Nasser Zefzafi (en árabe: الزفزاف ناصر, en tamazight: ⵏⴰⵚⴻⵔ ⴰⵣⴻⴼⵣⴰⴼ) nació en Alhucemas (Marruecos), ciudad costera del Rif, el 4 de noviembre de 1979. Es un activista por el Movimiento Popular Rifeño, grupo que nació a raíz del asesinato del vendedor ambulante de pescado Mohssine Fikri el 28 de octubre de 2016.

Desde 2016 Zefzafi lideró un movimiento de protesta por la libertad y justicia en Alhucemas y todo el Rif, llamado el Hirak, y en árabe Al-Hirak al -Shaabi.

Biografía

Nasser Zefzafi nació en el seno de una familia con un pasado bastante político el 4 de noviembre de 1979 en la ciudad de Alhucemas y, más concretamente, en el barrio de Sidi Abid. Sus padres, Ahmed Zefzafi y Zolikha Sihaddou, han sido siempre un fiel apoyo para el líder activista, recorriéndose España alzando la voz en recuerdo de lo que supuso ese inicio del Hirak para el Rif y, en concreto, para su hijo Nasser, brutalmente torturado por el gobierno del Majzén.

La familia Zefzafi carga con un pasado muy político ya que el bisabuelo de Nasser Zefzafi fue ministro del Interior durante la República, y el padre del activista fue miembro del partido socialista, partido que abandonó por no estar de acuerdo con los ideales ya que decidieron entrar en el gobierno marroquí.

La figura de Abdelkrim en las revueltas populares miniaturadeimagen|Retrato de Muhammad Ibn 'Abd el-Karim El-Jattabi Abdelkrim al-Jattabi es una figura histórica central en la historia del Rif y un símbolo recurrente de resistencia en distintos momentos de protesta. Su importancia radica en la permanencia de su figura como referente simbólico, cuyo significado ha variado según los contextos históricos y las interpretaciones posteriores.

Abdelkrim desempeñó un papel fundamental en los primeros ciclos de movilización. En vida, fue el principal dirigente de la rebelión armada contra el colonialismo y el líder de la República del Rif entre 1921 y 1926. Tras este período, su figura pasó a ser mitificada y utilizada como símbolo en movilizaciones posteriores.

Después de su muerte en 1963, Abdelkrim se consolidó como un emblema local de oposición al poder del Estado. Su imagen resurgió con fuerza en las décadas de 1980 y, sobre todo, de 1990, en el contexto del movimiento cultural amazigh, que destacó su valor como símbolo de identidad y diferencia cultural. Las nuevas protestas urbanas provocadas por las desigualdades sociales y el aumento del precio de los productos básicos reforzaron nuevamente su relevancia. De este modo, tras una etapa de relativo olvido, Abdelkrim volvió a convertirse en un símbolo destacado de resistencia política, social y cultural.

El Hirak

A lo largo de su historia, el Rif ha vivido diversos ciclos de protesta y movilización social, cada uno con características y demandas propias del momento histórico en el que surgieron. Sin embargo, pese a estas diferencias, existen elementos constantes en los conflictos que han enfrentado a la población rifeña con las autoridades, tanto externas como internas. Uno de los principales factores de continuidad es la tensión política entre el centro del poder y la periferia. Esta región montañosa del noreste de Marruecos ha estado históricamente marginada del poder central y ha mantenido una lucha prolongada por la autonomía y el reconocimiento político. Estas tensiones se han manifestado de distintas formas, desde la resistencia contra el colonialismo español en la primera mitad del hasta las protestas más recientes motivadas por la falta de inversiones en infraestructuras. A ello se suma una persistente resistencia cultural frente a las imposiciones externas, ya que el Rif cuenta con una identidad cultural y lingüística propia que ha sido defendida mediante diversas formas de expresión y acción colectiva.

En este contexto, determinados acontecimientos concretos han actuado como detonantes de las protestas y han adquirido un fuerte valor simbólico, convirtiéndose en hechos fundacionales de la movilización colectiva. La indignación social suele surgir a partir de sucesos percibidos como especialmente injustos. Así ocurrió en 1958, durante el entierro de un miembro del Ejército de Liberación; en 1984, en Nador, como reacción a la fuerte represión estatal en Alhucemas; en 1987, tras la muerte de varios jóvenes en Nador; en 2004, a raíz del terremoto de Alhucemas; en 2011, cuando la muerte de varios jóvenes en una sucursal bancaria de Alhucemas actuó como desencadenante; y nuevamente en 2016-2017, tras el fallecimiento del vendedor de pescado Mouhcine Fikri.

Tras la muerte de este último, ocurrida el 28 de octubre de 2016, surgió el Hirak al-Shaabi (Movimiento Popular) del Rif. Este movimiento político y social nació en la ciudad de Alhucemas y se extendió por la región del Rif.

Mohssine Fikri tenía 31 años, nació en la localidad de Einzorén, y vendía pescado en un puesto ambulante. El 28 de octubre se adentró en el interior de un camión de la basura mientras intentaba salvar la mercancía que la policía le había requisado por venta ilegal. Murió aplastado y en el acto, pero los gritos y las imágenes del joven mientras estaba siendo triturado fueron difundidas en las redes sociales y reproducidas miles de veces en Marruecos, y en el Rif, y entre los miembros de la extensa diáspora marroquí, y rifeña asentada en Europa.

