Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS o FET-JONS) fue el partido único del régimen franquista y, a efectos legales, el único partido permitido en España tras la guerra civil española. A pesar de su nombre oficial, durante la dictadura fue comúnmente conocido como el Movimiento Nacional, un concepto que en realidad hacía referencia a todo el mecanismo político del cual se dotó la dictadura franquista durante su existencia, conocido popularmente como El Movimiento.

La FET y de las JONS fue creada en abril de 1937 mediante el Decreto de Unificación, que unió tanto a carlistas como a falangistas. Estas dos fuerzas tenían ideas contrarias y fueron unidas a la fuerza, lo que provocó que Manuel Hedilla, junto a otros falangistas, se opusieran a Franco. Hedilla fue condenado a muerte, pero se le conmutó por pena de prisión; sin embargo, otros falangistas sí fueron ejecutados. Continuó existiendo hasta 1977, cuando fue disuelta por el gobierno de Adolfo Suárez en pleno proceso de la Transición democrática. Durante las cuatro décadas que duró la dictadura franquista, la FET y de las JONS fue el único partido permitido en el país, monopolizando cualquier actividad política. Por otro lado, se convirtió en el instrumento esencial del aparato franquista para mantenerse en el poder, tanto con el apoyo de los grupos sociales tradicionales como entre los veteranos del bando sublevado que había combatido en la guerra civil española, véanse falangistas, carlistas y monárquicos.

Historia Antecedentes

Guerra civil española Con el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, la Falange rápidamente se puso del lado de los sublevados en contra del gobierno de la Segunda República. Durante los primeros meses de la contienda, el partido, que durante los años 1930 había constituido una pequeña formación fascista en el ámbito político español, expandió rápidamente su militancia de varios miles a varias decenas de miles. La organización masculina de la Falange se vio acompañada de una organización auxiliar compuesta por mujeres, la llamada Sección Femenina (SF). Dirigido por la hermana de José Antonio, Pilar Primo de Rivera, hacia el final de la guerra civil esta organización filial llegó a contar con más de medio millón de miembros, proporcionando servicios de enfermería y de apoyo logístico a las fuerzas sublevadas.

Desde antes del comienzo de la contienda, José Antonio Primo de Rivera y otros líderes de Falange se hallaban encarcelados en cárceles republicanas, por lo que la dirección del partido pasó de modo provisional a Manuel Hedilla. Primo de Rivera permaneció encarcelado durante los primeros meses y tras ser sentenciado a muerte, fue fusilado en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936, lo que le convertiría en un mártir para el posterior régimen franquista.

La Falange, convertida en la formación política de la zona sublevada, siguió estando en teoría al mando de Hedilla y de los llamados «camisas viejas», pero la existencia de nuevos cuadros de mando había cambiado radicalmente el equilibrio de poder interno. En esta situación, con el general Francisco Franco ya convertido en líder de los «rebeldes», el 20 de abril de 1937 se decretó la unificación de Falange Española de las JONS, los tradicionalistas carlistas y, en teoría, el resto de fuerzas políticas que habían apoyado la sublevación militar que inició la Guerra Civil.El Decreto de Unificación sólo hacía mención a la Falange y la Comunión Tradicionalista Carlista. Los demás partidos que existían en la zona sublevada ni siquiera fueron mencionados, por lo que automáticamente quedaron disueltos y sus militantes deberían solicitar el ingreso en la FET y de las JONS. Mediante el llamado Decreto de Unificación, el «generalísimo» Franco se convertía en el Jefe Nacional del nuevo partido único de la zona sublevada. A efectos prácticos, el nuevo partido se convirtió en una comunión de distintas fuerzas políticas organizadas en torno a la figura de Franco. No obstante, la unificación se llevó a cabo con la firme oposición de los líderes de las dos principales facciones unificadas: Numerosos camisas viejas de la vieja Falange (incluyendo Hedilla) y un buen número de carlistas no se integraron en el nuevo partido. Hedilla, que ya mantenía una agria disputa con el llamado grupo de los legitimistas, no reconoció la unificación con los tradicionalistas y tampoco aceptó el puesto de Consejero nacional que le ofreció Franco, por lo que fue inmediatamente detenido. Condenado a muerte por un tribunal militar, algún tiempo después la pena fue conmutada por la de destierro, el cual cumplió en Mallorca hasta 1947. Por su parte Manuel Fal Conde, líder de la Comunión Tradicionalista, se encontraba exiliado en Portugal cuando se produjo la Unificación, y desde este país siguió oponiéndose firmemente a la misma:

Ninguna de las formaciones políticas que tomó parte en la guerra civil sufrió tal número de muertes entre sus líderes como ocurrió en el caso de la Falange Española y de las JONS: Alrededor del 60 % de los miembros de Falange de antes de la guerra perdieron su vida durante la contienda. Por el contrario, la mayor parte de los locales y propiedades de los demás partidos políticos o sindicatos ilegalizados al final de la contienda pasaron a formar parte del patrimonio de FET y de las JONS.

Segunda Guerra Mundial El partido jugó un papel discreto durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a establecer varias delegaciones fuera de España.

La posibilidad de la intervención española en la contienda se convirtió un motivo de preocupación para los Estados Unidos, que investigaron las actividades de la Falange en América Latina, especialmente en Puerto Rico, donde los sentimientos pro-Falange y profranquistas fueron elevados, incluso entre las clases dirigentes. Algunos falangistas promovieron la idea de apoyar la lucha de las antiguas colonias españolas contra la dominación norteamericana. Por ejemplo, antes del estallido de la guerra mundial, el apoyo a Franco y la Falange era alto entre la comunidad española de Filipinas. El Servicio Exterior de Falange, que constituía el departamento internacional del partido, colaboró, a través de la Falange Filipina, con las fuerzas japonesas en su lucha contra las fuerzas militares estadounidenses durante la conquista de Filipinas, en 1942.

