Las elecciones presidenciales de Uzbekistán de 1991 tuvieron lugar el 29 de diciembre del mencionado año, al mismo tiempo que un referéndum para ratificar la independencia del país respecto de la Unión Soviética (a pesar de que esta ya se había proclamado) luego de su disolución cuatro días antes de la votación. Se trató de la primera votación realizada después de la independencia, así como de las segundas elecciones presidenciales y las primeras por medio de voto directo.

El presidente Islom Karimov, que había ejercido como gobernante de Uzbekistán desde 1989 como último Primer Secretario del Partido Comunista local y presidente desde 1990, se presentó como candidato para un mandato completo con el respaldo del Partido Democrático Popular de Uzbekistán (XDP), formación sucesora del Partido Comunista. Los grupos opositores demócratas e islamistas enfrentaron una fuerte represión y a dos de sus potenciales candidatos, Abdurakhim Pulatov del partido Unidad y Abdullah Utayev del Partido del Renacimiento Islámico, se les impidió presentarse por la aplicación de requisitos que fueron denunciados como arbitrarios e injustos. Finalmente, el Partido Democrático de la Libertad pudo postular al escritor Mohamed Solih, un destacado disidente antisoviético y activista por la democracia.Human Rights and Democratization in the Newly Independent States ..., Volume 88

A pesar de la presencia de un candidato opositor, la campaña se caracterizó por un ambiente inclinado a favorecer al titular. El oficialismo tuvo a su disposición los recursos del Estado y el control sobre la mayoría de los medios de comunicación, e hizo uso del aparato de seguridad para intimidar y acosar a los activistas opositores. Karimov centró su campaña en la soberanía, la paz y el «renacimiento nacional» de Uzbekistán, presentándose a sí mismo como un hombre fuerte que preservaría el orden para superar la crisis de poder posterior al colapso del Estado soviético. Por su parte, Solih enfocó su discurso en la defensa de la democracia y los derechos humanos, así como en el respeto a la libertad religiosa y el renacimiento del Islam en la sociedad uzbeka.Uzbekistan’s International Relations

El día de las elecciones los resultados preliminares difundidos por las autoridades electorales anticiparon una contienda cerrada,Uzbekistan: Opposition Erk Party Wants in on October Presidential Election pero el boletín oficial publicado declaró un triunfo abrumador para Karimov con el 87,14 % de los votos válidamente emitidos contra el 12,49 % de Solih, mientras que un 0,37 % votó «contra todos», garantizando la elección de Karimov para un mandato completo como presidente. Karimov se impuso por aplastante margen en once de las doce regiones del país, mientras que Solih solo se impuso en su provincia natal, Corasmia. La oposición rechazó los resultados, denunciando que se había cometido un fraude electoral. Mientras que observadores independientes estimaron como posible un triunfo de Solih,Erk, Uzbekistan's First Opposition Party, Says It Will Attempt To Field A Presidential Candidate el mismo Solih reconoció que creía personalmente haber perdido, pero por un margen menos holgado, y cuestionó el proceso electoral como injusto en todos sus aspectos.The Referendum on Independence and Presidential Election in Uzbekistan ... Los intentos de la oposición de realizar protestas contra el resultado fueron duramente reprimidos por la policía.Erk, Uzbekistan's First Opposition Party, Says It Will Attempt To Field A Presidential CandidateUzbekistan’s International Relations

Fue la única elección en la que un presidente uzbeko enfrentó un oponente considerado como genuinamente opositor. En los años siguientes el régimen de Karimov continuaría concentrando el poder en sus manos hasta criminalizar a la mayor parte de los partidos opositores. Desde entonces, se ha considerado que todas las elecciones han presentado solo «candidatos simbólicos» de la oposición.Two Steps Backward In Uzbekistan Karimov vería su mandato extendido por un referéndum en 1995 y gobernaría hasta su muerte en 2016.

Antecedentes thumb|230px|El período soviético en Uzbekistán estuvo dominado por el liderazgo de Sharof Rashídov (1959-1983). La República Socialista Soviética de Uzbekistán como entidad política fue creada en 1924 durante un proceso de delimitación realizado por el régimen soviético con sede central en Moscú para dividir Asia Central en unidades étnico-administrativas bajo control del Partido Comunista. Durante este período, el país estuvo gobernado por una élite local subordinada al PCUS, sin experiencia en democracia ni participación política abierta. El Islam (religión mayoritaria en la república) fue duramente reprimido, la sociedad se mantuvo fuertemente tradicional y agraria, y el poder se concentró en redes clientelares y regionales. Previo a la toma de poder soviética, Uzbekistán había sido un epicentro clave para la civilización islámica, con ciudades como Bujará, Samarcanda y Jiva que funcionaron durante siglos como núcleos del saber religioso, místico y jurídico en el mundo musulmán. Debido a esta fuerte identificación de la religión como parte del sentimiento nacional uzbeko, el Islam sobrevivió como factor movilizante en el Uzbekistán soviético mucho más que en cualquier otra república del Asia Central, con excepción quizás del Tayikistán fronterizo con Afganistán, y continuó practicándose en espacios privados o semiocultos, a menudo vinculado a estructuras familiares o rurales que escapaban del control total del Estado.

