La masacre de Kafr Qasim tuvo lugar el 29 de octubre de 1956 en el pueblo árabe israelí de Kafr Qasim, situado junto a la Línea Verde, que en aquella época era la frontera de facto entre Israel y la Cisjordania jordana. Fue perpetrada por la Policía de Frontera de Israel (Magav), que asesinó a civiles árabes que volvían de trabajar durante un toque de queda impuesto durante ese mismo día, víspera de la Guerra del Sinaí, del cual no habían sido informados. Un total de 48 personas murieron, de las cuales 19 era hombres, 6 mujeres y 23 niños de entre 8 y 17 años, si bien las fuentes árabes normalmente fijan el número de víctimas mortales en 49, ya que incluyen al hijo no nato de una mujer embarazada.Bilsky, pág 310. También hubo 13 heridos.

Ocho de los once policías de fronteras implicados en la masacre fueron llevados a juicio, encontrados culpables y sentenciados a diversas penas de prisión, aunque todos ellos fueron indultados y liberados en apenas un año. El comandante de brigada fue sentenciado a pagar la simbólica multa de 10 prutot (los antiguos céntimos israelíes). Los altos mandos implicados en la matanza fueron posteriormente premiados por el Ministerio de Defensa israelí en sus carreras militares y empresariales, y posteriormente declararon que su juicio había sido una farsa y que el resultado del mismo estaba decidido antes de comenzar. El tribunal israelí determinó que la orden de matar civiles era “descaradamente ilegal”.Ronnie May Olesker, Fletcher School of Law and Diplomacy (Universidad Tufts). International Law and Organization. The value of security vs. the security of values: The relationship between the rights of the minority and the security of the majority in Israel. 2007. pág. 318.

En diciembre de 2007, el presidente de Israel Shimon Peres se disculpó oficialmente por la masacre.

Contexto El servicio de inteligencia israelí esperaba que el primer día de la Guerra del Sinaí Jordania entrase en guerra del lado de Egipto.Benny Morris, Righteous Victims, pág. 289 Sobre esta base, estacionó soldados a lo largo de la frontera entre Israel y Jordania.

Entre 1949 y 1966, los ciudadanos árabes del estado de Israel estaban considerados población hostil, y las principales ciudades árabes estaban gobernadas por administraciones militares que las dividieron en varios distritos. Así pues, varios batallones de la Policía de Fronteras de Israel, bajo el mando del coronel de brigada del ejército israelí Issachar Shadmi, se prepararon para defender una sección cercana a la frontera conocida oficialmente como el Distrito Central y coloquialmente como el Triángulo. Contenía siete pueblos cercanos a la frontera, no lejos de Tel Aviv, donde vivían aproximadamente 40.000 ciudadanos árabe-israelíes. Desde un punto de vista estratégico, el Triángulo se consideraba un punto débil de Israel y se organizaron patrullas regulares de soldados para evitar la infiltración de fedayines y de civiles árabes a través de la frontera.

Cronología El 29 de octubre de 1956, el ejército israelí ordenó que todos los pueblos árabes cercanos a la frontera cisjordana fuesen puestos bajo toque de queda militar desde las 17ː00 hasta las 6ː00 del día siguiente. Se ordenó disparar a cualquier árabe que se encontrase en las calles. Las unidades de la policía de fronteras recibieron la orden a las 15:30, antes de que la mayoría de los ciudadanos árabes de estos pueblos pudieran ser informados. Muchos de ellos se encontraban trabajando en ese momento. Aquella mañana, el coronel de brigada Issachar Shadmi, encargado del Triángulo, recibió órdenes de tomar todas las medidas de precaución necesarias para asegurar la tranquilidad en la frontera jordana. Bajo la propia iniciativa de Shadmi, el toque de queda nocturno sobre los doce pueblos bajo su jurisdicción se trasladó a las horas de día. Además, Shadmi reunió a todos los comandantes de batallón de la policía de fronteras bajo su mando y supuestamente les ordenó "disparar al ver" a cualquier aldeano que violase el alto el fuego. Una vez dada la orden, el comandante de uno de los batallones de Shadmi, mayor Shmuel Malinki, a cargo de la unidad de Policía de Fronteras en el pueblo de Kafr Qasim, preguntó a Shadmi sobre cómo reaccionar con aquellos aldeanos que desconocieran el toque de queda.

