El asedio de La Paz fue un enfrentamiento militar librado en 1811 entre los pueblos indígenas de la Intendencia de La Paz y las tropas regulares e irregulares leales al Virreinato del Perú tras la derrota militar de la primera expedición auxiliadora al Alto Perú.
Antecedentes El 20 de junio de 1811 vencía en Huaqui el general del Ejército Real del Perú José Manuel de Goyeneche al ejército enviando por la Junta de Buenos Aires al mando de Juan José Castelli.Siles Salinas, 1999: 22 La mayor parte de sus fuerzas se componía de indígenas reclutados en Cuzco y en menor medida Arequipa y Lima, con levas del Alto Perú para reemplazar las bajas producto de las deserciones.Hamnett, 1978: 62-63 El 29 de junio, estallaba una insurrección indígena en La Paz al mando de Casimiro Irusta y Juan Manuel de Cáceres, entraron a la ciudad y dieron muerte al gobernador interino, don Diego Quint y Fernández Dávila (1746-1811), marqués de San Felipe el Real, y otros peninsulares revolucionariosy se dedicaron al saqueo de viviendas y almacenes por toda la ciudad, llegando a incendiar varios de éstos. El antiguo caudillo rebelde, Francisco del Rivero decidió atacar a los indios que rodeaban la ciudad y hacerlos retroceder temporalmente,Roca, 2007: 239 luego continuó su viaje a Cochabamba. El 2 de julio, Domingo Tristán y Moscoso fue nombrado como nuevo gobernador de La Paz.Roca, 2007: 240
La victoria dio a Goyeneche el control del altiplano, quien entró a La Paz el 7 de julio para restaurar el gobierno monárquico. Mientras los realistas se organizaban para continuar con su campaña, los sublevados continuaron con sus ataques en otros lugares de la Intendencia. En la región de Pacajes atacaron Caquiaviri, donde asesinaron a los recaudadores de tributos Urvina y Gutiérrez y al asesor Francisco Zárate, al ingresar a la casa de gobierno encontraron fusiles que el subdelegado había reunido para enviarlos a La Paz. En la región de Yungas se asaltaron varias haciendas mientras que en Tiquina toda la guarnición fue degollada. En la región de Palca, asaltaron Cohoni donde fueron asesinados 3 españoles, ahí tomaron contacto con Bernardo Calderón quien había reunido hombres de Millocato, Huaricana y Guayguasi para hacer frente a los realistas.
Sitio Goyeneche confirmó a Domingo Tristán como gobernador de la Intendencia de La Paz, nombró a Pablo Gutiérrez como asesor, al coronel Joaquín Revuelta como comandante de la ciudad y al capitán Lorenzo Díaz de Rivadeneira como sargento mayor. Se celebró un Te Deum en la catedral el 9 de julio y Goyeneche partió a reencontrarse con el grueso de su ejército al día siguiente.
El gobernador Tristán conocía de los saqueos y muertes que se habían dado en toda la Intendencia de La Paz, los días 9 y 11 de agosto escribió a Goyeneche para alertarlo acerca de la situación, también envió mensajes al coronel Pedro Benavente, comandante de Desaguadero. Se tomó contacto con el capitán Antonio Marcelo de la Cueva y Alcedo, Marqués de Santa Lucía de Conchán, quien se encontraba cerca de Tiahuanaco al mando de 100 soldados cuzqueños con rumbo a unirse al ejército de Goyeneche pero decidió entrar a La Paz el 13 de agosto. Ese mismo día llegó a la ciudad el subdelegado de Sica Sica, Cristóbal García, quien anotició que los pueblos de Calamarca, Ayo Ayo y Sica Sica también se habían sublevado y que lograron quitarle un cañón que iba a ser enviado a Goyeneche.
Se cavaron trincheras en la ciudad para protegerla de un ataque inminente, se verificó que existían en almacenes reservas de arroz, azúcar, cecina, chuño y maíz principalmente. Los barrios de San Sebastián, San Francisco, San Pedro y Santa Bárbara quedaban fuera de los muros de la ciudad por lo que fueron abandonados al ser imposible plantar una defensa.
