La Edad Media comienza con la caída de la parte occidental del Imperio Romano, lo que supuso, a su vez, una gran crisis de la comunicación. En esta larga etapa que transcurre entre el fin de la Era Antigua en el y el Renacimiento en el , a pesar de la fragmentación territorial que implicó el cambio del mundo romano al feudal, de la incomunicación que trajo consigo el proceso de ruralización, y de la y división política que ocasionaron los distintos reinos, la institución eclesiástica medieval consiguió crear un mismo sistema comunicativo e incrementar su poder sobre la población.
La Iglesia Católica en Occidente y la Ortodoxa en Oriente, fueron las grandes promotoras de distintas formas de comunicación pública caracterizadas por su contenido simbólico. El sistema desarrollado por la Iglesia Católica es un sistema moral de organización social que fue una alternativa al sistema legal de Roma y del clasicismo.
La mayor parte de la población era analfabeta, por lo que la imagen y la palabra hablada eran las principales formas de comunicación. La lectura y la escritura era un privilegio de quienes estaban en el poder, es decir, de sacerdotes y señores feudales.
Formas de comunicación popular Para el hombre medieval, las nociones de tiempo, espacio y distancia estaban intrínsecamente ligadas a su quehacer cotidiano: el trabajo de la tierra y la observación del sol. Bajo esta lógica, la vida se organizaba al ritmo de las campanadas, que cada tres horas marcaban los rezos y las labores diarias. Este periodo, que el historiador francés Jacques Le Goff denominó «el tiempo de Dios», dominó la conciencia europea hasta el renacimiento de las ciudades. Con el auge urbano surgieron nuevas necesidades que impulsaron la aparición de los primeros relojes públicos en las torres de los ayuntamientos; a partir del , Le Goff identifica una transición hacia el «tiempo de los hombres», un cambio esencial para los sistemas de comunicación social e interpersonal.
Esta percepción práctica del entorno también se reflejaba en la medida del espacio, el cual se calculaba según el tiempo invertido al andar. Los mapas de la época, como el del Camino de Santiago o de las Estrellas, funcionaban como guías que indicaban los pasos necesarios para alcanzar los templos más próximos, supeditando la geografía al esfuerzo físico. A la par de esta estructura espacial, el afianzamiento del feudalismo se apoyó en la Teoría de los Tres Órdenes, un esquema derivado de la Ideología de la Paz de Dios que dividía a la humanidad en tres funciones específicas: unos tenían la misión de rezar por la salvación, otros se encargaban de las armas para la protección y el resto debía trabajar para mantener a los estamentos privilegiados. Este sistema de interpretación social, que justificaba la explotación económica y la desigualdad naturalizando las tareas otorgadas por la divinidad, se fomentó profundamente en la conciencia colectiva europea. La Teoría de los Tres Órdenes no solo consolidó el régimen feudal en todo el continente, sino que mantuvo su vigencia como pilar del orden establecido hasta su disolución definitiva entre los siglos XVII y XIX, impulsada por el estallido de las revoluciones burguesas.
Formas de comunicación cultas
El dominio comunicativo en la Edad Media La Iglesia fue la primera en la historia de la comunicación en construir y desarrollar un sistema de aspiraciones universal y hegemónico. Dicho dominio comunicativo fue posible por el control casi absoluto de la educación. La Iglesia ofreció una respuesta al sentido de la vida individual y colectiva. Entre los siglos XVII y IX la mayor parte de las escuelas en Europa eran catedráticas, las bibliotecas eran del convento y los escritores más reconocidos eran los monjes.
El sistema de comunicación socia que se desarrolló para los iletrados rurales, donde el peso de la Iglesia era pleno, se basó en lo siguiente:
La comunicación oral se basaba en la predicación, el sermón, los cánticos y todas las formas de relación entre el cura y sus feligreses, como por ejemplo, la confesión. En cuanto a la predicación, surgieron las Órdenes Mendicantes como “cuerpos especializados” de predicadores, los libros manuales de predicación como los Sermonarios o “Ars Predicandi”, y las “misiones” o “campañas especializadas” una vez al año. En cuanto a la confesión, se elaboraron guías que ayudaban a buscar la perfección individual.
La comunicación visual contó con el arte como vía más destacada, reflejándose en las construcciones religiosas, en las pinturas y en otras artes menores. Se representaban historias sagradas en vidrieras, capitales, pórticos, bajorrelieves, etc. Todo ello complementado con una importante carga de comunicación simbólica, mediante procesiones y diversas imágenes cargadas de emotividad.
El arte pasó de tener un ideal estético a convertirse en el instrumento educativo más valioso de la Iglesia. Desde la cruz, el pez o la almendra mística que decora el templo hasta los ritos que componen la liturgia del oficio religioso.
La misa es el ejemplo máximo de comunicación eclesiástica. Se organiza siguiendo una estructura (predicación, oración, comunión), unos componentes (palabra, música, olores, colores, gestos), y una simbología (un proceso en el que el individuo se purifica, se identifica y se fusiona con la iglesia y la divinidad). Con esta liturgia se pretendía difundir que solo la Iglesia, a través de sus “expertos” está capacitada para interpretar y explicar el mensaje de Dios.
