«Tercer peronismo» es el nombre más habitual con que se conoce en la historia argentina al período transcurrido entre el 25 de mayo de 1973 y el 24 de marzo de 1976, durante el cual se sucedieron las presidencias constitucionales de Héctor J. Cámpora, Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón, así como el interinato de Raúl Lastiri, entre Cámpora y Perón, todas pertenecientes al peronismo. Comienza con la recuperación de la democracia el 25 de mayo de 1973, luego de la victoria electoral del FREJULI el 11 de marzo de 1973 —luego de dieciocho años de dictaduras y elecciones con proscripciones— y finaliza con el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976, mediante el cual se estableció la dictadura autodenominada «Proceso de Reorganización Nacional».
La denominación de «tercer peronismo» no es unánime ni unívoca, pero es habitual y la única utilizada para referirse al período que tiene cierta difusión. Fue utilizada por primera vez en el libro Los cuatro peronismos (1985) de Alejandro Horowicz, donde el autor distingue la etapa inicial que finaliza con el golpe de 1955 (primer peronismo), las casi dos décadas de resistencia y proscripción que vinieron a continuación (segundo peronismo), la experiencia del peronismo revolucionario y la llegada al gobierno en 1973 (tercer peronismo) y la destrucción del tercer peronismo realizada durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón (cuarto peronismo). Antonio Cafiero utiliza la expresión «tercer gobierno peronista». Algunos analistas también se refieren al mismo período con la expresión «segundo peronismo».;
Hernán Merele dice que el período llamado «tercer peronismo» oculta, tras una aparente imagen de unidad dada por un mismo signo político compartido por los gobiernos de ese lapso, una máxima condensación de tensiones y contradicciones pocas veces visto y establece tres etapas coincidentes con las respectivas presidencias. La del presidente Cámpora caracterizado por la esperanza y el triunfalismo de amplios sectores de la sociedad, la del presidente Perón que fue signada como etapa de agonía y disolución del modelo populista y que se asocia a la imagen de una guerra interna entre peronistas bajo el arbitraje del propio Perón. Finalmente, la de la presidenta María Estela Martínez asociada a una crisis plural, política, social y económica, una creciente vacancia de autoridad, la elección del militarismo por la guerrilla y el avance de los militares hacia el poder.
Antecedentes y contexto Entre 1946 y 1955 el Partido Peronista con fuerte apoyo sindical y de los sectores sociales postergados llamados despectivamente «cabecitas negras», gobernó la Argentina durante las dos primeras presidencias democráticas de Juan Domingo Perón. La población se dividió en dos bandos enfrentados: peronistas y antiperonistas. El 16 de septiembre de 1955 un golpe de Estado cívico-militar, con fuerte apoyo de la clase alta y las clases medias, Reino Unido (supuestamente)Perón afirmaba que Gran Bretaña era enemiga de su gobierno y definió al golpe que lo derrocó como "la cuarta invasión inglesa". El diputado radical Oscar Alende denunció en el Congreso Nacional, el 28 de agosto de 1955, que la flota británica proveniente de Malvinas había reabastecido a la buques de la Armada argentina que participarían en el golpe el mes siguiente.El 14 de noviembre de 1955 dos periodistas norteamericanos de las revistas Time y Life sostuvieron que "Este es un desembarco británico" y que Gran Bretaña le proporcionó a los golpistas las espoletas y el combustible.; Rapoport y Siegel sostienen que Gran Bretaña esponsoreó el golpe de Estado de 1955. y la Iglesia católica, derrocó al gobierno peronista e instaló una dictadura que se autodenominó «Revolución Libertadora». En un primer momento, esa dictadura liderada por el general Eduardo Lonardi se propuso preservar los derechos sociales y económicos sancionados por el peronismo, utilizando el lema «ni vencedores, ni vencidos», pero un golpe interno realizado pocos meses después, llevó al poder a grupos radicalmente antiperonistas liderados por el general Pedro Eugenio Aramburu, que establecieron como uno de sus objetivos centrales reprimir al peronismo y «desperonizar» a la población.
Durante los siguientes dieciocho años, el Estado y los medios de comunicación llevarían adelante una intensa acción pedagógica y propagandística dirigida a convencer a las nuevas generaciones que el peronismo era una ideología política dañina y antidemocrática. Perón mismo fue acusado en varios juicios por delitos como traición a la patria y estupro, un Tribunal de Honor de la dictadura le privó del grado militar y del uso del uniforme y un tribunal especial de la dictadura dispuso la confiscación o «transferencia gratuita al Estado» de sus bienes, que les serían restituidos al retornar la democracia en 1973.La sentencia fue dictada por un un tribunal ad hoc designado por la dictadura y convalidado por la Corte Suprema de Justicia de facto, nombrada también por la dictadura que derrocó al presidente constitucional Juan Domingo Perón, al Congreso Nacional y a la Corte Suprema de Justicia y abolió la Constitución. El juicio fue realizado en ausencia de Perón quien formuló sus defensas por intermedio de su abogado, quien alegó que los bienes provenían de regalos recibidos. La sentencia puntualizó que entre esos bienes estaban la finca de la calle Gelly y Obes Nº 2287/89, de esta Capital, que consta de planta baja, 8 pisos y terrazas; del edificio de la calle Callao número 1944, integrado por planta baja y 8 pisos, con 17 departamentos; de otro inmueble situado en la calle Teodoro García Nº 2102, con tasación judicial de $ 545.300; de otro situado en Casa Grande (provincia de Córdoba), con valuación fiscal de $ 160.000. Poseía acciones por valor de $3.000.000 del Establecimiento Santa María, Monte, (provincia de Buenos Aires), que Juan Duarte entregó a Héctor J. Díaz, presidente entonces del Banco de la Provincia para ser depositadas en dicho banco, con la manifestación de que solo podía disponer de ellas J. D. Perón” (fojas 76 y 77 de estos autos); acciones de La Territorial la Victoria S.A., del Uruguay, por valor de 200.000 pesos oro uruguayos. En dinero, aparte de diversas sumas en depósito bancarios por valor de $ 50.000, más o menos, tenía a su sola disposición y sin cargo de rendición de cuentas, la suma de $ 5.623.707 correspondientes a la Fundación Eva Perón. Además, en las diversas residencias del expresidente se encontraron 1.250 plaquetas de oro y plata, 756 objetos de platería y orfebrería. 650 alhajas (aros, anillos, etcétera), 144 piezas de marfil, 211 motocicletas y motonetas, 19 automóviles, 1 avión, 2 lanchas, 394 objetos de arte, 430 armas antiguas y modernas, además de otros objetos valiosos. En 1973 el Congreso de la Nación ordenó la restitución a Perón de todos los bienes confiscados.
