El gobierno de José Balta en el Perú se inició el 2 de agosto de 1868 y debió terminar el 2 de agosto de 1872, fecha programada para el cambio de gobierno en favor del presidente electo, Manuel Pardo y Lavalle. Sin embargo, fue derrocado y apresado el 22 de julio por los coroneles Gutiérrez, permaneciendo cautivo hasta el 26 de julio, día en el que fue asesinado.
Hechos resaltantes del gobierno de Balta fueron: la firma del Contrato Dreyfus para la explotación del guano; el endeudamiento del país a través de grandes empréstitos para iniciar un ambicioso programa de construcción de obras públicas, entre ellos los ferrocarriles de penetración de la costa a la sierra; el progreso urbano de la capital del Perú, Lima, cuyo expansión empezó con el derrumbe de las viejas murallas coloniales; la realización de obras públicas en provincias, como la dotación de agua potable a Pisco, la ampliación del canal de Uchusuma en Tacna, la extensión de las vías telegráficas a las capitales de los departamentos, etc.
En el plano internacional, Balta apoyó al pueblo cubano en su lucha por su independencia, y enfrentó un incidente fronterizo con Bolivia. En cuanto a la defensa, se preocupó por la operatividad de la Marina de Guerra e inició las negociaciones para adquirir dos buques acorazados que debían contrarrestar a los que había mandado construir Chile, pero su sucesor, el civilista Manuel Pardo y Lavalle, anuló dicha negociación, y aún más, descuidó totalmente a las fuerzas armadas, siguiendo su ideología antimilitarista.
Biografía de José Balta José Toribio Balta y Montero nació el 26 de abril de 1814 en la ciudad de Lima, siendo el menor de los seis hijos de Juan Balta Brú y Agustina Montero Casafranca y de Torre. Como sus hermanos, Juan Francisco y Pedro, siguió la carrera militar, graduándose en 1833 con el grado de subteniente. Desde ese momento su participación en las campañas militares fue notoria, alistándose en defensa del Perú contra Andrés de Santa Cruz. Posteriormente defendió con ímpetu la posición del general Juan Crisóstomo Torrico y luego a José Rufino Echenique frente a Ramón Castilla, denotando su apego al oficialismo pero ante todo a la legalidad. Como consecuencia de su buen desempeño, su carrera fue en ascenso. Recibió diversas condecoraciones como las medallas de Áncash, del Destierro y la de Restauradores de la Patria. No obstante, su apego por la legalidad le costó la simpatía de algunos gobernantes entre ellos Ramón Castilla, quien lo destituyó en 1853 junto con otros militares que habían apoyado a Echenique. Por este motivo, José Balta permaneció sin figurar en los mandos militares hasta 1863, año en que se vio obligado a volver a la actividad frente a la inadecuada reacción del gobierno de Juan Antonio Pezet (el primer vicepresidente que había sucedido al fallecido presidente Miguel de San Román) ante la ocupación española de las islas guaneras de Chincha y más aún, en rechazo al tratado Vivanco-Pareja, incursión que dio pie al contexto previo del ascenso de Balta a la presidencia de la República.
Coyuntura previa La aparición política de José Balta se remonta a los sucesos políticos de 1865, en el contexto de la guerra contra España.
El conflicto con España y la revolución de 1865
El Tratado de Vivanco-Pareja daba fin al conflicto en mérito al compromiso de los españoles de desocupar las islas Chincha, pero a cambio, el gobierno peruano se comprometía a pagar a España una fuerte indemnización por los gastos de la flota española. El conocimiento de este tratado (que no fue aprobado por el Congreso) dio inicio a sublevaciones tanto en el norte como en el sur del Perú, pues la ciudadanía consideró una afrenta a la dignidad nacional. Por el Sur, en Arequipa, el prefecto, coronel Mariano Ignacio Prado, encabezó la reacción popular, insurgencia que llegó hasta Tacna, Moquegua y Puno. Por el Norte, la proclama de sublevación llegó desde Chiclayo con el coronel José Balta como líder, quien asumió el mando de Cajamarca y La Libertad.
