Alfonso Fernández de CórdobaFue conocido también con el nombre de Alfonso Fernández de Témez. (m. después de 1328) fue un ricohombre castellano de la Casa de Córdoba e hijo de Fernán Núñez de TémezManuel Nieto Cumplido señaló que en una escritura del día 2 de noviembre de 1314, y «contra todo lo asentado por los tratadistas de la genealogía» de la familia Fernández de Córdoba, se mencionaba que Alfonso Fernández fue hijo de Ferrant Muñoz Gallego. Cfr. Nieto Cumplido (1979), p. 134. y de Leonor Muñoz.

Fue señor de la Casa de Córdoba y también de las villas de Cañete de las Torres, Dos Hermanas, Alcalá de los Gazules, las Cuevas de Carchena, Paterna, Lueches, Castro-Gonzalo, el Galapagar del Chiquero y de otros muchos heredamientos. Llegó a ocupar los cargos de adelantado mayor de la frontera de Andalucía, alcalde mayor y alguacil mayor de Córdoba, y alcaide de Alcaudete y de Alcalá la Real.

Fue el fundador del linaje de los Fernández de Córdoba, que llegaría a ser el más destacado del antiguo reino de Córdoba y uno de los más importantes de Andalucía. Algunos autores afirman que Alfonso Fernández constituye «el ejemplo más ilustrativo de ascenso social de la pequeña nobleza de caballeros en Córdoba». Francisco Fernández de Béthencourt, por su parte, señaló que este noble fue «uno de los señores más autorizados y poderosos de su tiempo en toda la tierra de Andalucía».

Orígenes familiares Fue nieto por parte paterna de Muño o Nuño Fernández, que participó en la conquista de Córdoba y de Sevilla, y por parte materna era nieto de Domingo Muñoz, que fue señor de Dos Hermanas y alguacil mayor de Sevilla, y de Gila Fernández.

Fue hermano, entre otros, de Muño o Nuño Fernández de Témez, que fue señor de Dos Hermanas y alguacil mayor de Córdoba, de Rodrigo Fernández, que fue el primer arcediano de la catedral de Córdoba, de Juana Fernández de Témez, que contrajo matrimonio con Fernando Íñiguez de Cárcamo, y de Leonor Fernández de Témez, que contrajo matrimonio con Alonso Pérez de Saavedra, alcalde mayor de Córdoba y alcaide del castillo de Baena.

Biografía Juventud y actuaciones durante el reinado de Sancho IV 220px|thumb|Castillo de Cañete de las Torres. (Provincia de Córdoba). Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, Fernán Muñoz de Témez, participó en el año 1236 en la conquista de Córdoba. Francisco Fernández de Béthencourt señaló que en Alfonso Fernández de Córdoba «recayó toda la sucesión y representación de su familia», ya que su hermano mayor, Muño o Nuño Fernández de Témez, murió peleando contra los musulmanes en la batalla de Écija en 1275, y su hermano Rodrigo Fernández fue clérigo y llegó a ser arcediano de la catedral de Córdoba, lo que también ha sido mencionado por otros historiadores. Conviene señalar que Alfonso Fernández fue el primer miembro de su familia que usó el apellido Córdoba y también que pertenecía, como señaló Nieto Lozano, a dos de las más «linajudas» familias cordobesas, los Témez y los Muñoz.

Al igual que la de su padre y que la de su abuelo paterno, la vida de Alfonso Fernández transcurrió, como indicó Fernández de Béthencourt, en una lucha «heroica y continuada» contra los musulmanes del reino nazarí de Granada, por lo que en muchas ocasiones tuvo que hacer frente con las gentes y vasallos de sus señoríos a las invasiones constantes de los granadinos. Y conviene señalar que el padre de Alfonso Fernández apoyó al infante Sancho durante la rebelión de este último contra su padre, Alfonso X, y que murió en 1283 en la batalla de Guadajoz, que se libró en las cercanías de la ciudad de Córdoba y en la que los partidarios de dicho infante fueron derrotados por las tropas de Alfonso X.

