250px|thumb|Ricardo Balbín y Arturo Frondizi en 1946: Presidente y vicepresidente del bloque de los 44. Cuando Balbín fue a prisión, Frondizi presidió el bloque. Se conoció como bloque de los 44 en Argentina, al bloque de diputados opositores pertenecientes a la Unión Cívica Radical durante los dos gobiernos de Juan Domingo Perón (1946-1952; 1952-1955).

Origen En 1946 Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales realizadas en Argentina. La victoria del peronismo, considerablemente sorpresiva, resultó un duro golpe para la Unión Cívica Radical, que había conformado una alianza electoral con los conservadores, comunistas y socialistas llamada la Unión Democrática. La derrota electoral produjo una crisis interna en la UCR, en la cual los sectores juveniles conocidos como "intransigentes", que venían desarrollando un programa de centro-izquierda conocido como Declaración de Avellaneda, y se habían organizado en el Movimiento de Intransigencia y Renovación (MIR), se enfrentaron a las autoridades de tendencia conservadora del partido, llamados "unionistas", y cuestionaron su derecho a conducir la UCR.

En esas condiciones apareció el bloque de los 44, integrado originalmente por los 44 diputados radicales que resultaron elegidos en 1946, cuya conducción fue inmediatamente asumida por los intransigentes del MIR. Ricardo Balbín fue su presidente y Arturo Frondizi su vicepresidente primero.«El Bloque de los 44 »

Ante el desprestigio de la conducción de la UCR luego de la derrota electoral, el bloque de los 44 asumió el liderazgo de hecho del partido.

Acción política 150px|thumb|Balbín preso. La foto fue publicada en 1950 en la revista Time. Frente al peronismo, el bloque de los 44 sostuvo una posición de apoyo a la sanción de leyes sociales y relacionadas con el nacionalismo económico,

El sector más numeroso, de tradición más progresista, junto al sector Yrigoyenista y la Forja se sumaron al gobierno. Proponían apoyar al peronismo en el impulso de las medidas socialmente progresistas y económicamente nacionalista, si bien formaban un bloque fuerte fueron siendo marginados y expulsados por las autoridades del radicalismo que se torno más conservador.

Un sector más pequeño el conservador optaron por una estrategia de confrontación dura con el peronismo, liderado por Frondizi- quien se opuso el gobierno con Standard Oil, para la explotación de yacimientos petrolíferos- se oponía a toda iniciativa del peronismo pero en un marco democrático, ejercería desde el Congreso el obstruccionismo a las iniciativas oficialistas junto con algunos sectores judiciales vinculados al radicalismo, a partir de 1954 este sector se radicalizaría buscando mecanismos fuera del juego democrático para hacer caer al gobierno.Rein Raanan, Carolina Barry, Nicolás Quiroga, y Omar Acha. 2009. Los estudios sobre el primer peronismo. Aproximaciones desde el siglo XXI. La Plata: Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires

El sector más duro representado por Balbín y Sanmartino,Ernesto Sanmartino fue expulsado en 1947 de la Cámara de Diputados debido a que utilizó el término "aluvión zoológico" para calificar a los peronistas. e incluso a encarcelarlos, como a Balbín en 1950.

En general los radicales unionistas cuestionaron el accionar de los intransigentes en el bloque de los 44 por considerarlo "colaboracionista".

En 1952, los unionistas plantearon que los diputados radicales electos debían negarse a jurar por la nueva Constitución sancionada en 1949 con mayoría del peronismo. Los intransigentes se opusieron a esa propuesta, si bien habían planteado su desacuerdo con la mayoría con que fue sancionada la ley que declaraba la necesidad de la reforma electoral, juraron sobre la nueva constitución al asumir sus mandatos.

Persecución al bloque La mesa directiva de ese organismo cargaba con una doble responsabilidad: combatir en el recinto y custodiar la unidad de los cuadros. Para la primera función contaba con elementos valiosos, fogueados en el juego parlamentario y que veían facilitada su labor por la inexperiencia de la bancada mayoritaria; la segunda misión se cumpliría por añadidura, pues bastaba con mantener encendido el liderazgo de sus dirigentes. En esa tarea rivalizaban todos a través del discurso sensacionalista, una especialidad en la que brillaban intransigentes y unionistas.

Acostumbrado al lenguaje impactante, Ernesto Sammartino no desaprovechó la primera oportunidad que se le brindó en 1946 para lanzar sus "dardos": "Algunos diputados que se sientan en los escaños de la mayoría conocen, como Panurgo, las cuarenta formas del hurto", exclamó en la sesión del 8 de agosto. Después, al vislumbrarse una inminente sanción contra él, ensayó esta explicación: "Yo no dije robo, sino hurto y hurta quien se apodera de la voluntad de sus conciudadanos por medio de engaños y sofismas". En la reunión posterior la mayoría aprobó el despacho de una comisión integrada para tratar "el caso Sammartino", la que resolvió suspenderlo por tres sesiones. El diputado peronista Antonio Andreotti aprovechó para recordar otra de sus frases urticantes: "Ese señor dijo que detrás de las bambalinas está el patrón del circo, señalando a cada uno su papel; no se puede tolerar que nos siga insultando así".

