Eten (mochica colonial: Æten o Ætin), a menudo llamada "Ciudad Eten" para diferenciarla del vecino Puerto Eten, es una ciudad peruana capital del distrito homónimo ubicado en la provincia de Chiclayo en el departamento de Lambayeque. Se encuentra a una altitud de 6 m s.n.m. Según el INEI, 12 000 hab.
Es conocida como "La capital del sombrero", pues una de sus actividades ancestrales es el tejido de sombreros de paja de palma macora. También es conocida como la "Ciudad eucarística" por haber sido lugar de la aparición milagrosa del Divino Niño en la hostia consagrada en 1649. Pedro Ruiz Gallo, héroe nacional, nació en esta ciudad.
Relicto Mochica (Información consignada en tesis de maestría del arqueólogo Jorge Centurión Centurión) En la actualidad, en la macrorregión norte y especialmente en la Región Lambayeque, Ciudad Eten es reconocido por ser considerado el último bastión de la lengua mochica o yunga. Durante la modernidad, sus habitantes se resistieron a dejar de comunicarse en su lengua nativa, y en mantener su identidad cultural. Es identificado, por ser un pueblo fervorosamente católico, y muy conservador de sus tradiciones.
Como ya se mencionara, una de las principales dificultades a las que se enfrentó el clérigo español para predicar y evangelizar, entre otras, fue el conocimiento de las lenguas nativas, circunstancia que motivó a las autoridades eclesiásticas de la época a enfrentarlo agresivamente, pues, los religiosos se vieron obligados a aprender el idioma nativo, estuvieron condicionados a una evaluación por examinadores, a una drástica sanción económica (pérdida de la tercera parte de su salario), como moral; asimismo, elaboraron cartillas, catecismos, confesionarios, himnos, oraciones y salmos en las lenguas de los naturales y castellana, en mérito a que debían entender lo que estaban recibiendo los naturales.
A pesar de la acometedora política de castellanización y evangelización, así como prueba de la resistencia y entereza mochica de los etenanos, encontramos la interesante referencia de Juan Castañeda y otros, que nos remite hasta fines del y señala:
El cabildo catedralicio nombraba anualmente examinadores sinodales y de lenguas indígenas, quienes evaluaban a principios de año a los postulantes a los diversos curatos vacantes de la diócesis. … Avanzado el los expedientes para postular a un curato en estos pueblos ya no consideraban el conocimiento de la lengua; por lo tanto cabe presumirse que esta había desaparecido, excepto en Magdalena de Eten. (Castañeda 2015: 35).
Con relación a la lengua nativa, los colonizadores españoles la llamaron “la lengua yunga” o “lengua mochica”, a continuación, presentamos dos citas pertenecientes a dos importantes clérigos: El cura de Reque, don Fernando de la Carrera, en su Arte de la lengua yunga, al indicar los curatos del entonces Obispado de Trujillo donde se habla la lengua yunga en 1644, dice que Eten, Chiclaiaep (Chiclayo) y San Miguel (Picsi) son beneficios de [la iglesia] San Francisco. (Bachmann 1921:11).
Sobre el nombre de la lengua, Castañeda cita al obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón, quien se refiere de la siguiente manera: En el , el obispo Baltazar Jaime Martínez Compañón, registró hasta ocho lenguas en la diócesis. Pero en lo concerniente a los valles lambayecanos se habló la lengua mochica o yunga. (Castañeda 2015: 28).
Carlos J. Bachmann, en su publicación “Departamento de Lambayeque, Monografía Histórico – Geográfica” (1921), cita a Marco Aurelio Cavero, estudioso de la lengua mochica, quien señala: “Los indígenas de la villa de Eten, que algo conservan del antiguo idioma, llaman hasta el día a Lambayeque “Ñampásec”. (Bachmann 1921:2).
En la actualidad es considerada como una lengua extinta (Salas 2008:32), sin embargo, hay esfuerzos de investigadores y profesores de educación primaria y secundaria empeñados por recuperarla, cuando menos frases, palabras, incluso las autoridades del Gobierno Regional han creado un certamen para reconocer y revalorar la identidad y lengua muchik de la Región, en especial de esta población de origen ancestral.
