La toma de La Victoria fue un acontecimiento importante dentro de la historia social del chileno: una de las primeras ocupaciones masivas de predios urbanos en Santiago por parte de pobladores con problemas de vivienda.

El hecho ocurrió en la noche del 30 de octubre de 1957, tras una serie de incendios que destruyeron parte importante de las precarias viviendas ubicadas en el Zanjón de la Aguada. Tras esta coyuntura, los pobladores decidieron tomar el sector aledaño de la Chacra La Feria, de manera de poder edificar viviendas, sin los problemas de salubridad y hacinamiento, y los peligros que representaba vivir en un campamento en general. La movilización fue masiva, contándose alrededor de 1200 familias, a las que pronto se fueron añadiendo otras provenientes de más lugares de Santiago. Todas iban en búsqueda de un sueño común: optar a una vida mejor.

Antecedentes La población en Santiago: problema migratorio Dos problemas urbanos asolaron a la ciudad de Santiago en la primera mitad del , acrecentando su gravedad con el paso de los años: el crecimiento sostenido e intenso de la población en Santiago, y la escasez de vivienda para albergar a los habitantes.

Respecto al problema demográfico se hace necesario acotar como factor clave la migración interna registrada en el país durante la época. Aquí es importante recalcar tanto la migración campo-ciudad, así como la registrada desde las salitreras.

Los migrantes que provenían del campo se encontraban en busca de una vida laboral más estable, intentando salir de las precarias condiciones que existían dentro del agro. La expansión de la industria y su modernización implicó: primero, que las relaciones sociales dentro de la hacienda empeoraran, llevando a los inquilinos a condiciones de gran marginalidad; segundo, la maquinaria que se estaba implementando requería una mano de obra más especializada y menos abundante.

La situación anterior comenzó a crear un problema para la capital. A principios del las condiciones inhumanas de vida dentro de los sectores más desposeídos eran notorias, comenzando a discutirse en la esfera política respecto a la problemática de la cuestión social. La miseria existente en la capital se vio acentuada tras la crisis económica de 1929, que tuvo como consecuencia el desplome del mercado del salitre. De esto se derivó el cierre de oficinas y la crisis económica generalizada que afectó a Chile. Durante estos años se sumó entonces la migración que los obreros hicieron desde las minas del norte .

Hay que considerar, además de las situaciones de crisis que tenían cabida en el campo y las minas, el hecho de que Santiago se presentaba como el enclave de industrialización del país tras la citada crisis. Esto significó que presentaba al menos la expectativa de conseguir una mejor calidad de vida, un empleo estable y mejores salarios. En la realidad, sin embargo, sucedió lo contrario: quienes llegaban a Santiago debían enfrentar las dos difíciles tareas de encontrar hogar y trabajo, en una ciudad que ya no daba abasto para ninguna de las dos.

Lo anterior repercutió en cifras alarmantes: entre el censo de 1907 y el de 1952, la población en la capital se cuadruplicó (pasando de 332.724 a 1.350.403 habitantes) ; hacia 1957 se registraba que un 36% de la población residente en Santiago era migrante. La ciudad, en 1952, llegó a contar con un 40% de la población urbana total del país .

La vivienda en Santiago: problema habitacional

El segundo problema urbanístico tenía relación con que la ciudad lisa y llanamente no daba abasto de viviendas para la creciente población trabajadora. En este sentido, es importante comenzar caracterizando los tipos de vivienda a los que las clases desposeídas podían optar. La primera y más antigua forma de ocupación fue el “arriendo a piso”, el cual consistía, según Armando de Ramón, en “la división de una propiedad rural ubicada junto a la ciudad [...] dividida en lotes por su propietario, los cuales eran alquilados a familias que debían construir en ellos sus habitaciones, pagando una renta calculada en un precio fijo [...]”. Estos asentamientos disminuyeron conforme avanzaba el , en vistas de que los propietarios ya no estaban arrendando sus sitios.

La segunda forma de vivienda fue el conventillo, el cual también contaba con larga data. Ya en el cambió la lógica de construcción, y consistía no solamente en casas grandes y céntricas aclimatadas precariamente para recibir una cantidad importante de personas: se empezaron a construir en forma de hileras de edificio con un corredor y un patio común al medio, en las afueras de la ciudad (en los mismos terrenos donde se arrendaba a piso) . Hacia 1940 eran el tipo de “infravivienda” con más difusión entre las clases populares; a su vez, era generalizada la percepción negativa que se tenía de él, en especial considerando las precarias condiciones higiénicas y el hacinamiento. Cabe notar el lucrativo negocio que significaba arrendar piezas de conventillo para los propietarios: tras el abandono de una casona aristocrática del centro de Santiago o la edificación de un conventillo en las afueras, la aclimatación para recibir gente era mínima (se dividía la vivienda para crear habitaciones pequeñas, insalubres, sin luz ni ventilación) y se arrendaban fácilmente a quienes pudieran pagar los altos precios (teniendo en cuenta las pésimas características del lugar) que se pedían.

En la década de 1930 el sistema de conventillos se comienza a saturar, además de que varios de ellos fueron demolidos . Ante la imposibilidad de arrendar, la población debió volcarse a la solución más desesperada: la ocupación ilegal de terrenos sin propiedad clara . Fue así como emergieron las poblaciones callampa: asentamientos precarios constituidos por habitaciones levantadas a modo de ruca y hechas de desechos, que se iban agregando y juntando . Estos eran los asentamientos con mayores riesgos: expuestos constantemente a enfermedades infecciosas (producto de aguas servidas adyacentes), derrumbes de tierra, incendios, etc. Era la opción menos deseada, y si bien se consideraba como “transitoria”, la realidad palpada por las trabajadoras sociales de la época era que se hacía muy difícil salir de ella una vez dentro.Mario Garcés, Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957-1970, Santiago, Lom Ediciones, 2002.

