La Biblioteca de Literatura Afrocolombiana es una colección de novelas, cuentos, poesía, narración oral y ensayos representativos de la literatura afrocolombiana reunida en 18 tomos y lanzada en 2010 por el Ministerio de Cultura de Colombia.
Contexto histórico La Biblioteca fue publicada con motivo de los 200 años de la Independencia de Colombia, con los propósitos de resignificar el concepto de diversidad y el canon de la literatura nacional, visibilizar los procesos escriturarios de resistencia cultural de algunos de los autores afrocolombianos más destacados.
El principal público era la población afrodescendiente. Se tenía previsto llevar a cabo los procesos de apropiación y socialización de la biblioteca con el fin de darles a conocer la riqueza cultural y sus aportes en la construcción de nación.
Antecedentes Laurence E. Prescott, en su artículo Evaluando el pasado, forjando el futuro: estado y necesidades de la literatura afrocolombiana, publicado en 1999, plantea que la literatura afrocolombiana no goza de amplio reconocimiento dentro del país y sugiere la creación de una bibliografía específica de la obra de autores afrocolombianos. Menciona también que el único intento del que tiene conocimiento para la época del escrito es una antología de autores negros inédita realizada por el antropólogo Rogerio Velásquez. Una de las hipótesis que maneja para la falta de estudio y divulgación es que hay un temor en insistir en una identidad negra, pues esto podría llevar a un pensamiento separatista. Afirma que “la literatura de Colombia, se dice, es única y unida, como su pueblo”
Dentro de su escrito, destaca a Candelario Obeso como “el primero que proyectó proyectar dentro de la poesía nacional una presencia afrocolombiana íntegra y orgullosa” y a Jorge Artel, con su obra Tambores en la noche, como el escritor afrocolombiano que “se atrevió a enfrentar plenamente —sin vergüenza ni odio— la situación histórica y la herencia cultural de África en Colombia” Destaca también a Helcías Martán Góngora y a Hugo Salazar Valdés, entre otros, como voces del coro de la literatura afrocolombiana. A pesar de esto, aclara que dichos autores apenas si son brevemente mencionados en las antologías de literatura, y que solo las obras de algunos de estos autores han sido objeto de libros.
Otro de los puntos que toma es la necesidad de investigar la producción literaria de mujeres afrocolombianas. Al respecto, menciona que las pequeñas tiradas o la falta de publicidad impiden que las obras y sus autoras sean conocidas.
Su conclusión es “Identificar los escritos de autores afrocolombianos, divulgar y ponerlos en circulación e incorporarlos en el currículum escolar y universitario, son medidas necesarias para afirmar la literatura afrocolombiana, realzar la cultura multiétnica de Colombia y asegurarles un futuro más prometedor.” (562)
Autores Y Prologuistas Los autores presentes en la Biblioteca son Gregorio Sánchez Gómez, Arnoldo Palacios, Manuel Zapata Olivella, Hazel Robinson Abrahams, Carlos Arturo Truque, Óscar Collazos, Lenito Robinson-Bent, Jorge Artel, Candelario Obeso, Hugo Salazar Valdés, Helcías Martán Góngora, Alfredo Vanín, Pedro Blas Julio Romero, Rómulo Bustos, Rogerio Velásquez y varias poetas afrocolombianas, entre las que se destacan Lucrecia Panchano, María Teresa Ramírez, Laura Victoria Valencia, Elcina Valencia, Ana Milena Lucumí Orosteguí y Mary Grueso. Las tres últimas forman parte del grupo de las Almanegras, título que reciben las poetas colombianas que han logrado la excelencia en su obra poética.
Los prologuistas son Jairo Henry Arroyo Reina, Óscar Collazos, Darío Henao Restrepo, Ariel Castillo Mier, Alejandro José López Cáceres, Claudine Banceline, Alfredo Vanín, Baudilio Revelo Hurtado, Camilo Revelo González, Carolina Revelo González, Javier Ortiz Cassiani, Lázaro Valdelamar Sarabia, Javier Ferrer Ruíz, Fabio Martínez, Cielo Patricia Puello Sarabia, Wilfredo Esteban Vega Bedoya, Juan Diego Mejía, Roberto Burgos Cantor, Guiomar Cuesta, Alfredo Ocampo, Germán Patiño y Alfonso Múnera.
Temas
Rituales mágico-religiosos Según Jairo Henry Arroyo Reina, historiador docente de la Universidad del Valle, en La bruja de las minas Gregorio Sánchez da cuenta del “mapa sociocultural de las minas y [describe] de manera perfecta los rituales mágico-religiosos de la población negra y mestiza que trabajaba en las minas”. En la novela se contrapone el efecto de los brebajes de la bruja y los métodos del médico del caserío, donde se privilegia la creencia popular de la comunidad afro sobre el conocimiento occidental.
Realismo mítico Es una categoría creada por Manuel Zapata Olivella, que está presente en su obra más importante: Changó, el gran putas. Con esto se refiere a “una forma de interpretar los hechos históricos a través de la imaginación y del mito”, ya que mezcla la realidad de la mitología africana y la reconstrucción de la memoria de los pueblos afro. El realismo mítico da cuenta del aporte africano a la literatura de Zapata Olivella, en la que el autor busca mostrarle al lector latinoamericano el mundo africano del que proviene la población afro del continente.
Negritud La hija de Carlos Truque, la escritora Sonia Truque, señala que en los cuentos de su padre existe el cuestionamiento de la discriminación social y racial, la violencia y la presencia africana, es decir la negritud. En varios de sus cuentos en Vivan los compañeros se reivindican sujetos afrodescendientes que son marginados normalmente en la sociedad y, como en Zapata Olivella, resalta el tema de lo africano.
