miniaturadeimagen|300x300px|Lectura de la tragedia de Voltaire: «El huérfano de China», en el salón de Madame Geoffrin en 1755, Gabriel Lemonnier (1812).

Los salones literarios fueron una manifestación cultural francesa de la alta sociedad formada por aristócratas y amantes de las bellas artes en la que se apostaba por la conversación, las lecturas públicas y los conciertos. Si bien la historiografía francesa suele afirmar que las dueñas de estos espacios eran las grandes damas con intención de hacerse un hueco y una reputación en el mundo social de las clases altas, las crónicas contemporáneas a este movimiento cuentan que estos espacios de encuentro y diversión también tenían como dueños a hombres (como el barón de Holbach, o La Pouplinière) o incluso a parejas (Anne-Catherine de Ligniville Helvétius y Claude-Adrien Helvétius). No obstante, ya hay testimonios de salones parecidos en el Poitiers del (con las damas de Roches) o en el círculo de Catalina de Médici e incluso los últimos Valois. En el , gracias a la protección y el apoyo de los grandes contribuyentes, se vuelve a financiar esta forma de entretenimiento a la que se añade, además, el intercambio de ideas filosóficas.

El término salón literario nace de la expresión de un mito popular entre los escritores del . Anteriormente, estos lugares habían sido nombrados como casas, círculos, sociedades o academias dependiendo del autor del testimonio, ya que el vocabulario de entonces no se fijaba de una manera tan estricta como en la época actual. Estos salones, al fin y al cabo, se trataban de formas de convivencia y no tenían una denominación propia.

Círculos, sociedades y clubes en el Antiguo Régimen Tras la simple apariencia aristocrática, aparecen mujeres intelectuales que comienzan a abrir salones para personalidades políticas, de letras y científicas de ambos sexos y todas las condiciones. Instruidas y escritoras, entre ellas mantienen una constante correspondencia que ha llegado hasta nuestros días, como la de Marie du Deffand, que cuenta con 1400 cartas. La colección más famosa es la de Madame de Sévigné. Estas reuniones numerosas formadas por personas de élite o correspondientes a la alta sociedad existieron hasta principios del y fueron tanto centros como hogares literarios en los que el conocimiento era indispensable para comprender los detalles de la historia de la literatura francesa. Estos salones literarios casi siempre fueron propiedad de mujeres muy distinguidas por su espíritu, su gusto y su tacto a la hora de mantener conversaciones con temática general, aunque siempre con gran influencia en las costumbres y en la literatura.

El primer salón literario fue el del Hôtel de Rambouillet, que data de 1608 y duró hasta la muerte en 1665 de Catalina de Rambouillet, apodada Arthénice. Posteriormente se formarían otros salones que imitarían las maneras del Hôtel de Rambouillet, como los del preciosismo.

Bajo el reinado de Luis XIII, aparece el salón de Marie Bruneau des Loges, cuyos admiradores llamaban la décima musa y de quien Conrart afirmó:

Balzac, Malherbe o Beautru, frecuentaron esta casa y, entre los grandes personajes que dejaron su testimonio acerca de su estima a Marie Bruneau des Loges, destaca el rey de Suecia, el duque de Orleans o el duque de Weimar. miniaturadeimagen|Madeleine de Scudéry, salonière del . Las salonières eran mujeres que crearon relaciones sociales en los salones literarios franceses.

Hacia la mitad del , el salón más importante es el de Madeleine de Scudéry. Los problemas durante la Fronda habían separado a los habituales del Hôtel de Rambouillet, por lo que Madeleine de Scudéry reformó su casa de la rue de Beauce en el barrio parisino de Marais. Allí acudieron Chapelain, Conrart, Pellisson, Ménage, Sarrasin, Isarn, Godeau, el duque de Montausier, la condesa de La Suze, la marquesa de Sablé, la marquesa de Sévigné, madame de Cornuel, Arragonais, etc.