Durante la contienda los Servicios de Información de Falange también cooperaron estrechamente con los servicios secretos de las Fuerzas del Eje. Los Servicios secretos de Falange se hicieron cargo del espionaje político y también del espionaje dirigido a los diplomáticos aliados en la España franquista.

Primeros años del franquismo Después de la guerra civil, se ha señalado al partido como el encargado de desarrollar una ideología para el régimen de Franco. Este trabajo se convirtió en un auténtico cursus honorum de los nuevos políticos conversos que se habían integrado en el partido tras el comienzo de la contienda, los llamados Camisas nuevas, en oposición a los más populistas e ideológicos «camisas viejas» que habían formado parte de la vieja Falange. Desde la publicación de los estatutos del partido el 4 de agosto de 1937, Franco ostentaba el cargo de Jefe Nacional de FET y de las JONS, y sólo respondía de sus acciones «ante Dios y ante la Historia».

Aunque inicialmente Raimundo Fernández-Cuesta era el secretario-general de FET y de las JONS, y en teoría el auténtico líder del partido, en estos primeros años el verdadero hombre fuerte de Falange fue Ramón Serrano Suñer. Cuñado de Franco y ministro de la gobernación, logró acceder a la jefatura de la Junta política de FET y de las JONS, lo que le confirió un poder enorme dentro de Falange. La esperaba entrada en guerra de España del lado de los nazis fue vista por los sectores más radicales del partido como la oportunidad para poder completar la revolución nacionalsindicalista pendiente desde el final de la guerra española. El dócil Fernández-Cuesta abandonó la secretaría general del partido y esta fue puesta en manos del general Agustín Muñoz Grandes, que además era germanófilo. Entre 1940 y 1941 la campaña de agitación de Falange, sin embargo, les llevó a enfrentarse con poderosos sectores del Ejército que eran visceralmente contrarios a Falange. Esta situación desembocó en lo que se conoce en la historiografía como Crisis de mayo de 1941, durante la cual Franco realizó algunos cambios para tratar de conseguir un nuevo equilibrio de poder en la Falange y en el gobierno. Serrano Suñer (que pasó al Ministerio de Exteriores) y sus seguidores perdieron poder frente a otros falangistas más conservadores y fieles a Franco.

miniaturadeimagen|Certificado emitido por FET y de las JONS sobre un ciudadano en 1954. Este tipo de documentos era imprescindible para ciertas gestiones.

La influencia y el poder del partido siguieron creciendo. La membresía de FET y de las JONS alcanzó un pico de 932 000 miembros en 1942. Sin embargo, los conflictos internos no desaparecieron y apenas un año después de la crisis de mayo de 1941 surgió otra mucho más grave que la anterior. En agosto de 1942 las tensiones terminaron estallando y dando lugar al llamado atentado de Begoña, cuando un incidente entre falangistas y carlistas acabó con el lanzamiento de una granada de mano y numerosos heridos. El atentado provocó el cese de varios ministros del gobierno de Franco, especialmente del ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer, y del ministro del Ejército, José Enrique Varela, pero principalmente sirvió a Franco para desbancar del poder a los falangistas, a los que ya consideraba una amenaza directa para su poder. En cuanto a los autores del ataque, seis falangistas recibieron condenas por el mismo y uno de ellos, Juan José Domínguez Muñoz, fue condenado a muerte y fusilado. Con anterioridad, tras la llamada «crisis de mayo de 1941», José Luis Arrese ya había emprendido una purga interna dentro del partido, con el objetivo de expulsar a los elementos más «incontrolados» o «izquierdistas» que se habían afiliado durante la contienda: en los siguientes años fueron expulsados cuatro mil militantes. Esta represión también se extendió a otros órganos, como los Sindicatos Verticales: el delegado nacional de sindicatos, Gerardo Salvador Merino, y sus partidarios fueron purgados y los sindicatos abandonaron sus postulados revolucionarios.

A partir de noviembre de 1942 los falangistas radicales quedaron desterrados de la dirección del partido, que tras la constitución de su III Consejo Nacional vio su composición desterrada de todos aquellos partidarios de Serrano Suñer y, en cambio, copada por dirigentes falangistas dóciles ante las decisiones de Franco. De hecho, muchos de estos nuevos líderes estaban más preocupados por mantener sus parcelas de poder y limitar el poder de sus rivales. Esto coincidió con el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial, especialmente tras la Batalla de Stalingrado, que terminó en una catástrofe militar para Alemania. Ante aquel cambio radical de la situación internacional, Franco se empezó a distanciar de las potencias fascistas. En septiembre de 1943 dio órdenes para que, en adelante, desde los medios oficiales se empezaran a referir a la FET y de las JONS como un «movimiento» y no como un partido.

FET y de las JONS se acabó concibiendo como la rama política del denominado «Movimiento Nacional», concepto más amplio con el que se definía al complejo mecanismo totalitario de inspiración fascista que pretendía ser el único cauce de participación en la vida pública española. Su discurso político expresaba también la mezcla de elementos ideológicos y retóricos fascistas, ultranacionalistas, militaristas, tradicionalistas, conservadores, católicos (o nacionalcatólicos), monárquicos, etc.

Después de la Segunda Guerra Mundial