Las Vísperas Griegas (, «Sucesos de noviembre») es el nombre que reciben los enfrentamientos armados que acontecieron en diciembre (noviembre del calendario juliano entonces vigente en Grecia) entre partidarios del Gobierno realista ateniense y unidades de los Aliados, como consecuencia de las desavenencias políticas que dividían al país respecto a su participación o no en la Primera Guerra Mundial.

El Gobierno griego tuvo desacuerdos con los Aliados desde el comienzo de la guerra mundial. La entrega del fuerte fronterizo de Rupel (Sintikí) en mayo de 1916 a los Imperios Centrales, a un contingente de tropas principalmente búlgaras fue el primer acontecimiento que terminó desembocando en los enfrentamientos de las Vísperas Griegas. Los Aliados temían que existiese algún pacto secreto entre el Gobierno real griego y los Imperios Centrales. Tal acuerdo hubiese amenazado a las divisiones aliadas desplegadas en Macedonia, en torno a Salónica, desde finales de 1915. Los Aliados y el monarca griego Constantino I mantuvieron intensas negociaciones a lo largo del verano de 1916. El rey quería mantener la neutralidad griega en la guerra mundial, posición que favorecía indirectamente a los Imperios Centrales, mientras que los Aliados pretendían que el Ejército griego se desmovilizase y entregase tanto armamento como había cedido a los imperios en Rupel, como aval de que mantendría verdaderamente su neutralidad. Al final del verano, el fracaso de las conversaciones, el avance búlgaro en Macedonia oriental y la orden gubernamental al Ejército griego de que no se opusiese a la marcha de los búlgaros originaron un pronunciamiento militar venizelista de oficiales de Salónica favorable a los Aliados. El anterior primer ministro Eleftherios Venizelos, que había simpatizado con estos desde el principio de la contienda, instaló un Gobierno provisional en el norte de Grecia. Comenzó además a organizar un ejército para expulsar a Bulgaria de los territorios de los que se había apoderado hasta entonces, lo que polarizó la política griega.

La inclusión de tropas griegas entre las aliadas y la división de Grecia como consecuencia de la proclamación del Gobierno rival de Salónica desató una serie de protestas contra los Aliados en Atenas. A finales de octubre de 1916, estos y el rey Constantino alcanzaron por fin un acuerdo, secreto, pero los consejeros militares del soberano le obligaron a renunciar a él. Para imponer sus deseos, los Aliados desembarcaron un pequeño continente de tropas en la capital griega el . Este chocó con los partidarios del rey y se produjeron una serie de combates, que concluyeron con la tregua que se acordó a final del día. Al día siguiente de que los Aliados evacuaran Atenas, una muchedumbre partidaria del rey recorrió la ciudad, persiguiendo a los seguidores de Venizelos. Los disturbios se prolongaron tres días y recibieron el nombre de «Vísperas Griegas» (Noemvriana en griego, por suceder en noviembre según el calendario vigente entonces, el juliano). El suceso originó una gran división entre los partidarios del rey y los de Venizelos, que supuso un preludio del posterior cisma nacional.

Los Aliados decidieron derrocar a Constantino tras las «Vísperas» e implantaron un bloqueo naval de las regiones aún obedientes al Gobierno de Atenas. Tras la abdicación del rey el 15 de junio de 1917, el país volvió a quedar unido bajo el nuevo soberano, Alejandro, hijo de Constantino, y el Gobierno de Venizelos. Además, entró finalmente en guerra del lado aliado. En 1918, la contribución del Ejército griego permitió a los Aliados gozar de superioridad frente al enemigo en el frente macedonio. Los Aliados vencieron a los Imperios Centrales en este frente en el otoño de ese año, liberaron Serbia y contribuyeron a poner fin a la guerra gracias a las victorias en los Balcanes.

Antecedentes

250px|miniaturadeimagen|Constantino reunido con el primer ministro Eleftherios Venizelos y miembros del Estado Mayor griego en vísperas de la firma del Tratado de Bucarest que puso fin a las guerras balcánicas.

Grecia se contó entre los vencedores de las guerras balcánicas de 1912-1913, y como consecuencia casi duplicó su territorio. La inestabilidad política internacional de comienzos del siglo , sin embargo, suponía un inconveniente para el país. El Imperio otomano no reconocía la soberanía griega de las islas que esta había conquistado durante las guerras balcánicas y deseaba recuperarlas. En el norte, Bulgaria, vencida en la segunda guerra balcánica, buscaba cómo obtener la revancha de Grecia y Serbia, que la habían derrotado. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo desencadenó la declaración de guerra de Austria-Hungría a Serbia. Debido a las alianzas de estos dos países, el conflicto se transformó en guerra mundial, cuando los coligados de uno y otro (los Imperios Centrales y la Triple Entente) se declararon la guerra mutuamente.

Grecia, al igual que Bulgaria, se mantuvo neutral cuando el conflicto mundial. Los mandatarios griegos, no obstante, estaban divididos entre los que, como el primer ministro Eleftherios Venizelos, se inclinaban hacia la Entente y los que, como el rey —cuya educación era alemana y que se había casado con la hermana del káiser Guillermo II de Alemania, Sofía de Prusia—, preferían a los Imperios Centrales. El rey admiraba el poderío militar prusiano y creía que el káiser obtendría pronto la victoria; deseaba mantener la neutralidad griega, situación que favorecía en realidad a los Imperios Centrales.