Recuerda Chtioui. Desde entonces cada viernes se han repetido las manifestaciones, y el 10 de diciembre de 2017 se produjo una concentración y una manifestación, a la que acudieron cerca de cien mil personas por el Día Internacional de los Derechos Humanos y se cumplían los cuarenta días tras el asesinato de Fikri.

La movilización evolucionó hasta plantear demandas concretas dirigidas al Estado, que superaban la denuncia inicial por la muerte de Mouhcine Fikri. Entre estas demandas se incluían la derogación del dahir (Real Decreto) de 1958, que declaraba a Alhucemas zona militar; el fin del bloqueo económico y de la corrupción; la creación de empleo y la reducción del paro, especialmente entre los jóvenes; y el desarrollo de programas para mejorar la producción agrícola y establecer infraestructuras industriales. También se reclamaba la mejora de la red de comunicaciones, la construcción de una universidad pluridisciplinar, centros culturales, institutos de formación y más colegios, así como un nuevo hospital, un centro de oncología y dispensarios de proximidad y un centro para personas discapacitadas; el cese de la confiscación de las tierras colectivas; y la incorporación de la lengua amazigh en la administración de justicia marroquí.

La primera protesta pacífica se produjo en el entierro de Mohssine, donde alrededor de 100.000 personas acompañaron el cuerpo desde Alhucemas hasta la ciudad de Einzorén, lugar desde el que recorrerían 20 kilómetros acompañando a la familia para enterrar el cuerpo. Las manifestaciones continuaron de forma desorganizada, pero con un propósito común que les hacía unirse formando un movimiento reformista que se manifestaba pacíficamente cada viernes, día sagrado para el Islam, en busca de resistencia al poder del majzén y un cambio social que trajera consigo justicia y dignidad para el pueblo rifeño.

La Plaza de los Mártires se llamaba anteriormente Plaza de Mohammed VI, pero tras el inicio del Hirak pasó a llamarse Plaza de los Mártires, en señal de protesta ante la multitud de muertos en manos de la policía marroquí. Además, uno de los problemas más sentidos por la población marroquí era  la corrupción en el sector público ya que Marruecos ocupa la posición número 88, de 168 países, en el índice de percepción de la corrupción de 2015 de Transparencia Internacional. Según una encuesta publicada por esta organización en 2016, el 26% de la población marroquí cree que esta lacra institucional ha aumentado en el último año, y son datos que contrastan con la incidencia de los sobornos para poder acceder a servicios públicos. El 48% de los usuarios en Marruecos han tenido que pagar para poder disfrutar de alguno de estos frente al 14% en Argelia o el 9% en Túnez. Este tipo de prácticas afecta además en mayor medida a la población pobre que a la población adinerada, pues el 66% de la población sin recursos frente al 31% de  los acomodados se han visto obligados a desembolsar alguna cantidad para poder ser hospitalizados, obtener una beca, lograr una licencia de venta, etc. miniaturadeimagen|192x192px|AbdelKrim El Khattabi escrito en tamazight. El día 10 de diciembre del mismo año 2016 dio lugar una manifestación en la que se convocó una huelga general que comenzaría el Día Internacional de los Derechos Humanos y a raíz de ello el activismo del Hirak tomó mucha fuerza y atrajo a multitud de jóvenes mediante la celebración de asambleas y charlas a las que acudieron activistas rifeños residentes en Europa y, mediante la divulgación de la historia del Rif y la memoria de Abdelkrim el Khattabi, surgió un sentimiento de orgullo histórico y una necesidad de reivindicar la importancia histórica que ha tenido siempre el Rif.

La primera gran represión por parte del majzén llegó en junio de 2017, en la que fueron arrestados 400 activistas y manifestantes. Multitud de periodistas freelance fueron arrestados mientras retransmitían e informaban sobre las protestas, según el Comité para la Protección de Periodistas, en la actualidad sigue habiendo tres periodistas encerrados en cárceles marroquíes por informar sobre el Hirak.

Identidad amazigh en el Hirak miniaturadeimagen|Zefzafi en las revueltas del Rif 2016-2017 Para comprender los procesos de acción colectiva, es necesario analizar los cambios históricos relacionados con la evolución del Estado, la economía, la formación de las clases sociales y la construcción de los discursos dominantes. Estas dinámicas adoptan formas diferentes según los territorios y las escalas, pero se encuentran estrechamente relacionadas entre sí. En el caso del Rif, estos procesos han provocado importantes transformaciones, especialmente a partir de la urbanización y la emigración iniciadas en la década de 1960. Estos cambios contribuyeron a reorganizar antiguas estructuras políticas basadas en la taqbilt, o tribu. Un elemento central ha sido la persistente tensión entre la población local y los poderes externos, tanto durante el periodo colonial como tras la independencia, cuando nuevas élites nacionales pasaron a controlar un Estado cada vez más presente en la región. Este conflicto ha puesto de manifiesto rasgos socioculturales propios del Rif, como el uso del tarifit —en sus distintas variantes— y determinadas prácticas de parentesco, incluida la endogamia. Otros factores también han influido en la construcción de la identidad étnica rifeña, tanto en el propio territorio como entre las comunidades emigradas en el extranjero. A pesar de estas transformaciones, se han mantenido ciertos elementos constantes, como la capacidad de la población para movilizarse en el espacio público con el fin de expresar el descontento social y exigir mejoras en las condiciones de vida. La creciente concentración del poder a nivel nacional y el reemplazo progresivo de un sistema rentista, que permitía cierta redistribución de recursos, por un modelo neopatrimonial ligado al capitalismo han favorecido la repetición de estos ciclos de protesta, en un contexto de aumento de las desigualdades.