Melilla la Vieja es una ciudadela amurallada ubicada en la ciudad española de Melilla. Con una longitud aproximada de 2.000 metros, es una de las mayores fortificaciones de su tipo en España. Su estructura se asienta sobre una antigua fortificación de origen fenicio-púnico, lo que da testimonio de su larga ocupación histórica.

Considerada uno de los principales monumentos de la ciudad, este recinto combina elementos patrimoniales y paisajísticos que lo convierten en un lugar frecuentado tanto por residentes como por visitantes interesados en su valor histórico y arquitectónico.

Historia

Fundación de la ciudad y origen Los orígenes de Melilla se remontan al , cuando los fenicios fundaron el asentamiento de Rusadir como un enclave comercial estratégico en la costa norteafricana. Aprovechando su ubicación privilegiada frente al mar de Alborán, Rusadir se convirtió en un punto clave dentro de las rutas marítimas del Mediterráneo occidental.

A partir del , la ciudad pasó a estar bajo control de los cartagineses, quienes heredaron muchas colonias fenicias en la región. Durante este período, Rusadir mantuvo su carácter comercial y naval, participando en el sistema de intercambio que conectaba Cartago con la península ibérica y otras partes del norte de África.

Con la caída de Cartago y la expansión de Roma, Rusadir fue incorporada al Imperio romano en el , dentro de la provincia de Mauritania Tingitana. Fue reconocida como municipium y recibió ciertos privilegios administrativos. Autores clásicos como Plinio el Viejo y Ptolomeo I mencionan la ciudad en sus escritos, lo que confirma su relevancia en época romana. En este tiempo, se documenta la existencia de una muralla con función defensiva ya en el

Tras la desintegración del Imperio romano, Rusadir fue saqueada por los vándalos y más tarde brevemente reocupada por los bizantinos durante su intento de recuperar el control del norte africano. La presencia visigoda, aunque posible en el sur de la península ibérica, no está documentada con claridad en Melilla. Para el , la ciudad estaba en declive, hasta que fue incorporada al mundo islámico.

Durante el periodo musulmán ( al ), Rusadir quedó integrada en distintos reinos musulmanes. Bajo el califato omeya de Córdoba, vivió un breve renacer: en 927, el califa Abderramán III ordenó construir una poderosa muralla de piedra, consolidando a la ciudad como una base naval importante para el control del Estrecho. Más tarde, Melilla pasó por manos de los almorávides, almohades, meriníes y, finalmente, el sultanato de Fez, aunque durante estos siglos fue perdiendo progresivamente relevancia debido a las luchas internas, la presión de tribus locales y el retroceso del comercio.

A mediados del , Melilla estaba prácticamente despoblada y sus defensas en ruinas. Fue entonces cuando, el 17 de septiembre de 1497, Pedro de Estopiñán, al servicio del duque de Medina Sidonia y con la aprobación de los Reyes Católicos, tomó la ciudad para la Corona de Castilla. Al año siguiente, en 1498, se firmó el Asiento de Alcalá de Henares, que autorizó la reconstrucción de la ciudad y la restauración de sus fortificaciones, ante la amenaza constante de incursiones norteafricanas.

Sistema de fortificación (s. –) El primer modelo de defensa adoptado por los ingenieros reales fue el de «Cava y Barrera», que consistía en estructuras provisionales de madera ensambladas rápidamente para proporcionar protección inicial.

Entre 1497 y 1556 se levantó el primer recinto, también llamado «Villa Nueva», sobre la cima del peñón. Este conjunto fue consolidado por destacados ingenieros militares como Gabriel Tadino de Martinengo, Miguel de Perea, Francisco de Medina y Juan de Zurita, quienes adaptaron el trazado medieval a la nueva artillería de pólvora. Se construyeron torreones cilíndricos y elípticos, similares a los esbozados por Alberto Durero en sus tratados de fortificación renacentista.

Entre los hitos arquitectónicos destacan la Puerta y capilla de Santiago (único templo gótico del continente africano), el Hospital del Rey, los Aljibes, el Conventico y los almacenes militares.

