La Federación de los Andes fue un proyecto de Estado bajo la forma de confederación ideado por Simón Bolívar en 1826 y que incluiría bajo su hegemonía las nacientes repúblicas de Bolívar, Gran Colombia y Perú. No fue, en rigor, un proyecto de integración. De haber prosperado el proyecto de Bolívar, la República del Perú habría quedado dividida en dos entidades, con Lima y Arequipa como capitales de los estados nor y surperuanos, mientras que su costa meridional, al sur del río Sama (Perú), incluidas las provincias de Arica y Tarapacá, habría sido incorporadas a Bolivia.

Nombre izquierda|miniaturadeimagen|Simón Bolívar, dictador en Perú y promulgador de la idea. Las fuentes han dado varios nombres al proyecto estatal: «Confederación de los Andes», «Federación de los Andes», «Federación Boliviana» y «Federación Andina».

Antecedentes thumb|300px|derecha|Mapa de la República de la Gran Colombia (incluyendo territorios reclamados). Muestra los tres departamentos que la formaban: Venezuela, Cundinamarca y Quito.

Inicialmente, Bolívar pretendía crear una gran confederación que abarcara todos los territorios que acababan de independizarse del Imperio español para prevenir posibles intentos de reconquista. Para esto convocó el Congreso de Panamá pero cuando fracasó se propuso una meta más realizable, unificar los países independizados por él:García Belaunde, José Antonio. "El sueño de Bolívar: de la Federación de los Andes a la Comunidad Andina". En coloquio El Sueño de Bolívar. El Futuro de la Representación Política y de la Integración de los Países Andinos. Biarritz, 27-28 de septiembre del 2000. Perú, Bolivia y Colombia; como dijo Jorge Basadre: «Unir a las repúblicas bolivarianas parecía más factible que unir a todas las Repúblicas hispanoamericanas».

Congreso de Panamá

Convocado en un circular escrito por el Libertador y su ministro, José Faustino Sánchez Carrión, el 7 de diciembre de 1824, en este Congreso se debatió la posibilidad de crear una gran confederación americana y el futuro de Cuba y Puerto Rico, aún en poder español y que servían de cabezas de puente para futuras expediciones de reconquista. Chile y Río de la Plata se abstuvieron de enviar representantes. Los de Bolivia no alcanzaron a llegar. Estaban representados solo Colombia (por Pedro Gual y Pedro Briceño Méndez), Perú (Manuel Lorenzo de Vidaurre y José María Pando, este último reemplazado por Manuel Pérez de Tudela), México (José Mariano Michelena y José Domínguez Manso) y Guatemala (Antonio Larrazábal y Pedro Molina).

Entre las decisiones tomadas estuvo el no establecer relaciones diplomáticas con la República de Haití para evitar alentar rebeliones de esclavos. Sobre Cuba y Puerto Rico, el 18 de febrero de 1826, el ministro del gobierno peruano, Hipólito Unanue, recomendó no invadirlas, pues su flota era necesaria para defender el Océano Pacífico y no podían prestarla para la expedición. Los representantes se mostraron favorables a que un país interviniera en otro en caso de que el segundo se sumergiera en la anarquía. También reconocieron el uti possidetis como principio rector de las fronteras de los nuevos países, con tendencia a apoyarse en ríos y montes. Esto último chocaba con las aspiraciones constitucionalistas peruanas, con la «libre asociación como la base del estado en mayor medida».

Pérez de Tudela y Vidaurre postularon una «liga» entre los países participantes, permanecer en guerra con España y cualquier otra potencia que intentara dominarlos y crear una «Dieta de plenipotenciarios» que se reunirían cada bienio. Sus funciones serían interpretar los tratados en caso de dudas y arreglar subsidios, número de tropas y dinero que debía aportar cada país a la defensa común. No se tolerarían intentos de colonización o el comercio negrero pero se respetarían las colonias europeas que aún existían en el continente. Incluso Vidaurre escribió las «Bases de la confederación general americana», en que el Congreso de Panamá tendría autoridad sobre los países para resolver conflictos fronterizos, negociaría con los europeos, aseguraría la reciprocidad comercial y establecería una ciudadanía común. Para tal acuerdo señalaba que en medio siglo todos los miembros debían comprometerse a no alterar sus formas de gobierno.

