thumb|250px|Expansión de los pueblos indoeuropeos desde su región originaria. En verde oscuro se marca la regió originaria donde pudo hablarse el proto-indoeuropeo, mientras que el verde claro muestra la extensión actual de las lenguas indoeuropeas, algo menor de lo que pudo haber sido en el pasado, ya Asia Central posteriormente fue invadida por pueblos túrquicos. La indoeuropeización fue un proceso de asimilación cultural, básicamente relacionado con la etnogénesis y la lingüística de partes de Eurasia occidental, que puede ser parcialmente reconstruido mediante la lingüística histórica, la arqueogenética y la arqueología.
Los datos arqueogenéticos indican que entre el 3000 a. C. y el 2000 a. C. se produjeron movimientos migratorios procedentes de la estepa póntica, acompañados por la difusión de los haplogrupos R1bOrnella Semino, A. Silvana Santachiara-Benerecetti, Francesco Falaschi, L. Luca Cavalli-Sforza and Peter A. Underhill, "Ethiopians and Khoisan Share the Deepest Clades of the Human Y-Chromosome Phylogeny," The American Journal of Human Genetics, Volume 70, Issue 1, 265-268, 1 January 2002. y R1aUnderhill, Peter A et al. “The phylogenetic and geographic structure of Y-chromosome haplogroup R1a.” European journal of human genetics : EJHG vol. 23,1 (2015): 124-31. doi:10.1038/ejhg.2014.50 hacia Europa.
Las primeras fases de este proceso estuvieron en parte asociadas a la cultura del vaso campaniforme y a la cultura de la cerámica cordada, ambas con rasgos culturales vinculados a la anterior cultura yamna. Se considera que estas migraciones se relacionan con la expansión de las lenguas indoeuropeas desde una región originalmente limitada, que coincide de forma aproximada con el área atribuida a la cultura yamna. En ese territorio se habría desarrollado la fase final del protoindoeuropeo antes de su fragmentacion en diferentes ramas.
Además, hubo movimientos similares hacia Asia Central y regiones situadas más al sur, que contribuyeron a la indoeuropeizacion de partes de Asia occidental, Asia Central, Irán y el norte del subcontinente indio, donde también se observa un incremento de linajes arqueogenéticos asociados al haplogrupo R1a.
Panorama general
La indoeuropeización fue un proceso de etnogénesis, donde poblaciones procedentes de la estepa póntica, se hibridaron con poblaciones europeas descendientes de los primeros agricultores europeos, de tal manera que tanto la lengua, como la religión y aspectos tecnológicos procedentes de la cultura yamna fueron predominantes. Sin embargo, igualmente la eviencia arqueogenética muestra que las poblaciones resultantes conservaron una gran parte del acerbo genético. En particular, la indoeuropeización parece haberse llevado a cabo mediante muchas relaciones de hombres con linajes esteparios (cerca del 70% de la contribución al cromosoma Y son subramas del haplogrupo R, y en este caso se le da una antigüedad de 18 500 años.Tatiana M. Karafet et al., New binary polymorphisms reshape and increase resolution of the human Y chromosomal haplogroup tree. Genome Research, 2008. New binary polymorphisms reshape and increase the resolution of the human Y chromosomal haplogroup tree en gran medida llegado de las estepas pónticas), mientras que el 75% del ADN mitocondrial asociado a la herencia materna parece de origen preindoeuropeo. El resultado es que el ADN autosómico procedería en un 45-65% de los agricultores neolíticos preindoeuropeos (EEF), un 25-50% de pueblos indoeuropeos (este porcentaje varía ligeramente a lo largo de Europa) y 10-25% de los cazadores-recolectores paleolíticos (WHG). Este proceso de indoeuropeización sería el último gran cambio en la prehistoria europea, que habría sido un fenómeno etnolingüístico y social general.
