Tyler Shields (28 de abril de 1982, Jacksonville, Florida) es un fotógrafo y director estadounidense conocido por su fotografía provocativa. Shields ganó fama en junio de 2017 por una fotografía de la cómica Kathy Griffin sujetando un busto que parece el cabo decapitado de Donald Trump.
Shields es reconocido como el "fotógrafo favorito de Hollywood".
Fotografía Shields ha utilizado las ideas de sexo, la muerte, la carne, la obsesión, las pesadillas, y la fantasía para explorar la particularidad de la condición humana. Para mostrarlo lo ha expuesto en varias series de fotografías. En enero de 2016, la revista Vanity Fair presentó algunas de las fotografías de los Escudos que se emiten en Colton Haynes y Emily Bett. Más tarde, en su serie de fotografías, que él llama "Ficción Histórica" (2015) mostraba a un hombre afroamericano salir colgando a un miembro del Ku Klux Klan; esta misma serie fue para cubrir eventos como la muerte de James Dean, John F Kennedy, Martin Luther King y Marilyn Monroe, la llegada de los primeros hombres en la Luna y la ruptura de la banda The Beatles.
En su serie del 2014 "Provocateur" había un cocodrilo mordiendo una bolsa de piel de cocodrilo y, a otra fotografía de la misma serie, "Three Witches", fue incluida como parte de la subasta de Sotherby en Londres. Esta no fue la única de sus fotografías que fue subastada, puesto que su fotografía "Bunny" también apareció a la subasta de Phillip, también en Londres.
Shields ha escrito dos libros de fotografía. El primero, "The Dirty Side of Glamour", fue publicado en noviembre de 2013 y el segundo, "Provocateur" en enero de 2017.
Sus obras a menudo implican imágenes de violencia y peligro. Shields recogió la sangre de 20 celebridades para hacer una peca por su exposición a Los Ángeles "Life is not a Fairytale" y también fotografió a la Lindsay Lohan como una vampira para esta exposición.
Ahora bien, a menudo se le acusa de frivolidad y superficialidad, de querer exaltar el mismo mundo que critica. Hay bastante controversia con el tema de la originalidad de sus fotografías y con el hecho de que es posible que sus intenciones sean puramente banales y provocativas, sin ánimos de verdadera crítica social, utilizando famosos solo para atraer el público. Destacan las críticas negativas que aluden a que Shields copia descaradamente la fotografía y el estilo otros autores como, por ejemplo, Helmut Newton y Andy Warhol. «Is Celebrity Photographer Tyler Shields Inspired, Or Copying Other Artists?» (en en-au). Vice, 16-01-2016.
The Dirty Side of Glamour El proyecto “The Dirty Side of Glamour”, fue realizado en América en 2013. Se sitúa en el marco de la fotografía contemporánea, concretamente en la fotografía de retratos y crítica social. Pertenece al movimiento Postmodernista, con influencias del Pop Art y se trata de fotografía digital impresa, en color. Shields acostumbra a tener preferencia por cámaras Hasselblad y el objetivo que utiliza es muy variable según lo que se quiera comunicar.«About TS | Tyler Shields» (en en-us). [Consulta: 27 novembre 2017].
El contexto social que rodea estas fotografías es la percepción del mundo de las celebridades como lujoso, envidiable y perceptivamente perfecto, así como con un gran culto al cuerpo. También forman parte de este contexto el actual mundo condicionado por el capitalismo, en el cual el consumismo está muy presente. Así pues, Shields da cabida a todos estos aspectos en su obra, dándole una visión crítica e impactante.
Análisis de las imágenes
Nivel morfológico En las fotografías del libro The Dirty Side of Glamour, siempre encontramos un mismo motivo fotográfico que se va repitiendo a lo largo de la obra: aparece una celebridad inmersa en una acción sobrecogedora e impropia, a menudo mientras dialoga con un objeto. Así, en una de las imágenes podemos ver a una chica mordiendo una bolsa del modelo Birkin de Hermès, uno de los complementos de moda más buscados y caros que existen. En una otra fotografía, en cambio, podemos ver un personaje central estirado en medio de una cocina (imagen en la cual el espacio tiene más importancia) e interactuando con un brick de leche. Estos son dos ejemplos que muestran de manera clara lo que encontramos a la obra de Shields: un motivo inusual que realmente impacta y, a la vez, atrae el espectador.
En cuanto a los elementos morfológicos de las imágenes, es importante destacar que el punto de atención de las fotografías suele encontrarse en el centro (tenemos un claro ejemplo en la fotografía que acabamos de mencionar, en la cual la chica se encuentra en medio de la cocina y, por lo tanto, de la imagen). Además, a menudo la fotografía consta de una gran nitidez y de una iluminación realmente dura, que permiten percibir a la perfección colores muy contrastados y vivos. En la imagen de la bolsa Birkin vemos claramente la utilización de una luz muy dura (las sombras de los elementos que aparecen a la composición están muy marcadas), la nitidez y colores contrastados y vivos que, en este caso, sobre todo quieren resaltar el valor económico del objeto. Sucede el mismo con otra de sus fotografías en la cual aparece un carísimo entrecot.
Así pues, hay que destacar que Shields compone morfológicamente sus imágenes de tal manera que los personajes principales, los cuales nos explican una historia, tienen mucho protagonismo, ya sea ocupando el espacio central del encuadre o remarcados con una luz fuerte. Esto realza la importancia de las acciones que están teniendo lugar y provoca que el espectador quede realmente sorprendido y, a menudo, impactado.
