El monasterio de Santa María de las Cuevas, también conocido como monasterio de la Cartuja, está situado en la isla de la Cartuja de Sevilla (Andalucía, España).
Es uno de los cuatro monasterios cartujos que hay en Andalucía. Desde 1990 es sede del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y en 1997 se incorporan el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y el rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía.
Historia
Antecedentes miniatura|izquierda|Claustro, Antes de pasar a ser terreno monástico, los almohades en el le dieron uso ubicando en el lugar hornos alfareros de cocción aprovechando su situación junto al río y dada la existente abundancia de arcillas que la extraían labrando cuevas (más tarde continuarían con la extracción de arcilla también los alfareros de Triana). Una leyenda dice que en 1248 se halló una imagen de la Virgen María en una de las cuevas (supuestamente escondida durante la época musulmana). En esta zona se construyó la ermita Santa María de las Cuevas, en la que se situó esta imagen.
Fundación de la Cartuja miniatura|izquierda|Cúpula gótico-mudéjar, A finales del el arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas entregó la ermita de las Cuevas a los franciscanos, que comenzaron las gestiones para fundar un monasterio en este lugar.
La Orden de los Cartujos fue fundada por el alemán Bruno de Colonia en el en el valle de Chartreuse, cerca de Grenoble, Francia.Fernández Rojas, op. cit., p. 373
Ruy González de Medina, caballero veinticuatro de Sevilla y tesorero de la Casa de la Moneda, había conocido a la Orden de los Cartujos en el monasterio de El Paular, Comunidad de Madrid, cuando estaba en la corte de Juan I de Castilla. González aconsejó al arzobispo de Sevilla, Gonzalo de Mena y Roelas, que promoviese la instalación de esta orden en la ciudad. El arzobispo contó con la autorización de la orden en 1398. En el 1400 vinieron de El Paular los cartujos Juan Carrillo, Juan Fernández Gallego, Juan de Orduña, Toribio de Madrigal y el lego Juan de Soria. El arzobispo les entregó la ermita de las Cuevas y adquirió para ellos heredades y bienes por valor de 20.000 doblas moriscas.Fernández Rojas, op. cit., p. 375
En el 1400 el arzobispo llegó a un acuerdo con los franciscanos, a los que, a cambio de la ermita, les fueron entregados un templo en San Juan de Aznalfarache, que había sido iglesia parroquial, y la iglesia de San Juan de Moraniña, en la localidad de San Juan del Puerto, del condado de Niebla.
En 1401 los cartujos tomaron posesión de la ermita. El arzobispo entregó al fraile regidor, Juan Fernández, fondos para los primeros gastos y la compra de algunos terrenos. Ese año el arzobispo murió sin testamento y sus bienes pasaron a la curia romana. Había dejado a su albacea y familiar Juan Martínez de Vitoria, canónigo de la catedral de Sevilla, 30.000 doblas de oro para este monasterio. En 1402 el cabildo de la ciudad otorgó al monasterio una carta de vecindad. La fundación fue aprobada en 1404 por Benedicto XIII, que le donó 5 000 doblas de oro y ornamentos eclesiásticos. En 1407 la suma de 30.000 doblas del albacea del anterior arzobispo fue incautada por el infante Fernando de Antequera, para sus campañas militares de la Reconquista.Fernández Rojas, op. cit., p. 376 Los frailes solicitaron la devolución del dinero, solicitando su mediación al papa. El 23 de abril de 1409 Benedicto XIII solicitó que se le otorgase al monasterio los tercios reales de los diezmos de las vicarías de Sanlúcar la Mayor, Aznalcázar y Constantina, lo que fue aceptado por los reyes. Ese mismo año el papa donó a este monasterio 1000 florines. En 1410 el cabildo de la ciudad le dio al monasterio 3.000 maravedíes como limosna.
Per Afán de Ribera el Viejo, adelantado y notario mayor de Andalucía, asignó rentas perpetuas de productos agrícolas al monasterio y subvencionó la construcción de la iglesia a cambio de tener en ella enterramiento para él y para su familia.
