En la literatura y el arte, el "realismo" es nuevamente opuesto al "idealismo" en varios sentidos. El realista es (1) aquel que deliberadamente rehúsa seleccionar sus temas entre lo bello o armonioso y, más especialmente, describe cosas feas y resalta detalles de tipo desagradable; (2) el que se ocupa de individuos, no de tipos; (3) más propiamente, el que se esfuerza por representar los hechos exactamente como son.
El realismo no es un movimiento literario circunscrito a un marco histórico, por el contrario, constituye una de las tendencias fundamentales del arte literario. No obstante, la crítica prefiere atribuir este término a un movimiento preciso de la historia literaria francesa: el que aparece hacia 1850 como reacción contra el lirismo y los excesos del subjetivismo romántico. En tanto que reacción contra el romanticismo, el realismo no es, sin embargo, privativo de Francia.
La novela tal como la conocemos hoy día no es otra cosa que un desarrollo posterior y una manera especial de relato; hay quien sitúa sus orígenes en el con la Pamela de Richardson. Ciertamente, en Inglaterra no se puede llevar su rastro más allá del , con la Arcadia de sir Philip Sidney, y los lectores más modernos encontrarán que esta obra cumple muy pocos de los requisitos que se le exigen a una novela. Es entonces necesario hacer una distinción entre novela y relato. La novela es una obra en prosa, mientras que la mayor parte de los relatos primitivos están en verso.Evans (1985), p. 199. Walter Scott demostró que la prosa proporcionaba a la narración unas posibilidades de amplitud de espacio y de marco de referencia con los que no podía competir la poesía. Son precisamente esa amplitud de espacio y el marco de referencia los dos elementos que diferencian el arte del novelista del narrador. Aquel no cuenta solo una historia, sino que está también describiendo algo a través de esa historia. Paralelo al relato, la novela va presentando un retrato de caracteres, o un marco social o, en las obras más modernas, registra una corriente de pensamiento. Sea cual fuere la ambición que dirige al novelista, hará muy bien en recordar que comenzó como narrador y nunca podrá escapar por completo a este origen. Por ello, la novela puede describirse como una narración en prosa, basada en un relato, en la que el autor puede hacer un retrato de caracteres, o de la vida de una época, y analizar sentimientos y pasiones, o las reacciones de hombres y mujeres ante su entorno. Esto lo puede conseguir utilizando un escenario de su propia época o del pasado.Evans (1985), pp. 199-200.
No pueden definirse con facilidad los diferentes tipos de novela, pues son muchísimos. Quizá la tipología más válida es aquella que se hace entre novelas que están relacionadas con la propia época del escritorEvans (1985), pp. 200-201. y aquellas otras que utilizan un marco de referencia histórico. La primera es, a menudo, realista, y esta última incorpora frecuentemente la aventura de una manera espectacular. Esta novela realista y contemporánea tiene un desarrollo histórico más lento que el del romance, pero, una vez que se desarrolla, se apodera por completo de la imaginación del público.Evans (1985), p. 201.
Otra división conveniente que también puede hacerse de la novela se refiere a la forma, y aquí la complejidad no es menor. El novelista puede contar una historia de manera lineal, narrando los acontecimientos en orden cronológico. Pocos novelistas han quedado satisfechos de esta manera de hacer, aunque algunos escritores, como en el caso de Anthony Trollope, parecen ganar cuando ordenan la narración de la manera más sencilla posible. En algunos novelistas es la forma lo primero que llama la atención, por ejemplo en el Tristram Shandy de Sterne; este autor es el precursor de los novelistas modernos que han experimentado con la forma, en particular de Dorothy Richardson, James Joyce, Virginia Woolf y, especialmente, aunque de manera atenuada, de Anthony Powell en su serie de excelentes novelas tituladas The Music of Time.
En el Samuel Richardson descubriría por accidente que el mejor medio para expresar su análisis de los sentimientos por medio de la novela eran las cartas. Aquí se empezó ya a entender que la novela es un género mixto. Cuando el novelista utiliza el diálogo y reduce la descripción al mínimo se aproxima al teatro. Pride and Prejudice (Orgullo y prejuicio), de Jane Austen, contiene todo el diálogo que es esencial para crear una obra dramática sobre ese tema y lo mismo sucede en The Egoist (El egoísta), de Meredith.
Precedentes
El género novela hunde sus raíces en los relatos breves que entretenían a los isabelinos, en el romance francés, en los exóticos textos de ficción de autores como Aphra Behn.Barnard (2002), p. 119.
Thomas Deloney (c. 1543-1600) se dedicó a describir el trabajo de los artesanos por medio de una narración sencilla y anacrónica, pero fundamentada en el realismo. En Jack of Newbury describe la vida de los tejedores, y en The Gentle Craft nos cuenta la historia completa de los zapateros, apareciendo en ella algunas escenas vívidas y en apariencia auténticas.Evans (1985), pp. 202-203.
Aun siendo realistas, estas narraciones carecían casi por completo de estructura. Thomas Nashe (1567-1601) haría algunos progresos en esta dirección. En Jack WiltonThe Unfortunate Traveller: or, the Life of Jack Wilton, novela picaresca publicada en 1594. construye una crónica de aventuras, muchas de las cuales le habían sucedido a él mismo a lo largo de su turbulenta historia. El bribón que nos presenta como héroe comienza su carrera en el ejército de Enrique VIII, y en sus viajes va encontrándose con gentes diversas. Nos hallamos aquí ante lo más cercano a la novela realista de toda la producción del .Evans (1985), p. 203.