Indoeuropiezación de la Península ibérica
En la península ibérica este proceso habría dado lugar a los pueblos prerromanos sin haberse integrado en los circuitos que van creando los centros dominantes en el proceso de historización. Son diferenciaciones que encajan en los procesos culturales y no propiamente en las distinciones étnicas de base.
Cuando se hace alusión a pueblos indoeuropeos, conocidos por datos escasos y difíciles de precisar, cuyo prototipo sería el de los ligures, en realidad se está queriendo decir que determinadas comunidades, ya en periodo histórico, aunque fuera durante una etapa muy breve dentro de él, se conservaban todavía sus peculiaridades sin haberse indoeuropeizado.
El proceso de integración de la península no fue homogéneo y en ello se basa precisamente la complejidad del desarrollo histórico desde la Prehistoria hasta la unificación peninsular. Ahora bien, más que pueblos indoeuropeos, hay que referirse a la historia de comunidades con rasgos culturales que se conservan desde la situación previa a la presencia de influencias indoeuropeas.
De otro lado, si la difusión lingüística no representa necesariamente la identificación con grupos étnicos y, si el hecho de que unas zonas se hayan indoeuropeizado y otras no, no significa por fuerza que haya que establecer entre sus habitantes distinciones de tipo étnico, en este plano también el dato arqueológico, con más motiva, resulta cada vez más impropio para establecer identificaciones étnicas. Sin duda, puede ser significativo de que se extiendan o no, a partir de un punto determinado, ciertas prácticas funerarias o formas de instrumentos líticos o métodos de fabricación de cerámica o de objetos metálicos, pero ya es más difícil identificar una forma cerámica o un tipo de enterramiento de un pueblo.
Sin embargo, existen datos arqueológicos que, por su relevancia, o por haber servido como argumento para la identificación de determinados datos históricos procedentes de otras fuentes, merece la pena que se tengan en cuenta dado que el no aceptar la identificación mecánica no quiere decir que la huella arqueológica no represente, de una manera menos simple, un elemento objetivamente significativo de lo que ha ocurrido en el campo de las transformaciones históricas, en la idea de que tales transformaciones no están constituidas solo por movimientos de colectividades, sino, antes bien, de una manera que reviste mayor importancia, por cambios que afectan al interior mismo de las comunidades, debidos a condiciones internas o externas, a dinámicas resultantes de los propios enfrentamientos o al efecto de contactos con otras comunidades, en planos específicos o bélicos, en situación de paridad evolutiva o de superioridad o inferioridad, cultural o material, numérica o instrumental.
Indoeuropeización de la Península itálica La indoeuropeización de la península itálica fue un proceso que se desarrolló durante la Edad del Bronce y comienzos de la Edad del Hierro, cuando diversos grupos de hablantes indoeuropeos penetraron en Italia procedentes de Europa central. Se considera que los pueblos itálicos (portadores de las lenguas que darían lugar posteriormente al latín, el osco y el umbro) descienden de comunidades relacionadas con la expansión de la cultura de los campos de urnas y otras tradiciones del Bronce Final en la llanura danubiana. Estos grupos habrían entrado en Italia hacia el segundo milenio a. C., asentándose principalmente en el centro de la península y dando origen a los distintos Pueblos antiguos de Italia.
Sin embargo, la indoeuropeización no fue completa. En la península sobrevivieron lenguas no indoeuropeas, entre las cuales destacan el etrusco, el rético en los Alpes orientales, y el piceno septentrional, también conocido como piceno de Novilara. Pese a su carácter lingüístico no indoeuropeo, los etruscos muestran evidencias arqueogenéticas de haber absorbido componentes genéticos relacionados con poblaciones de la estepa, lo que indica mezcla cultural y demográfica sin sustitución lingüística.