El 14 de agosto Tristán envío a su mensajero con un despacho, pero éste regresó al poco tiempo anunciando que el camino al altiplano ya había sido cortado por los indígenas sublevados. El mismo día los centinelas de la ciudad se percataron de un campamento indígena en el cerro de Pampahasi y otro a orillas del río Orkojauira. El gobernador y el comandante decidieron atacar este último campamento por encontrarse demasiado cerca de la ciudad, los indígenas se retiraron, murió uno de ellos y 3 cayeron prisioneros junto con algunos víveres y una mula. Por la noche un mensajero se dirigió a Desaguadero aprovechando que el camino aún estaba libre y se podía informar al comandante Benavente de la situación.
El 15 de agosto llegó un arriero a la ciudad que había sido asaltado en el camino, su mercadería de vinos y aguardiente fue robada y sus 3 compañeros de viaje fueron asesinados. Así supo la ciudad que el último camino que quedaba libre había sido cortado. A medio día se vio que un grupo de sublevados bajaba del cerro de Killi Killi y se dirigía a atacar a la ciudad, el comandante Revuelta salió a enfrentarlos con una tropa de fusileros y lanceros que obligaron a los atacantes a dispersarse. Varios soldados siguieron a los indígenas en su retirada hasta la hacienda de Chuquiaguillo, al regresar a la ciudad traían la cabeza de un indígena clavada en una bayoneta.
Los días 16 y 17 no se registraron ataques indígenas, la ciudad se organizó ocupando la casa de Francisco Palacios y convirtiéndola en cuartel de voluntarios, 100 hombres con sus propias armas y sin sueldo se pusieron a las órdenes del teniente coronel Ramón Ballivián. También se enlistó un grupo de 60 negros con su propio capitán, Dionisio Sotomayor, bajo el comando de Ventura Barrón. En la ciudad no quedaban más que 8 cartuchos de pólvora, por lo que se ocupó la casa de la difunta Joaquina Mendieta y se la convirtió en fábrica de pólvora.
El 18 de agosto el gobernador Tristán salió de la ciudad con 50 fusileros y 40 hombres a caballo con dirección a la zona del Tejar, ahí dejó a los fusileros y continuó avanzando con la caballería, pronto se encontró con un grupo de indígenas que lo comenzaron a atacar, el gobernador tuvo que retroceder y fue cubierto por los fusileros que lograron dispersar el ataque. Al volver a la ciudad, el gobernador fue informado de que otro grupo de indígenas atacaba los barrios de Santa Bárbara y San Pedro, el comandante Revuelta tuvo que sacar a las tropas de reserva de los cuarteles haciendo retroceder a los atacantes, pero no consiguió liberar los barrios totalmente. Varias casas fueron incendiadas por los indígenas aquel día, incluyendo la quinta de Juan Imaz en el barrio de San Pedro. Por la tarde las tropas de la ciudad lograron liberar ambos barrios y cuando retornaban a la ciudad amurallada tuvieron que enfrentar otro ataque por el cerro de Killi Killi, el teniente Manuel Pérez y otros soldados lograron rechazar este ataque y se pusieron en persecución de los sublevados, pero su avance fue desordenado, lo que dio tiempo a los indígenas de reorganizarse y volver al ataque. Murieron 11 soldados de la ciudad, entre ellos el sargento Mariano Padilla, dos cabos y el mismo teniente Pérez. Entre los heridos de aquel día estaban el comandante Revuelta con un golpe en la cabeza, el capitán Mariano Paredes y el alférez José Llano. Los indígenas consiguieron capturar 21 fusiles durante este combate.