Orfandad El tema se aborda en Sobre nupcias y ausencias, y otros cuentos, de Lenito Robinson-Bent. El tema se aborda sin acudir al abandono total “debido al papel de padres que asumen los abuelos en sus cuentos –y en la vida real de las islas–, es una constante, pues los hombres se van por años o para siempre a remotos lugares, de los cuales no vuelven.”
Memoria El tema es abordado en Cuentos para dormir a Isabella para resaltar la importancia de la memoria colectiva para todos los pueblos, especialmente para aquellos que han sido marginados y que intentan entender y visibilizar su lugar en el mundo. Los compiladores de este tomo mencionan que ya libres los esclavos negros, la voz fue una suerte de bálsamo y de forma de traer a la memoria la base cultural de la raza negra y de volver a su origen, a la vez que resaltan el papel de los mayores en la construcción de memoria colectiva.
Visibilidad Los bogas del Magdalena son los protagonistas en Cantos populares de mi tierra y su lugar es de suma importancia en la poesía de Candelario Obeso, ya que “mientras que en la pluma de los otros escritores del siglo XIX esos pobladores eran asimilados al paisaje agreste a la espera de la redención del yo letrado y civilizador, en la escritura de Obeso son valorados conforme a sus propios referentes culturales, son seres humanos con visiones propias de la vida y de sí mismos que no están todo el tiempo esperando la influencia redentora del hombre blanco”. Por lo tanto, es también la visibilización de una población que había estado marginada en la literatura.
Mar negro Según el escritor Alfredo Vanín, Helcías Martán Góngora denominó a su poética como Mar negro. Esta se refiere al sufrimiento y lamentaciones del hombre negro en el contexto urbano y la poetización del pacífico, líneas temáticas que aparecen las obras Evangelios del hombre y del paisaje y Humano litoral.
Resistencia Pedro Blas Julio Romero trata el tema a lo largo de su obra: “la aprehensión del arquetipo de la libertad será el elemento central deconstructivo del relato oficial”; además, la resistencia es otro de sus temas recurrentes y la memoria “será el eje integrador recurrente”.
En No give up, maan!, también se aborda el tema de la resistencia desde la historia de la comunidad raizal.
Negredumbre Rogerio Velásquez, a través de sus ensayos de historia, etnografía y literatura, acuñó el término negredumbre, una categoría sociológica que se refiere a “la masa de negros que son objeto de su investigación, en una audacia semántica que relaciona negros con muchedumbre”, especialmente refiriéndose a la población del Chocó. Este término fue utilizado por Manuel Zapata Olivella en sus escritos. Sin embargo, afirma Germán Patiño, “extraña también que luego del aporte de Velásquez y las aclaraciones de Zapata el concepto se haya perdido y no sea tenido en cuenta por los investigadores de la afrocolombianidad”. Por el contrario, la academia se ha apropiado de conceptos traídos desde otros países sin tener en cuenta este término surgido en Colombia.
Identidad Hazel Robinson aborda el tema en No give up, maan! En esta novela, el protagonista recupera los sentimientos de identidad y pertenencia que surgen de la memoria común y reivindica la lengua, la música y las creencias, pues defender su cultura es lo que lo vuelve un ser digno.
En Tambores en la noche, la identidad se inscribe dentro de las raíces étnicas y los conflictos del hombre negro. Artel propone una identidad individual y una colectiva que adquieren valor en el ancestro, y que son tipo étnico y también histórico. Resalta además el elemento negro como acompañante de otras bases étnicas que construyen otro tipo de identidad. Finalmente, menciona las dos posiciones desde las que se aborda la identidad: el dolor-nostalgia y la rebelión.
En la obra de Hugo Salazar Valdés también se ve el reflejo de su búsqueda de identidad afrodescendiente al tiempo que explora su propia identidad poética.
En los Poemas de calle de Pedro Julio Blas Romero se cuestiona la identidad americana y el relato histórico oficial.
Música En la obra de Jorge Artel está presente este aspecto, presentado por el prologuista como la edificación con imágenes sonoras. En él, se destaca el uso de imágenes relacionadas directamente con el humano (la voz, el canto, el grito, el llanto, entre otras) e indirectamente (instrumentos musicales y sonidos de la naturaleza, entre otras), todo lo anterior tratado desde la cotidianidad del hombre Caribe, sus espacios, el dolor de la raza negra y la memoria.
En la primera parte de los textos compilados en Por los senderos de sus ancestros. Textos escogidos: 1940-2000, de Manuel zapata Olivella, trata temas relativos al folclor nacional, la literatura, la política o problemas sociales. Por ejemplo, el artículo «El porro conquista a Bogotá», menciona a este ritmo como fundamental en la formación de la nación. El prologuista de este tomo comenta que Manuel Zapata Olivella intentaba identificar los orígenes étnicos y raciales de algunas manifestaciones artísticas propias del folclor colombiano y mostrar que todas las músicas nacionales, a pesar de parecer extrañas entre ellas, tienen un aire común: las raíces negras, indígenas.
Rogerio Velázquez también aborda el tema en algunos de los ensayos recogidos en Ensayos escogidos
Oralidad El tema es abordado en la obra de Artel Tambores en la noche. Señala Luis Ferrer en su prólogo que en la obra de Artel se manifiesta de tres formas. La primera manifestación se da con contenidos de leyendas, rituales, presagios, coplas, entre otros. La segunda manifestación de oralidad es la forma de conversación presente. En Artel, generalmente los interlocutores son pares, es decir, miembros de su misma raza y establecen contacto de tipo empático o antagónico. La tercera manifestación es el habla popular, en la que se usan expresiones cotidianas de interacción propias del Caribe. Para este caso, se presentan rasgos de la pronunciación caribeña, como la elisión de algunas consonantes.