Ampliaciones y consolidación miniaturadeimagen|Siglo XVII El sistema defensivo fue ampliado en los siglos y con la construcción de nuevos recintos (segundo, tercer y cuarto), adaptados a las necesidades estratégicas. Estos recintos añadieron estructuras como los Baluartes de San José, San Pedro, San Fernando, el Baluarte de las Cinco Palabras y el Túnel de San Fernando.

Especial relevancia tiene el Foso del Hornabeque, ejemplo de arquitectura militar barroca, que conecta distintos niveles defensivos mediante puentes y túneles.

Sitio de 1774-1775

Durante el , Melilla sufrió el prolongado sitio de 1774-1775 por parte del sultán Mohammed III, uno de los ataques más importantes de su historia. Ya desde el , la ciudad había sido objeto de presiones militares, lo que motivó reparaciones como la consolidación de la muralla de la Alafía y los adarves interiores. Durante el asedio, que duró más de 100 días, Melilla resistió gracias a sus defensas y apoyo marítimo, pero quedó patente la necesidad de reforzar su sistema fortificado. Tras el conflicto, se emprendieron importantes reformas en los baluartes, murallas y túneles, consolidando el carácter militar y estratégico de Melilla la Vieja. miniaturadeimagen|Siglo XIX

Siglos y Ya en el , se construyeron fuertes exteriores como Camellos, Cabrerizas y Rostrogordo, con vistas a proteger la ciudad del creciente nacionalismo marroquí. En 1918 se inauguró el Faro de Melilla, símbolo del patrimonio marítimo-industrial de la ciudad.

Durante el , Melilla la Vieja sufrió cierta degradación, aunque no cayó en el olvido. Diversas iniciativas de restauración y rehabilitación se pusieron en marcha en las últimas décadas, muchas de ellas impulsadas por fondos europeos.

Actualidad Actualmente, Melilla la Vieja se ha convertido en un referente turístico y cultural. Se han recuperado muchos de sus espacios originales como el Hospital del Rey, ahora convertido en centro de exposiciones, o las Cuevas del Conventico, abiertas al público como museo y centro de interpretación.

Desde sus murallas se pueden contemplar vistas al Mediterráneo, al Frente de Tierra y a la Ensenada de los Galápagos, completando una experiencia histórica inmersiva. Su recorrido, que se inicia en el cuarto recinto y culmina en el primero, es una verdadera lección de historia urbana y arte defensivo. Primer recinto fortificado

El primer recinto constituye el núcleo fundacional de Melilla. Levantado a partir de la conquista de Melilla en 1497 por Pedro de Estopiñán, enviado de los Reyes Católicos, este recinto se emplaza sobre el antiguo promontorio de Rusadir, de origen púnico-romano. Su ubicación estratégica, en un peñón que se adentra en el Mediterráneo, y su construcción adaptada a la topografía escarpada, confieren al recinto un valor histórico, militar y simbólico que lo convierte en una pieza clave del patrimonio fortificado español en el norte de África. A lo largo de los siglos, el primer recinto ha experimentado distintas transformaciones, pero mantiene su importancia como el centro neurálgico de la ciudadela.

Ubicación y función estratégica El primer recinto se encuentra en la zona más alta del peñón, lo que le permite dominar el entorno marítimo y terrestre. En su momento de mayor esplendor, durante el , albergó las principales instituciones militares, religiosas y administrativas de la plaza. Esta ubicación estratégica aseguraba el control de las aproximaciones marítimas y las entradas desde tierra firme, funcionando como la fortaleza principal y el corazón político y social de Melilla durante siglos.

Su diseño de defensa en profundidad, con «murallas gruesas», «torres circulares» y «estructuras subterráneas», garantizaba la protección de la población durante los asedios. A lo largo de las primeras décadas tras la conquista, este recinto fue el único espacio habitado, dado que la ciudad no se había expandido aún hacia el continente. Su importancia defensiva fue esencial durante la consolidación de la ciudad.

