblea.
El cardenal Adriano, en un acto desesperado, retomó el plan que había elaborado en julio y comisionó a un tal Hinestrosa para que negociase con la Junta su traslado a Valladolid. Su tentativa no prosperó, puesto que los diputados continuaron reuniéndose en Ávila y se prepararon, a finales del mes, para un eventual traslado a Tordesillas junto a la reina Juana, cuyas prerrogativas políticas pretendían restablecer.
La Junta en Tordesillas
Preliminares El 29 de agosto de 1520, tras pasar por Medina del Campo y recoger la artillería negada días atrás a Fonseca, las milicias comuneras encabezadas por los capitanes Juan de Padilla (Toledo), Juan Bravo (Segovia) y Francisco Maldonado (Salamanca) llegaron a la localidad de Tordesillas. Tres días después, el 1 de septiembre, se entrevistaron por segunda vez con la reina Juana y obtuvieron su aprobación para que la Santa Junta —o Junta General, tal era su nombre oficial— se trasladase a Tordesillas junto a ella. Los procuradores reunidos en Ávila tomaron en cuenta esta disposición y el 6 de septiembre anunciaron su traslado a la ciudad que sería su nueva sede. En el ínterin, ordenaron la expulsión del marqués de Denia, que cumplía el encargo de vigilar y recluir a la reina, e iniciaron conversaciones con Portugal. Éstas se concretaron por medio de un grupo de diputados (de Burgos, Soria, León y Zamora) que el 8 de septiembre se entrevistaron con el embajador del país vecino, en Valladolid.
Consolidación de la Junta La Junta, tras haber estado de paso seis días en Medina del Campo (concretamente del 13 al 19, reuniéndose en la Iglesia de San Martín), llegó a Tordesillas el 19 de septiembre. En la asamblea se hallaban representadas trece ciudades de las dieciocho con voto en Cortes: Burgos, Soria, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toledo, Toro, Cuenca, Guadalajara y Madrid; en octubre se le sumarían, además, los diputados de Murcia. Esta mayoría le permitió adoptar el nombre oficial de «Cortes y Junta General del Reino».
El 24 de septiembre, en una audiencia con la Junta que reviste de indudable importancia política, la reina Juana aceptó recibir regularmente una delegación de diputados para examinar los asuntos de gobierno. Al día siguiente todos los procuradores, excepto los de Guadalajara, cuyos poderes no se lo permitieron expresamente, juraron solemnemente hacer cumplir la misión que se habían impuesto:
Por otro lado, proclamaron la solidaridad del reino; cualquier ataque contra una de las ciudades representadas provocaría la reacción colectiva de las demás:
El nuevo gobierno El 26 de septiembre, la Junta publicó un manifiesto en el cual desposeía de sus facultades al Consejo Real y asumía ella sola las responsabilidades de gobierno, concentrando todos los poderes superiores del Estado. Para hacer frente a las nuevas responsabilidades, el documento terminaba pidiendo a las ciudades representadas que confiriesen a sus diputados nuevos poderes adecuados a las circunstancias. Cuatro días después de esta declaración, un contingente armado con Pedro Girón a la cabeza disolvió lo que quedaba del Consejo Real deteniendo a varios de sus miembros. Esta operación permitió a la Junta hacerse con el sello real y los registros oficiales, que pasaron a Tordesillas.
Divisiones internas en la Junta Durante su estancia en Tordesillas, la posición de la Junta se vio fracturada en el ámbito de dos discusiones. Por un lado, la posibilidad de que Juana tomase el poder efectivo que le correspondía como reina propietaria. Por el otro, el papel que debía desempeñar la Junta en la vida política del reino.
thumb|200px|left|La precaria salud de Juana I de Castilla fue un obstáculo para que la Santa Junta le devolviese sus prerrogativas reales.
Las prerrogativas de Juana I de Castilla
Casi desde el principio, la Santa Junta había manifestado su intención de devolverle a Juana las prerrogativas políticas que le pertenecían como legítima soberana del reino. No se trataba de una discusión nueva en Castilla; ya en 1516, la proclamación de Carlos como rey de Castilla había levantado las críticas del regente Francisco Jiménez de Cisneros y el mismo Consejo Real, que la consideraron una maniobra de dudosa legalidad y cuyas consecuencias sobre el ordenamiento político del país podría no ser de agrado para algunos sectores.