thumb|300px|Vista general del poblado minero de «La Azufrera» de Libros (Teruel), en los años treinta -lectura-: 1) Escuela pública, 2) Cuartel de la Guardia Civil, 3) Economato, 4) Frontón de pelota, 5) Hornos de azufre antiguos, 6) Plaza pública/campo de fútbol, 7) Tienda (mercería), 8) Ermita, 9) Primera barriada, 10) Segunda barriada, 11) Tercera barriada, 12) Lupanar (barrio chino), 13) Casa sindicatos, 14) Tasca, 15) Hospital, 16) Casa del médico, practicante y directivos, 17) Carnicería y panadería.
Las Minas de Libros, conocidas también como «La Azufrera» y rento de «La Zofrera» (1863), es una partida y antiguo barrio minero ubicado al sureste del término municipal de Libros, provincia de Teruel (Comunidad de Aragón, España). Durante décadas, el lugar constituyó un importante centro productor de mineral de azufre, hasta mediados de los años cincuenta del (1956); actualmente se halla abandonado.
En 2022 fue considerado por la National Geographic Society como uno de los 17 yacimientos paleontológicos más importantes de la península ibérica.
Introducción El mineral de azufre (del latín, sulphur-uris, mineral de color amarillo), se conoce desde la antigüedad, para los alquimistas era el principio de la combustibilidad, pero fue Antoine Lavoisier quien lo definió como cuerpo simple. A principios del el mineral de azufre se encontraba entre las rentas estancadas (monopolio del Estado), que explotaban directamente distintas minas: Benamaurel, Conil, Hellín y Libros. Inicialmente se explotaron en arriendo (hasta 1812), para ser luego vendidas.El estanco del azufre en España producía entonces unos 300.000 reales. El monopolio estatal fue suspendido por el artículo 13 de la Ley de presupuestos, de 23 de mayo de 1845, cuando pasó a aplicarse el Plan Rentístico propuesto por el Ministro de Hacienda, Alejandro Mon y Menéndez. Citado por Sánchez Garzón, 2008, pp. 413-414 Desde la liberalización del monopolio (1845), las minas de azufre pagaban un canon al Estado, en función a su tamaño y producción.
Las minas de azufre de Libros ya se conocían a mediados del , habiendo datos de su explotación desde los años sesenta (1760).Calvo Rebollar, Miguel. Minerales y minas de España (Vol I): Elementos. Edita Diputación Foral de Álava. Vitoria-Gasteiz, 2003, pp. ISBN 978-84-78215-42-3 - El mineral en estas minas se halla «entre rocas de sedimentación, calizas, yesos y margas». A mediados del (1847), Pascual Madoz escribe de las minas de Libros:
Libros contaba entonces (1847) con una población de «176 casas de muy mala construcción, algunas de ellas metidas dentro de cuevas», aludiendo a la viviendas subterráneas existentes en el barrio minero, utilizadas por los primeros trabajadores de la explotación.
Cronológicamente, para la extracción del azufre de la mena se utilizaron en Italia distintos sistemas, desde los primitivos «doppioni» hasta los «calcaroni», pasando por los «calcarelle»: todos ellos tenían una baja rentabilidad, además de que solo funcionaban una parte del año –desde finales de junio hasta principios de febrero-: mientras que los hornos de las minas de Libros, basados en el sistema de destilación descubierto por Pedro Lagasco, funcionaban durante todo el año, día y noche.
En el complejo minero de «La Azufrera» de Libros, sin embargo, hubo distintos tipos de horno, que fueron evolucionando con el tiempo. Los más antiguos se hallaban en la «rambla de Riodeva» y en lo que posteriormente fue la plaza del poblado —que también servía de campo de fútbol—: eran «grandes habitáculos alargados con techo de cañón, sin cámaras de condensación». Posteriormente se construyeron otros hornos –los popularmente llamados «Chatos», «Grandes» e «Iglesias»-, cuya única diferencia estaba en el tamaño: todos ellos «poseían bóvedas de ladrillo (revestimiento interior), estando forrados de piedra labrada (revestimiento exterior), cámaras de condensación, toberas para la inyección de aire (para mantener la combustión de la pizarra) y canales por donde salía el exterior el azufre líquido».