Se conformó una delegación revolucionaria con el coronel Prado como comandante y jefe del ejército restaurador; el coronel Balta como segundo comandante; y el general Pedro Diez Canseco como jefe político (este último era el segundo vicepresidente electo en 1862, y por tanto llamado a ser el sucesor constitucional de Pezet, en caso de que este no pudiera culminar su gobierno).
Pronto, con la capital rodeada por el avance progresivo de las tropas revolucionarias, Prado declaró la vacancia del puesto de presidente del general Pezet. Una vez sitiada Lima, las tropas del gobierno capitularon y se dio por terminada la sublevación, asumiendo el 9 de noviembre de 1865 la presidencia de la República el general Pedro Diez Canseco, con Balta como ministro de Guerra y Marina.
El nuevo gobierno convocó a elecciones para 1866. Diez Canseco creía que un gobierno representativo sería la mejor solución para los conflictos planteados pero surgieron opiniones en desacuerdo. Pocos días después, en un mitin celebrado en la Plaza de Armas se propuso implantar una dictadura. miniatura|200px|El general Mariano Ignacio Prado, dictador del Perú. El coronel Prado y el ejército manifestaron su adhesión a la propuesta dictatorial. Sin embargo, el presidente Diez Canseco no aprobó tal medida, aunque terminó resignando el mando supremo en favor de Mariano Ignacio Prado. Este, ya consolidado en el poder consideró como su principal misión la guerra a España, buscando el apoyo continental. Chile, que ya se encontraba en guerra con España, firmó con el Perú un tratado de solidaridad en la acción defensiva y ofensiva, y a los que se adhirieron más tarde otros países latinoamericanos, por el que se comprometían a actuar conjuntamente.
Finalmente, el 2 de mayo de 1866, en un conflicto desigual librado en el Callao, el Perú venció a la armada española, aunque la versión española dice que los marinos españoles cumplieron su plan de someter a las defensas peruanas, tras lo cual, se retiraron. Lo cierto es que la flota española se retiró para no volver más y el Perú desde entonces celebra el Combate del Dos de Mayo como una de sus triunfos más emblemáticos.
La dictadura de Prado y la guerra civil de 1867
Una vez terminada la jornada del Dos de Mayo, se ejecutaron medidas económicas para enfrentar la crítica situación de la Hacienda Pública afectada por la guerra y se convocaron a elecciones generales para presidente y vicepresidente de la República. Fue este contexto en el que surgió por primera vez la candidatura presidencial del coronel José Balta, apoyada por cierto sector de intelectuales criollos organizados en el periódico El Constitucional, dirigido por Ricardo Palma y Carlos Augusto Salaverry. José Balta no aceptó entonces dicha propuesta de candidatura.
Las elecciones concluyeron dando como ganador al coronel Mariano Ignacio Prado, proclamado como presidente provisorio por el Congreso en pleno en febrero de 1867. Ese mismo año se promulgó la Constitución Política. Cabe anotar la tendencia liberal de esta suprema carta política, lo que generó el rechazo de la sociedad de la época, que era más conservadora. Este rechazo se avivó con la resistencia de la Asamblea Constituyente por permanecer en funciones pese a que la Carta ya había entrado en vigor. A esto se sumó las fricciones que tenía con el gobierno la Constituyente. Nuevamente, la rebelión se personificó en la figura del general Pedro Diez Canseco, que se alzó en armas en Arequipa, declarando vigente la anterior Constitución de 1860.
El coronel José Balta secundó la proclama al levantarse en la ciudad de Trujillo. La lucha fue severa pero la revolución terminó triunfante. José Balta se embarcó a Lima donde fue bien recibido por la población.
