El hospital de la Resurrección fue una antigua institución hospitalaria española, hoy desaparecida, que atendió a pobres y enfermos de la ciudad de Valladolid durante más de tres siglos. Se ubicaba fuera de la puerta del Campo, ocupando un antiguo edificio donde se encontraba entonces la mancebía de la ciudad cuyas inquilinas y administradores fueron desalojados y trasladados sin miramientos a las once de la noche del 25 de marzo de 1553.Sangrador y Vítores, Historia de la muy Noble y Leal Ciudad de Valladolid , 1854. El hospital comenzó su existencia con tres administradores al frente que se ocuparon en primer lugar de renovar y adecentar el edificio. La institución se regía por la Regla y ordenanza de la cofradía del hospital de la Resurrección. A lo largo de los años se fueron haciendo obras de ampliación y mejora, construcción de la iglesia y más dependencias. Como hospital marchaba bastante bien. Con la llegada de las tropas de Napoleón a principios del siglo sufrió una gran convulsión convirtiéndose en hospital militar para el ejército francés. Tras los años de guerra hubo cambios administrativos y sociales que afectaron al hospital aunque no cesaron las obras y mantenimiento; pero tenía ya los días contados y se había organizado una comisión para la construcción de un nuevo centro en otro lugar. En octubre de 1883 se ordenó por decreto su derribo que tendría lugar a finales de 1890. Se había iniciado ya la subasta del desmonte y se pudo rescatar la parte de arriba de la portada con la escultura del cristo resucitado que se conserva en los jardines delanteros de la casa de Cervantes y de la Real Academia de Bellas Artes. En el solar del desaparecido hospital se levantó años más tarde el edificio llamado casa Mantilla.

El hospital de la Resurrección forma parte del patrimonio desaparecido de Valladolid.

Antecedentes históricos

En este mismo lugar donde se ubicó el hospital de la Resurrección y en este mismo edificio estaba la mancebía, regida por la cofradía de la Consolación y la Concepción cuyos datos documentales se conservan y dan fe de los hechos. La zona antigua de las mancebías vallisoletanas estuvo en la ronda de Santisteban (más tarde calle de José María Lacort) y en esos parajes poseía el ciudadano García de Sagredo unas casas de mujeres públicas. Como el negocio marchaba bastante bien, en 1445 pidió al Regimiento (Ayuntamiento) que le concediera el solar que había frente a la puerta del Campo para construir otras casas y boticas.La palabra botica en este contexto tiene el significado de tienda.. El Ayuntamiento concedió el solar en régimen de arrendamiento y ese mismo año se construyó la casa que es la misma que fue ocupada después para el hospital. En 1478 García de Sagredo, siguiendo los deseos de su esposa fallecida donó el beneficio del negocio a la cofradía de la Consolación, con la ratificación de los Reyes Católicos y más tarde de la reina Juana y del emperador Carlos. La cofradía empleaba los ingresos obtenidos para mantener un hospital de su propiedad situado en la calle del Campo (hoy calle de Santiago) frente al monasterio de las Comendadoras de Santa Cruz.

En el siglo la ciudad iba creciendo hacia el sur sustituyendo huertas por viviendas; llegó un momento en que se demostró lo improcedente de una casa de mancebía en aquellos parajes ya urbanizados y bastante frecuentados por los ciudadanos por lo que empezaron las protestas y el planteamiento de una solución. Los administradores de los hospitales de Canseco y de los Santos se pusieron de acuerdo para pedir directamente al Ayuntamiento la concesión de la casa y el solar de la mancebía para rehabilitarlo como hospital de pobres, un hospital grande y capaz que sería muy beneficioso para la ciudad.El hospital de Canseco estaba en la calle de San Benito el Viejo junto a las casas del marqués de Toral y el de los Santos pertenecía a la feligresía de la iglesia del Salvador.

Fue necesaria la licencia del Consejo Real. La petición siguió su curso y el 17 de enero de 1552 se dio en Madrid una Real provisión que llegó a Valladolid en el mes de febrero, donde se aconsejaba a los interesados llegar a un acuerdo para realizar el proyecto. La traba principal era conseguir otro espacio para la mancebía. Las conversaciones duraron un año hasta que finalmente el problema o problemas se solucionaron por las bravas, según el relato del historiador Matías Sangrador.

Tras estos acontecimientos el hospital comenzó su andadura con los administradores Antonio de Zamora, Alonso de Portillo y Gregorio Torquemada. Pasados unos años quedó Portillo como único administrador. Su mayor deseo y preocupación fue agrandar y mejorar el edificio antiguo de la mancebía que se iba quedando pequeño e inadecuado.

