La Villa de Don Fadrique es un municipio y localidad española perteneciente a la provincia de Toledo, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. El término municipal, ubicado en la comarca de La Mancha, tiene una población de .

Toponimia El entorno de esta villa en la comarca de La Mancha toledana fue repoblada primero por mozárabes y después por los grandes maestres de la Orden de Santiago. En la antigüedad se llamó La Puebla de la Isla por estar rodeada de agua, ya que para ir a cualquier otra población cercana es necesario cruzar un río. Entonces dependía de Corral de Almaguer, hasta que en 1343 el gran maestre de la Orden de Santiago, el infante Fadrique Alfonso de Castilla, se refugió en estas tierras huyendo de su hermanastro Pedro I el Cruel. En estos herbazales y montes de encinas se escondió y encontró ayuda en la población. Agradecido por ello y desde el campamento que cercaba la ciudad de Algeciras, concedió el 25 de abril de 1343 el privilegio de villa y le otorgó el fuero de Sepúlveda. A partir de ese momento pasó a denominarse La Puebla de Don Fadrique, nombre con el que se denominó hasta 1916.

Geografía Limita con los municipios de Corral de Almaguer, La Puebla de Almoradiel, Quero, Villacañas y Lillo. El nombre del pueblo honra a Fadrique Alfonso de Castilla, gran maestre de la Orden de Santiago, quien le concedió la "Carta-Puebla" (el documento fundacional y que recogía los fueros y privilegios de la Villa) el 25 de abril de 1343. Antes de esta fecha la población estaba bajo la administración de Corral de Almaguer.

La Villa de don Fadrique se sitúa entre los ríos Cigüela y Riánsares, por lo que en su escudo aparecen dos ríos y fue conocida como La Isla, puesto que para acceder al municipio desde cualquier dirección siempre había que cruzar uno de los ríos o los arroyos que los unen. Edificios de interés son la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construido en estilo clásico, y la Casa de los Laras.

Historia

Datos prehistóricos

La presencia de grupos humanos en los territorios del actual término municipal de La Villa de Don Fadrique se remonta a momentos que podrían encuadrarse en la primera fases del Pleistoceno Superior, identificándose yacimientos con industrias líticas adscritas de forma genérica al Paleolítico Medio (128.000-35.000 B.P.). A pesar de la difícil adscripción concreta de algunos de estos yacimientos paleolíticos, podemos enumerar los sitios donde se han documentado evidencias de estos periodos: Molino Nuevo , Pozo de Zonga, El Monte y El Castillejo .

Todos estos yacimientos siguen a grandes rasgos unos patrones similares, ya que son yacimientos en superficie, al aire libre, ubicados en suaves terrazas actualmente desmontadas y alteradas por las labores agrícolas, que se sitúan a una distancia de unos 2000-3000 m del cauce actual del Cigüela, en su margen derecha. Los materiales suelen aparecer en contextos geológicos cuaternarios en los que afloran gravas cuarcíticas, aunque la industria se encuentra realizada sobre sílex, exceptuando algunos ejemplares aislados realizados sobre cuarcita.

A priori, teniendo en cuenta la presencia de casi todos los elementos de la cadena operativa, podemos inferir que se trata de sitios de aprovisionamiento y explotación de materia prima. Se aprovechan los nódulos de sílex que se encuentran en los depósitos de gravas cuarcíticas que afloran en los aterrazamientos fluviales del Cigüela. Los conjuntos líticos, aun no habiéndose realizado una recogida sistemática de materiales, son, básicamente, industrias de lascas, con un gran número de lascas y núcleos. La presencia de instrumentos retocados plantea la posibilidad de una actividad más allá de la simple transformación lítica. Dada la proximidad de los yacimientos al principal curso de agua de la zona, es posible que en el entorno se realizasen actividades relacionadas con la caza e, incluso, se encontrasen algunos espacios de hábitat al aire libre.

En los últimos años está comenzando a cambiar el panorama relativo al Paleolítico en la actual provincia de Toledo, donde, entre otras cosas, no se conocían yacimientos claros del Paleolítico Medio. Los avances en el desarrollo de la Carta Arqueológica de Castilla-La Mancha están comenzando a cambiar el desolador panorama arqueológico relativo a estos periodos. Poco a poco las cuencas del Guadiana y del Záncara y, más al norte del Tajo, comienzan a arrojar luz sobre estos periodos poco conocidos. Harán falta algunos años para caracterizar arqueológicamente estos conjuntos, aunque las últimas aportaciones comienzan a dar sus frutos.

Si la representación de yacimientos del periodo Paleolítico es relativamente abundante y significativa, no podemos decir lo mismo de otros periodos prehistóricos y de época romana. Durante la realización de las prospecciones para la elaboración de la Carta Arqueológica de La Villa de Don Fadrique, no se han localizado yacimientos con evidencias pertenecientes a los periodos comprendidos entre la Edad del Bronce y la Plena Edad Media. Sin embargo, sí que hemos obtenido informaciones orales que nos hablan de la presencia de yacimientos de estos periodos en localizaciones próximas a los límites del término municipal. Un ejemplo lo tenemos en el yacimiento conocido como Villalobillos, situado dentro de los límites administrativos de Corral de Almaguer, pero muy próximo a La Villa de Don Fadrique. En este yacimiento se encuentran evidencias de poblamiento durante la II Edad del Hierro y el periodo Romano. Algo similar ocurre con el despoblado de Bonache, situado, al parecer, en el término municipal de Lillo.

Las prospecciones realizadas en La Villa de Don Fadrique no han arrojado ningún dato sobre una posible ocupación visigoda en su territorio. Del mismo modo, las huellas de la presencia islámica no se han podido detectar arqueológicamente en ninguno de los yacimientos documentados.

