alt=Vicuña Mackenna.jpg|miniaturadeimagen|Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886). Político e historiador chileno. Entre febrero y junio de 1881, las autoridades del ejército chileno que ocupaba Lima, la capital del Perú, ordenaron y ejecutaron el saqueo de miles de libros y documentos que formaban parte de los fondos de diversos establecimientos públicos de dicha ciudad, como el Palacio de Gobierno, la Biblioteca Nacional y la Universidad Mayor de San Marcos. El expolio de estos objetos culturales se realizó bajo la premisa de que los bienes del Estado peruano eran considerados propiedad de su par chileno. Asimismo, hubo ciudadanos chilenos (como Benjamín Vicuña Mackenna) que tuvieron una red de agentes que les proveían de libros y documentos extraídos del Perú.

Contexto El saqueo de libros y documentos que pertenecían a establecimientos públicos ubicados en Lima es uno de los episodios más discutidos y controvertidos de la guerra del Pacífico (1879-1883), que enfrentó a Chile contra el Perú y Bolivia. Este conflicto bélico tuvo como trasfondo la posesión de los ricos yacimientos de salitre que estaban ubicados en la provincia peruana de Tarapacá y la provincia boliviana de Antofagasta. En aquel entonces, el salitre tenía un gran valor económico, pues este mineral era usado por los agricultores europeos como fertilizante de los campos. Por esta razón, la guerra del Pacífico también es conocida como la Guerra del Salitre. Entre febrero y marzo de 1879, luego de disputas limítrofes entre Chile y Bolivia, y de la estatización, por parte del segundo país, de una compañía chilena que explotaba salitre en Antofagasta, el ejército chileno ocupó toda la extensión de dicha provincia. El Perú intentó mediar entre Chile y Bolivia, pero esta gestión no rindió frutos. Más bien, el Perú se vio arrastrado a la guerra en virtud de un tratado de alianza militar firmado con Bolivia en 1873.

Ahora bien, desde la perspectiva peruana, la guerra puede dividirse en tres grandes fases. La primera fase es conocida como la campaña marítima, y se extendió desde el 5 de abril de 1879, fecha de la declaración de guerra al Perú por parte de Chile, hasta el 8 de octubre de ese año, cuando la escuadra chilena capturó al monitor peruano Huáscar y dio muerte a su capitán, Miguel Grau, quien durante meses había creado problemas a la marina chilena. La segunda fase se inició en noviembre de 1879, cuando Chile inició la invasión de la provincia peruana de Tarapacá, y culminó con la ocupación de Lima por parte de tropas chilenas, el 17 de enero de 1881. La tercera y última fase se conoce como campaña de la Resistencia o de la Breña, que tuvo como teatro de operaciones la zona andina del Perú y se extendió desde enero de 1881 hasta el 10 de julio de 1883, cuando el general peruano Andrés Avelino Cáceres fue derrotado en la batalla de Huamachuco. Meses después, el 20 de octubre de 1883, se firmó el Tratado de Paz, conocido también como Tratado de Ancón, entre Perú y Chile. Perú cedió perpetuamente a Chile la provincia de Tarapacá, mientras que las provincias de Tacna y Arica quedarían en poder de Chile durante diez años, al término de los cuales un plebiscito decidiría si continuarían en poder de Chile o volverían a Perú. (Este último asunto recién se resolvió el 3 de junio de 1929, cuando, en virtud del Tratado de Lima, se determinó que Arica pasaba perpetuamente a soberanía de Chile, mientras Tacna retornaba a soberanía peruana). Las tropas chilenas abandonaron todo el territorio peruano en 1884.

La Biblioteca Nacional

Situación de la biblioteca antes de la guerra miniaturadeimagen|José de San Martín. Estableció la Biblioteca Nacional del Perú en 1821.|alt= Antes de que se iniciara la guerra del Pacífico, la Biblioteca Nacional del Perú era quizás la más importante de las bibliotecas en América del Sur. Su sede era el supreso colegio jesuita de San Pablo, y sus fondos no solo provenían de esta institución, sino de otras, como la Universidad de San Marcos, y de donativos o compras de colecciones de diversas personas. Por ejemplo, el libertador José de San Martín, Bernardo de Monteagudo, Hipólito Unanue y José Joaquín de Olmedo donaron sus colecciones de libros a la biblioteca. Además, el Estado adquirió, en 1840, la colección de Miguel Fuentes Pacheco; en 1859, la de la testamentaría de Joaquín Paredes; y en 1863, la del heredero de Manuel Pérez de Tudela. En 1871, la Biblioteca Nacional custodiaba casi 35 000 libros y cerca de cuatrocientos manuscritos. En 1880, albergaba 56 127 volúmenes (entre los cuales había alrededor de doscientos incunables) y ochocientos manuscritos.