Historia Siglo El hospital se puso enseguida en funcionamiento. En 1569 entraban diariamente entre cincuenta y sesenta pobres enfermos —hombres y mujeres—, «dándoles todo lo necesario y con la mayor limpieza», según se afirma en los documentos. Seguían unas reglas propias llamadas Regla y ordenanzas de la cofradía del hospital de la Resurrección que fue ratificada el 20 de septiembre de 1573 en una reunión o cabildo integrado por los cofrades y diputados, administrador y cura de la casa. Alonso de Portillo tenía el cargo de mayordomo y administrador. Se estipularon una serie de normas, entre otras: obligación del administrador de llevar un libro con las anotaciones de los nombres de los hospitalizados, su procedencia, hacienda o posibles económicos con que contaran, día de entrada, día de defunción si era el caso; sólo se podían admitir a los pobres enfermos de bubas, pues se decía que fue para ellos para quienes se ordenó y abrió el establecimiento. Pero más tarde se admitieron otros enfermos y consta que en 1599 «... continuamente se curan... muchos pobres de llagas y sudores... males contagiosos en seis enfermerías que hay... siempre están las enfermerías llenas y la cura es tan útil y provechosa y tan general que de más de veinte leguas a la redonda no hay otro hospital do se curen estas enfermedades.»

Con el hospital en funcionamiento comenzaron las obras de ampliación y de mejora que duraron todo el siglo . En la memoria de gastos consta que las obras comenzaron el 15 de mayo de 1553. Por esas fechas los administradores se pusieron en contacto con Juan de la VegaMaestro constructor y arquitecto tracista del hospital, natural de Secadura (Junta de Voto en la merindad de Trasmiera, Cantabria). para realizar toda la obra del hospital, todo lo necesario, comprometiéndose el maestro a hacer también tapias y cimientos. En ese libro de gastos se señalan otros temas: la utilización de piedra de Castronuevo para las puertas y la descripción de las obras de la iglesia nueva con las medidas de de longitud y de anchura, con tres naves y soportes de madera de olmo o de negrillo o de pino. Para disponer otras dependencias hubo necesidad de más terreno, por lo que se compró en agosto de 1553 un solar casi pegado al hospital a la viuda de Pedro de la Cerda, a censo perpetuo de de renta anual. A lo largo del tiempo se instituyeron cuatro cofradías: la principal, según Canesi, llamada del Santísimo Sacramento —o Sacramental o de la Resurrección—, fundada por Portillo, cuyo cometido era enterrar a los enfermos fallecidos en el hospital, celebrar misas, sufragios, rezos de ánimas; otra llamada del Santo Sepulcro de Cristo, compuesta por individuos y tablajeros que pesaban en las carnicerías de la ciudad; y, además, las cofradías de la Limpieza y la de Nuestra Señora de los Gozos. Los artífices Juan de la Vega fue el principal maestro de obras y tracista del hospital; su trabajo está suficientemente documentado así como otras obras realizadas en la misma ciudad de Valladolid. Su taller estaba bien considerado, relacionado con los principios del movimiento clasicista de la ciudad.Esteban García Chico: Documentos para el estudio del arte en Castilla. T. I. Arquitectos. Valladolid 1940, p. 28. En ese taller se formó Juan de Nates que llegó a emparentar con Juan de la Vega al casarse con su hija María de la Vega. Nates trabajó también en las obras del hospital y así quedó registrado en los documentos de gastos entre 1584-1585. También se cita al cantero Francisco de la Maza en obras como la construcción de una bodeguilla, en el empedrado del patio, el asentamiento de puertas, la reparación de la noria, y poda del vergel; incluso se le nombra por «labrar y asentar el sepulcro del administrador Portillo», que había muerto por aquellas fechas.

Pedro de Mazuecos el Viejo aparece también en diversas tareas de tasación y de pagos a los maestros de cantería en 1579, y reaparece en 1589 en obras de carpintería y en la culminación del edificio con «armadura de dos aguas de par hilera».Armadura de «par e hilera» o parhilera, un tipo de armadura de cubierta a dos aguas, de perfil triangular, formada por pares de viguetas llamadas pares o alfardas, dispuestas según las aguadas y que apoyan en la hilera (cumbrera) y en las soleras (muros). Por entonces el administrador del hospital era el hermano Domingo de la Compañía de San Juan de Dios. En 1592 aparece de nuevo Juan de Nates certificando los pagos al carretero Domingo Lobo.

También el arte mueble tiene sus profesionales en la confección de muebles para archivos, aldabones, cerraduras, etc. Y en 1591 el artista Alonso Ximénez de Medina del Campo hizo una cruz y unos relicarios.

Siglos El traslado de la Corte a Valladolid en el reinado de Felipe III, desde 1601 a 1606, supuso un cambio en la vida de sus ciudadanos y en el desarrollo urbano y socialde la nueva capital. En torno a la Corte llegaron personajes famosos o de categoría o simplemente hombres de la administración que con el tiempo y por otras circunstancias consiguieron una gran relevancia. Tal es el caso de Miguel de Cervantes que llegó a Valladolid a mediados de 1603 reclamado por el Consejo de Hacienda para rendir cuentas ante la Contaduría General. Cervantes y su numerosa familia se acomodarían a su llegada en alguna casa de la que no se tiene constancia hasta que el constructor Juan de las Navas edificó en agosto de 1604 unas casas en la zona del Rastro Nuevo de los Carneros, cercanas a la orilla izquierda del Esgueva y a pocos metros del hospital de la Resurrección. Cervantes alquiló una de esas casas y en ella vivió hasta pocos meses después del regreso de la Corte a Madrid.