Además de los pueblos itálicos, en el noreste de la península se desarrollaron los vénetos, quienes hablaban una lengua indoeuropea relacionada de forma amplia con el grupo itálico pero con rasgos distintivos propios. En el sur de Italia y en la costa adriática llegaron los mesapios, probablemente procedentes de los Balcanes y asociados a la expansión de poblaciones adriático-egeas durante la Edad del Hierro. También se ha propuesto que los ligures del noroeste de Italia pudieran haber sido una población de origen mixto, con elementos preindoeuropeos e indoeuropeos, aunque su clasificación sigue siendo debatida.
En conjunto, la indoeuropeización de Italia fue un proceso gradual que combinó la llegada de grupos indoeuropeos desde el norte, la persistencia de comunidades preindoeuropeas locales y la llegada de poblaciones adicionales desde el Adriático. El resultado final fue una península lingüísticamente diversa en la Edad del Hierro, con lenguas itálicas, vénetas y mesapias coexistiendo junto a tradiciones no indoeuropeas como la etrusca y la rética, antes de la expansión del latín y de la romanización en épocas posteriores. En las islas, Córcega, Cerdeña y Sicilia, existen también grupos de población que, en época histórica, conservaban sus rasgos previos, en condiciones de relativa falta de contactos.
Indoeuropeización de Europa oriental y central La indoeuropeización de Europa central y oriental fue un proceso ligado a la expansión de poblaciones con ascendencia esteparia procedentes de la cultura yamna y su difusión a través de la cultura de la cerámica cordada durante el III milenio a. C. Estas comunidades introdujeron nuevas prácticas funerarias, una economía ganadera intensiva y patrones sociales que se extendieron por gran parte de Europa centro-oriental.
En Europa central, dicho proceso se consolidó con la cultura de Únětice (c. 2300 - 1600 a. C.), generalmente considerada como mayoritariamente formada por hablantes de lenguas indoeuropeas. Se ha propuesto que la lengua dominante en Únětice podría haber sido una forma temprana de protoindoeuropeo noroccidental, aunque esta hipótesis es conjetural y se basa sobre todo en la distribución posterior de ramas indoeuropeas en la región tras el 1000 a. C. La cultura de Únětice no fue homogénea, sino que generó diversas tradiciones regionales durante la Edad del Bronce.
Hacia el norte, la tradición de Únětice habría evolucionado progresivamente hacia la Edad de Bronce nórdica (c. 1750 - 500 a. C.) y posteriormente hacia la cultura de Jastorf (c. 600 - 1 a. C.), esta última comúnmente asociada con los pueblos germánicos y el desarrollo de la lengua proto-germánica.
Hacia el oeste y suroeste, Únětice dio paso a la cultura de los túmulos (c. 1600 - 1200 a. C.), seguida por la cultura de los campos de urnas (c. 1250 - 750 a. C.) y la cultura de las Terramaras (c. 1500 - 1100 a. C.). Estas tradiciones han sido asociadas por algunos investigadores con el desarrollo de formas tempranas del proto-italocéltico, aunque la relación lingüística exacta sigue siendo debatida debido a la ausencia de registros escritos en estas fases.
En la parte más oriental de la expansión de la cultura de la cerámica cordada, se desarrollaron otras tradiciones culturales ya fuertemente indoeuropeizadas. Entre ellas, la cultura de Trzciniec (c. 2200 - 1600 a. C.) ocupa un papel central como posible origen del proto-baltoeslavo, dando lugar posteriormente a las lenguas baltoeslavas. La distribución hidronímica y patrones de continuidad cultural en el área del Dniéster, el Bug y el Vístula apoyan esta interpretación.
Por otro lado, más al sureste, la Cultura de Sintashta (c. 2100 - 1800 a. C.), también derivada de contextos tardíos relacionados con la cerámica cordada, está asociada al desarrollo de innovaciones tecnológicas como el carro de guerra de dos ruedas y ciertos rituales funerarios con armas y caballos. Por estas características y por la evidencia arqueogenética, Sintashta y sus desarrollos posteriores (como el complejo Andronovo) son considerados los candidatos más probables para el origen de las lenguas indoiranias.