thumb|Fernando de Castro y Pajares. Fundador de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue un proyecto educativo español creado en 1870 por el pedagogo e intelectual Fernando de Castro y Pajares con la misión de ofrecer a las mujeres españolas de clase media la oportunidad de tener acceso a una enseñanza académica y científica eficaz, de la cual habían carecido hasta ese momento. Esta asociación agrupó en su seno a diversas escuelas para mujeres, las cuales tuvieron un papel fundamental en el progreso y promoción social de la mujer en España, y de manera específica, en la mejora de su educación y formación laboral.

Contexto histórico

Uno de los factores decisivos que propició la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue el propio contexto histórico, que ayudó a generar una opinión favorable en torno a la idea de que las mujeres recibieran una educación formal adecuada.

Hasta finales del , había imperado en España la idea de que la educación de las niñas debía restringirse al ámbito de lo privado, hecho que solo estaba al alcance de las mujeres aristócratas y de la alta burguesía, pues solo ellas podían permitirse pagar para recibir una instrucción. Además, si bien existía la posibilidad de asistir a algún colegio prestigioso, esta educación quedaba limitada casi de forma exclusiva a la esfera del hogar, y generalmente finalizaba cuando la mujer cumplía los quince años, momento en el que ya debía estar lista para contraer matrimonio. El tipo de instrucción que estas mujeres recibían consistía, por tanto, en prepararse para llevar a cabo de forma modélica las labores domésticas y desempeñar el papel de esposa ejemplar en su matrimonio:

Las mujeres de clase media, sin embargo, no tenían los medios económicos para poder permitirse pagar a una institutriz o para asistir a un colegio privado y prestigioso. Por otro lado, no se veía socialmente bien que estas mujeres asistieran a los colegios públicos, los cuales habían sido creados para alfabetizar a las clases populares, con las que no querían relacionarse. De modo que la opción que les quedaba era la de asistir a un colegio religioso, un tipo de colegio que comienza a proliferar en la segunda mitad del .

Las mujeres de clase popular, por su parte, pudieron empezar a asistir a los colegios públicos que se crearon a partir de 1857, hecho que fue posible tras la aprobación de la ley Moyano, la cual establecía la obligatoriedad de escolarizar a las niñas de 6 a 9 años. La instrucción que allí recibían se limitaba básicamente a aprender a leer, escribir, contar, aprender las labores domésticas, y a asimilar la doctrina cristiana.

El escaso desarrollo industrial y agrario que caracterizó al país hasta finales del , no ayudó a crear la necesidad de que la mujer recibiera una instrucción formal y completa. Así, en 1870, el nivel de alfabetismo en las mujeres españolas era del 12 %, frente al 68 % de los hombres. A ello había que sumar el predominio de unas costumbres y formas de pensar tradicionalistas y conservadoras, transmitidas de madres a hijas, que alejaban aún más a las mujeres del acceso a la educación.

Por tanto, quedaba estancado por el momento cualquier atisbo de cambio que posibilitara a las mujeres el aprendizaje de conocimientos académicos y científicos que les ayudaran a progresar socialmente. No sería hasta las últimas décadas del cuando este panorama comenzaría a cambiar progresivamente.

Primeros pasos para la creación de la asociación

Un hecho histórico que propició el inicio de un cambio en la valoración de la educación de la mujer, fue la Revolución de 1868, con la que se dio paso al Sexenio democrático (1868-1874), periodo durante el cual se defendieron los principios básicos de la política liberal-democrática y se impulsaron medidas para la educación de las mujeres. Una de estas primeras medidas fue la proclamación por decreto de la libertad de enseñanza en 1868. Esta nueva apertura impulsó la labor de profesores e intelectuales que, influidos por la doctrina del krausismo, intentaron promover una sociedad más educada y moderna, y así lograr su deseo de que España se igualara a los países europeos más desarrollados del momento.

Uno de estos intelectuales fue Fernando de Castro y Pajares (1814-1874), quien mostró un gran interés en que las mujeres pudiesen recibir una enseñanza amplia y formal. Durante el tiempo que ocupó el cargo de rector de la Universidad Central de Madrid (1868-1870) llevó a cabo importantes iniciativas para promover la enseñanza femenina, creando diversas instituciones que serían clave para el acceso de la mujer a la educación y a la cultura. En su discurso de apertura de los estudios de la Universidad Central pronunciado en 1868 declaraba que era necesario:

Una de las primeras aportaciones de Fernando de Castro para fomentar el interés por la educación de las mujeres fue la puesta en marcha en los meses de febrero a mayo de 1869 de las Conferencias Dominicales sobre la Educación de la Mujer, celebradas en la Universidad Central, y pronunciadas por importantes intelectuales y docentes del momento. En estas conferencias, de acceso libre y gratuito, se trataron, entre otros, temas como la educación social de la mujer y la influencia de la mujer en la sociedad, que hasta ahora no habían sido expuestos en el seno de una universidad española, un espacio todavía cerrado a las mujeres.

También en febrero de 1869 promovió la creación del Ateneo Artístico y Literario de Señoras, cuyo objetivo fue el de fomentar la cultura en la vida de las mujeres. En diciembre de ese mismo año impulsó la creación de la Escuela de Institutrices, la cual supuso un hito en la historia de la cultura femenina en España, ya que se convirtió en la institución que ofrecía a las mujeres la educación más amplia y precisa del país.