No deja de ser un caso extraño e inexplicable el que, en el , estos comienzos de la novela en la época isabelina no tuviesen continuidad, como podría haberse esperado. Las disputas de tipo religioso, las disensiones sociales y, finalmente, las guerras civiles dejaron un reguero formado por innumerables libelos, y hay quienes piensan que las energías gastadas en ellos no dejaron tiempo libre para dedicarlo a la prosa de ficción.
Literatura augusta
Contexto social A partir de todos estos tempranos impulsos de la novela, al le quedaría la tarea de consolidar la ficción como género literario, y desde aquel momento en adelante no han dejado de escribirse relatos novelados. Esta etapa la comenzaría un personaje cautivador y misterioso:Evans (1985), p. 205. Daniel Defoe.
En la primera mitad del empezaron a aparecer obras en prosa a las que hoy damos el nombre de novelas. Es evidente que en ese periodo se produjo la combinación de distintas corrientes intelectuales y sociales que terminaron por crear algo nuevo. Es posible que la novela haya sido el último género literario en crearse, pero desde el su éxito ha sido casi alarmante. A través de las «bibliotecas circulantes», la ficción poseía su propio medio de distribución, y ya desde el comienzan a aparecer frecuentes quejas acerca de la excesiva cantidad de tiempo que se gasta en la lectura de novelas.Evans (1985), p. 200. El arte del novelista es superior, ocupándose de la vida en todas sus facetas, y utilizando no solamente la descripción sino también el don dramático del diálogo. Es el género literario que con mayor profundidad ha explorado la vida del hombre común y que la ha encontrado digna de ser narrada.
El inglés es un período importantísimo para la novela y, en general, para la prosa; en él se desarrolla una esplendorosa variedad de géneros, con autores de la mayor relevancia.Pujals Fontrodona (1984), p. 251. Los grandes novelistas de este siglo son Defoe, Swift, Richardson, Fielding, Smollett, Sterne y Goldsmith.Pujals Fontrodona (1984), p. 252. Las personas que conducían la acción se individualizaron: empezaron a analizarse en toda su complejidad, al tiempo que se describían con minucioso detalle las presiones sociales que las atenazaban. En el momento en que la gente comenzó a demandar que les contaran historias sobre personas no demasiado distintas, que vivieran en mundos fáciles de reconocer y similares al suyo, nació la novela propiamente dicha.
El surgimiento de la novela suele asociarse con el auge de las clases medias, pero no basta con enunciar simplemente tal afirmación.Barnard (2002), p. 120. Lo fundamental son las circunstancias y las condiciones en que vivían estas clases medias. Durante el cada vez más gente perteneciente a dichos sectores fue accediendo a la educación; una educación cuyos contenidos estaban menos centrados en la cultura clásica que la que recibían las clases más elevadas. Las mujeres representaron un papel trascendental a la hora de generar un público lector de obras de ficción. Las mujeres recibían educación, pero como se les daba una educación a la medida, la que se consideraba adecuada para el sexo débil, hoy debemos reconocer que llevaban las de perder.
La mejora de la educación femenina coincidió con una etapa en que las mujeres de los sectores más favorecidos disponían de más tiempo libre. Ya no resultaba propio de grandes damas que la mujer se involucrara directamente en las labores domésticas. La mujer burguesa fue convirtiéndose poco a poco en supervisora; la mujer de clase alta era cada vez más dada a la vida social. Esta moda, que nace en Londres, fue expandiéndose por todo el país. El disponer de más tiempo libre abrió un vacío en la vida de las mujeres que había que rellenar. También los hombres, educados para ver un poco más allá de sus estrechos intereses locales y profesionales, reclamaban mayor estímulo intelectual. Uno y otro sexo se mostraban receptivos a formas literarias que pudieran abrirles a mundos desconocidos, aunque razonablemente reales, que les sacaran de su entorno más inmediato.Barnard (2002), pp. 120-121.
La proliferación de periódicos que se produjo en el es otra muestra más de lo que estamos diciendo, como también lo es la popularidad que alcanzaron el Spectator o el Tatler.Barnard (2002), p. 121. Pero quizá lo más llamativo sea la intensidad con que el público demandaba historias con las que aproximarse a las costumbres, la manera de actuar, y las circunstancias en que vivían otros grupos sociales y otras comunidades localmente alejadas de la suya.
Tampoco debemos olvidar que los novelistas asumían como obligación no solo informar, sino adoctrinar. La utilidad era un concepto muy importante para las clases medias, lo cual incluía la utilidad moral. Muchos puritanos acérrimos, es cierto, condenaban toda suerte de ficción, con el argumento de que al no ser verdad, era falsa. Pero el lector de novelas medio era creyente, cristiano, algo inclinado hacia sectores más evangélicos, y para él el ingrediente esencial venía representado por los fragmentos más abiertamente moralizadores, precisamente los que hoy nos parecen más postizos.Barnard (2002), pp. 121-122.
Y así, a medida que los novelistas iban introduciendo a los lectores en nuevos entornos sociales y modelando con ello el comportamiento, proporcionaban también el entramado de valores con los que dicho comportamiento debía de juzgarse. Este triple objetivo, descubrir, educar y estimular nuevos criterios de juicio, recorre toda la novela de los siglos y .Barnard (2002), p. 122.
A mediados de siglo se crearon las bibliotecas ambulantes, que años más tarde florecían por todo el país, y en el su tarea se expandió a los sectores educados de la clase trabajadora a través de los Institutos de Mecánica y las bibliotecas gratuitas. Esto supuso un importante avance, que ha seguido hasta nuestros días; Gran Bretaña sigue siendo una nación de usuarios de bibliotecas.
Autores thumb|right|300px|Retrato de Daniel Defoe, de autor desconocido (Museo Marítimo Nacional, Londres).