Acuerdos peruano-colombianos Meses antes que Bolívar llegara a Perú, su ministro plenipotenciario, Joaquín Mosquera, y el ministro del Protectorado del Perú, Bernardo Monteagudo, firmaron el «Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua entre la República de Colombia y el Estado del Perú» el 16 de junio de 1822. Era una alianza de auxilio mutuo en caso de invasión, con igualdad de derechos para ciudadanos, barcos y producciones, fijación de contingentes militares y navales, resguardo de la soberanía nacional de cada parteBushnell, 1999: 336. Los primeros intentos de integrarse entre independentistas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, el Estado de Quito y la Primera República de Venezuela fueron para colaborar militarmente pero siempre manteniendo la plenitud de sus soberanías. y postergación de la fijación de fronteras precisas. Un segundo tratado fue firmado el 6 de julio y era un anuncio para la reunión de ministros plenipotenciarios para estrechar el vínculo y del Congreso panameño. El Congreso Constituyente peruano los aprobó el 10 de octubre y 12 de noviembre de 1823 respectivamente.

La suerte del Alto Perú El primer contratiempo al proyecto de Bolívar fue la independencia de la audiencia de Charcas, que lo hizo enfrentarse a Antonio José de SucreVázquez-Rial, Horacio. "La profecía de Bolívar". Periódico Libertad Digital. Publicado el 2 de febrero de 2011. Consultado el 27 de octubre de 2016. porque la intención del Libertador era incorporar al Alto Perú a su proyectada federación. Los consejos de Francisco de Paula Santander y el halago de Sucre y criollos bautizando el nuevo país como República de Bolívar, después Bolivia, lo hicieron ceder.

La unión del Bajo y Alto Perú era vista como demasiado peligrosa por Bolívar, Santander, Sucre y Buenos Aires, y esta independencia permitía tener un aliado a la espalda de un Perú con quien las relaciones diplomáticas se habían deteriorado a un nivel alarmante. Finalmente, además de debilitar a Lima, conseguía el apoyo de la élite de Chuquisaca y otras ciudades.

Sucre quedó como presidente del nuevo país pero solo por dos años mientras se negociaba la creación de la gran federación bolivariana y se estabilizaba el Alto Perú. Deseaba volver a Quito con su esposa. Por ello Bolívar siguió contando con Bolivia para su federación. En la práctica, Sucre dependía tanto de las órdenes de Bolívar que rápidamente fue visto por peruanos y rioplatenses como un títere o cabeza de puente del Libertador en el sur continental, un «procónsul del imperio boliviano».

Mientras estaba en Bolivia el Congreso Constituyente de Chuquisaca le pide redactarles una constitución, lo que el Libertador hizo tras retornar a Lima y mientras disfrutaba de la vida social y su amorío con Manuela Sáenz.

Plan de unificación El plan exigía que la unión fuera iniciada en y promovida por Bolivia y Perú para no ser vista en esos países como una imposición colombiana. Por eso, Sucre gobernaba en la primera mientras Bolívar intentaba imponer el plan en Lima. Se esperaba que Sucre negociaría con los peruanos para sumarlos a la Federación. Estas se haría a través de plenipotenciarios. Una vez asentada la constitución del Libertador en Bolivia se debía seguir con Perú y finalmente con Colombia. Para lograrlo, debía mantener tropas colombianas en Perú y Bolivia, lo que aumentó el descontento que ya producían sus constituciones vitalicias, porque eran vistas como las guardias pretorianas de sus gobiernos títeres.

