miniatura|Europa al iniciarse la guerra en 1914.

Durante los primeros meses de la Primera Guerra Mundial, el Imperio otomano se mantuvo prudentemente a la expectativa, sin participar en ella, pese a los tratados que lo ligaban al imperio alemán: la Sublime Puerta dudó entre los dos bandos, antes de decantarse por el de los Imperios Centrales (formado primero por Alemania y Austria-Hungría) en octubre de 1914. Tras el fracaso de las ofensivas contra Egipto y el Cáucaso, el imperio tuvo que enfrentarse en 1915 a una acometida enemiga contra Constantinopla, que pudo desbaratar, y a varios ataques en Armenia, Mesopotamia y Palestina. El sultán, en calidad de califa, título que ostentaban los soberanos otomanos desde el siglo , hizo un llamamiento a la guerra santa contra los Aliados, que produjo alzamientos de territorios musulmanes de países de la entente en África y Asia.

El imperio no contaba con medios para afrontar una guerra moderna y fue agotándose, ahogado por el bloqueo enemigo. El Imperio Otomano cometió un genocidio contra la población armenia. En el otoño de 1918, unidades británicas, mejor armadas que las enemigas, vencieron a las turco-alemanas al tiempo que la rendición búlgara dejaba indefensa la capital, lo que obligó al imperio a capitular. El Tratado de Sèvres fue firmado el 10 de agosto de 1920. Confirmaba la reducción del Imperio Otomano, que sólo conservaba Estambul en Europa y la parte occidental de Anatolia en Asia, menos la región de Esmirna, un territorio de apenas 420.000 kilómetros cuadrados. También preveía zonas de influencia en beneficio de los Aliados, así como de las minorías kurda y armenia. Nunca fue ratificado por todos sus signatarios y, al provocar un levantamiento nacional en Turquía en torno a Mustafa Kemal Atatürk, condujo a la Guerra de Independencia de Turquía y la caída del Imperio Otomano.

Antecedentes y situación

El Imperio otomano se encontraba en muy mala situación cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914. Acababa de sufrir gravísimas pérdidas en las guerras balcánicas de 1912-1913 y su ejército se hallaba en medio de una gran reorganización que se estaba verificando con asesoramiento alemán, pero que aún no había dado los resultados esperados. Las grandes pérdidas territoriales sufridas desde 1910 —que se añadían a otras sufridas desde 1878— en varias contiendas en las que había sido derrotado y los continuos gastos militares debidos tanto a estas como a la lucha con insurgentes albaneses y árabes habían empeorado la situación de la Hacienda imperial.

Desde 1878, las continuas pérdidas de territorio habían hecho que la población europea del imperio se redujese de la mitad a un quinto del total. En los conflictos de 1912 y 1913, el imperio había perdido el 32,7 % de su territorio y el 20 % de su población.

El país seguía estando muy atrasado económicamente: su producción de carbón era mucho menor que la de las grandes potencias; la de hierro y acero, despreciable, al igual que la de la industria química; y las líneas férreas eran aún muy escasas para la gran extensión del imperio. El abastecimiento de armas dependía de una única fundición de cañones y armas ligeras, de una sola fábrica de munición y de una única factoría de pólvora para todo el imperio. Todas ellas estaban sitas en las afueras de la capital, junto al mar de Mármara, en una zona muy vulnerable a los ataques externos. La escasa industria hacía que el abastecimiento de armas y munición dependiese casi por completo de la importación.

La situación financiera, por su parte, era de déficits continuos desde 1911. El 30 % del presupuesto nacional se destinaba al pago de la deuda externa. El país se encontraba casi en la bancarrota cuando estalló la guerra mundial.

Dada la mala situación militar y financiera otomana, ninguno de los Gobiernos de las grandes potencias europeas tenía gran entusiasmo por coligarse con el imperio, pero el káiser Guillermo II de Alemania instó a su Gobierno a suscribir un tratado de alianza con él, que se firmó el 2 de agosto de 1914. En principio, los mandos militares alemanes solo esperaban de los otomanos que distrajesen cierto número de divisiones rusas y británicas mientras ellos ganaban la guerra mediante el plan Schlieffen.

Cuando este fracasó en el otoño de 1914, los alemanes comenzaron a presionar a los otomanos para que entrasen en guerra. El pacto se mantuvo en secreto, y los otomanos, que se hallaban en una situación peligrosa —en malas condiciones económicas y militares, inseguros sobre la reacción que tendrían Bulgaria y Rumanía, vulnerables a represalias de la Entente y sin una posición común en el Gobierno—, pospusieron la entrada en la contienda.

El 6 de agosto, Talat Bajá firmó otro acuerdo secreto, esta vez con Bulgaria, que ligaba a los dos países para defenderse de cualquier agresión de un país balcánico.

El Imperio otomano y la guerra Objetivos bélicos otomanos y reclamaciones de las potencias Objetivos bélicos del imperio miniaturadeimagen|175px|El gran visir Said Halim Bajá, signatario de la alianza entre turcos y otomanos en 1914. Las razones del Gobierno otomano fueron los territorios perdidos por el imperio en contiendas anteriores o el anhelo de sacudirse el sometimiento a las potencias, que habían obligado al imperio a otorgarles concesiones y privilegios. Enver Bajá, ministro de Defensa, deseaba cuando menos recuperar territorios en el Egeo y en el Cáucaso, toda la península arábiga y parte del norte de África. La protección frente a Rusia, que ya los otomanos habían buscado en tiempos de Bismarck, también fue una razón importante en la decisión otomana de ligarse con los imperios centroeuropeos. Para los dirigentes del CUP, la guerra podía además permitir la radical transformación del imperio en una nación moderna e independiente de las intromisiones extranjeras, abrogar las concesiones financieras y mercantiles obtenidas hasta entonces por las potencias y recabar el apoyo de la población al Gobierno.