La ciudadanía peronista respondió dando lugar a un movimiento heterogéneo conocido con el nombre de la "Resistencia peronista". En la Resistencia peronista desempeñó un papel de gran importancia el movimiento sindical, que recuperó la conducción de la mayoría de los sindicatos. Pero la Resistencia peronista se instaló también en movimientos barriales, estudiantiles, religiosos, culturales, e incluso militares y guerrilleros. La mayor parte de los grupos de resistencia peronista, reconocían que el liderazgo del movimiento correspondía a Perón, que estaba exiliado en España. Pero algunos de estos grupos impulsaban un "peronismo sin Perón" o neoperonismo, que se fortalecía a medida que pasaba el tiempo y Perón seguía exiliado. Perón intentó volver a la Argentina en 1957 y 1964, pero ambas operaciones fracasaron.Perón intentó volver en 1957 mediante la Operación Elefante que planeaba establecer una zona liberada en Jujuy desde donde reconquistar el país, y en 1964 con el mítico avión negro, impedido por el presidente radical Arturo Illia recurriendo a la colaboración de la dictadura militar brasileña. ;
Durante los 18 años en los que el peronismo fue proscripto (1955-1973) se alternaron dictaduras y gobiernos de legitimidad cuestionada debido a la proscripción del peronismo, a la que luego se sumó también la proscripción del frondizismo. En todos los casos fracasaron los intentos de organizar un sistema político que excluyera a la ciudadanía peronista, que deslegitimaba su proscripción recurriendo al voto en blanco. El peronismo aparecía así como un dilema insoluble para las élites que intentaban imponer un sistema político que lo excluyera. John William Cooke, uno de los principales líderes de la resistencia peronista y formulador teórico del peronismo revolucionario en esa etapa, diría por esta razón que el peronismo es el hecho maldito del país burgués.La frase textual de Cooke es la siguiente: "Durante bastante tiempo, el prestigio de Perón evitó las colisiones, pero aunque podía absorber estas contradicciones, no las suprimía; algunas aparecieron a la luz en los momentos finales del régimen, otras después de la caída. El equilibrio era ya insostenible, y el frente estaba desarticulado. Eso explica por qué el peronismo sigue siendo el hecho maldito de la política argentina: su cohesión y empuje es el de las clases que tienden a la destrucción del statu quo". En Peronismo y revolución. El peronismo y el golpe de estado. Informe a las bases (1973), Buenos Aires: Granica pp. 103-104.
La persecución y exclusión del peronismo de la vida política argentina entre 1955 y 1973 se produjo simultáneamente con otros procesos históricos internacionales, que convergieron en este conflicto. En primer lugar la Guerra Fría. La Guerra Fría llevó a Estados Unidos a establecer en América Latina, lo que se llamó Doctrina de la Seguridad Nacional, de la mano de la cual se establecieron dictaduras militares permanentes desde 1964 y métodos represivos basados en el terrorismo de Estado, con el fin de aniquilar a los movimientos nacionalistas y los grupos de izquierda, acusados de ser agentes de «infiltración marxista» -concepto que ocupará un lugar central en los conflictos políticos sucedidos durante el tercer peronismo-. El centro de irradiación de la Doctrina de la Seguridad Nacional fue la Escuela de las Américas, instalada en la base estadounidense del Canal de Panamá. La Primavera de Praga de 1968 y la represión soviética del movimiento, fortaleció las posturas de no alineamiento en la Guerra Fría, que el peronismo sostenía desde el principio bajo la política de la tercera posición.
En 1958/1959 se realizó también la Revolución cubana, que tuvo una fuerte influencia en los movimientos sociales y populares latinoamericanos, sobre todo al mostrar que la guerrilla podía ser una estrategia exitosa para derrotar a las dictaduras dominadas por las oligarquías locales y las empresas extranjeras. En 1968 se produjeron la Revolución peruana conducida por el general Juan Velasco Alvarado y la revolución panameña conducida por el general Omar Torrijos, y en 1970 se produjo el triunfo electoral de Salvador Allende en Chile dando inicio a un novedoso intento de realizar una "vía democrática al socialismo". Esos movimientos adoptaron identidades nacionalistas, definiéndose como «antiimperialistas» y fueron expresados genéricamente en los años 1960 y 1970 por la categoría política de «liberación» o más puntualmente, «liberación nacional».
En las décadas de 1960 y 1970 se produjeron grandes transformaciones en el cristianismo y muy especialmente en el catolicismo, que tuvieron su máxima expresión en el Concilio Vaticano II y en la aparición en América Latina de la Teología de la liberación, llamando a los cristianos a optar por los pobres. En Argentina la rama de la Teología de la liberación que predominó fue la Teología del pueblo, más relacionada con la experiencia peronista.