El Ejército del Danubio () fue un ejército del Directorio que en 1799 participó en la campaña del suroeste, en el valle del alto Danubio. Se formó el 2 de marzo de ese año con las fuerzas del Ejército de Observación, que simplemente cambió de nombre. Este había vigilado los movimientos austriacos en la frontera entre la Primera República Francesa y el Sacro Imperio Romano Germánico. Lo mandó el general Jean-Baptiste Jourdan, primer conde de Jourdan (1762-1833).

La formación del ejército fue parte de la estrategia del Directorio francés para socavar la influencia de los Habsburgo en el Sacro Imperio y reforzar la francesa en Europa central tras las guerras de la Primera Coalición y el Tratado de Campo Formio de 1797. Pese a lo dispuesto en el tratado, Austria y Francia no confiaban la una en la otra; por ello, el propósito del Ejército de Observación era vigilar posibles transgresiones fronterizas de los austriacos. Cuando se convencieron de que el Congreso de Rastatt estaba bloqueado, los franceses ordenaron al Ejército de Observación que cruzase el Rin. El ejército debía apoderarse de las posiciones estratégicas en el suroeste de Alemania (en el moderno Baden-Württemberg) y enfrentarse al ejército austriaco del archiduque Carlos. Mientras, el Ejército de Helvecia, a las órdenes de André Masséna, tomaría otras posiciones estratégicas como el paso de San Gotardo, la meseta suiza y la cuenca alta del Rin.

El ejército participó en cuatro batallas. En la de Ostrach y la primera de Stockach, el Ejército del Danubio se retiró tras sufrir copiosas bajas. Después de reorganizarse y unirse a algunas de las unidades del ejército suizo de Masséna, se replegó tras combatir con las fuerzas más numerosas de Carlos en Zúrich a principios de junio de 1799; solamente en la segunda batalla de Zúrich el ejército se alzó con una victoria clara. En diciembre de 1799, el Ejército del Danubio se unió al Ejército del Rin.

Antecedentes Al comienzo, los soberanos de Europa, entre los cuales José II, el emperador del Sacro Imperio, consideraron que la revolución en Francia era un asunto interno francés que debían dirimir el rey francés y sus súbditos, y en el que no debían entrometerse. Pero cuando la retórica revolucionaria se radicalizó, las monarquías europeas comenzaron a preocuparse por los acontecimientos que tenían lugar en Francia. Leopoldo, que había sucedido a José en el trono imperial en 1791, observaba con creciente angustia la situación en que se hallaba su hermana María Antonieta y sus hijos. Pese a la radicalización de la revolución, trató de evitar la guerra pero, a finales del verano y tras consultar con nobles franceses emigrados y con Federico Guillermo II de Prusia, proclamó la Declaración de Pillnitz, en la que el emperador y el rey prusiano expresaban la comunidad de intereses entre los soberanos europeos y la familia real francesa. El documento contenía graves pero veladas amenazas sobre lo que podría pasar si algo llegaba a sucederle a esta.

En 1792, la posición de la república francesa era cada vez más difícil. A los problemas económicos y sociales se unía la agitación de los emigrados, que fomentaban una contrarrevolución que restaurase el gobierno absolutista. Los principales de estos emigrados eran Luis José, príncipe de Condé (primo de Luis XVI), el hijo de este, Luis Enrique, duque de Borbón, y su nieto, Luis Antonio, duque de Enghien. Desde su base en Coblenza, junto a la frontera francesa, buscaban ayuda militar de las monarquías europeas, y reclutaron un pequeño ejército. La ascensión al trono del Sacro Imperio del joven e intransigente Francisco tras la muerte de su padre en julio de 1792 también preocupó a la república.

El 20 de abril de 1792, la Convención Nacional francesa declaró la guerra a Austria. En esta guerra de la Primera Coalición (1792-98), Francia se enfrentó a la mayoría de los Estados europeos que lindaban con ella, además de con Portugal y el Imperio otomano. Pese a que las fuerzas de la Coalición consiguieron varias victorias en Verdún, Kaiserslautern, Neerwinden, Maguncia, Amberg y Würzburg, las victorias de Napoleón Bonaparte en el norte de Italia expulsaron a las fuerzas austriacas de la península italiana y condujeron a la firma de la Paz de Leoben (17 de abril de 1797) y luego al Tratado de Campo Formio (octubre de 1797).

De octubre de 1797 hasta que el Ejército del Danubio penetró en Alemania en marzo de 1799, los firmantes del Tratado de Campo Formio evitaron enfrentarse. Pero, a pesar de haber suscrito el tratado, las dos principales adversarias, Francia y Austria, no confiaban la una en la otra. Varios incidentes diplomáticos socavaron el acuerdo. Los franceses reclamaron ciertos territorios que no se habían mencionado en él. Los Habsburgo eran remisos a entregar incluso los que sí se habían estipulado en el tratado y se negaron a ceder aquellos que no se habían incluido en el documento. El Congreso en Rastatt no logró organizar la entrega de los territorios que los príncipes alemanes debían recibir para compensar sus pérdidas. En el sur de la península italiana, Fernando de Nápoles rechazó pagar tributo a Francia; estalló una rebelión general en el reino, que fue aplastada por los franceses y que originó la proclamación de la República Partenopea. Más al norte, los republicanos de los cantones suizos, con la colaboración del ejército francés, derrocaron al Gobierno central de Berna y establecieron la República Helvética.