Los alemanes, en principio reacios a coligarse con un Estado débil, fueron cambiando de actitud según se fue haciendo más probable la guerra entre Austria-Hungría y Serbia. El objetivo era obtener nuevos aliados que fortaleciesen la posición de Austria-Hungría en los Balcanes.

Las negociaciones entre los otomanos y los Imperios Centrales, estos habían soslayado los objetivos bélicos de aquellos. Pese a ello, pronto los proyectos panturcos, de reunión de todas las poblaciones de idiomas túrquicos en un único Estado, de Enver Bajá chocaron con los planes alemanes para el Cáucaso y Asia.

En las negociaciones de paz de 1915 con Rusia, los otomanos expusieron su deseo de que se cambiase la situación de los estrechos del mar Negro, establecida en los tratados de París de 1856 y de Berlín de 1878; reiteraron su deseo de nuevo en 1916. Durante los primeros meses de 1915, antes de la conquista de Varsovia por los imperios y luego en 1916, los diplomáticos alemanes y turcos trataron infructuosamente de pactar con los rusos para que estos abandonasen el conflicto. La situación de los estrechos del mar Negro no era el único asunto que separaba a los imperios de los rusos: también disentían respecto de las fronteras con Irán y de la influencia que otomanos y rusos debían tener en este país; la repartición de las zonas de influencia e incluso de los territorios iraníes fueron tratados extensamente por los diplomáticos de los dos imperios enemigos.

El 25 de diciembre de 1916, el ministro de Asuntos Exteriores del imperio expuso los objetivos de este en caso de victoria en la guerra: la recuperación de los territorios ocupados por los Aliados desde 1914, la anulación de las disposiciones británicas sobre Egipto y la eliminación de la colonia en Chipre. Además, los otomanos pretendían obtener territorios en las costas del mar Negro, en especial, el puerto de Constanza. Pronto quedó claro, no obstante, que el imperio no podría recuperar todos los territorios perdidos en el transcurso de la guerra y por ello, con el apoyo militar alemán, los mandatarios otomanos trataron de obtener compensaciones territoriales en Transcaucasia.

Además, la entrada en guerra de Bulgaria cambió la situación en la zona del mar Negro. El zar Fernando había exigido como precio a su alianza con los Imperios Centrales ciertas cesiones territoriales en Tracia, a costa de los otomanos.

En 1918 y aprovechando la derrota militar rusa, los representantes otomanos lograron que los rusos evacuasen los territorios otomanos que aún ocupaban y expusieron su anhelo de obtener amplios territorios del Cáucaso ruso.

Consecución parcial de los objetivos bélicos imperiales derecha|miniatura|Crucero de batalla otomano Yavuz Sultan Selim, originalmente era un buque alemán llamado SMS Goeben.

El hundimiento del poderío ruso en el Cáucaso atizó las ambiciones otomanas en la región; en febrero de 1918, el ministro de Asuntos Exteriores otomano, Nessimy Bey, expuso las reclamaciones sobre el territorio, evidenciando las diferencias entre otomanos y alemanes. Tanto el puerto de Batumi como la Transcaucasia podrían quedar sometidos teóricamente a los otomanos, pero económicamente debían estar ligados al Reich, según la visión alemana de la distribución de la zona.

El 11 de mayo, en Batumi, los emisarios otomanos exigieron la recuperación de las fronteras de 1828 entre el imperio y Rusia, mientras que los alemanes deseaban proclamar un Estado caucásico teóricamente independiente, pero en realidad ligado política y económicamente a Berlín. La actitud alemana, claramente contraria a las ambiciones caucásicas otomanas, impelió a lo otomanos a aplicar una estrategia de hechos consumados ante su aliado, aumentando su presencia en la región, ocupando nuevos territorios, incluso si esto conculcaba lo dispuesto en el Tratado de Brest-Litovsk. Esto obligó a los alemanes a buscar abiertamente un pacto con el Gobierno otomano respecto al Cáucaso. Por otra parte, las ambiciones de los Imperio Centrales chocaban también con las de los nuevos Estados surgidos del desmembramiento del desaparecido Imperio ruso: Armenia, Azerbaiyán y Georgia.

Las ambiciones sobre territorio otomano thumb|300px|El Imperio otomano en 1914.

Todas las potencias beligerantes deseaban que se agudizase la decadencia otomana: incluso algunos de los aliados del imperio reivindicaban para sí algunos de sus territorios.

El zar búlgaro Fernando exigió, entre otras condiciones para unirse a los Imperios Centrales, la rectificación a su favor de la frontera turco-búlgara en Tracia. El 19 de septiembre de 1918, el Gobierno búlgaro exigió, como compensación de las ventajas obtenidas por el imperio en el Cáucaso, más territorios de la Tracia otomana.

El Imperio alemán, el principal sostén financiero de los otomanos durante la guerra, solicitó, por su parte, concesiones económicas; a partir de 1917, los responsables de la política económica alemana diseñaron un plan de expansión política y económica en el Imperio otomano. Las enormes deudas contraídas por este con los bancos alemanes permitieron a los alemanes recopilar una larga serie de ventajas que deseaban obtener del Gobierno de Constantinopla y que hubiesen equivalido al sometimiento de la economía del imperio al control alemán, entre otras, el dominio de los pozos de petróleo de Mesopotamia, concesiones mineras y permisos de navegación en el Tigris y el Éufrates.