Los pozos de El Toboso son un conjunto de ocho pozos ubicados en la localidad española de El Toboso, en la provincia de Toledo. Cuentan con el estatus de bien de interés patrimonial.
Historia El actual núcleo urbano de El Toboso tiene su origen en un asentamiento bajomedieval que surge en el como consecuencia de los procesos repobladores propiciados en la zona por la Orden Militar de Santiago, tras la conquista cristiana y el afianzamiento producido por la victoria de las Navas de Tolosa en 1212, citándose por primera vez como “el Villarejo Toboso” en el fuero concedido en 1238 a los pobladores de Madridejos. En 1338, bajo el maestrazgo de Vasco Rodríguez de Coronado, se sabe que El Toboso tiene ya el título de villa.
Según la tradición popular, El Toboso fue fundado como núcleo urbano fortificado por Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago entre 1242 y 1275, con el fin de defender y asegurar el Camino de Toledo a Murcia. Aún se conservan al menos dos restos visibles de la muralla de El Toboso, correspondientes a sendas puertas, que se habían transformado en hornos de pan tal y como cuenta el Madoz: el denominado Horno de Isidro Alcolado (acceso occidental, desde Quero y Campo de Criptana) y el denominado Arco Ojival (acceso septentrional, hacia Quintanar de la Orden); además se han conservado los topónimos, relacionados con elementos de esta cerca, del Pozo de la Puerta (en el extremo meridional del núcleo urbano) y el Pozo de la Torre (en el extremo oriental), apreciándose nítidamente el trazado de la cerca medieval en el parcelario actual.
El fue, sin duda, un siglo esplendoroso en el que un importante programa constructivo cambiaría la fisonomía del casco urbano y daría lugar a un incremento demográfico considerable al calor de la prosperidad de la Orden Militar de Santiago. El siglo comienza con la salida hacia la Alpujarra, en el año 1500, de varias familias de toboseños, acogiéndose posteriormente a varias familias moriscas, procedentes de la Alpujarra en El Toboso. Una buena parte de las construcciones civiles y religiosas presentes en el casco urbano de El Toboso se erigen durante este siglo: la iglesia parroquial de San Antonio Abad, el convento de las Madres Franciscanas, la ermita de Santa Ana y algunas de las casas nobles conservadas en distintos puntos del casco urbano, como la actual casa-museo de Dulcinea.
Por lo que respecta a los pozos de la localidad, en las Relaciones Histórico-Geográficas de Felipe II, el doctor Zarco de Morales y Villaseñor y Pedro de Morales, responden en 1575 a diversas de las cuestiones preguntadas mencionando la falta de aguas y la existencia de pozos. También en el Archivo municipal de El Toboso se conservan diferentes documentos en los que se mencionan estos pozos, bien singularmente, bien como conjunto, generalmente como referencias para identificación y localización de otros bienes inmuebles.
La cita más antigua se corresponde con una cita al Pozo Duz o Dulce en los “Censos del vínculo de Mateo López Molina”, fechado en 1529, haciéndose referencias genéricas a los pozos en otros documentos del . Estas citas genéricas a pozos en El Toboso se mantienen en nuevos documentos de los siglos y . Los datos ofrecidos por el Diccionario de Pascual Madoz permiten reconstruir un interesante panorama de la situación en la que se encuentran estos pozos a mediados del : “Se surte de aguas potables de 8 pozos públicos, de los cuales la mitad tienen cuatro brocales y graderías de piedra labrada; los hay también particulares, y aljibes para el agua llovida en muchas casas y huertas”.
Descripción La descripción de los pozos de El Toboso resulta compleja debido a que no se trata de edificaciones independientes con una cronología y unos límites claros, sino de un conglomerado de construcciones interrelacionadas.
Presentan, como características morfológicas comunes, las siguientes: están cerrados con una fábrica de mampostería de planta circular que eleva mediante uno, dos o tres peldaños el brocal del pozo sobre la rasante de la vía pública en la que se localizan. Alrededor de esta fábrica suele disponerse un suelo que permite la escorrentía del agua vertida. La fábrica es de mampostería realizada con piedras calizas tobáceas de la zona, distinguiéndose entre las paredes (con mampuestos careados) y la plataforma del brocal que suele estar ejecutada con mampuestos de mejor calidad y mayor tamaño, en algunos casos labrados y en casi todos erosionadas por el constante uso a que han sido sometidos. En los peldaños se localizan algunos rebajes, a modo de pequeños contenedores de líquido, que parecen haber servido para abrevar al ganado; en algunos casos también se le adosa una pila, con idéntica función, de mayor tamaño; en otros se ven superficies de soporte para el descanso de los cántaros durante el proceso de llenado. Los brocales suelen ser muy bajos, en la mayoría de los casos apenas sobresalen 10 o 15 cm de la piedra en la que están labrados y, generalmente, están abiertos en la propia losa que les sirve de soporte. Se disponen en número par (dos o cuatro), encontrándose enfrentados. No conservan restos de haber tenido un sistema de garrucha para la elevación del agua, marcándose en casi todos ellos (alguno ha sido objeto de restauración y parece haberlas perdido) las marcas de abrasión producidas por las cuerdas utilizadas para extraer el agua. Están cerrados por rejas metálicas, presumiblemente colocadas cuando perdieron su uso.