El día 19 se sepultó a Manuel Pérez en la catedral y no fue hasta el 22 que los sublevados volvieron al ataque, la defensa de la ciudad no daba abasto y los atacantes lograron quemar varias casas del barrio de San Sebastián. Entre ellas la casa del teniente coronel Manuel Antonio Chuquimia, cacique de Copacabana, que siendo indígena se enfrentó a la rebelión de Túpac Katari en 1781 y pacificó las regiones de Pacajes, Paria y Carangas en aquella época, por esto los indígenas rebeldes lo tenían entre sus principales objetivos. También prendieron fuego al tambo de harinas y al Tambo Quirquincho
Entre el 23 y el 25 de agosto, los batallones indígenas lograron controlar parte del barrio de Santa Bárbara y con los muebles de las casas que saqueaban hicieron varias barricadas para mantener su posición. El voluntario Francisco Pérez murió durante ese ataque. El día 26 Tristán envía un mensaje a los sublevados ofreciendo el indulto si se dispersaban y volvían a sus pueblos inmediatamente, los sublevados contestaron que dejarían la ciudad solamente si se les entregaba a todos los europeos, a los criollos realistas y a todas las monjas del convento de las Concebidas.
Del 27 al 29 la ciudad recibe mensajes de los sublevados advirtiendo que más indígenas estaban en camino y reclamaban la rendición de la ciudad, estos mensajes iban firmados por Vicente Rodulfo, de quien nadie sabía nada. Mediante algunos indígenas fieles a la ciudad se conoció que se trataba de Vicente Choque, originario de Palca y que ejercía de comandante del campamento de Pampahasi.
El 31 la ciudad organizó un grupo para salir a recoger cebada en las fincas de Coscochaca (actual zona Garita de Lima), el grupo estaría escoltado por varios soldados a caballo. Cuando se llevaba a cabo la tarea los indígenas atacaron pero la caballería actuó muy pronto y logró rechazar el ataque matando a dos sublevados.
El 2 de septiembre los sublevados vuelven al ataque, esta vez de manera generalizada atacan por toda la ciudad. Se combatió fuertemente en las trincheras de San Francisco y el puente de Riverilla, los defensores fueron rebasados en la primera y tuvieron que retirarse al puente de ingreso a la ciudad, un ataque por el cerro de Killi Killi logró vencer la muralla y entrar al barrio Kharkantia, 150 indígenas dentro de la ciudad amurallada lograron quemar las casas de la familia Grisueta, la familia Pérez, la casa del gallego Mateo Ratón y la casa de Paula Montúfar de La Rocha, quien ya había sufrido el saqueo de su hacienda en Pongo. Los defensores de la ciudad habían controlado el ataque en el puente Riverilla y se dirigieron a expulsar a los sublevados fuera de las murallas, la pelea duró hasta el día siguiente.
Por la tarde del día 3 los soldados de la ciudad salieron al barrio de Santa Bárbara para recuperar las casas perdidas, encontraron dentro de una de éstas a 30 indígenas y los masacraron a todos, uno de los cuerpos fue colgado de cabeza en un balcón de la casa para atemorizar a los atacantes. Al día siguiente continuaba la pelea en este barrio, el capitán de negros, Dionisio Sotomayor, cayó herido.
El día 5 un prisionero realista fue colgado en la horca que los sublevados habían levantado en el Alto de Potosí (actual zona de Faro Murillo), el gobernador se dirigió al lugar con un destacamento que dispersó a los indígenas, se tomó prisionero a uno de ellos, del cual se supo que el comandante de aquel campamento se llamaba Julián Sullcalla, oriundo de Achocalla, y que el comandante del Alto de Lima era Manuel Collquehuanca, proveniente de Huarina. Los días siguientes el gobernador Tristán envió mensajes a los sublevados ofreciendo 500 pesos por la cabeza de cada comandante, su ofrecimiento fue siempre rechazado.
El 8 de septiembre se escucharon cañonazos desde el Alto de Potosí, un niño entró a la ciudad entregando un mensaje, los cañonazos eran de recibimiento a las nuevas tropas de indígenas que habían llegado. Ese día más voluntarios se presentaron a defender la ciudad, la casa del finado Miguel Ignacio Zabala se convirtió en un nuevo cuartel, se nombró a Francisco Guerrero Oliden y a Luis Guerra como capitanes de este nuevo regimiento.