La Federación Gobierno El proyectado país exigía un nuevo sistema político para evitar las «Repúblicas aéreas», países con leyes basadas en ideologías alejadas de las circunstancias,Politzer, Ignacio. "La relación negada: Bolívar y la Argentina". Blog Los operarios del plan. Publicado el 11 de marzo de 2009. Consultado el 20 de septiembre de 2017. y diera equilibrio entre la estabilidad que ofrecía la monarquía y los ideales republicanos del Libertador. Él rechazaba las monarquías y consideraba que todo intento de implantar una en Hispanoamérica estaba condenado al fracaso por el rencor producido hacia los reyes por la devastadora guerra.

Este daría gobiernos estables que hicieran las reformas necesarias: «Dadme un punto fijo, y moveré el mundo». El cónsul británico en Lima, Charles Milner Ricketts, le apoyaba; introducir de golpe los loables principios liberales solo traerían el caos. Según Víctor Andrés Belaúnde:

Habría un presidente vitalicio, un parlamento federal tricameral y una administración autoritaria, centralizada y militarizada. Era una monocracia fuertemente inspirada en el Consulado de Napoleón Bonaparte y en el régimen del haitiano Jean Pierre Boyer. De ahí que lo acusaran que «aspiraba á la monocracia vitalicia, sobre la base de la hegemonía militar de Colombia».

Bolívar quería formar «una federación general (...) más estrecha que la de los Estados Unidos», país al que consideraba un «lindo modelo». Habría una sola bandera, ejército, constitución y nación. Las leyes tendrían adaptaciones concretas para cada región, pero se consideraba que su autoritarismo violentaba las «particularidades» regionales. Así nacería un poderoso país capaz de plantar cara a las potencias europeas y negociar en igualdad con ellas (el Libertador quería unidad contra la Europa de la Restauración) o enfrentar las ambiciones hegemónicas de Estados Unidos.

Contaba con el apoyo de Sucre y la aceptación de Santander.

Constitución Su constitución iba a ser muy similar a la que entregó a los bolivianos en Chuquisaca el 19 de noviembre y el símil que impuso a los peruanos en Lima el 30 del mismo mes. Estaría plagada de terminología romana, «el Korán del imaginario sistema político boliviano» (sic).

El liberalismo en el pensamiento de Bolívar se notaba cuando exigía la abolición inmediata y completa de la esclavitud y la tolerancia religiosa. En la Federación estarían asegurados los derechos de la libertad individual, seguridad civil, tránsito, inviolabilidad del domicilio, libertad del trabajo, propiedad, patente de inventores e igualdad ante la ley, la libertad de prensa sería reconocida dentro de la responsabilidad de quien emite las declaraciones, se abolirían los empleos y privilegios hereditarios y vinculaciones eclesiásticas y laicas, y las contribuciones se repartirían proporcionalmente. Para ser ciudadano había que tener nacionalidad, saber leer y escribir, ser mayor de 25 años o estar casado, tener empleo o profesar alguna ciencia o arte, y no estar sujeto a otro como sirviente doméstico.

Siguiendo la inspiración de la Constitución francesa de 1799 estaba en cuatro poderes: ejecutivo, legislativo, electoral y judicial.

Poder ejecutivo Habría un «Jefe Supremo Vitalicio» con poder de designar empleados, diplomáticos, militares y encargados de hacienda. No respondía ante el Congreso por su administración y podía dar sin consultas al legislativo patentes de corso o nombrar jefes militares y navales o personal de hacienda. Su carácter vitalicio se debía a la influencia del haitiano Alexandre Pétion. Aunque formalmente el presidente tuviera pocas funciones, el que fuera vitalicio garantizaría una enorme influencia en el gobierno.

El «jefe supremo» sería nombrado por un Congreso pleno solo la primera vez, porque entre sus poderes estaba el de nombrar un heredero como en Haití, un vicepresidente federal, previa consulta al legislativo; esto daría estabilidad según Bolívar. El sucesor podía ser quien quisiera, removerlo cuando le pareciera y nada impedía que fuera un pariente. Sucre sería vicepresidente federal y si él no aceptaba Bolívar renunciaría por considerar que no tendría sucesor capaz de continuar su proyecto.