Restaurado el gobierno constitucional a partir del 22 de enero de 1868, ascendió al poder el general Pedro Diez Canseco, por ser el segundo vicepresidente electo en 1862, asumiendo el título de presidente interino. El presidente Diez Canseco retrotrajo la situación legal vigente a la Constitución de 1860, dejando sin efecto la recién promulgada Constitución como también las leyes promulgadas por Prado. Además, convocó el 7 de febrero de 1868 a los colegios electorales para la elección de presidentes y vicepresidentes. Se trataba pues, de una elección indirecta, en la que participó el coronel José Balta.
La elección presidencial de Balta miniaturadeimagen|José Balta, presidente del Perú. La candidatura presidencial de Balta La candidatura de Balta fue apoyada desde su inicio por los vocales de la Corte Superior: Miguel del Carpio y Melgar y Juan Antonio Ribeyro, mientras que la prensa difundía las proclamas en favor de su postulación a la presidencia, recordando nuevamente su carrera militar y su compromiso comprobado con el país. A esto se sumaron manifestaciones públicas a favor de la misma.
Balta expresó su aceptación una semana después. En sus discursos demostró preocupación por la reconciliación de los peruanos, la tolerancia entre partidos, y la libertad de prensa. Su programa de gobierno adoptó planteamientos tradicionales como el respeto a los derechos de la iglesia, la implementación de la regularidad y el orden en el aspecto público haciendo referencia al sistema burocrático.
Proceso electoral
miniatura|200px|El magistrado Manuel Toribio Ureta, fue el rival de Balta en las elecciones de 1868. Además de José Balta, se presentaron dos candidatos civiles a la Presidencia: Manuel Toribio Ureta y Manuel Costas. Manuel Toribio Ureta, ex-parlamentario liberal y Fiscal de la Corte Suprema, fue presentado como candidato por el sector más progresista de la ciudadanía de clase media, atraídos por sus ideas liberales. Se organizaron en favor de esta candidatura los llamados “Clubes Cívicos”, que fueron el antecedente de la Sociedad Independencia Electoral fundada en 1871, que a la vez fue el germen del Partido Civil, que tanta trascendencia tendría en la política peruana.
Según Basadre la candidatura de Ureta representó el antimilitarismo naciente. Por otro lado, Manuel Costas, el tercero en disputa, era un político de gran recepción en el sur del país.
En el sistema indirecto electoral de 1868, no se elegía al Presidente directamente sino que se elegía primero a los ciudadanos que debían conformar los colegios electorales; estos eran los que con posterioridad elegían al mandatario. En la primera etapa de las elecciones o elección de colegios electorales, efectuada el 1 de abril, hubo violencia de parte de los partidarios de Balta hacia los de Ureta, según registra Basadre.
El resultado de la elección dio como ganador a José Balta con notable ventaja. Del universo de votos válidos que sumaban 3864, 3168 favorecieron a Balta; 153 a Ureta, y 384 a Manuel Costas; este último tuvo gran acogida en Puno y Cusco.
El Congreso, que por entonces era bicameral, cumplió con sancionar la elección de José Balta, quien asumió la Presidencia de la República el 2 de agosto de 1868.
Aunque se entiende la victoria de Balta como una consecuencia de su prestigio militar, ayudó también el contexto no propicio a las ideas liberales, y el apoyo de la plutocracia, así como de los círculos selectos de intelectuales, a su candidatura. Se debe también tener en cuenta la poca oferta de candidatos aptos para esa elección.
Aspecto político Autoridades Vicepresidente El Congreso se encargó de elegir al primer vicepresidente, de entre los candidatos Mariano Herencia-Zevallos y el general Ramón López Lavalle, optando por el primero. Y como segundo vicepresidente, proclamó al coronel Francisco Diez Canseco.
Ministros miniatura|200px|Pedro Gálvez, como ministro de Gobierno, presidió el primer gabinete ministerial del gobierno de Balta.