La Iglesia se encargó de simplificar el mensaje divino' de manera que, no solamente fuese fácil de interiorizar para quien lo recibe, sino también muy fácilmente de memorizar para quien lo expone. El sentido del mensaje era describir el horror de la condena al infierno con el fin de evitar cualquier tentación de pecar o de desobedecer. La credibilidad del mensaje viene garantizada por la fuente del mensaje, el mismo Dios, y por el libro donde se recoge su palabra, la guía tangible de la verdad, la Biblia.
La risa en la Edad Media está separada de lo culto. Al diablo se le representaba riendo, haciendo muestra de su maldad y desconsideración por los ciudadanos que debían llevar una vida seria para no cometer pecados.
Por otra parte, la Iglesia irá integrando sus formas de representación en las fiestas litúrgicas, incluso haciendo coincidir en el calendario cristiano las antiguas celebraciones ligadas a los ciclos naturales. Este sincretismo 'entre paganismo y cristianismo daría lugar a fenómenos intensos de comunicación para el hombre medieval. Los santuarios y los relicarios conformarán un nuevo mapa medieval de comunicación humana.
A partir del , con el crecimiento de las ciudades y la expansión de los focos de pensamiento, surgirían las herejías. Ante esta amenaza, la Iglesia aumentaría y especializaría sus medios de persuasión creando cuerpos especializados en la propaganda del mensaje, hasta que en el se pondrían en marcha las órdenes mendicantes, las cuales consistían en congregaciones móviles de predicadores encargados de contener las manifestaciones desviacionistas que asumían las capas bajas de las ciudades. Los miembros de estas nuevas órdenes (dominicos y franciscanos) se dedicarán únicamente a la propagación del mensaje divino.
Además, la Iglesia hizo uso de la pedagogía del terror para lograr sus objetivos. En 1231, el Papa Gregorio IX crea un tribunal inquisidor, bajo la tutela de los dominicos, encargado de velar por la pureza de la fe y con capacidad de imponer la pena de muerte para todo condenado por herejía.
En primer lugar, se anunciaba el llamado tiempo de gracia, durante el cual los culpables podían confesar libremente y ser perdonados o condenados a ligeras penitencias espirituales.
En segundo lugar, se llevaba a cabo un interrogatorio. En un principio, el acusado no dispondría de ningún defensor. Si el interrogatorio no salía como se esperaba, se sometía al acusado a tortura (práctica reglada por Inocencio IV en 1252 mediante la Bula Ad Extripanda).
En tercer y último lugar, el veredicto del inquisidor se denominaba auto de fe. En caso de condena a muerte, la pena se ejecutaba en la hoguera. Las siguientes condenas podían ser la cárcel perpetua o temporal, el “sambenito”, la confiscación de bienes u otros castigos temporales.
Formas de comunicación pre-periodística
La comunicación en el nuevo mundo urbano Entre los factores que explican la revitalización de las ciudades a partir de los siglos y está la reactivación del comercio, con la que se incrementó el intercambio de mercancías y el trasiego de ideas. Los oficios artesanales se organizaron en gremios que introdujeron el concepto de aprendizaje y mostraron interés por todo tipo de producciones.
El entorno comunicativo medieval incorpora nuevos personajes y escenas mediáticas que alterarían progresivamente el panorama comunicativo medieval. Algunos de ellos fueron la plaza, el mercader y el vagán.
La plaza como espacio para el debate, la comunicación no jerarquizada y las formas de comunicación derivadas de la cultura popular y sus manifestaciones festivas y grotescas.
El mercader es el protagonista de la feria y del mercado. Con el tiempo los mercaderes se convertirán en un sector social enfrentado al sistema feudal. Ya entrada la Baja Edad Media fueron impulsores de propaganda política y del noticierismo comercial manuscrito, en lo que constituye la base del correo regular.
El vagán es un trotamundos que suele dominar la técnica letrada (principalmente el latín y en lengua romance). En las ferias y mercados lee los juguetes cómicos que compone, vende sus nuevas, narra leyendas, y ofrece un cuadro de cómo se vive en tal o cual ciudad, o qué novedades genera esta o aquella universidad. Difunde tanto noticias intranscendentes como herejías urbanas.
La emergente burguesía construye un modelo de sociedad bajo unas bases que se alejan del mundo feudal. Creará sus propios instrumentos de acción y los utilizará en el ejercicio de sus poderes sobre la administración urbana. Tres son los caracteres que concurren en tales instrumentos: Una tendencia laica frente al espiritualismo dominante. La elaboración de una nueva razón económica, fundada en la circulación mercantil y monetaria, en la búsqueda del beneficio, en la sacralización del trabajo y en la promoción individual. El acercamiento a la cultura escrita, como fórmula y soporte de nuevas formas de comunicación que impulsen y acrecienten los negocios comerciales y artesanales. Esta última tendencia será la que dará lugar a la irrupción de la comunicación regular manuscrita. La nobleza, el clero, los monarcas, los comerciantes y los banqueros empiezan a interesarse en la compra de noticias, llegando algunos de ellos a tener a su servicio toda una red de corresponsales que les informaban de las noticias de la Corte, las guerras en curso, el desarrollo político de los distintos países, los precios de cada producto en los principales mercados del mundo, etc.