A principios de 1915, el Reino Unido le ofreció a Grecia concesiones en Asia Menor a cambio de participar en la inminente campaña de Galípoli. Venizelos era favorable a ello, pero no así el rey ni sus consejeros militares. Decepcionado por la oposición del soberano, Venizelos dimitió el 21 de febrero de 1915. Varios meses después, en junio, el Partido Liberal de Venizelos ganó las elecciones y formó un nuevo Gobierno. Cuando Bulgaria comenzó a prepararse en septiembre para atacar a Serbia, Venizelos ordenó la movilización del Ejército y solicitó un ejército anglo-francés para defender Salónica y ayudar a los serbios. Las unidades aliadas, al mando del general francés Maurice Sarrail, comenzaron a desembarcar en territorio griego el 5 de octubre y se acuartelaron junto a Salónica. El Parlamento griego aprobó una cuestión de confianza a Venizelos y respaldó la ayuda a Serbia, pero el rey, de forma inconstitucional, destituyó a este y disolvió las Cortes. Este acto agudizó las desavenencias entre el rey y sus partidarios, por una parte, y Venizelos, por la otra. Los liberales optaron por no participar en las elecciones de diciembre de 1915.

Causas

Entrega del fuerte Rupel derecha|miniaturadeimagen|200px|El rey Constantino I vestido con el uniforme de mariscal de campo alemán. Su simpatía por Alemania le hizo defender la neutralidad griega en la guerra mundial.

El 9 de mayo de 1916, el jefe del Estado Mayor de los Imperio Centrales, Erich von Falkenhayn, informó a Atenas del inminente avance de sus fuerzas hacia el sur. El Gobierno griego respondió quitando importancia a las operaciones del general francés Sarrail y solicitando a Von Falkenhayn que cambiase de estrategia. El 23 del mes, Von Falkenhayn garantizó la integridad territorial griega y los derechos de los ciudadanos griegos. Tres días más tarde y a pesar de la protesta oficial griega, veinticinco mil búlgaros y acompañados de cablaeería alemana penetraron en territorio griego. La guarnición del fuerte Rupel se rindieron a los invasores. El alto mando alemán estaba inquieto por la actividad de Sarrail en Grecia, por lo que Von Falkenhayn había decidido ocupar ciertos puntos estratégicos griegos, entre ellos el fuerte Rupel. Pese a las promesas de Von Falkenhayn, las unidades búlgaras comenzaron de inmediato a concentrar a la población griega en las ciudades de Serres, Drama y Kavala. Aunque los alemanes lograron limitar las ansias expansionistas búlgaras, no pudieron evitar que los búlgaros se apoderasen de Kavala el 4 de septiembre.

Reacción Venizelos y de los Aliados La rendición del fuerte Rupel hizo creer a los Aliados que la invasión búlgaro-alemana se había producido con la connivencia del Gobierno griego, ya que este les había asegurado anteriormente que los búlgaros no invadirían el país. Vieron en la invasión enemiga una infracción ed la neutralidad griega y un peligro para el equilibrio militar en los Balcanes. La prensa de los países aliados, en especial la francesa, exigió una reacción militar inmediata contra Grecia para proteger a las fuerzas de la Entente que se hallaban en Macedonia. Para Venizelos y sus partidarios, la entrega del fuerte Rupel suponía la pérdida de la Macedonia griega. El 29 de mayo, Venizelos propuso a sir Francis Elliot (principal representante diplomático británico en Atenas) y a Jean Guillemin (su homólogo francés) que él y el general Panagiotis Danglis creasen una Gobierno rival al ateniense en Salónica, con el fin de animar la resistencia militar a la penetración búlgara en Grecia. Venizelos prometió que el ejército fiel a su nuevo Gobierno respetaría al rey y a la familia real. Según el informe remitido por Elliot, Venizelos espera que «el éxito de su acto y la presión de la insistencia de la opinión pública convenciese finalmente a su majestad» de cambiar de actitud. La sugerencia de Venizelos fue aceptada por los franceses, pero no no por los británicos, lo que obligó a Venizelos a arrumbar el proyecto.

El 9 de junio los Aliados celebraron una conferencia en Londres para estudiar las razones de la entrega del fuerte Rupel al enemigo y las posibles acciones para lograr la desmovilización del Ejército y la Armada griegos. El rey Constantino previó el resultado de la reunión aliada y el 8 de junio ordenó la desmovilización parcial del Ejército. Pese a ello, la tensión entre el Gobierno griego y los Aliados persistió; estos acusaban a aquel de tolerar «actividades antialiadas» en la capital. Entre el 12 y el 13 de junio, una multitud destrozó las sedes de varios periódicos venizelistas (Nea Ellas, Patris, Ethnos y Estia). La muchedumbre se acercó a la embajada británica sin que la policía lo impidiese. Este suceso permitió que los franceses persuadiesen a los británicos de la necesidad de emplear métodos drásticos contra el Gobierno griego. El 17 de junio, la conferencia interaliada de Londres decidió que «era totalmente indispensable hacer algo para que el rey de Grecia y su Gobierno recuperasen la cordura».

Golpe militar de Salónica

miniaturadeimagen|derecha|200px|El «triunvirato de la Defensa Nacional», de izquierda a derecha: el almirante Kunturiotis, Venizelos, y el general Danglis

El 27 de agosto de 1916, durante una manifestación en Atenas, Venizelos explicó sus críticas a la política del rey. Afirmó que este era víctima de sus asesores, que pretendían anular los logros de la «revolución de Goudi». Además, en su arenga, Venizelos solicitó al rey que adoptase una actitud benevolente y verdaderamente neutral. Acabó el discurso afirmando que si su propuesta no fructificaba, tenía otros medios de «evitar que el país se sumiese en la catástrofe total». Por su parte, el rey se negó a todo pacto y rehusó incluso reunirse con una delegación que le envió Venizelos.