Durante las reuniones, que tenían lugar los sábados, se mantenían conversaciones galantes y refinadas. Se leían versos, se discutía sobre los méritos y los defectos de las últimas obras publicadas, se comentaban hasta las cosas más nimias y de menor importancia. Cada asistente gozaba de un alias, casi siempre extraído de un título de una novela: Conrart se llamaba «Théodamas» ; Pellisson, «Acanthe» ; Sarrasin, «Polyandre» ; Godeau, «le Mage de Sidon» ; Arragonais, «la princesse Philoxène», Madeleine de Scudéry, «Sapho».

De estas reuniones, la más conocida tuvo lugar el 20 de diciembre de 1653, conocida como la "jornada de los madrigales" (en francés, «journée des madrigaux»): Conrart había regalado a la dueña del salón un madrigal a la que esta respondió con otro, y los asistentes, llevados por la emoción de la imitación, improvisaron toda una serie de madrigales. En otra de las reuniones se redactó el mapa de Tendre, país imaginario que usará Madeleine de Scudéry en su novela Clélie

Otras de estas reuniones tenían lugar en casa de Madeleine de Souvré, marquesa de Sablé, durante su retiro a una de las dependencias de Saint-Jacques, propiedad del monasterio de Port-Royal, en París.

Jeanne Baptiste d'Albert de Luynes, condesa de Verrue, antigua favorita del duque Víctor Amadeo II de Saboya, amiga de las letras, las ciencias y las artes, acogió en su casa, en el hôtel de Hauterive, una sociedad de escritores y filósofos como Voltaire, el abad Jean Terrasson, Rothelin, Chauvelin, Jean-François Melon, Jean-Baptiste de Montullé, Armand de Madaillan, marqués de Lassay y su hijo Léon de Madaillan de Lesparre, conde de Lassay, además de muchos otros que se interesaron por ella.

Ninon de Lenclos tuvo igualmente, durante su madurez, un salón en el que se reunían mujeres de la corte como Marguerite de la Sablière, Marie Anne de Bouillon, Marie-Angélique de Coulanges, Anne-Marie de Cornuel, etc. Françoise de Maintenon, en aquella época en la que todavía era esposa de Scarron, ostentó también un salón de gran importancia. En los salones de los hôteles Albret y Richelieu se citaban todas las personas distinguidas, como Madame de Sévigné, Marie-Madeleine de La Fayette y Marie-Angélique de Coulanges.

miniaturadeimagen|Anne-Louise Bénédicte de Bourbon-Condé, duquesa de Maine, salonnière de principios del . Desde su comienzo en el , el salón de la duquesa de Maine, permaneció abierto en su castillo de Sceaux, donde acogía a escritores y artistas a la vez que organizaba fiestas de disfraces. Esta unión de galantería y frivolidad pretendía marcar un contraste con el palacio de Versalles, donde se encontraba el rey Luis XIV en sus años de declive. Entre las personas que acudían a las fiestas de Sceaux, se podía distinguir a Fontenelle, La Motte Houdar y Chaulieu. Una de las mujeres de confianza de la duquesa, Marguerite de Launay, futura baronesa de Staal, comenzó a destacar y jugó un gran papel en esta sociedad en la que también se movían Voltaire, Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, Marie Du Deffand, Montesquieu, D’Alembert, el presidente Hénault, el futuro cardenal de Bernis, Henri François d'Aguesseau, el poeta Jean-Baptiste Rousseau, el dramaturgo Antoine Houdar de la Motte, Sainte-Aulaire, el abad Mably, el cardenal de Polignac, Charles Auguste de La Fare, André Dacier, el abad de Vertot, el conde de Caylus, etc.

En la misma época, el salón de Anne-Thérèse Courcelles, marquesa de Lambert, frecuentado por los mismos escritores, se abrió en 1710 y cerró en 1733. La mayoría de sus huéspedes comenzaron a reunirse entonces en el famoso salón de Madame de Tencin, que brilló hasta la muerte de esta en 1749. La marquesa de Lambert los recibía cada martes.

Se veía, sobre todo, con Fontenelle y Houdar de la Motte, al abad Mongault, al matemático Dortous de Mairan, al abad de Bragelonne y al presidente Hénault. Durante estos martes se discutían las cuestiones relativas al debate de los antiguos y los modernos, a la inutilidad de los versos y lo absurdo de la personificación mitológica... cuestiones que suscitaron una gran polémica en la época.