Otros factores también contribuyeron a que aumentase la tensión. De camino a Egipto, Napoleón había anclado en Malta y expulsado de ella a los hospitalarios, lo que disgustó al zar Pablo, gran maestre honorario de la Orden. El Directorio francés, además, estaba convencido de que los austríacos se preparaban para emprender otra guerra. De hecho, según se debilitaba la república francesa, se multiplicaban las conversaciones entre austríacos, napolitanos, rusos y británicos sobre la conveniencia de acometer un nuevo conflicto.

Propósito y formación miniatura|upright=1.7|Evolución organizativa del Ejército del Danubio.|derecha Los estrategas militares franceses consideraban que el norte del valle del Rin, los territorios alemanes del suroeste y Suiza eran importantes para el defensa de la República. Los puertos suizos daban acceso al norte de Italia y, por tanto, el ejército que los controlase podría trasladar tropas del norte al sur de los Alpes con facilidad. Por otro lado, el Rin era una barrera formidable para lo que los franceses creían que era una agresión austriaca, y el Estado que controlase los puentes del río dominaba también este, de ahí el interés francés por los territorios del suroeste de Alemania. Finalmente, el dominio del alto Danubio permitiría a Francia trasladar tropas a cualquier punto entre Italia y el mar del Norte, lo que suponía una gran ventaja estratégica.

Para alcanzar este objetivo, a principios de noviembre de 1798, Jourdan llegó a Huningue, cerca la ciudad suiza de Basilea, para tomar el mando del Ejército de Observación, llamado así porque su función era observar las actividades que pudiesen poner en riesgo la seguridad de la frontera francesa del Rin. Jourdan evaluó la calidad y la disposición de las fuerzas e identificó las necesidades del ejército, tanto en hombres como en material. El ejército cuyo mando había asumido se encontraba en malas condiciones para cumplir su cometido. Tanto el suyo como los ejércitos colindantes, el Ejército de Helvecia (Suiza) y el Ejército de Maguncia, no contaban con suficiente dotación, abastos, municiones y adiestramiento. Jourdan registró estas deficiencias en numerosas ocasiones en largas cartas que envió al Directorio, en las que alertaba de las consecuencias de mantener al ejército escaso de tropas y de suministros; sus peticiones, no obstante, no hicieron mella en el Directorio, que apenas le envió nuevos soldados o material.

miniaturadeimagen|Una vez en la orilla derecha del Rin, tras haber cruzado este en Kehl y Huningue, las acciones del Ejército del Danubio se centraron en las orillas del gran río. Las órdenes de Jourdan eran penetrar en Alemania y apoderarse de ciertas posiciones estratégicas, especialmente las situadas en las carreteras de Stockach y Schaffhausen, en el extremo occidental del Lago de Constanza. Las órdenes del jefe del Ejército de Helvecia, André Masséna, eran parecidas: debía tomar puntos estratégicos en Suiza, en particular el paso de San Gotardo, los puertos de Feldkirch, en especial el de Maienfeld (St. Luciensteig), y dominar la meseta de la comarca de Zúrich y Winterthur. El control de estas posiciones impediría a los aliados de la Segunda Coalición trasladar tropas entre la península italiana y Alemania. Además, desde estos puntos, los franceses controlarían los accesos occidentales a Viena. Para completar el aislamiento de esta, el Ejército de Maguncia se dirigiría al norte, para cortar las comunicaciones entre la capital austriaca y las provincias del norte y el Reino Unido.

Cruce del Rin El 1 de marzo de 1799, el Ejército de Observación, en orden de batalla y con unos treinta mil soldados distribuidos en cuatro divisiones, cruzó el Rin en Kehl y Basilea; en ese momento, tomó el nombre de Ejército del Danubio. Los cuatro grupos eran:

La vanguardia, con unos nueve mil soldados al mando del general François Joseph Lefebvre que, sin embargo, en aquel momento mandaba interinamente Dominique Vandamme. Este grupo también englobaba el destacamento izquierdo de unos tres mil soldados que luego Vandamme condujo a Stuttgart. La 1.ª División, con unos ocho mil soldados al mando del general Pierre Marie Barthélemy Ferino. La 2.ª División, con unos siete mil, mandados por el general Joseph Souham. la 3.ª División, con otros siete mil al mando de Laurent Saint-Cyr, que constituía el flanco izquierdo del ejército. La reserva, con unos tres mil hombres mandados por Jean-Joseph Ange d'Hautpoul.

El ejército avanzó en cuatro grupos. La 1.ª División, en el flanco derecho, se reunió en Hüningen, cruzó a Basilea y siguió la orilla oriental septentrional del Rin hacia el lago Constanza. El grupo de vanguardia cruzó el río en Kehl, y Vandamme lo dirigió al noreste a través de las montañas por Freudenstadt. Este grupo acabó formando el flanco izquierdo del ejército. Le siguió la 2.ª División, que cruzó el Rin también por Kehl. La 3.ª División y la reserva también atravesaron el río en Kehl, y luego se separaron: la 3.ª División se dirigió a la Selva Negra y pasó por Oberkirch; la reserva, con la mayoría de la artillería y la caballería, marchó más al sur, por el valle de Friburgo de Brisgovia, donde había más forraje, y luego cruzó las montañas por el Titisee, camino de Löffingen y Hüfingen.

A pesar de que Jourdan podría haber establecido una posición en la vertiente oriental de las montañas —mucho más conveniente— siguió hacia el este a través de la llanura del Danubio, disponiendo sus fuerzas temporalmente entre Rottweil y Tuttlingen. Finalmente fijó una línea con centro en Pfullendorf. Planeaba enfrentarse al ejército austriaco que mandaba su jefe, el archiduque Carlos, en la meseta de Ostrach.