Otro hecho que encaminó los pasos hacia la fundación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer fue la creación del Centro de Formación Profesional Lette-Vereinen en 1866, en Berlín, una institución que ofrecía a las mujeres formación profesional por un módico precio, y que contaba con escuelas de comercio, modelado, cajistas, etc. Este centro constituiría un modelo a seguir para la creación de la futura asociación.

Fundación

thumb|Concepción Arenal. Estrecha colaboradora y socia de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

El éxito que pronto cosechó la Escuela de Institutrices dio a Fernando de Castro el último impulso para lanzarse a crear la Asociación para la Enseñanza de la Mujer en un intento de dar una mayor envergadura a su proyecto educativo. La fundación de la asociación tuvo lugar en Madrid el 1 de octubre de 1870, aunque su constitución definitiva se llevó a cabo el 11 de junio de 1871, momento en el que se aprobaron sus bases y su reglamento.

La creación de la fundación fue posible gracias a las aportaciones económicas de unos 80 socios, entre los que figuraban Isaac Albéniz, Francisco Asenjo Barbieri, Francisco Pi y Margall, el Duque de Veragua y Concepción Arenal.

Fernando de Castro fue el presidente de la institución hasta 1874, año en que falleció y fue sustituido por Manuel Ruiz de Quevedo. Entre los miembros de su Junta Directiva y de su personal docente se encontraban hombres vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, como Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, José Mª Pedregal, y el propio Manuel Ruiz de Quevedo. Esta estrecha relación entre la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y el ILE continuaría hasta el comienzo de la Guerra Civil.

Objetivo

La fundación tenía como objetivo ofrecer a las mujeres una educación apropiada para mejorar su formación y su futuro laboral, proporcionándoles unos conocimientos adecuados sobre cultura intelectual, moral y social. En las bases de la asociación quedaba reflejado el ambicioso objetivo de la asociación:

Ideología

La ideología de la asociación estuvo marcada por la doctrina krausista de origen alemán, que defendía la instrucción y formación de las mujeres, ya que consideraba a las mujeres y a los hombres iguales desde el punto de vista de la naturaleza y del derecho, aunque no desde el punto de vista de sus funciones. Es por ello que los intelectuales krausistas consideraban a la mujer como una colaboradora esencial para transformar la sociedad a mejor. Creían que si esta estaba más instruida, entonces podría servir mejor a su familia y a la sociedad y, por lo tanto, se lograría la regeneración de esta última.

Otras influencias que recibió la asociación fueron las ideas de importantes pedagogos como Johann H. Pestalozzi y Friedrich Fröebel.

Instalaciones

La Asociación se instaló en sus comienzos en un local perteneciente a la Escuela Normal de Maestras, en Madrid. Ya en 1881, debido a su creciente éxito y a la necesidad de ampliar las instalaciones, la sede se ubicó en un edificio de la calle de la Bolsa, hasta que finalmente en 1893, la asociación se instalaría de forma definitiva en un edificio propio de la calle San Mateo.

Escuelas integrantes

La asociación englobaba una serie de escuelas que se fueron creando de forma progresiva.

Escuelas Año de creación Escuela de Institutrices 1869 Escuela de Comercio 1878 Escuela de Correos y Telégrafos 1883 Escuela de Profesoras de Párvulos 1884 Escuela de Primaria Elemental 1884 Escuela Primaria Superior 1884 Escuela Preparatoria 1885 Escuela de Segunda Enseñanza 1894 Escuela de Taquígrafas y mecanógrafas 1907

Además de estas escuelas, la asociación creó en 1883 la Sección de Idiomas, Música, Dibujo y Pintura, y se pusieron en marcha diversos cursos de formación, como el de Archiveras y Bibliotecarias en 1895.

Enseñanzas impartidas

thumb|Francisco Giner de los Ríos. Pedagogo y docente de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

En su conjunto, La Asociación para la Enseñanza de la Mujer ofrecía a las mujeres la mejor educación posible a la que podían aspirar en la España del . Los programas educativos de las diferentes escuelas de la asociación alcanzaron pronto una gran aceptación y prestigio, tanto por las materias impartidas como por la novedosa metodología y los recursos utilizados.

Al cargo de la docencia estuvieron relevantes intelectuales y catedráticos universitarios, como Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate, además de personas destacadas del ámbito profesional.

Escuela de Institutrices thumb|Gumersindo de Azcárate. Catedrático y docente de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer.

La Escuela de Institutrices tenía como objetivo la formación de profesionales del campo de la enseñanza. Esta escuela serviría de plataforma de lanzamiento para la entrada de las mujeres en la universidad unas décadas más tarde. Para poder ingresar en la escuela, las aspirantes tenían que pasar un examen de ingreso en el que tenían que demostrar sus conocimientos en lengua y aritmética. Tras su ingreso, las alumnas recibían una completa formación durante tres años, cursando asignaturas del ámbito de las humanidades como Psicología, Pedagogía, Historia Universal, Historial de España, Gramática castellana, Teoría de la Literatura, Historia de la Literatura española, Francés, Bellas Artes, Dibujo, Música, Higiene, Moral, al igual que materias relacionadas con el ámbito de las ciencias como Aritmética, Geometría, Física y Química, Geología, Mineralogía, Botánica, Antropología y Zoología. Tras finalizar cada curso, las alumnas debían pasar un examen oral y escrito para demostrar los conocimientos aprendidos en cada asignatura.

Escuela de Comercio