Pozo de la Gascona Pozo formado por un buzón, rematado en su parte superior por sendos arcos de medio punto sobre los que descansa el brocal y una gran plataforma a la que se accede mediante dos escalones perimetrales. Ha sido objeto de reformas en época reciente, habiéndose bajado el nivel de la vía pública para dejar vistos estos escalones. El pozo se localiza en el encuentro de las calles Cádiz y García Lorca, generando en torno a él un espacio abierto, diáfano, de planta rectangular (28’00 x 13’50 m) exterior al perímetro amurallado bajomedieval y muy próximo a su acceso septentrional, del que dista apenas 180 m. En la trama urbana queda comprendido dentro de la ampliación urbanística que sufre El Toboso a fines del , provocada por la construcción del conjunto conventual del Monasterio de las Trinitarias Recoletas. Su estructura exterior está compuesta por una plataforma circular de casi 6’50 m de diámetro realizada con piezas de calizas tobáceas alineadas en hiladas concéntricas que configuran un primer anillo exterior (de unos 50 cm de anchura) y dos más interiores de similar tamaño pero realizados con losas más pequeñas y dejando un mayor espacio en el llagueado. A cota más baja, bordeando a esta plataforma hasta alcanzar un diámetro de casi 8 m, se encuentran otros dos anillos de mampostería caliza, que conforman sendos escalones de unos 35 cm de huella y 24 de tabica, el más bajo de los cuales se encuentra en la actualidad semienterrado.
Al extremo nororiental de esta plataforma se le adosa, rompiendo parcialmente el recorrido de los peldaños, una pila realizada sobre un bloque paralelepipédico ortogonal de caliza tobácea vaciada en su cara superior (dimensiones interiores del hueco de 1’00 x 0’70 m) para su uso, que parece estar reaprovechada de otra construcción, estando mejor regularizada la cara que se adosa a la plataforma que el resto.
El brocal, dispuesto en el centro de la plataforma, está labrado en una única pieza caliza de mejor calidad que las del resto de la construcción, a partir de un paralelepípedo cúbico (1’90 m de lado y 0’42 m de altura, y aproximadamente 2900 kg de peso) de caras rectangulares y aristas achaflanadas, presentando en su interior cuatro bocas horadadas de tendencia circular, irregulares y no simétricas con un diámetro cercano a los 50 cm que presentan en sus bordes exteriores, con tendencia centrífuga, marcas de abrasión producidas por el rozamiento de la cuerda durante el proceso de extracción de agua. Cada una de estas bocas se cierra con una reja de hierro instalada posteriormente. El buzón es una estructura cilíndrica de más de 17 m de altura y sección troncocónica invertida (1’72 m de radio en la parte superior y 1’96 en la zona de contacto con el espejo), realizada con mampuestos irregulares de tamaño medio y grande colocados a hueso. En la parte superior, arrancando de cuatro zapatas irregulares embutidas en la fábrica, se sitúan dos arcos de medio punto que se contraponen y cruzan, convergiendo en la misma clave para generar la estructura sustentante del anillo perimetral interno de la plataforma y del brocal, situándose cada una de las bocas de éste sobre el espacio triangular resultante en los ángulos de estos arcos. Tanto las dovelas (6 en un arco y 4 en el otro) como la clave (una pieza octogonal de 48 cm de lado con un rebaje central al interior de 4 cm de lado en el que conserva una pieza metálica) están realizadas con sillarejos calizos bien escuadrados y labrados.
El espejo, en septiembre de 2015, se localizaba a 7’50 m bajo la superficie del brocal, alcanzándose el fondo del pozo, probablemente colmatado parcialmente, a 9’80 m bajo él. Su nombre, que aparece como La Vascona en el plano de Ibáñez de Ibero de 1882, podría hacer referencia a uno de los siguientes gentilicios: gascón, vascón o gazcón (de Gúzquez, un despoblado medieval ubicado al norte del término municipal). En cualquier caso ya consta este nombre en 1763 como referencia cercana a uno de los bienes señalados en el “Apeo de los bienes del vínculo que fundó Cristóbal de Ludeña” conservado en el Archivo municipal.
Según informantes orales, debido al elevado grado de salinidad que presenta la composición de su agua, su uso principal no fue el de consumo directo, sirviéndose de ellas los panaderos de la localidad para el amasado de la harina, y utilizándose también para labores de lavado de ropa e higiene del hogar.
Pozo de la Torre Pozo formado por un buzón de mampostería con un dintel monolítico en su parte superior que divide en dos el espacio y sustenta un brocal ovalado realizado en un solo bloque calizo con dos bocas en sus extremos; al exterior se dispone una plataforma circular sobreelevada con respecto al nivel de la vía pública que contiene una pila de planta rectangular y un bebedero excavado en las losas que la forman.
El pozo configura la trama urbana en la confluencia de las calles A. Machado (que bordea el límite perimetral oriental de la cerca bajomedieval) y Rivero (que supone el acceso directo a la iglesia parroquial y plaza de Juan Carlos I), generando un espacio diáfano, a modo de plazoleta, de 13’00 x 11’00 m que, con la intersección de las vías públicas mencionadas, llega a ocupar una superficie de 25’00 x 20’00 m.
La plataforma exterior, de 4’30 m de diámetro, y elevada unos 25 cm sobre la faja de empedrado que la bordea y sobre el nivel de la vía pública, está realizada con losas de caliza, en su mayoría tobácea, presentando un anillo exterior muy bien definido realizado con bloques de mayor tamaño (unos 50 cm) que delimitan en su interior una superficie compuesta por losas de tamaño y colocación menos regular (aunque mantienen la tendencia circular en la fábrica) con llagueado de mayor anchura. En la plataforma se observa un pequeño bebedero excavado en las losas, de planta ovalada (28 x 18 cm), existiendo también una pila adosada a su lado oriental tallada en una pieza prismática (1’35 x 0’56 m) con un espacio útil interior de 1’10 x 0’32 m.