Malinki testificó posteriormente:'[Shadmi dijo que] se dispararía a cualquiera que abandonase su casa. Sería bueno que durante la primera noche hubiera "unos cuantos de estos", y así durante las noches siguientes serían más prudentes. Pregunté: según lo dicho, entiendo que los miembros de la guerilla deben ser abatidos pero ¿qué pasa con los civiles árabes? Y puede que vuelvan al pueblo al anochecer desde el valle, los asentamientos o los campos, y que no sepan nada del toque de queda en el pueblo. ¿Se supone que debería colocar centinelas en los accesos del pueblo? A esta pregunta, el coronel Issachar respondió más claro que el aguaː "no quiero sentimentalismos y no quiero arrestos, no habrá ningún arresto". Dije: ¿Incluso así?", a lo que me contestó en árabe, Alá Yarhamu, que yo entendí como su equivalente en hebreo, "Bendito ser el juez verdadero" [dicho cuando se reciben noticias de la muerte de una persona]'.Shadmi, sin embargo, negó que el asunto de los que volvían de trabajar siquiera surgiese en su conversación con Malinki.

Malinki emitió una orden similar a las fuerzas de reserva asignadas a su batallón poco antes de que el toque de queda entrase en vigor: "No se permitirá que ningún habitante salga de su casa durante el toque de queda. Se disparará a cualquiera que salga de su casa; no habrá arrestos."

Las nuevas condiciones del toque de queda se impusieron en ausencia de los trabajadores, que se encontraban trabajando y desconocían las nuevas normas.Idith Zertal, Israel's Holocaust and the Politics of Nationhood, Cambridge University Press, 2005 p.172 A las 16ː30, se informó al mukhtar (alcalde) de Kafr Qasim de los nuevos horarios. Este preguntó qué pasaría con los aproximadamente 400 ciudadanos que estaban trabajando en campos fuera del pueblo y que no conocían el nuevo horario. Un agente les aseguró que los tendrían en cuenta. Cuando se difundió la noticia del cambio de horario del toque de queda, la mayoría de los que trabajaban fuera volvieron al pueblo, aunque no todos.

Entre las 17ː00 y las 18ː30, en el transcurso de nueve tiroteos distintos, el pelotón del teniente Gabriel Dahan mató a diecinueve hombres, seis mujeres, diez chicos adolescentes de entre 14 y 17 años, seis chicas de entre 12 y 15 años y siete niños de entre 8 y 13 años.Idith Zertal, Israel's Holocaust and the Politics of Nationhood, Cambridge University Press, 2005 pág. 172 Un superviviente, Jamal Farij, recuerda haber llegado a la entrada del pueblo en un camión con 28 personas:"Hablamos con ellos. Les preguntamos si querían nuestros carnés de identidad. No las querían. De repente, uno de ellos dijoː "liquidadlos", y abrieron fuego sobre sobre nosotros como si fuera una inundación."Yoav Stern: "50 years after massacre, Kafr Qasem wants answers" (Haaretz, 30 de octubre de 2006) En 1986, un soldado israelí que había participado en la masacre, Shalom Ofer, admitió: "actuamos como alemanes, automáticamente, no pensamos", y "Éramos como los alemanes. Ellos paraban camiones, sacaban a los judíos y les disparaban. Lo que nosotros hicimos fue lo mismo. Estábamos obedeciendo órdenes como un soldado alemán durante la guerra, cuando le ordenaban asesinar judíos". Sin embargo, Ofer no manifestó nunca remordimiento o arrepentimiento por sus acciones.Idith Zertal, Israel's Holocaust and the Politics of Nationhood, pág. 172.

