thumb|300px|Reconstrucción del coro románico en piedra del maestro Mateo, en el Museo de la Catedral de Santiago. El coro pétreo del maestro Mateo fue un conjunto arquitectónico-escultórico románico de la catedral de Santiago de Compostela, tallado totalmente en piedra por el taller de Mateo y construido hacia el año 1200. Fue desmontado entre 1603 y 1604 por orden del arzobispo Juan de Sanclemente para ser sustituido por otro de madera que encargó a Xoán Dávila y Gregorio Español, que fue desmontado a su vez en 1945.

El coro tenía una estructura rectangular y ocupaba los cuatro primeros tramos de la nave mayor a partir del crucero. En los tres primeros tramos se encontraban los 72 sitiales, en dos filas superpuestas, mientras que el cuarto tramo estaba ocupado por una tribuna sobre la que se encontraba el leedoiro.

Las piezas del coro románico derribado fueron aprovechadas en otras obras, tanto en la misma catedral como en ubicaciones más alejadas. El nuevo uso que se les dio dependió de la calidad de cada pieza: las esculturas de apóstoles y profetas fueron reutilizadas para la construcción de la Puerta Santa o como ornato de capillas y otras estancias de la catedral, o de otras edificaciones más lejanas.

Tras varias reconstrucciones parciales —el dibujo de una silla en 1953 y la reconstrucción de otra en 1961, dos en 1971 y tres en 1985—, los profesores Yzquierdo Perrín y Otero Túñez consiguieron montar en 1999 una reconstrucción virtual del conjunto completo y otra física, formada por 17 sitiales, que se expone en el Museo de la Catedral.

Construcción

Está fuera de toda duda que la construcción del coro fue obra del taller del maestro Mateo, realizado en la última etapa de la construcción de la catedral y posterior al pórtico de la Gloria, probablemente hacia el año 1200.

Ya existió un coro, mandado levantar por el obispo Gelmírez en la basílica prerrománica de Alfonso III, del que solo se conoce su existencia pero no sus características. El Códice Calixtino no lo menciona y la Historia compostelana (1100-1139) solo dice de él que era grande y magníficamente decorado. Esta basílica prerrománica —y con ella el coro de Gelmírez— fue derribada al terminar las obras de la catedral románica.

Cuando se consagró la nueva catedral, el 21 de abril de 1211, el coro debió de estar acabado, inaugurándose en tan solemne ocasión.

La técnica constructiva, el estilo de las esculturas, la composición del conjunto, coinciden con el trabajo del Pórtico y, como en este, se aprecia la mano de, por lo menos, cuatro artistas distintos bajo la dirección del maestro Mateo. A él se le atribuyen, como mínimo, cinco de las esculturas que coronaban la cara exterior: Jeremías, Abdías, Miqueas, Nahúm y Hageo.

El coro constituía una compacta y amurallada Civitas Dei, un templo dentro del templo (en palabras de San Agustín) con un complejo y elaborado mensaje teológico (como el que tiene el Pórtico de la Gloria).

Destrucción

thumb|Puerta Santa, con 24 esculturas procedentes del antiguo coro románico.

Ya en 1519, el arzobispo de Compostela Alonso III de Fonseca dictó unas capitulaciones que regulaban los oficios religiosos y las normas de protocolo a seguir por los canónigos de la catedral, entre las que se cita la prohibición de moverse de un coro a otro o de bajar del coro superior al inferior. Todo esto quizás esté en el origen del acuerdo del Cabildo catedralicio de 7 de junio de 1522 por el que se nombra una comisión para que:

En cualquier caso, el coro no fue alterado. Según Manuel Chamoso Lamas, el resultado de esta comisión fue solo la ampliación del coro con varias sillas de madera: un contrato del 18 de junio de 1536 entre la abadesa del convento de Santa Clara de Santiago de Compostela y el escultor flamenco Cornielles de Holanda acuerda la construcción de «veinte y quatro sillas de madera muy bien hechas, del talle y manera y del tamaño de las sillas que están en el coro de la Santa Iglesia de Santiago».