Ante esto, es posible decir que la crisis habitacional de principios del era tremenda. Para el censo de 1952 se debió hacer una medición específica que se hiciera cargo del problema de la vivienda, mostrando desalentadores resultados: solo en Santiago, los pobladores sin título de propiedad alcanzaban un 15,5% . Por otra parte, las viviendas precarias alcanzaban a un 36,2% del total en la misma ciudad .

El Zanjón de la Aguada: “cordón de la miseria”

Las poblaciones callampa fueron erigidas rápidamente, por lo que su cantidad iba en sostenido aumento, registrándose en 1952 un total de 41 de ellas en Santiago (con un total de 35.611 habitantes) . El enclave más populoso fue el Zanjón de la Aguada (extensión entre Vicuña Mackenna y General Velásquez; una espacio de 5 kilómetros de largo y 125 metros de ancho, ubicado en los terrenos adyacentes al caudal). En él se reunían 10 poblaciones en un verdadero “cordón de la miseria”, donde vivían hacinadas unas 35.000 personas . Aquí el sentido de “transitoriedad” respecto a la vida se hacía real, en vistas de la esperanza que los pobladores albergaban en las soluciones que pudieran conquistar los dirigentes del lugar .

La legislación: intentos de respuesta institucional a la crisis

El déficit habitacional se hizo cada vez más difícil de sobrellevar para la política país. Hacia 1949 los parlamentarios ya se encontraban discutiendo respecto a la magnitud del problema, identificando una responsabilidad fundamental en las políticas estatales insuficientes para poder remediar la situación . Había dos enfoques para interpretar el problema habitacional: por una parte, el empresariado señalaba la inflación y la fijación de precios como el detonante para la desestimulación de inversión en construcción ; por otra, los trabajadores argumentaban que la inflación deterioraba el poder adquisitivo de los salarios, por lo que se hacía imposible comprar viviendas .

El proceso de participación estatal dentro de la problemática habitacional comenzó a principios del . En este sentido, es preciso nombrar una serie de leyes impulsadas para mejorar las condiciones de vida en Santiago: en 1906 se impulsa la Ley de Habitaciones obreras, permitiendo a agentes particulares un amplio margen para construir viviendas baratas y salubres ; en 1925 se promulga la Ley de la Vivienda, para limitar los precios en los arriendos y bajar los precios de las viviendas consideradas insalubres ; en 1931 se envía al Congreso un proyecto apuntando a fijar normas de construcción, regulación de arriendos e incentivo del sector privado .

Pero estas leyes no tuvieron el efecto deseado de erradicar la falta de hogar en Santiago. La Ley de 1906 fue insuficiente porque las viviendas higiénicas construidas se vendían a precios aún muy caros para los habitantes; durante mucho tiempo no existieron márgenes claros para regular la construcción de las nuevas viviendas. Incluso las viviendas que sí se pudieron construir y servir a la población fueron criticadas prontamente por la falta de espacios urbanos de recreación y socialización, como parques o canchas, creando un entorno deprimente y desmoralizador. En 1936 se creó la Caja de Habitación Popular, pero su capital impidió realizar construcciones masivas. El déficit se siguió acumulando. Luego vinieron los problemas propios de la Segunda Guerra Mundial y la escasez de materiales de construcción. Vicente Espinoza, Para una historia de los pobres de la ciudad. Santiago: Ediciones Sur, 1988 El gobierno de Gabriel González Videla generó grandes expectativas. El Partido Comunista, ahora en el poder, alentó la organización de los pobladores, quienes se movilizaron en las comunas de Ñuñoa (Toma de Lo Zañartu), Barrancas (Anexo Lautaro, reinstalados en Los Nogales) y Renca (Población Recabarren), en 1946-1947, hitos que sirvieron de experiencia para la futura Toma de La Victoria. De hecho, algunos patrones de organización (prolija planificación, distribuciòn de predios, impacto mediático) se anticiparon allíJorge Rojas Flores, "La lucha por la vivienda en tiempos de González Videla: Las experiencias de las poblaciones Los Nogales, Lo Zañartu y Luis Emilio Recabarren en Santiago de Chile, 1946-1947", Izquierdas, Nº39, abril/2018, pp.1-33.

El segundo gobierno de Ibáñez (1952-1958)

Se debe hacer referencia a dos puntos respecto al problema habitacional durante el segundo mandato de Ibáñez. Primero, dentro de las propuestas que alzó se encontraba una completa reestructuración del Ministerio de Obras Públicas y la creación de un organismo especializado en la vivienda popular . Lo segundo, que tuvo que enfrentar otra crisis económica que terminaría por derrumbar las expectativas de gasto fiscal para poder financiar los planes respecto a vivienda.

El organismo encargado de la urbanización popular sería la CORVI (Corporación de Vivienda), siendo la primera vez que el Estado se haría cargo de seguir una acción específica para solucionar la problemática de la vivienda. Pero los resultados no fueron los esperados: el organismo no fue capaz de coordinar un actuar contundente, sino que se calcó a lo que se había hecho anteriormente al respecto. Por parte del sector privado también hubo magros resultados .

El primer plan de vivienda fracasó en 1954. Tras un año, la situación económica empeoró frente a la crisis que azotaba al país. Ya no se siguieron proponiendo planes nacionales de vivienda.