Alfonso Fernández sucedió a su padre en el cargo de alguacil mayor de Córdoba, que era de designación regia, y hay constancia de que lo ocupaba en 1290, ya que así consta en la nómina de soldadas de la Frontera de ese año. En dicha nómina se menciona que en ese año a Alfonso Fernández le correspondieron 5000 maravedís y que debía servir con cuatro caballeros en la guerra fronteriza con el reino nazarí de Granada, por lo que recibía 1250 maravedís para la manutención de cada uno de esos cuatro caballeros. Braulio Vázquez Campos subrayó el hecho de que el alguacilazgo mayor de Córdoba quedó en manos de la familia de Alfonso Fernández, ya que el hijo primogénito de este último, Fernando Alfonso de Córdoba, comenzó a ejercerlo ya en vida de su padre, lo cual era una costumbre usual en aquella época para «asegurar la heretariedad del oficio». El historiador Antonio Cabeza Rodríguez, por su parte, señaló que Alfonso Fernández:thumb|220px|Torre de la Calahorra y Puente Romano de Córdoba.

El rey Sancho IV de Castilla solicitó a la ciudad de Córdoba que concediera alguna heredad de su término a Alfonso Fernández, que era por entonces alguacil mayor de dicha ciudad, como recompensa por sus servicios al rey y a la propia Córdoba, aunque Vázquez Campos añadió que fue en recompensa por haber participado en las conquistas de Baena, Luque y Zuheros. El 9 de junio de 1293 la mencionada ciudad de Córdoba, en respuesta a la carta del rey, le cedió a Alfonso Fernández el señorío de Cañete de las Torres con todos sus términos y dehesas, pastos, aguas y fuentes para que la poblase, siendo posteriormente confirmada esa donación «perpetua y hereditaria» por el rey Sancho IV en Burgos el día 8 de julio de 1293. Algunos autores han señalado que esa donación de la villa de Cañete constituyó «el germen del extenso patrimonio territorial y jurisdiccional de su linaje».

Alfonso Fernández ocupó también el cargo de alcalde mayor de Córdoba, pero algunos autores afirman erróneamente que cabe la posibilidad de que lo ocupara. El alcalde mayor, que básicamente era un «juez de apelación de los casos sentenciados por los alcaldes ordinarios», también tenía algunas competencias en asuntos económicos y de pesos y medidas y que al igual que en el caso de los alguaciles mayores, era siempre designado por el rey.Los alcaldes mayores eran siempre miembros de la nobleza local de las ciudades y a ellos les correspondía presidir los cabildos, en los que tenían derecho a «voz y voto». Cfr. Vázquez Campos (2006), p. 248.

En 1296 Alfonso Fernández y sus hijos Fernando Alfonso y Martín Alfonso contribuyeron a defender el municipio cordobés de Baena de los ataques del rey Muhammad II de Granada, participando también en dicha defensa numerosos nobles cordobeses. Tomás Márquez de Castro señaló que después de atacar Baena el monarca granadino marchó con sus tropas contra la villa de Cañete de las Torres, que pertenecía a Alfonso Fernández, y contra otros pueblos e «hizo en ellos grandes daños».

Actuaciones durante el reinado de Fernando IV (1295-1312) 220px|thumb|María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez. Fernando IV de Castilla subió al trono el día 26 de abril de 1295 tras la muerte de su padre, Sancho IV. Y en 1296, y a las órdenes del célebre caballero Guzmán el Bueno, Alfonso Fernández acudió en ayuda del infante Enrique de Castilla el Senador, que era hijo del rey Fernando III de Castilla y tutor del rey Fernando IV durante su minoría de edad, ya que los musulmanes habían derrotado en una batalla librada cerca de Arjona al infante Enrique. Fernández de Béthencourt señaló que Alfonso Fernández halló al mencionado infante en el suelo y malherido y a su caballo con las piernas cortadas, por lo que puede afirmarse que «lo libró trabajosamente de una muerte cierta», y también que después de dicha batalla, en la que los castellanos perdieron «muchos y excelentes capitanes y soldados», Alfonso Fernández se retiró con el infante Enrique y con Guzmán el Bueno a su señorío de Cañete de las Torres, que estaba a tres leguas de allí, y donde se fortificaron, aunque la Crónica de Fernando IV da una visión muy distinta de dicha batalla y no se menciona el nombre de Alfonso Fernández ni la retirada posterior a Cañete de las Torres, sino a Arjona:

En 1296 Alfonso Fernández también ayudó a defender de las acometidas de los musulmanes Cabra, Baeza y otros lugares acompañado por la caballería de Córdoba y por las tropas de dicha ciudad, ya que por su cargo de alguacil mayor de Córdoba le correspondía el mando de las tropas cordobesas. Cabeza Rodríguez señaló que durante los reinados de Sancho IV y de Fernando IV Alfonso Fernández participó en los combates más destacados con los musulmanes granadinos, por lo que sería recompensado por los monarcas castellanos debido a «su arriesgado trabajo de vigilancia y control fronterizo y por las pérdidas económicas y humanas que conllevaba».

El día 1 de julio de 1300 la reina María de Molina, por un privilegio emitido durante las Cortes de Valladolid de 1300, cedió a Alfonso Fernández la Dehesa de Galapagar, que estaba situada en Pedroche y en la Sierra de Córdoba, para compensarle de los múltiples «daños, saqueos y robos» que los musulmanes habían causado en su señorío de Cañete de las Torres, aunque el padre Ruaño señaló erróneamente que se le concedió esa dehesa en 1296. El 1 de octubre de 1303 el rey Fernando IV de Castilla, para que mejor «se poblase y reparase», emitió un privilegio en el que concedió diversas franquicias y mercedes a los habitantes de Cañete de las Torres, como señaló Fernández de Béthencourt.

El 29 de julio de 1306 el rey Fernando IV de Castilla confirmó a Alfonso Fernández la posesión del señorío de Cañete de las Torres, y el día 12 de abril de 1307 la ciudad de Córdoba le confirmó la posesión de la Dehesa de Galapagar y también la del señorío de Cañete de las Torres. Y entre abril de 1307 y abril de 1312, aproximadamente, Alfonso Fernández de Córdoba ocupó la lugartenencia del adelantamiento mayor de la frontera de Andalucía en nombre del infante Juan de Castilla el de Tarifa, que era hijo del rey Alfonso X y tío del rey Fernando IV. Y en relación con dicha lugartenencia, Braulio Vázquez Campos señaló que:

220px|thumb|Ruinas del castillo de Alcalá de los Gazules. (Provincia de Cádiz).

En 1307 Fernando IV comunicó a Alfonso Fernández, a quien se dirigió como «nuestro alguasil de Córdoba e adelantado en la frontera por el infante don Juan», que había convocado Cortes en Valladolid en ese mismo año para solucionar los perjuicios y abusos que sufrían sus súbditos por culpa de los infantes, ricoshombres y de los demás «hombres poderosos» de Castilla. Dicho comunicado, como señaló Braulio Vázquez Campos, contiene un «repertorio interesante» de los abusos cometidos hasta entonces por los adelantados mayores de la Frontera, como por ejemplo el negar a los acusados la posibilidad de apelar sus sentencias ante el tribunal del rey o imponerles tasas de cancillería inapropiadas. Fernando IV ordenó el día 9 de diciembre de 1308 a Alfonso Fernández, por su condición de lugarteniente del adelantado mayor de la Frontera, y a los alcaldes y al alguacil mayor de Córdoba, que hicieran cumplir el procedimiento recaudatorio del diezmo del almojarifazgo contenido en los privilegios de la Iglesia cordobesa.