Nivel compositivo y enunciativo Podemos destacar que en las fotografías de Tyler Shields estudiadas predomina una perspectiva puramente frontal y plana, en algunos casos con una angulación picada. Su ritmo interno podría corresponder al término “parado en el tiempo”, es decir, que la mayoría de sus obras son fotografías de una persona captada en el mismo momento en el cual está haciendo una acción. Este hecho nos transmite una sensación de dilatación del tiempo, de un movimiento nunca acabado de completar, siempre abierto, eterno. Es por eso que la tensión en sus fotografías es notable: los personajes se encuentran parados en una posición de acción, se ha captado un movimiento en su auge y, por lo tanto, nos encontramos con multitud de líneas de acción y mirada, diagonales, verticales y horizontales, que luchan para escaparse de este “tiempo eterno” y acabar de completar su movimiento. Encontramos tensión especialmente en elementos como los puños cerrados o los cuerpos en movimiento. El dinamismo inunda las imágenes, a la vez que también lo hace el estatismo: el movimiento puro es parado en el tiempo para propiciar el retrato de la eterna cara oscura de la fama.
Es notable la distribución de pesos en las diferentes fotografías, con una centralidad buscada gracias a la ley de los tercios. Generalmente se observa como una figura central (una celebridad) es la que aporta más peso a la imagen, después completada por otros pesos laterales, como por ejemplo pueden ser los objetos con los cuales interactúa la persona. Debido a esta centralidad, observamos que las imágenes son totalmente artificiosas, manipuladas, colocando en el primer término del recorrido visual a la celebridad, para después fijarnos en la acción que hace o en el entorno que lo rodea. Vemos que la persona famosa es el centro de todo, aquello que estructura la fotografía en sí, connotando que las sociedades contemporáneas también se construyen alrededor de la fama y que “La fama, tal como aquí se considera, aparece como un sistema por sí misma: se trata de un fenómeno estructurado, organizado e institucionalizado en la interrelación social”.«El fenómeno de los fans e ídolos mediáticos: evolución conceptual y génesis histórica». Pero, a la vez, con el artificiosa composición de acciones paradas en el tiempo, de tensiones infinitas, se nos muestra la artificialidad de este fenómeno, la máscara que es la fama en la actualidad en un doble sentido, en el hecho de que todo es una construcción mediática falsa y en la manipulación y corrupción de las personas que forman parte: “Una identidad manoseada, auscultada, perseguida, acaba impactada de muchas maneras, sobre todo cuando la estructura sobre la que se construye es de una gran fragilidad. Cuando la fama extiende sus tentáculos, hace falta mucha resistencia y solidez para que no se resquebraje la percepción que se tiene de uno mismo y la propia identidad”.«El efecto letal de la fama ». 7dias.com.do.
En cuanto al espacio de las representaciones, nos encontramos con dos tipos genéricos de espacio en las fotografías de Tyler Shields: por un lado, fondos blancos simples, abiertos y abstractos, completamente lisos y planos y, por otro lado, habitaciones interiores cerradas, barrocas, concretas (por ejemplo espacios domésticos), con más profusión de elementos y una profundidad de campo, en muchos de los casos, fuerza exagerada. Podríamos decir, por lo tanto, que nos encontramos con dos tipos de espacio antónimos. La elección de un fondo u otro viene dado por el mensaje que el artista quiere transmitir y su complejidad o iconicidad. Aquello que sí que tienen en común es que en las obras, toda la acción se concentra en el campo; raramente se hacen referencias a aquello que está fuera de campo: la visibilidad y la exageración imperan. Se podría decir que en las fotografías de fondo blanco, nuestra referencia es una acción concreta y aislada, donde solo nos fijamos en un par de elementos en juego. En cambio, en las fotografías de habitaciones como fondos, se pone en juego el elemento contextual para precisar más los significados de los mensajes, con los cuales se quieren destruir numerosos estereotipos sociales. Es notable la iconicidad de estos espacios más cerrados: en el caso de las fotografías en las cuales nos hemos centrado, hay que destacar la aparición de espacios domésticos arruinados, connotando la asociación machista mujer – espacio doméstico (especialmente en la cocina, sala de estar y dormitorio), la reminiscencia patriarcal de la mujer como ama de casa confinada a las tareas domésticas, que tiene que seguir un arquetipo, siendo cariñosa, amable, responsable y con una apariencia angelical. En esta cocina claustrofóbica, la mujer se encuentra encarcelada por los tradicionales roles de género. Aquí Shields destroza este mito, presentando espacios domésticos estereotipados destrozados y subvertidos por la misma mujer liberada; embadurnados de sangre, leche (claras referencias sexuales), harina (referencia a la cocaína) y fuego; la destrucción de un estereotipo machista, la posible reivindicación del reconocimiento de los trabajos que ha hecho la mujer en el ámbito doméstico, este golpe mostrados por jóvenes que subvierten de manera grotesca el arquetipo de “perfecta mujer y ama de casa”. Los espacios femeninos. También encontramos el escenario de los espejos, que sería un símbolo asociado con el mundo femenino, especialmente como un espacio de seducción por la mujer. A la vez, encontramos cierto grado de voyeurismo en sus puestas en escena: pues es notable como el autor quiere dar a conocer toda la verdad que se esconde detrás de los estereotipos femeninos, de celebridades y consumistas, para espiar y denunciar la cara oculta de estos fenómenos. Sus descaradas, artificiales, exageradas y penetrantes puestas en escena son esencialmente voyeuristas, pues “El vouyerismo […] transita por el filo de un complejo entramado de límites: el límite entre lo privado y lo público, entre lo que puede ser visto y lo que no, entre la inocencia y la complicidad del sujeto, entre lo que se ético y lo que no, entre lo que se aséptico y lo que resulta erótico o violento, entre lo sugerido y lo explicitado, entre lo legal y lo ilegal”.País, Ediciones El «Reportaje | La obscenidad está en la mirada» (en es). EL PAÍS, 22-10-2011.