El viaje imposible es un libro escrito por Marc Augé, un antropólogo francés nacido en Poitiers, Francia, en el año 1935. Esta obra se ve basada en una narración en primera persona hecha por el escritor bajo el perfil de una especie de personaje de él mismo en donde cuenta sus travesías y puntos de vista críticos respecto al turismo y los viajes que debe realizar por su oficio.
Estructura El libro en cuestión consta de tres grandes partes que se encuentran subdivididas cada una en tres otras pequeñas partes. Los primeros tres capítulos pertenecen a la categoría de Reportajes en donde el autor relata un viaje a Disneylandia, La Baule y Center Parcs. En la segunda categoría llamada Clisés se subdivide en capítulos bajo el nombre de Mont Saint-Michel, El caso Waterloo y Los castillos de Luis II. Finalmente, en la última categoría llamada Paseos por la ciudad se encuentran los últimos tres capítulos llamados La incursión a Aulnay, La ciudad entre lo imaginario y la ficción para terminar con Una ciudad de ensueño.
Argumento A grandes rasgos esta obra busca dar a entender el valor de viajar, la manera de apreciar cada lugar y sus detalles, el autor recorre muchos lugares a lo largo de cada página donde cuenta cada cosa que ve según su parecer y las vivencias propias que el alude a cada lugar junto con el comportamiento de la gente cuando aplica las relaciones de etnológicas que hace. Da un análisis también de su punto de vista en un sentido arquitectónico tomando en cuenta las estructuras de cada sitio y su composición, a ratos divagando en sus propios pensamientos.
Introducción
Sitios privilegiados y Clisés Para dar inicio a los relatos las vivencias que van unidas a los lugares que visita el narrador habla mucho de literatura y de cómo esta influyó en su infancia recordando lecturas de pequeño de la Condesa de Ségur principalmente junto con las narraciones de otras duquesas. Luego de eso, habla de cómo las cosas han cambiado, de la manera en que todo se va renovando en cuanto al ámbito de conocer lugares nuevos en el mundo, comienza a cuestionar en cierto modo la forma en que se ha ido desvirtuando y comercializando a través del tiempo el concepto de viaje y el turismo, dice que ahora todo se ha estructurado demasiado, que la gente ya no se preocupa de disfrutar los viajes, sino que hoy en día para las personas es más importante ostentar los lugares que se visitan. También menciona que significa para las personas con los cambios en el mundo y la globalización el concepto de visitar el campo o salir de vacaciones.
Según el punto de vista de Marc, a pesar de todo nunca hay que dejar de viajar, pero dejando de ver la tierra y los lugares como un producto, sino que aprovecharlos de conocer, dejando un poco de lado la actitud de turista como menciona en la siguiente cita: “El mundo existe todavía en su diversidad. Pero esa diversidad poco tiene que ver con el caleidoscopio ilusorio del turismo” (p.16). Dice que una de nuestras más importantes tareas a realizar para todos es volver a aprender a viajar dejando de idealizar tanto los sitios a conocer y sin perder de vista la realidad y volver a encantarse con los lugares que uno ya conoce.
Reportajes
Un etnólogo en Disneylandia En este capítulo, el autor nos cuenta que acepta la propuesta (de parte de su amiga fotógrafa y cineasta Catherine) de realizar la labor de etnólogo de la modernidad en Disneylandia. “Una buena idea falsa, me decía, pues en todo caso Disneylandia no es más que la feria de vanidades instalada en el campo raso” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 23). Acompañado de Catherine, quien filmará los acontecimientos, entran sin problema alguno al parque (Augé menciona que estaba nervioso de que los descubrieran con una “cámara subversiva”).
El camino hacia el parque se vislumbra prometedor: “se nos ofrecía un espectáculo enteramente semejante al que se nos había anunciado” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 24). En primera instancia, el autor nos sumerge en una serie de interrogantes con respecto a Disneylandia. Se pregunta ¿por qué los estadounidenses siguen visitando una y otra vez el parque y no lugares extranjeros? Y ¿Por qué la gente no visita el lugar sin aparatos fotográficos? La primera interrogante la responde haciendo alusión de que el público estadounidense reencuentran lo ya conocido y “saborean el placer de la verificación”. Y más que claro, hablando en el , las cámaras son infaltables a la hora de turistear y proyectar imágenes de los momentos, para poder certificar su presencia y goce. “La gente va a Disneylandia para poder decir que ha estado allí y para dar prueba de ello” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 26).
Otra acotación que realiza el autor es que hay más adultos que niños en el parque, por el motivo de que las instalaciones recorren varios kilómetros, además de que los niños no contemplan con tanto detalle como los mayores. “Los adultos en cambio aprecian la estricta contigüidad de los diminutos mundos que se yuxtaponen como los decorados en un estudio cinematográfico de la gran época” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 27).