El monasterio también contó con aportaciones de otras personas piadosas y muchos de sus monjes pertenecían a linajes ricos de la ciudad.Fernández Rojas, op. cit., pp. 376-377 Una de las familias que aportó bienes al monasterio fue la del duque de Veragua.
En 1494 el viajero Hieronymus Münzer describió el monasterio, del que le impresionaron gratamente sus jardines y huertas. También afirmó Münzer que la Cartuja de Sevilla era la segunda más rica de toda la Cristiandad, tras la de Pavía.
En 1513 consta que el monasterio tenía: viñedos en Dos Hermanas, Alanís, Alcalá del Río, Camas y Sevilla; huertas en Alcalá de Guadaíra, Alcalá del Río y Gelves; olivares en Camas, Santiponce y San Juan de Aznalfarache; cultivos de cereales en Camas, Carmona, Alcalá del Río, La Rinconada y Cantillana; y heredades y donadíos en Cambogaz (Camas), Casa Rubia (Alcalá del Río), Esteban de Arones o "Esteñadarenes" (San Juan de Aznalfarache), Alcalá del Río, Camas, Sevilla y Casaluenga (La Rinconada).Fernández Rojas, op. cit., p. 377
En este convento fue fraile Juan de Padilla, autor de Retablo de la vida de Cristo (1505), uno de los libros que tenía santa Teresa de Ávila en su juventud.
En 1526 Carlos V acudió a Sevilla con motivo de su boda con Isabel de Portugal. El emperador visitó este monasterio y donó su altar portátil, que estuvo en la sacristía. Felipe II pasó aquí tres días en mayo de 1570. El 4 de marzo de 1642 Felipe IV visitó el monasterio. En la iglesia leyó los epitafios de los Ribera y se cantó un solemne Te Deum.Fernández Rojas, op. cit., p. 379
Benito Arias Montano, erudito del , estuvo muy unido a este monasterio, donde tuvo varios retiros religiosos. En su testamento le legó su biblioteca y otros bienes.Fernández Rojas, op. cit., pp. 379-380
Entre 1575 y 1576 santa Teresa de Ávila visitó este monasterio en varias ocasiones. En la Huerta Grande del convento conversaba con el prior, Fernando Pantoja, que fue uno de los que le dio limosnas. Por petición de Teresa, se edificó una capilla a Santa Ana en dicha huerta.
Cuando Teresa de Ávila fundó su convento de carmelitas descalzas de San José en Sevilla, en 1575, encargó a este prior que llevase el santísimo sacramento al mismo. En agradecimiento, ella le regaló dos relicarios: uno pequeño que llevaba siempre consigo y que tenía una espina de la corona de Cristo y otro grande.De Vallés, op. cit., pp. 226-227 Estos se guardaron en la sacristía del monasterio cartujo. En la actualidad, se conservan en el convento de San José.
La cercanía del inmueble al río hizo que padeciera las riadas de 1485, 1595, 1603, 1626 y 1784.Fernández Rojas, op. cit., pp. 377-378
La Cartuja tuvo dos hospederías: una en el exterior del edificio dando a la huerta Chica, hoy escritorios de la antigua fábrica de loza, donde se acogía a los parientes de los frailes, a los que iban de camino y a los peregrinos que se iban allí para hacer prácticas de piedad o ejercicios espirituales, y otra, en la que los monjes tenían dispuestos algunos departamentos con hermosos salones, que se encontraba cerca de la biblioteca y alojaba a personas de calidad, hombres de estudio y artistas. En esa fue donde Felipe II residió cuando visitó el monasterio, donde pintaron cuadros Francisco de Zurbarán y Francisco Pacheco y donde el entallador Pedro Duque Cornejo realizó algunas obras. Probablemente allí fue también donde Colón residió durante las largas temporadas que pasaba en Sevilla.Pickman, op. cit. pp. 68-71
El terremoto de Lisboa de 1755 afectó gravemente al edificio.