Murallas El primer recinto está rodeado por varios frentes defensivos que forman parte integral de la fortificación. Estos frentes fueron diseñados para proteger la ciudadela de posibles ataques tanto por mar como por tierra.

Frente de Levante

miniaturadeimagen|Faro de Melilla El Frente de Levante se encuentra al este del primer recinto y fue levantado en el . Este frente tiene una serie de «torreones» y «estructuras defensivas» que, a lo largo de los siglos, han sido modificados y restaurados. Destacan:

Torreón del Bonete, sobre el cual se levanta el Faro de Melilla. Puerta del Socorro, una de las principales entradas de la ciudadela. Torreón del Bonete Chico, de planta hemiésferica. Cuevas del General: Galerías excavadas en la roca que servían como refugio y almacén durante los asedios. Torreón de los Bolaños: Torre cuadrada con orejones. Torreón del Bernal Francés, también de planta hemiésferica. Cuevas de la Florentina: Un conjunto de galerías subterráneas utilizadas para el almacenamiento. Torreón de las Cabras, de planta circular.

Estos torreones fueron construidos inicialmente en 1515 y reformados en 1527 y 1533 por ingenieros como Gabriel Tadino de Martinengo y Sancho Escalante.

Frente de la Marina miniaturadeimagen|Puerta de la Marina

El Frente de la Marina, ubicado al «sur» del primer recinto, fue clave para la protección de la ciudad desde el mar. Entre los elementos que lo conforman se encuentran:

Torreón de Florentina y la muralla de Florentina. Torreón de San Juan y el Cuartel de Santa Ana. Cuartel de la Maestranza y la Batería de San Felipe. La Puerta de la Marina, elemento clave para el acceso a la ciudadela desde el mar.

El Frente de la Marina fue reconstruido entre 1677 y 1678 y recibió diversas reformas durante los siglos y , incluidas instalaciones de parapetos y la construcción de la Puerta de la Marina.

Frente de Tierra

miniaturadeimagen|Puerta de Santa Ana El Frente de Tierra se sitúa al «oeste» del primer recinto y presenta dos zonas bien diferenciadas: zona baja y zona alta.

Zona baja: Incluye la Puerta de Santa Ana la Puerta de Santiago y la capilla de Santiago, construidas en el , con el Foso de Santiago, excavado en 1515. Este foso fue rellenado a principios del , y facilitó la conversión de la Ensenada de los Galápagos en una playa. Zona alta: Aquí se encuentra la Torre de la Vela, sobre la Batería de las Puertas, sede del Museo Andrés García Ibáñez de Arte Moderno y Contemporáneo. Además, la Batería de la Muralla Real incluye los torreones del Vigía de Tierra y de la Ampolleta Vieja.

En esta zona también se encuentran los Baluartes de la Concepción, el Museo Militar de Melilla y varias plataformas de artillería.

Frente de Trápana

miniaturadeimagen|Frente de Trápana El Frente de Trápana se localiza al «norte» del primer recinto y está compuesto por elementos arquitectónicos de gran valor histórico y defensivo. Destacan:

Muralla de las Cruces, construida en el y restaurada en el . Cuevas del Conventico, utilizadas como refugios y almacenes durante los asedios. La Iglesia de la Purísima Concepción, con una imagen venerada de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de la ciudad, y el Antiguo Convento de los Franciscanos.

Interior miniaturadeimagen|Monumento a Pedro de Estopiñán y Virués Dentro del primer recinto se encuentran varios «edificios históricos» que reflejan la función administrativa, sanitaria y religiosa de la ciudadela a lo largo de los siglos. Estos edificios se distribuyen principalmente en las zonas bajas y medias del recinto y son fundamentales para entender la evolución de Melilla:

Edificios del antiguo Gobierno Militar: En esta área se encuentran diversos edificios históricos, entre ellos el Monumento a Pedro de Estopiñán y Virués y el Yacimiento púnico-romano ubicado en los jardines cercanos.