Técnicamente, sin embargo, los hornos de azufre de Libros se hallaban entre los «calcaroni» y los basados en el «método de Laming» -en los que para la destilación del azufre, el mineral ya fundido se colocaba en una caldera-:
Reseña histórica miniaturadeimagen|Retrato de Bartolomé Estevan y Marín en Miscelánea Turolense (1892) El historiador y profesor José Serafín Aldecoa Calvo, basándose en un artículo firmado con las iniciales «J.T.» aparecido en el diario turolense La Provincia de 6 de mayo de 1922, en el que se da cuenta de la actividad minera en Libros, refiere que a finales del , Domingo Gascón y Guimbao, turolense de Albarracín, celebraba en la Miscelánea Turolense (1891-1901)Gran Enciclopedia Aragonesa Miscelánea Turolense (1891-1901) la producción de azufre en Libros, estimada en 43.000 toneladas anuales, lo «que convertían a Teruel en la provincia de España con mayor extracción de este mineral». El propietario de las instalaciones de Libros era entonces el y Bartolomé Esteban y Marín, a la sazón gobernador civil de Teruel, entre otros títulos, «que desde hacía tiempo explotaba las minas para la fabricación de pólvora».
A finales de la primera década del (1910), Esteban y Marín acordó la venta de su concesión e instalaciones a la «Industrial Química de Zaragoza» (IQZ), empresa de reciente creación «que adquirió las más de 750 pertenencias de azufre»: San Bartolomé, San Joaquín, Santa Matilde y Nuestra Señora del Pilar –las más productivas-, comenzando así «la explotación intensiva» de los yacimientos. Mediados los años veinte (1927), el censo se trabajadores en las minas se estimaba en cuatro centenares, muchos de ellos procedentes de Albacete (Hellín) y Lorca (Murcia). Estos trabajadores, junto a sus familias, vivían «en el centenar de viviendas construidas por la empresa y en las cuevas excavadas en las rocas», estos últimos «en condiciones muy lamentables», según comprobó el gobernador civil de Teruel (Jaime Ninet) en una visita (1931).
La información proporcionada por Aldecoa Calvo, respecto a las viviendas subterráneas se contradice con la aportada por las hermanas Valero -María y Ángeles-, nacidas en el barrio minero, la primera en 1918, y que vivieron allí hasta el comienzo de la guerra civil española (1936), aunque ellas ya no conocieron a nadie que viviera allí. La clave para interpretar dicha información puede estar en que a la fecha de la visita del gobernador civil de Teruel (1931), solo algunas cuevas estaban habitadas:
Por entonces, la «Teledinámica Turolense, S.A.», recién establecida la fábrica de luz en Castielfabib (1917), «levantó el tendido eléctrico que permitió construir un pequeño funicular para el transporte de carbón que consumían los hornos» –el carbón provenía de la mina «San Jorge» de Mas del Olmo, Ademuz-. De esta forma, la «Teledinámica» comenzó a suministrar electricidad a «La Industrial Química de Zaragoza», constituyéndose en «uno de los primeros y más importantes clientes» de la compañía eléctrica.Carrasquer Zamora, José. Los comienzos de la electricidad en Teruel (1889-1936). Edita Fundación Teruel Siglo XXI, 2011, pp. 50-51. ISBN 978-84-615-1980-4 - Se perfeccionaron los molinos de azufre, y se construyó un pequeño ferrocarril para uso interno que circulaba en la explotación minera y que llegaba hasta el «Almacén de Libros», junto al Turia, entre éste y la CN-330. El tren servía para el transporte de mineral y de material, pudiendo llevar también vagones para los trabajadores y sus familiares: «el conjunto de la explotación fue proyectado por el ingeniero alemán Guillermo Quellenberg». Otros personajes vinculas a la explotación minera en 1922 eran: Rafael Clavería, ingeniero-director; Antonio Escudero, presidente del Consejo de Administración, Tomás Castellano y Joaquín Torán, consejeros delegados.