Quizás la primera actuación sobre el coro pétreo (primera mutilación, según Yzquierdo Perrín) ocurrió hacia 1545, cuando se encarga a dos canónigos «que entienden en ... mudar e retraer la rexa del coro y retraer el dicho coro», medida que afectó al primer sitial de cada lado.

La destrucción del coro no llegaría hasta que fue nombrado arzobispo Juan de Sanclemente quien, según Antonio López Ferreiro, «tenía gran empeño en que se cerrase la puerta trasera del coro para poner en su lugar la silla pontifical». La silla del arzobispo estaba situada al comienzo del lado norte del coro —coro del Chantre, en el lado sur se situaba el coro del Deán—, y consideraba poco digna la situación lateral de su silla, lo que explica su manía de cerrar la puerta del coro y colocar allí, centrada, su silla. Además, era evidente que soñaba con un coro renacentista.

En 1594 se acordó alargar el coro en su parte posterior con más sitiales, que fueron encargados a Gregorio Español y Diego Solís. No se sabe realmente cuántos sitiales hicieron, ni siquiera si llegaron a colocarse, aunque existen indicios de que así fue y que esto trajo consigo el derribo del Leedoiro y del lado transversal del coro para poder colocar los nuevos sitiales en la parte posterior del trascoro.

Aun así, esta convivencia de los sitiales de madera con el coro pétreo solo fue provisional. El 20 de julio de 1599 el arzobispo Sanclemente consigue por fin que el Capítulo acordase

Un contemporáneo de la destrucción del coro, el historiador Mauro Castellá Ferrer (Historia del apóstol Santiago), escribió en 1605 lo siguiente:

La destrucción del coro del maestro Mateo comenzó en el último trimestre de 1603 y finalizó en los primeros días de enero de 1604, de la mano del entonces maestro de obras de la catedral Ginés Martínez. En esa fecha Sanclemente había fallecido (abril de 1602), sucediéndole el arzobispo Maximiliano de Austria, quien trajo consigo al arquitecto Ginés Martínez y lo nombró maestro de obras en 1603.

Dispersión

thumb|San Judas Tadeo en el interior de la Puerta Santa.

thumb|izquierda|El profeta Ezequiel en el interior de la Puerta Santa.

Como resultaba habitual en la práctica arquitectónica de aquella época —y también en otras posteriores—, las piezas del coro derribado fueron aprovechadas en otras obras que se realizaron en la catedral y en sus inmediaciones.

El uso que se les dio dependió de la calidad y aprecio percibido de cada pieza. Las esculturas de apóstoles y profetas fueron usadas para la construcción de la Puerta Santa o como ornamentos de capillas y estancias de la catedral, pero también en otros puntos más distantes. Este aprovechamiento permitió que hoy se haya logrado recuperar 36 de las 38 figuras que coronaban la cara exterior del coro.

Las 24 estatuas de la fachada exterior de la Puerta Santa fueron colocadas en el .

Entre 1611 y 1616 se colocaron las primeras doce, según se puede ver en los dibujos que José Vega y Verdugo insertó en su Memoria sobre las obras en la catedral de Santiago (1657) para argumentar la necesidad de la reforma de la fachada de la catedral que da a la plaza de la Quintana.

A partir de 1658, el arquitecto José Peña de Toro comenzó las obras de esta fachada y completó la Puerta Santa con otras doce estatuas y con los cuatro plafones de la parte superior. Por más que fuese impensable su utilización para una futura reconstrucción del coro, su estudio permitió saber más sobre la disposición iconográfica que tuvo el coro en su emplazamiento original.