Las primeras noticias escritas que tenemos en referencia a La Villa de Don Fadrique hacen alusión a los momentos correspondientes a la reconquista y repoblación de los territorios situados al sur del Tajo.

El primer nombre que se conoce de este pueblo es La Puebla de la Isla, una aldea dependiente de la encomienda de Corral de Almaguer. La Puebla de la Isla surge como núcleo poblacional en el entorno de la Laguna del Salobral y de la cabecera de un pequeño arroyo conocido como Arroyo de la Fuente, en una zona llana pero con recursos hidráulicos evidentes.

El desarrollo de muchos núcleos de población surgidos tras la reconquista en esta zona no se comprende sin hacer mención a la encomienda santiaguista de Corral de Almaguer. La expansión de la Orden en la zona de Corral de Almaguer supuso la dominación de un amplio territorio donde se organiza la explotación de varios cursos fluviales, concretamente los del Cigüela y el Riansares. Esta zona rica en recursos acuíferos, sin duda, contó con una intensa explotación ganadera e hidráulica en una zona plagada de cañadas y fuentes y donde existe una gran presencia de molinos sobre el Cigüela y el Riansares. En el actual término municipal de Villa de Don Fadrique se conserva la referencia a un molino, actualmente desaparecido, sobre el Riansares denominado Molino de Paulés (Ámbito de Prevención B-1). En el Cigüela, aunque fuera de los actuales límites administrativos de Villa de Don Fadrique, se encuentran el Molino del Padre Juan, el Molino de la Vega, el Molino de Doña Sol, el Molino de la Ortiza, el Molino del Novezuelo, el Molino de Botifuera y el Molino de Pringazorras, todos ellos en la Puebla de Almoradiel.

Una vez consolidada la línea del Tajo y toda vez que la frontera se había trasladado más al sur la Orden procedió al control productivo de esta zona fértil, donde la expansión de la huerta y la ganadería es un hecho constatado. Por estas fechas, la Orden procede a la compra sistemática de propiedades en esta zona estratégica del Cigüela, concentrando en sus manos gran cantidad de molinos y zonas de explotación hortofrutícola y agraria vinculadas a éstos. Se produce una feudalización de las actividades productivas, que implica una racionalización y mejor gestión de los recursos.

En 1241, Almaguer disponía de un importante y significativo dominio territorial que llevó a establecer los límites entre este lugar santiaguista y Lillo, aldea de la Guardia. Los límites occidentales llegan muy cerca del actual lugar de Lillo y se extienden por el sur.

En cuanto a los límites de esta encomienda por el sur, estos se establecen en 1237 de acuerdo con los hospitalarios, y se establecen unos mojones que unirían Criptana con Lillo, que es mojón en este acuerdo, estableciéndose una especie de entrada en los territorios santiaguistas que quedaría delimitada por la carrera que une La Puebla de Almoradiel con Quero, siguiendo la orilla del Cigüela y que incluye en manos santiaguistas Miguel Esteban, La Puebla de Almoradiel y la Puebla de la Isla (futura Puebla de Don Fadrique).

En la tradición oral de La Villa de Don Fadrique se transmite que dos pequeños grupos de varones de La Villa de Don Fadrique y Villanueva de Alcardete se unieron a las tropas de Alfonso VIII de Castilla para participar en la batalla de las Navas de Tolosa contra los moros (1212). Su bandera era una imagen de Cristo Crucificado del Consuelo; de ahí que las dos localidades a día de hoy tengan como patrono al Santísimo Cristo del Consuelo.

La encomienda de Corral de Almaguer sufrió un proceso de desmembramiento en los inicios del , quizá fruto de un progresivo despoblamiento de la zona, que llevó a la Orden a organizar unidades administrativas más pequeñas y por tanto más fáciles de controlar y de poblar. En este contexto es en el que hay que entender la concesión del privilegio de villazgo a La Puebla de la Isla. En 1343 el gran maestre de la Orden de Santiago, Don Fadrique, a cuyo señorío pertenecía la entonces aldea de Puebla de la Isla, le concedió el 25 de abril el privilegio de villa y le otorgó, para su gobierno, el fuero de Sepúlveda: “Sepan cuantos esta Carta vieren, como Nos Don Fadrique, por hacer merced al Concejo del Lugar de la Puebla de Don Fadrique, que mandamos que sea Villa sobre sí, que no obedezca al Corral de Almaguer, ni à otro Lugar alguno, salvo à Nos el Maestre e à nuestra Orden”. Este fuero suponía algunos privilegios, como tener concejo con dos alcaldes, establecía clases de vecinos: los caballeros y los peones; regulaba la existencia de un mercado semanal los martes; y concedía la exención de portazgo a todos los vecinos en los territorios de la Orden. A partir de este momento, comenzó a conocerse este caserío como La Puebla de Don Fadrique.

La Puebla de Don Fadrique perteneció, un poco más tarde, al denominado Común de La Mancha creado por el infante Don Fadrique, junto a otros pueblos comarcanos como Corral de Almaguer, Miguel Esteban, Puebla de Almoradiel, Quintanar de la Orden, El Toboso y Villanueva de Alcardete. En 1353, el infante y maestre de la Orden de Santiago, Don Fadrique, dispone que los pueblos que están entre los ríos Cigüela y Guadiana formen el Común de La Mancha. En el Común de La Mancha los pueblos se agrupan para poder resolver sus problemas de una manera comunitaria: explotar conjuntamente los pastos de ganado, pagar sus impuestos de una manera equitativa y no tener que hacer grandes desplazamientos para pleitos.