A los muchos que cayeron heridos se les negó la asistencia y no pudieron ser socorridos por sus familias debido al toque de queda de 24 horas. Un grupo de árabes de la vecina localidad de Jaljuliya fueron escogidos específicamente para recoger los muertos y enterrarlos en una fosa común sin ceremonias ni testigos. Cuando terminó el toque de queda, se recogió a los heridos de las calles y se les envió en camiones a diversos hospitales.

Ningún otro habitante del resto de pueblos bajo el mando de Shadmi murió por disparos del ejército o la policía israelí, dado que los comandantes locales dieron órdenes directas de desobedecer las consignas de Shadmi y Malinki. Además, de todos los pelotones estacionados en Kafr Qasim, sólo el dirigido por Dahan abrió fuego.

Consecuencias Las noticias del incidente se filtraron casi de manera inmediata. Sin embargo, a una serie de periodistas y a los parlamentarios comunistas Tawfik Toubi y Meir Vilner les llevó dos meses conseguir que el gobierno retirase la censura sobre los hechos impuesta por David Ben-Gurión. Entretanto, el gobierno había comenzado una investigación interna que incluía, entre otros, a la División de Investigaciones Criminales de la policía militar. Se estableció un cordón militar alrededor del pueblo durante meses para limitar la difusión de la noticia, impidiendo que los periodistas se acercasen al lugar de los hechos.Robinson (2003), pág. 400

Tras numerosas protestas públicas, once policías de fronteras y soldados implicados en la masacre fueron acusados de asesinato. El 16 de octubre de 1958, ocho de ellos fueron declarados culpables y sentenciados a penas de cárcel. Malinki fue condenado a 17 años y Dahan a 15. El tribunal puso un enorme énfasis en la responsabilidad fundamental de Shadmi, aunque este no se encontraba entre los acusados. Shadmi fue, por lo tanto, llevado a juicio posteriormente, pero su audiencia ante un tribunal distinto (el 19 de febrero de 1959) le declaró inocente del cargo de asesinato y culpable solamente de extender el toque de queda sin autoridad. Su castigo simbólico, una multa de 10 prutot (es decir, un grush o céntimo israelí), se convirtió en una metáfora entre la comunidad israelí de origen palestino sobre lo baratas que resultaban sus vidas.Robinson (2003), pág. 411; Bilsky, pág. 193. El hecho de que otros comandantes locales se diesen cuenta de que tenían que desobedecer las órdenes de Shadmi fue citado por el tribunal como uno de sus motivos para negar la afirmación de Dahan de que no tenía ninguna elección. Ni uno solo de los agentes cumplió sus condenas, y Shadmi celebró su exoneración en una fiesta privada con el primer ministro David Ben Gurion, el jefe de Estado Mayor Haim Laskov y otros generales del ejército israelí.

El tribunal de apelación redujo el 3 de abril de 1959 la condena de Malinki a 14 años y la de Dahan a 10. El Jefe del Estado Mayor volvió a reducirlas a 10 y 8 años respectivamente, tras lo que el Presidente de Israel Yitzjak Ben-Zvi indultó a muchos de los condenados y redujo las penas de los demás a 5 años cada una. Finalmente, el Comité para la Liberación de Prisioneros ordenó la remisión de un tercio de las condenas de cárcel, lo que condujo a que todas las personas condenadas estuvieran fuera de prisión en noviembre de 1959.Lipmann (2001). Poco después de su liberación, Malinki fue ascendido y se le puso a cargo de la seguridad del secreto Centro de Investigación Nuclear del Néguev. En 1960, Dahan quedó a cargo de los "Asuntos Árabes" de la ciudad de Ramla.Bilsky, pág. 322

Por su parte, once estados árabes enviaron una carta al Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que se quejaban por el "trato inhumano de los árabes que viven en Israel, la Franja de Gaza y la Península del Sinaí. Cientos de hombres, mujeres y niños han sido salvajemente asesinados a sangre fría". La carta hacía referencia tanto a la masacre de Kfar Qasim como a las de Jan Yunis y Rafah, sucedidas apenas unos días después, en las que 275 y 110 civiles palestinos, respectivamente, fueron asesinados por las tropas del ejército israelí.

Impacto legal