Una gran pelea Dos meses después, una tarde en la que Sammartino atendía su estudio de abogado, en el tercer piso de San Martín 448, donde acababa de instalarse en sociedad con David Blejer, recibió la visita de un hombre corpulento. El diálogo fue breve: -Yo actué con usted en la segunda y en la tercera, doctor. -Usted no actuó conmigo en ninguna parte y yo no lo conozco. ¿Qué quiere? -Bueno, es cierto, no me conoce, pero usted insultó al coronel y no se lo vamos a permitir. ¡Vengo a pedirle cuentas! Sammartino logró empujarlo fuera del estudio y cerró la puerta; del otro lado, con un pequeño revólver, el atacante vociferaba: "¡Te voy a matar! ¡Abran que lo líquido!". Blejer salió con Ricardo Panello, empleado del estudio, y junto con un vecino de piso, el ingeniero Pietranera, lo redujeron hasta desarmarlo. Fue sencillo, porque el cargador de la pistola había caído al suelo inexplicablemente. Rato después, un agente de policía se encargaba del arma y de su propietario, quien no ofreció la menor resistencia; así pudo establecerse que se trataba de Manuel Costa, un español de 37 años que había servido al caudillo conservador Alberto Barceló. "Evita lo envió para matarme, pero tomó tanto vino que le salió mal", festejó risueñamente Sammartino.

En junio de 1947 Sammartino se despachó contra una serie de artículos firmados por Perón en los diarios oficialistas. "La historia se inicia, para él, con su llegada; ¿y antes no existió nada en este país?. La torpeza mental, creo, no ha sido nunca defecto de los grandes presidentes argentinos, y el nuestro acusa ahora falta de ponderación mental y de equilibrio moral", protestó en el recinto.

Un duelo a pistolas thumb|200px|El Bloque de los 44, se pueden distinguir (de izquierda a derecha) primero a Arturo Frondizi y tercero a Ernesto Sammartino. Apenas tres días después, cuando fundamentaba un proyecto sobre rendición de honores a funcionarios, Ernesto Sammartino decía:

Fue interrumpido por los legisladores peronistas, quienes le reclamaron furiosos por una de sus frases más cortantes. Fue cuando dijo la famosa frase:

Al escucharse estas palabras, una batahola sacudió el recinto y se vio a Colom intercambiar insultos con Sammartino; cuando estaban a punto de golpearse, el diputado radical Gregorio Pomar saltó de su banca y los separó. Pero no se pudo impedir que al día siguiente ambos volvieran a toparse en otro lugar más apropiado: la quinta de Héctor Sustaita Seeber, donde se realizaría el duelo a pistola para "resolver los agravios". Pomar y Dellepiane apadrinaban a Sammartino, mientras que Antonio J. Benítez y Héctor Cámpora representaban a Colom. Cuando el juez del lance, Floro Lavalle, llamó a una reconciliación, ambos se negaron y pidieron que si a pesar del primer disparo quedaban con vida, se autorizara un segundo tiro y sólo a diez pasos de distancia en lugar de veinte. "¡Esto es un asesinato!", advirtió Lavalle; pero no tuvo oportunidad de confirmar su presunción, porque el armero, citado para las seis de la tarde, llegó con varias horas de retraso, cuando la visibilidad era escasa (debido a la densa neblina), y con las armas sobrecargadas de pólvora -premeditadamente- para que los tiros se desviaran. No hubo necesidad de utilizar las ambulancias enviadas por la presidencia, ni los servicios de dos dadores voluntarios de sangre, pues los contendores resultaron ilesos.

El cirujano Jorge Alberto Taiana, dispuesto a intervenirlos quirúrgicamente, guardó su instrumental; Colom se fue directamente al despacho presidencial, donde Perón lo abrazó efusivamente, y Sammartino se estrechó en brazos de Arturo Frondizi, en cuyo automóvil regresó. Sus versiones siempre guardaron restos de la vieja disputa: "Como el armero tardó tanto, ofrecí batirnos a revólver. Los dos estábamos armados. Pero no me dejaron", recordó Colom. 'El armero tardaba porque Colom lo había coimeado; por su culpa no sirvieron los tiros", se quejaría Sammartino. Pero el armero era un amigo de Lavalle, quien no quería el duelo.

Repercusión Estos incidentes habían engendrado la idea de expulsar a Sammartino del parlamento, criterio que aceptó la mayoría de la comisión especial destinada a estudiar su situación y que fue debatida en la sesión del 5 de agosto de 1948. El informante José Amadeo Conte Grand, historió las intervenciones de Sammartino y las calificó de "ofensivas y humillantes". En disidencia, fundamentó su despacho de minoría el diputado radical Alfredo Vítolo respecto al desafuero al diputado radical Ernesto Sammartino en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional, el 7 de agosto de 1947, dentro de la ya instalada antinomia peronismo-antiperonismo, cuando textualmente dijo:

La votación fue precedida de un altercado entre Bernardino Garaguso y Ricardo Balbín, quienes dialogaban fuera del debate:

Más polémica Un año después de la expulsión de Sammartino, su correligionario Agustín Rodríguez Araya corría idéntica suerte, a raíz de un discurso pronunciado en Santa Fe durante la campaña para elegir gobernador. La tarde de la votación definitiva, el 9 de junio de 1949, Rodríguez Araya se defendió con un nuevo ataque: "Dicen que me referí a Alí Babá, pero esto es poco, comparado con el IAPI, porque en el IAPI está la lámpara de Aladino, y quien la frota se enriquece en un diez por ciento". Exhibiendo pomposamente un cúmulo de documentos que desbordaban el pupitre de su banca, el legislador radical preguntó: "¿Dónde están las mil toneladas de rayón que el IAPI prometió adjudicar a los comerciantes? Yo tengo aquí la respuesta: están en manos de Miguel Miranda, quien detrás de un personero se las adjudicó a sí mismo. ¿Qué fue de los mil automotores que iban a ser lanzados al mercado y que fueron adjudicados al señor Lima? Yo tengo fotocopias de los expedientes que prueban esas irregularidades".

thumb|200px|El diputado Ernesto Sanmartino en la década de 1940.