Respecto a la actividad sindical, en los meses previos al advenimiento de la II República Española se creó el «Sindicato Minero de Libros», de orientación socialista (UGT) -«a finales de 1931 contaba con 101 afiliados»-: entre sus dirigentes estaban Pascual Martínez y Diego Quiñónez. En agosto de ese mismo año se constituyó el «Comité Paritario del Azufre», para mediar entre los conflictos laborales entre los trabajadores y la patronal: «El de Libros estaba integrado por tres vocales de la patronal (Ángel Garzarán, Felipe Alfar y Luciano Ramírez) y tres vocales de los trabajadores (Ignacio Uriel, Maximino García y Juan Solá), mientras que el presidente era designado por el Gobierno».
En cuanto a la salubridad del barrio minero:
Tocante al número de hornos existentes en el complejo minero-industrial, (en 1922) «era de 82, de distinta capacidad: había 14 en los que cabían 100 toneladas y en el resto, 50». Como combustible de los hornos, inicialmente se utilizó el carbón de Mas del Olmo (hasta 1924), empleándose después las pizarras bituminosas. El periodo de mayor producción coincidió con la I Guerra Mundial, tiempo en que la obtención de azufre casi duplicó su volumen, «al pasar de 8.000 a 14.000 toneladas».
Desde una óptica poblacional, la actividad minera supuso para el municipio de Libros «un considerable incremento demográfico», ya que (entre 1920 y 1930), pasó de 794 a 1.586 habitantes.
Persistencia de la memoria A comienzos de la segunda década del (1912-1913), el maestro de obras valenciano, Vicente Alabau Olmo (1873-1936), casado con Petra de la Salud Hernández, de Torrebaja, «fue requerido para colaborar en la dirección de obras de la explotación minera y refinería de azufre de Las Minas de Libros (Teruel)», siendo ese el motivo por el que la familia se instaló en el poblado del complejo minero-industrial. Su trabajo se centró en «las obras de apoyo a la explotación», y más especialmente en «la construcción y conservación de la planta industrial», incluyendo los equipamientos de oficinas y las viviendas del personal especializado.
En sus memoras familiares, Martínez Alabau, nieto de Vicente Alabau, distingue tres épocas en la explotación minero-industrial de La Azufrera: «una primitiva e incipiente», «otra posterior de pleno auge» y otra «final de decadencia».
En la primera época solo se construyó a ambos lados del camino viejo de Riodeva, que pasaba por el centro del poblado minero, y la explanada donde se halla la ermita-oratorio del lugar:
De las obras realizadas entonces únicamente se conserva hoy la ermita-oratorio de Santa Bárbara y el edificio del «Almacén de la Azufrera», situado entre el río Turia y la CN-330, junto al puente que atraviesa la carreterita de Riodeva. En fases posteriores se construyeron «más hornos de primera fusión, de sublimación y moldeo, cámaras de sublimación, cernedores, molino y almacenes», situados a ambos lados del nuevo trazado de la carreterita de Riodeva.
Semejante volumen de obra requería de ingentes cantidades de material –productos cerámicos (ladrillo, tejas), áridos (arena, grava), cal y cemento-, que había que transportar desde Teruel con los rudimentarios medios de entonces, en carros y a lomos de caballerías. Esa fue la razón de que el maestro de obras, señor Alabau Olmos propusiera a la dirección diversas actuaciones para facilitar los trabajos: una rampa para subir los áridos desde la rambla de Riodeva, y la construcción de un horno de cal y una tejería. Dichas propuestas fueron aceptadas, quedando su construcción y mantenimiento al cargo del maestro de obras.