El 24 de enero de 1810, al acercarse las tropas francesas a la ciudad, los frailes embarcaron algunos objetos de valor hacia Cádiz para evitar que fueran expoliados. No obstante, el barco fue interceptado en Sanlúcar de Barrameda por los franceses, que requisaron todo su contenido. En febrero de 1810 la ciudad fue ocupada por los franceses. En 1811 el mariscal Soult destinó el convento a cuartel de artillería y sede administrativa del ejército, poniéndolo a cargo del general Lery. Se vació de contenido religioso. La iglesia fue usada como almacén de víveres, la sacristía como carnicería, la capilla del Capítulo como bodega, la capilla de Santa María Magdalena como botica, el refectorio como almacén de grano. En el cementerio del monasterio construyeron una cocina. Los naranjos de una huerta de 2000 pies fueron arrancados. Se creó un doble foso alrededor del edificio, con un puente levadizo en la puerta que daba al río. En el muro exterior, se pusieron baluartes y torres vigías. La entrada principal fue tabicada y, frente a la misma, se creó una plaza de armas para la tropa y la artillería.Fernández Rojas, op. cit., pp. 380-382
Tras la expulsión de los franceses, los cartujos regresaron a Sevilla el 30 de septiembre de 1812. Fueron acogidos primero en el Oratorio de San Felipe Neri y regresaron a su convento el 28 de octubre.Fernández Rojas, op. cit., p. 382
En el Trienio Liberal, de 1820 a 1823, los bienes del monasterio fueron incautados y el monasterio fue exclaustrado para ser usado como casa de vecindad. El edificio les fue devuelto a los cartujos en 1823 y en 1827 su iglesia volvió a abrirse al culto. El 19 de febrero de 1836 el convento fue desamortizado por Mendizábal. miniatura|derecha|Sepulcro renacentista en mármol de Génova de Pedro Enríquez de Quiñones,
La Cartuja y Cristóbal Colón miniatura|Monumento a Colón en la Cartuja, colocado por María Josefa Pickman en 1887 miniatura|Interior de la capilla de Santa Ana del monasterio de Santa María de las Cuevas, donde hoy se expone arte moderno del Centro de Andaluz de Arte Contemporáneo Entre los visitantes destacados, sobresale Cristóbal Colón (y su familia) que era amigo íntimo de fray Gaspar Gorricio (albacea testamentario y consejero espiritual de sus hijos), del que recibió apoyo mientras se encontraba en Sevilla preparando sus expediciones al Nuevo Mundo. Colón consultó documentos en la biblioteca del monasterio para preparar la defensa de sus argumentos en Salamanca antes de realizar su primer viaje.
El almirante hizo uso de las estancias del edificio para hospedarse mientras estaba en la ciudad, hecho decisivo para elegir la isla de la Cartuja como sede de la Exposición Universal de 1992. Gaspar le prestó su ayuda y conocimiento de las Sagradas Escrituras para la redacción del Libro de las profecías, que el almirante dedicó a los Reyes Católicos.Pickman, op. cit. p. 71 El almirante tenía abundante correspondencia con Gorricio y le enviaba, además, importantes archivos, joyas y dinero propio para que los guardara, patrimonio que luego fue reclamado por sus herederos.Pickman, op. cit. p. 79 Gaspar era un fraile sevillano de ascendencia italiana, de la ciudad de Novara.Pickman, op. cit. p. 78
Otro amigo cartujo de Colón fue el sacerdote Diego Luján, natural de Madrid. Fue hijo de Sancho de Padilla, rico-hombre de Enrique IV, y nieto de los Adelantados de Castilla. Los lujanes tenían parentesco con los condes de Paredes, los almirantes de Castilla y los Almodóvar. Diego Luján había desempeñado importantes cargos en la cartuja de Cazalla, Aniago, el Paular y Jerez y fue 3 veces prior de la cartuja sevillana.Pickman, op. cit. p. 85 miniatura|izquierda|Capilla de Santa Ana donde reposaron los restos de Cristóbal Colón, hoy enterrado en la catedral de Sevilla Otra amistad suya en el monasterio hispalense fue Rodrigo de Marchena, hijo del alcalde mayor, y que probablemente era familiar del fraile de la Rábida Antonio Marchena.Pickman, op. cit. p. 86 Antonio Marchena, junto con Juan Pérez, ayudaron enormemente a Colón para la consecución de sus objetivos.