La música es incesante en la Disneylandia y los empleados deben mantenerse en su papel casi “hasta la muerte”, así Blancanieves, a pesar de estar famélica en su hora de colación, debe entregar la misma sonrisa de princesa ideal y posar cada vez que un niño (o un adulto mayoritariamente) se lo solicite. “El otro lado de la escenografía es también un decorado” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 29). Empleados con sonrisas de oreja a oreja, filas interminables para las atracciones, seres que ríen sardónicamente y una variedad de “falsa alegría” por todas las instalaciones. La fatiga también afecta a los adultos, sin embargo, por el dinero cancelado hay que aprovechar hasta la última gota.
En último lugar, cabe mencionar el análisis que hace el autor sobre los interesantes estudios de etnología comparada que se pueden llevar a cabo dicho lugar y destacar la compresión que este tuvo con respecto al atractivo seductor que tiene Disneylandia: el efecto de sobre realidad que produce. Con esto apunta a que el turista viaja a conocer lo ya conocido, pero que en estricto rigor no existe. Disneylandia es el mundo de hoy, ese mundo con lo que tiene de peor y de mejor: la experiencia del vacío y la experiencia de la libertad (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 32).
Un etnólogo en La Baule En el capítulo un etnólogo en La Baule, Marc se nos adentra en un análisis sobre el comportamiento y cultura de las personas en las playas francesas, otorgando énfasis a La Baule y Saint Marc. Impulsado por su labor de etnólogo y su deber de redactar un artículo que le solicitaron sobre las playas de verano. Los temas que debía abordar sobre el trabajo de etnología de las playas eran el empleo del tiempo, la ocupación del espacio y el manejo del cuerpo.
En la mayoría del reportaje, el autor menciona Las vacaciones del señor Hulot, una película francesa de carácter cómico protagonizada por Jacques Tati. El etnólogo hace constante referencia debido a que se hospedará en Hotel de la Plage, el mismo donde se albergaron los personajes de la comedia. “Puesto que debo ir a la playa, me había dicho, tanto da ir al Hotel de la Plage, el hotel de las vacaciones del señor Hulot, para revivir antiguos recuerdos, recuerdos de espectador, recuerdos imágenes…” (El viaje imposible, Marc Augé (1999) p.34).
Augé nos relata sus experiencias de vida en relación con estos lugares visitados, al igual que el de los veraneantes. Alude la percepción del tiempo, diciendo que siente como si se remontara al pasado, además de expresar que un lapso se puede hacer verdaderamente largo para las personas, cuando se dedican un momento a observar el mar con calma. ”Comprendí que en La Baule había ya mucha, pero que la vida de la playa tiene sus ritmos y sus horas… En menos de una hora, la distancia entre los grupos alineados se redujo de doce a seis metros, luego a tres metros, pero se mantuvo la disposición en tresbolillo” (Marc Augé, El viaje imposible (1999) p. 36).
El elemento primordial de la playa, obviamente es el mar, pero el autor nos indica que esta infinidad de agua no es una mayor distracción en La Baule (exceptuando a los niños). “Nada hay que ver en el mar, sólo se ve el mar, aun cuando un barco o un ave de paso animen de vez en cuando la calma general…En esas condiciones, mirar el mar es, antes bien, hundirse en la luz, quedar deslumbrado y, cuando el mar baja un poco, significa captar sus más ínfimas variaciones. El mar es el color del tiempo” (Marc Augé, El viaje imposible (1999) p.38).
Otro punto que destaca de la playa es que se percibe una implícita distinción de clases, habiendo playas privadas, con harto espacio entre los veraneantes y otras playas saturadas de gente y sin reglas algunas. “En La Baule, por lo menos, la abundancia de la arena y del espacio aseguraba un mínimo de democracia. Me acordaba de aquellas playas del mediodía en las que el espacio público está asignado a un determinado sector” (Marc Augé, El viaje imposible (1999) p.40). En conclusión, Marc nos menciona que la playa continúa siendo un lugar intrascendente, donde cada persona vive su instante a su modo. “Filmada o no filmada, la playa continúa siendo el lugar de futilidades esenciales. Los recuerdos son en la playa tan ficticios y tan verdaderos como los sueños. Allí cada uno se pierde y se reencuentra. Cada uno hace allí su propia película” (Marc Augé, El viaje imposible (1999) p. 43).
Un etnólogo en Center Parcs En este último reportaje el autor nos sumerge al noroeste de Francia un parque acuático en Normandía: Center Parcs. Señala que se sintió atraído en primera instancia por la burbuja (domo o bóveda transparente situada en el recinto). “La curiosidad humana no tiene límites, en cierto sentido, pero al hombre le gusta sentirse dentro de un espacio estrecho” (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 45).
El autor recibe un folleto de parte del lugar, el cual claramente lo persuadió; nos relata que este está inteligentemente redactado e ilustrado, describiendo un paraíso de arena blanca, agua azul y tibia, rodeada de cocoteros y con un clima tropical espectacular. No obstante, este paraíso tropical no prometía más que unas falsas cascadas y ríos, olitas producidas por una máquina y una laguna de completa cerámica. ”Lo que el folleto oponía a lo ideal no era pues la realidad, sino lo real remodelado por la inteligencia y la imaginación, a saber, la idea. Y esa idea me sedujo desde el comienzo”. (El viaje imposible - Marc Augé (1999) p. 46).