La segunda guerra nórdica o segunda guerra suecopolaca (en polaco: II wojna północna, en sueco: Nordiska krigen) engloba una serie de conflictos bélicos, por la hegemonía en el Báltico, conocidos como las guerras del Norte, librados, principalmente, entre Suecia contra la República de las Dos Naciones, mancomunidad entre Lituania y Polonia.
Coetáneamente, a este conflicto, otros dos países limítrofes y aliados de Suecia, también entraron en guerra contra Polonia, lo que se conoce en la historia polaca como el Diluvio: Rusia (1654-1667) y Prusia-Brandeburgo (1657-1660).
Antecedentes Circunstancias políticas En 1558 el zar Iván IV (Iván el Terrible) había invadido Livonia (parte de las modernas Letonia y Estonia), desatando la guerra livonia y un conflicto que perduraría veinticinco años en el mar Báltico. En 1582 Suecia y Polonia se aliaron para expulsar a las tropas rusas de Livonia. Segismundo III unió las dinastías Jagellón y Vasa en su persona en 1587, siendo elegido rey de Suecia. La unión de la católica Polonia-Lituania y la luterana Suecia le resultó, empero, imposible. Su destitución como rey sueco en 1599 precipitó el estallido de las guerras polaco-suecas.Froese, Wolfgang: Geschichte der Ostsee. Suecia arrebató a Polonia-Lituania Livonia y luego, en 1629, Prusia, que Gustavo Adolfo ocupó en 1629.
La Paz de Westfalia de 1648 concluyó la guerra de los Treinta Años, tras la cual el Imperio sueco emergió como una nueva potencia europea, la principal del Báltico. En la guerra de Torstenson (1643-1648), en el ocaso de la guerra de los Treinta Años, Suecia había derrotado a Dinamarca, la antigua gran potencia del Báltico. Suecia había estado en paz con Rusia desde el Tratado de Stolbovo que puso fin a la guerra de Ingria en 1617, pero había permanecido en guerra con la República de las Dos Naciones (Polonia y Lituania) desde la guerra polaco-sueca (1626-29), que terminó con la tregua del Tratado de Altmark, que se fue renovando sucesivas veces. Francia había tratado repetidamente de transformar la tregua en paz firme mediando entre suecos y polacos y organizando sucesivas negociaciones en Lubeca (1651 y 1653), sin conseguirlo. La pretensión de los Vasa polacos al trono sueco y la negativa a admitir oficialmente la cesión de Livonia impedían todo acuerdo, pese a la apurada situación de Polonia-Lituania en el conflicto con Rusia y los rebeldes cosacos; Juan Casimiro había protestado por la entronización de Carlos Gustavo —en esencia, un militar— en junio de 1654, consecuencia de la abdicación de Cristina. La tensión entre las dos naciones auguraba una reanudación de las hostilidades entre ambas tan pronto como se presentase un pretexto que la permitiese; este terminó siendo la guerra con Rusia y el levantamiento cosaco.
thumb|left|200px|Juan II Casimiro Vasa de Polonia
Por otro lado, la República de las Dos Naciones había ido perdiendo su posición dominante en la región después de la extinción de la dinastía Jagellón en 1572. Desde 1648, bajo el reinado de Juan II Casimiro Vasa —elegido ese mismo año en medio de una emergencia militar por la revuelta cosaca tras el fallecimiento de su hermano Vladislao IV—, experimentó una enorme crisis, debida tanto a la rebelión de Jmelnytsky en el sureste, como a la parálisis de la administración por las disputas entre el rey y el príncipe lituano Janusz Radziwiłł y a la falta de apoyo de la nobleza en la Sejm (Cámara Baja polaca) para financiar al ejército que tuvieron como consecuencia que la república carecía de defensa suficiente. La nobleza prefería defender su posición privilegiada frente al peligro de la instauración de una monarquía absolutista rechazando financiar un ejército profesional permanente, incluso al precio de debilitar la defensa nacional. Consideraba que el ejército debía costearse con los ingresos de las tierras reales, no con impuestos, pero aquellos eran insuficientes pues los sucesos reyes los utilizaban para granjearse partidarios, enajenándolas a menudo vitaliciamente. Además en 1652 se implantó el liberum veto, que permitía detener las deliberaciones parlamentarias, la aprobación de leyes y de impuestos, privando a la Corona de toda financiación bélica. Radziwiłł maquinaba con el calvinista Jorge Rákóczi II y estaba en conversaciones con el rey sueco a través del duque de Curlandia. La nobleza protestante y ortodoxa lituana se sentía arrumbada por el favor que Juan Casimiro mostraba a los nobles católicos del Gran Ducado y estaba dispuesta a cambiar de soberano e incluso a rescindir la unión con Polonia y crear una nueva con Suecia, el Gran Ducado de Moscú o el atamanato cosaco. Para los aristócratas protestantes, el mejor candidato para sustituir a Juan Casimiro era el rey sueco, con cuyo Gobierno mantenía contactos secretos.