A partir de 1959, el período soviético en Uzbekistán estuvo marcado por el liderazgo local de Sharof Rashídov. Beneficiado por sus estrechos vínculos con el líder soviético Leonid Brézhnev, Rashídov consolidó su poder local y logró que Uzbekistán gozara de una autonomía relativa sin comparación con respecto a otras república soviéticas. Se favoreció la industrialización y se construyeron grandes obras de infraestructura, como el metro de Taskent. Sin embargo, el período de Rashídov estuvo también marcado por la corrupción rampante y la represión contra los elementos de la burocracia que buscaron investigarla. Ante las órdenes de Moscú de cultivar cantidades cada vez mayores de algodón (de cuya producción dependía la economía local), el gobierno de Rashídov respondió con estadísticas infladas artificialmente sobre el crecimiento de las tierras irrigadas y cosechadas, alardeando de mejoras récord en la producción y la eficiencia. Sin embargo, existía una enorme disparidad entre la cantidad de algodón que Uzbekistán afirmaba producir y la que realmente producía. El enorme impulso de Moscú para aumentar la producción de algodón contribuyó enormemente a la devastación ecológica que sufrió la república, especialmente la región de Karakalpakstán tras el drenaje del Mar de Aral. La muerte de Brézhnev en 1982 y su reemplazo por Yuri Andrópov (que tenía mala relación con Rashídov) llevó a que el escándalo fuese investigado y que tomara un inusual estado público. Rashído falleció en 1983 y fue sucedido por Inomdzhon Usmonxojáyev, que se ocupó de gestionar el desmantelamiento de la «mafia del algodón».

A mediados de la década de 1980, la Unión Soviética vio el advenimiento de las reformas de la Perestroika y la Glasnost bajo el liderazgo de Mijaíl Gorbachov, que coincidieron con la administración de Rafik Nishánov en el control del Partido Comunista de Uzbekistán a partir de 1986. Sin embargo, la élite local del partido en Uzbekistán (mayormente conservadora) tenía poco interés en la reforma y las políticas de Gorbachov fueron aplicadas solo de forma superficial o parcial. Nishánov, aunque alineado formalmente con las directrices de Moscú, procuró limitar los efectos de las reformas para preservar el control del aparato partidario local. Se permitió una leve ampliación del debate público, particularmente en temas ambientales como la catástrofe del mar de Aral o los debates sobre la corrupción como en el caso del escándalo del algodón, y comenzaron a surgir manifestaciones culturales y sociales más críticas, como el movimiento nacionalista uzbeko Birlik («Unidad»). Aún así, para cuando la Unión Soviética entró en fase de disolución y al igual que el resto de los países de Asia Central, los uzbekos llevaban varios siglos sin conocer un Estado independiente propiamente dicho, el Estado uzbeko debía su existiencia a la delimitación territorial durante el régimen soviético y la gran mayoría de su población no tenía experiencia en cuestiones como la democracia liberal y el Estado de derecho.

En 1989 Nishánov fue elegido presidente del Sóviet de las Nacionalidades, lo que llevó a que fuese reemplazado por Islom Karimov como líder del Partido Comunista de Uzbekistán. Karimov asumió en un contexto complicado, con los enfrentamientos étnicos, religiosos y nacionalistas empezando a generar inestabilidad, particularmente en la región de Ferganá. El 24 de marzo de 1990, Karimov fue elegido primer presidente de la República por el Soviet Supremo de Uzbekistán en el marco de las reformas que separaron al Partido Comunista del Estado soviético. En general descrito como un conservador opuesto a las reformas, Karimov respaldó el intento de golpe de Estado contra Gorbachov realizado en agosto de 1991. Siete días después del fracaso golpista, ante la inevitabilidad del desplome del Estado soviético, Karimov declaró la independencia de la República de Uzbekistán, y el 1 de septiembre de 1991 fue juramentado como presidente del nuevo Estado. Con el fin de garantizar el reconocimiento internacional, programó elecciones presidenciales y un referéndum sobre la independencia para el 29 de diciembre. De todas formas, el 25 de diciembre (cuatro días antes de la votación), Gorbachov dimitió y la Unión Soviética se consideró formalmente disuelta.

Sistema electoral Los comicios se realizaron bajo la constitución adoptada con la independencia y una Ley Electoral aprobada el 18 de noviembre de 1991 y que se hizo pública el 23 de noviembre, tan solo cinco semanas antes de la elección. Bajo las disposiciones constitucionales vigentes, Uzbekistán sería una república presidencial y una democracia representativa. El presidente de la República, jefe de Estado y gobierno, sería elegido por voto popular y directo para un mandato de cinco años. Los requisitos para ser candidato presidencial incluían ser ciudadano de la República de Uzbekistán, no menor de treinta y cinco años, dominar el idioma uzbeko y residir permanentemente en el territorio de Uzbekistán al menos diez años antes de su postulación, que debía ser por medio de un partido político legalmente registrado. Para ser elegido presidente en primera vuelta un candidato debía obtener más del 50 % de los votos válidamente emitidos y en caso de que ningún candidato alcanzara la cantidad requerida, se realizaría una segunda vuelta electoral entre los dos candidatos más votados, en las que el postulante que recibiera más votos resultaría electo. Todos los ciudadanos uzbekos mayores de dieciocho años tendrían derecho a voto, con excepción de los presos sentenciados debidamente por un tribunal y aquellos declarados mentalmente incompetentes.