El saqueo alt=Palma1.jpg|miniaturadeimagen|Ricardo Palma. Escritor peruano y director de la Biblioteca Nacional del Perú después de la guerra del Pacífico. El saqueo de los fondos de la Biblioteca Nacional fue realizado en distintos momentos. Los primeros en ordenar la sustracción de libros fueron varios capellanes del ejército chileno, lo que no debe sorprender, pues la biblioteca albergaba muchas obras religiosas que estaban escritas en latín. Posteriormente, el 26 de febrero de 1881, Pedro Lagos, la máxima autoridad del ejército de ocupación, extrajo una importante cantidad de libros que previamente él, acompañado de sus edecanes y de ciudadanos chilenos, había seleccionado. El 28 de junio de ese año, el militar chileno Patricio Lynch tomó posesión del inmueble de la biblioteca, con lo que continuó el despojo. Ernst Middendorf, viajero alemán que se encontraba en Lima en el momento de la ocupación chilena, logró entrar en la biblioteca y observó no solo estantes vacíos, sino también libros destrozados desparramados en el suelo. En efecto, los libros que no fueron trasladados a Chile sufrieron mutilaciones o fueron vendidos a comerciantes de Lima, quienes arrancaban sus hojas para envolver con ellas los productos que comercializaban. El escritor Ricardo Palma, quien luego de la guerra sería designado director de la Biblioteca Nacional, logró rescatar libros y manuscritos pertenecientes a dicha institución de manos de particulares, entre los cuales estaban comerciantes de la ciudad. miniaturadeimagen|Pedro Lagos. Jefe del ejército que ocupó Lima en la Guerra del Pacífico. |alt= Muchos de los libros sustraídos en Lima fueron dirigidos a la Universidad de Chile. Allí, el ciudadano polaco Ignacio Domeyko, rector de dicha institución, y Luis Zegers, ayudante de aquel, se dedicaron a clasificar los más de diez mil volúmenes, entre libros de todos los tamaños y folletos, que recibieron. Los textos fueron agrupados por Domeyko y Zegers en cuatro categorías: 1) Historia, Literatura y Estadística; 2) Ciencias Físicas, Matemáticas, Historia Natural y Medicina; 3) Jurisprudencia; y 4) Teología y Ciencias Sagradas. Luego de ello, una parte de los textos se quedó en la Universidad de Chile y el resto fue distribuido entre diversos establecimientos del Estado y de la Iglesia. Años después de terminada la guerra del Pacífico, Domeyko publicó su libro de memorias, que apareció bajo el título de Mis viajes. En esta obra, Domeyko lamentó que el entonces ministro de Instrucción Pública del gobierno chileno, Manuel García de la Huerta, le hubiese encomendado la tarea de clasificar libros y diversos objetos provenientes de Lima, ya que esta acción le recordaba el saqueo que tropas rusas habían cometido en la Universidad de Vilna. Según Domeyko, él decidió publicar un inventario de dichos objetos en el Diario Oficial de Chile "para que se viera el poco provecho que aportó al país [Chile] ese robo y cuánto contribuirá para excitar animosidades entre dos naciones hermanas". miniaturadeimagen|Ignacio Domeyko. Rector de la Universidad de Chile durante la Guerra del Pacífico.|alt=

La devolución de 2007 El 23 de abril de 2006, el periodista chileno Marcelo Mendoza publicó en Diario Siete de Santiago de Chile un reportaje acerca de la lista de objetos enviados por el ejército chileno desde Lima en 1881 que preparó Ignacio Domeyko. La aparición de este reportaje hizo que varios políticos chilenos reconocieran la existencia en su país de libros enviados desde Lima durante la guerra del Pacífico y abogaran por su restitución al Perú. Más de un año después, el 6 de noviembre de 2007 tanto el gobierno de Chile como la Biblioteca Nacional de este país devolvieron un total de 3788 libros que habían pertenecido a la Biblioteca Nacional del Perú. Este hecho, sin embargo, originó una nueva polémica, pues mientras en Chile se señaló que no había nada más que devolverle al Perú, en este último país se indicó que la devolución había sido parcial y que en Chile quedaban más libros que habían pertenecido al Perú. La lista de libros devueltos en 2007 fue publicada ese mismo año por la Biblioteca Nacional del Perú en un libro titulado Después de 126 años volvieron.

Otras bibliotecas saqueadas La Biblioteca Nacional no fue la única en sufrir el pillaje de las tropas chilenas. Por ejemplo, la Escuela de Ingenieros (hoy Universidad Nacional de Ingeniería) también fue saqueada por las fuerzas de la ocupación. La sede de esta institución fue convertida en el cuartel del regimiento Santiago, a cargo del coronel Deomofilo Fuenzalida. Este último fue el responsable de trasladar a Chile no solo instrumentos científicos que halló en la Escuela de Ingenieros, sino también gran parte de las 1200 obras que custodiaba dicha institución. El director de la Escuela, el ingeniero polaco Eduardo de Habich, logró que Fuenzalida devolviera algunos pocos libros y documentos de la institución. También fueron objeto de saqueo las bibliotecas de la Escuela de Medicina y del Museo de Historia Natural, instituciones ambas vinculadas a la Universidad de San Marcos, como también las bibliotecas de conventos de la capital peruana, pero hay poca información sobre estos últimos pillajes. Los archivos históricos y administrativos

El Archivo Nacional El Archivo Nacional del Perú (hoy Archivo General de la Nación) funcionaba en el local de la Biblioteca Nacional. Los fondos que dieron origen al Archivo provenían de instituciones del Perú virreinal, como la Secretaría del Virreinato, el Tribunal de Cuentas y la Real Junta de Temporalidades. En 1878, el Archivo Nacional poseía más de 25 000 documentos, que se clasificaban en los ramos de Temporalidades, Inquisición, Censos, Tabacos y Audiencia de Lima. Además, el Archivo contaba con un índice, compuesto por cinco tomos. De acuerdo con Ricardo Palma, el 24 de febrero de 1881 se inició el saqueo de las oficinas y establecimientos públicos; el Archivo Nacional no se salvó del pillaje. En 1885, Palma logró que el gobierno chileno devolviera diez cajones con documentos de la Inquisición peruana. No obstante, el resto de documentos sobre el Tribunal del Santo Oficio que funcionó en Lima permanece hasta el día de hoy en el Archivo Nacional de Chile.

Los documentos del Palacio de Gobierno