El atamán cosaco rebelde Bogdán Jmelnitski y Alejo I de Rusia firmaron el tratado de Pereyáslav contra Polonia en enero de 1654; el zar ruso contaba con un ejército bien equipado que por entonces se estaba modernizando. Ese mismo año, Carlos X Gustavo sucedió a su prima Cristina de Suecia en el trono sueco, mientras las fuerzas rusas avanzaban en el noreste de la desprotegida República de las Dos Naciones, amenazando las zonas de interés suecas en la costa del Báltico. Los triunfos rusos impelieron a Suecia a intervenir también, con el pretexto de proteger a la población protestante de Polonia. Su objetivo era adueñarse del ducado de Curlandia, vecino a la Livonia ocupada desde hacía décadas, y, sobre todo, de la lucrativa Prusia, que ya había administrado temporalmente antes. Suecia mantenía una estrecha relación con el también protestante príncipe de Transilvania y tenía intención de vencer a la católica Polonia. Atrajo a su bando al Hetmanato cosaco, contrario al gobierno polaco, y le prometió apoyo militar si los cosacos rompían con los rusos. Bogdán Jmelnitski despachó una expedición encabezada por el coronel de Kiev a Galicia, que pronto hubo de regresar, a causa del motín que estalló en sus filas.
Suecia, entonces un imperio expansionista con un ejército diseñado para sostenerse con los ingresos de los territorios que ocupaba, era consciente de que un ataque directo a Rusia, su principal adversario, podría precipitar la formación de una alianza ruso-polaco-danesa. No podía formar una alianza con Polonia por la negativa de Juan II Casimiro a renunciar a sus pretensiones a la Corona sueca y por la negativa de la nobleza polaco-lituana a ceder territorios; así, las negociaciones bilaterales celebradas en Lubeca en febrero de 1655 terminaron efectivamente fracasando. Por lo tanto, Suecia optó por emprender una ofensiva a contra la mancomunidad polaco-lituana para apoderarse de los territorios que codiciaba antes de que cayesen en poder de los rusos.
Importancia económica
Más de cuatrocientos mil barcos atravesaron el estrecho de la Sonda entre 1497 y 1657, de los cuales el 59% pertenecían a las Provincias Unidas de los Países Bajos. El tráfico holandés con el Báltico se concentraba en Ámsterdam. Los barcos traían al Báltico principalmente sal, vino, arenques, telas, pellejos y productos de las colonias y llevaban fundamentalmente trigo, centeno, hierro, madera y telas. Gran parte de las importaciones regionales tenían por destino el puerto prusiano de Danzig, en la Prusia Real, que era también el principal puerto exportador de la zona. El 70 % del centeno que se exportaba en el Báltico y el 63,5 % salía del puerto de Danzig, seguido en este tráfico por el de Konigsberg (10,5 % de las exportaciones de centeno y 9 % de las de trigo). El destino principal de este cereal eran las Provincias Unidas, en las que medio millón de habitantes dependían de este grano para comer —de una población total de unos dos millones en 1650—. Las importaciones de cereal báltico también mantenía los precios relativamente bajos y estables y evitaban las hambrunas. El dominio del comercio báltico fue una de las razones de la hegemonía mercantil neerlandesa en el siglo y fomentó el desarrollo de distintos sectores productivos, desde la pesca del arenque a las refinerías de sal, la producción textil o la naval.
Algunos de los principales puertos comerciales ya estaban en poder de Suecia cuando estalló la guerra: Pernau desde 1617, Narva desde 1581, Revel desde 1561 y Riga desde 1621. También lo estaba Finlandia (4,4 % del tráfico Ámsterdam-Báltico) y Pomerania occidental (1,7 %). Curlandia, autónoma en la Confederación polaco-lituana, representaba en torno al 4,4 % del comercio entre Ámsterdam y el Báltico. Otro territorio autónomo polaco-lituano, en este caso administrado por el elector de Brandeburgo, el Ducado de Prusia —muy especialmente Königsberg—, acaparaba alrededor del 6 % del comercio holandés en la zona.
Etapas de la guerra Rápida invasión sueca de Polonia-Lituania Plan sueco y preparativos
Suecia empezó a prepararse para entrar en guerra en diciembre de 1654 y dado el gran coste que suponía pagar a sus mercenarios, preveía desencadenar las hostilidades cuanto antes, para que estas tropas se sostuviesen en terreno extranjero. Pese a su coste, eran buenas tropas, veteranas del conflicto alemán, y contaban de excelente artillería. La decisión de entrar en guerra se debió a una conjunción de motivos: el temperamento belicoso regio; la falta de fondos para pagar a las tropas tras el fin de la guerra en Alemania que había puesto fin a los ingresos por exacciones y a las contribuciones de los aliados, a la que se sumaban la reducción de contribuciones de las tierras de realengo, menguadas, y de los ingresos por exportación de cobre por la bajada del precio de este metal; y la tradición de que el ejército se mantuviese fundamentalmente del territorio en el que se hallaba. Los planes bélicos suecos preveían que el nuevo conflicto sirviese para hacer que el fisco se sostuviese gracias a aranceles comerciales y no a impuestos sobre la tierra. Para ello pretendían bien apoderarse de los rentables puertos polacos —en especial, de Danzig, que concentraba un tercio de todo el comercio báltico— y, llegado el caso, de zonas de Noruega y del estrecho de la Sonda, que facilitasen las exportaciones.
Carlos Gustavo optó por atacar Polonia-Lituania en marzo de 1655 tras descartar a Rusia como objetivo. El propósito principal del monarca sueco era la Prusia Real. Para entonces Polonia-Lituania ya se encontraba en graves dificultades en su guerra con Rusia y los rebeldes cosacos, a los que debía combatir con fuerzas muy inferiores a las de estos y tenía exiguas reservas para hacer frente a los invasores suecos. Estas se habían destinado a proteger Prusia, y la defensa de la Gran Polonia, cuyas fuerzas regulares se hallaban destinadas en Ucrania combatiendo a los rebeldes, se fiaba en las milicias locales.