El salón del hôtel de Sully también se fundó durante la primera mitad del y no es menos digno de atención.

Los habituales de este hôtel fueron Chaulieu, Fontenelle, Caumartin, el conde de Argenson, el presidente Hénault, Voltaire, el caballero Ramsay, la marquesa Marie de Villars, la marquesa Anne-Agnès de Flamarens, la duquesa Amélie de Gontaut, etc.

Entre los numerosos salones literarios que fueron abiertos en París a mediados del , hace falta citar el de la marquesa Marie du Deffand, cuya rara y sólida razón que aportaba en las discusiones que presidía era citada por Voltaire en estos términos:

Lo que es bello y luminoso es vuestro elemento; no temáis disertar, no enrojezcáis al unir la gracia de vuestra persona con la fuerza de vuestro espíritu.

La sociedad que se reunía, a partir de 1749, en casa de la marquesa de Deffand, en la rue Saint-Dominique, en el antiguo convento de las Hijas de San José, disminuyó de golpe por la ruptura con su sobrina Julie de Lespinasse, que la sirvió como dama de compañía y que mantenía muy buenas relaciones con la mayoría de los escritores, especialmente los enciclopedistas, con D'Alembert a la cabeza, hasta que abrió, en 1764, su propio salón en la rue de Bellechasse, donde Madame de Luxembourg había hecho amueblar un apartamento. Los contemporáneos elogiaban el tacto con el que Julie de Lespinasse supo presidir su salón. Entre treinta y cuarenta personas se reunían cada tarde con ella, únicamente para charlar, ya que ella recibía un salario muy humilde como para darles de cenar. Dirigía la conversación con un arte admirable, de forma que cada uno tenía su papel a la vez que este círculo no estaba compuesto de personas que, a priori, se conocían de antes.

El salón de Marie-Thérèse Geoffrin, que se inspiró en gran parte el de Madame de Tencin, estaba dividido en tres categorías. Estaban admitidas las personas de la alta nobleza y los extranjeros, a los que ofrecía una cena bastante simple, mientas que las comidas, más copiosas, estaban destinadas a otro tipo de invitados. Los lunes recibía a los artistas, pintores, escultores y arquitectos; los miércoles, a gentes de letras como Diderot, D’Alembert, Dortous de Mairan, Marmontel, Raynal, Saint-Lambert, Thomas, d’Holbach, el conde de Caylus, etc.

Junto a estos salones también se podían encontrar los de Louise d'Épinay, de Quinault Cadette y de Doublet de Persan. El salón de Louise d’Épinay estaba restringido a un pequeño círculo de hombres de letras y filósofos como el barón Grimm, Diderot y d’Holbach. Las reuniones que tenían lugar en casa de la distinguida actriz de la Comédie-Française, Jeanne-Françoise Quinault, conocida como Quinault Cadette, comprendían un gran número de habituales como Diderot, Duclos, Rousseau, Destouches, Marivaux, Caylus, Voltaire, Piron, Voisenon, Grimm, Lagrange-Chancel, Collé, Moncrif, Grimod de La Reynière, Crébillon hijo, Saint-Lambert, Fagan de Lugny,el abad de La Marre, el caballeroDestouches y hombres de poder como Maurepas, Honoré-Armand de Villars, el duque de Lauragais, el duque de Orleans, el Gran Prior de Orleans, el marqués de Livry, Antoine de Fériol de Pont-de-Veyle, etc. La conversación tenía lugar, sobre todo, en la mesa, durante la cena. En mitad de la mesa había un pequeño cuaderno donde cada uno de los invitados podía escribir algo que le apeteciese.

Finalmente, poco antes de la Revolución francesa, aparecen salones como los de Germaine de Staël, por entonces una niña prodigio.

Círculos y salones de la Revolución a la Restauración mini|Laure Junot d'Abrantes, bajo cuya pluma aparece el término salón al comienzo del .