Yzquierdo Perrin y Otero Túñez inventariaron en 1990 las siguientes figuras del coro, dispersas en diferentes localizaciones:

24 profetas y apóstoles en la Puerta Santa, más 4 plafones en la misma puerta 2 figuras más (el profeta Ezequiel y el apóstol Judas Tadeo) en el deambulatorio de la catedral, a ambos lados de la cara interna de la Puerta Santa. 2 figuras en la Fuente de Vilanova, en Vedra. 2 figuras en el Museo Arqueológico Nacional, que fueron adquiridas en 1950 y en 1961 a sendos propietarios particulares y que procedían de una vecina de la calle de Acibechería, la primera, y de un pazo de la Comarca de Ulloa, la segunda. 3 figuras en la buchería de la catedral.Se conoce como buchería un conjunto de espacios situados bajo el claustro de la catedral, utilizados históricamente como almacenes de piezas arquitectónicas y de diversas esculturas. En esta buchería Yzquierdo Perrín y Otero Túñez encontraron diversas piezas (arcos, fragmentos de columna, capiteles, etc.) no identificadas y que pertenecían al coro del maestro Mateo. Una de las figuras, decapitada, se había reutilizado para la cimentación de uno de los muros de estas estancias; como curiosidad, esta escultura se talló sobre otra previamente desechada, quizá destinada originalmente al Pórtico de la Gloria: en la trasera de esta figura puede verse un león, incompleto, parecido a los animales de las basas de las columnas del Pórtico. Otra estuvo en el palacio de Gelmírez hasta 1985 y desde entonces se expone en el Museo de la Catedral. Una de estas estatuas fue utilizada para la reconstrucción del coro situado en el museo. 2 figuras expuestas en el Museo de la Catedral, procedentes de la colección Blanco-Cicerón y cedidas al museo en 1985.

+ Identificación de las figuras de la Puerta Santathumb|Jamba izquierda.1. Rey Salomón;2. Moisés;3. Profeta Daniel;4. Profeta Isaías;5. Aarón;6. Profeta Nahum;7. Evangelista San Lucas;8. Profeta Hageo;9. Rey Saúl;10. Profeta Zacarías;11. Apóstol S. Andrés;12. Apóstol Simón.thumb|Jamba derecha.1. Profeta Miqueas;2. Profeta Oseas;3. Profeta Samuel;4. Apóstol San Felipe;5. Profeta Abdías;6. Apóstol San Tomás;7. Profeta Malaquías; 8. Evangelista San Marcos;9. Profeta Jeremías;10. Apóstol Santiago el Mayor;11. Profeta Habacuc;12. Profeta Jonás.

Otras piezas fueron usadas en diferentes partes en la catedral (muros, pavimentaciones) pero el resto de los elementos sufrió peor suerte. Con las piezas que retiró al desmontar el coro, Ginés Martínez hizo la base del nuevo coro de madera (acabado en 1606) y, dos años después, aprovechó otras para rellenar las escalinatas de acceso a la fachada del Obradoiro, cuya construcción también le fue encomendada.

En las sucesivas excavaciones realizadas durante los siglos y en diferentes localizaciones del complejo de la catedral fueron apareciendo muchos de los elementos constructivos del viejo coro de piedra. Estas excavaciones se realizaron en distintas campañas y por distintos autores en el subsuelo de la nave mayor, en el pavimento de la cripta del Pórtico de la Gloria, en la nave oriental del claustro y en el acceso a la galería sur del claustro, además de las ya citadas en las escaleras del Obradoiro.

thumb|Niños cantores en la fachada de Platerias.

Aún hoy puede verse, en el pilar noroeste del crucero, un bloque tallado dentro del pilar a unos dos metros de altura que probablemente proceda de una esquina del sillar bajo del coro de piedra y que se colocaría allí para restaurar algún daño ocasionado al desmontar el coro. Algunas piezas aparecieron en lugares tan insólitos como las estructuras de cierre de algunas tiendas situadas en la Plaza de Platerías, e incluso hay dos ménsulas que hoy sostienen una viga de una casa particular en la calle compostelana de la Fuente de San Antonio.

Hubo piezas que terminaron fuera de Santiago, como es el caso de la fuente de San Pedro de Vilanova (Vedra, La Coruña), e incluso algunas esculturas fueron a parar a manos privadas, como los apóstoles y profetas de la colección Blanco-Cicerón —cedidos hoy a los fondos del Museo de la Catedral— o del Museo Arqueológico Nacional. Dos estatuas más siguen sin ser identificadas.