Probablemente, además del interés turístico, se deba, a que esta lengua autóctona, no sólo ha enriquecido con una serie de voces el léxico del castellano peruano, sino que “muestra que los peruanismos no necesariamente debían encontrar su origen en la lengua quechua, como si con ese idioma se agotara toda la cultura peruana.” (González de la Rosa 1911, citado por Salas 2008: 32). Otro aspecto que resalta Salas de las voces tomadas de la lengua mochica es que estas “han trascendido las fronteras del Perú, mostrando así la vitalidad con la que cuentan. Estos préstamos se encuentran en el Diccionario de la Academia” (Salas 2008: 32). Algunos de estos préstamos se encuentran desde 1884 en el Diccionario de la Real Academia Española – DRAE.
Debemos destacar también, que, hasta ahora, su población acentúa ciertas pronunciaciones, por ejemplo: “Pajarite amarille”, “color de alfalfe”, “vive don panche carille”, “que hoy es su sante”.
“Puesto que entre los habitantes de Eten la vocal domina la silaba, sobre todo al confundir el sonido final, es difícil establecer la correcta pronunciación. Así, usualmente la “o” y “u” al final se transforma en “e”, “i” e incluso en “a”. A menudo la “a”, en “e” o “i”. (Brüning 2004: xvii, Citado por Salas 2008:40)
A este tenor, Salas menciona a otro investigador, Pedro Benvenutto, que se refiere a la misma característica que tiene el etenano, es decir, de cambiar la última vocal y particularidad sonora que le da su hablar.“(…) estos sonidos […] son retenidos por los indígenas labriegos de la villa de Eten (lugar en que permaneció como curiosísima reliquia hasta hace algunos años, el antiguo dialecto), que sustituyen en las silabas finales la o y, a veces, la a por la e: Picare (picaro), cabre (cabra), compadrite (compadrito).”. (Benvenutto 1936: 125, Citado por Salas 2008:40).Como se dijera, se ha olvidado el dialecto yunga, pero a lo largo y ancho de la región se conserva algunos topónimios, muestra de ello son: Reque, Chérrepe, Collique, Chumbenique, Lambayeque, Mórrope, Illimo, Túcume.
Un dato interesante sobre la historia de Eten, son los resultados de los censos. Pini consigna: “Que para 1862, el pueblo de Eten contaba con 3445 habitantes, que 14 años después en el Censo General de 1876, aumentaban a 3909”. (Pini 1999: 25).
Otro dato importante es el censo realizado en 1940, el cual arrojó una población de 5186 habitantes que se descompone en la siguiente manera: Hombres2,500Familias urbanas1,077Habitantes urbanos5,139Mujeres2,686Familias rurales10Habitantes rurales47Total5,186Total1,087Total5,186 Razas SexoMestizaIndiaNegraAmarillaOtrasHombres1,48398271216Mujeres1,6251,0351169Total3,1082,017181825 El censo efectuado en el 2007 por el INEI, concluye que Eten cuenta con una población de 10 673 habitantes, es decir, 67 años después, prácticamente tiene el doble de población de la que tuvo en 1940.
A continuación, presentamos un cuadro resumen de la evolución poblacional de Eten, como se observa, su crecimiento ha sido en un porcentaje mínimo, probablemente porque es una sociedad endógama, pero con una presencia de gente serrana, principalmente de la Región de Cajamarca, dado por los matrimonios, tan igual como se intuye para periodos prehispánicos. AñoHabitantes18623,44518763,90919405,18619617,09319729,052198110,002199311,195200710,673 Fuente: Elaboración propia
Otro testimonio importante es el concerniente a la recaudación de rentas por estos mismos años, a continuación, transcribiremos un texto relacionado con una actividad tradicional, que hasta ahora persiste en un número reducido, como son las picanterías y chicherías, donde se degusta el piqueo en un solo plato por varios comensales, acompañados de chicha. Igualmente, algunas familias aún conservan la tradición de preparar la chicha de maíz en sus hogares para su propio consumo. Se considera que, entre los objetivos del Plan, debe estimarse y ser objeto de estudio y puesta en valor:“La caja de depósito y consignaciones, departamento de recaudación, tiene una oficina encargada de la recaudación de las contribuciones, rusticas, urbanas, así como los impuestos a los alcoholes, especialmente a la chicha que deja como renta la apreciable suma más o menos de S/. 60 000 anuales, pues debe advertirse que las etenanas son especialistas en la elaboración de chicha, la que es consumida por hombres y mujeres, niños y ancianos, dedicándose a este trabajo sin exagerar casi todas las casas.
Si el estado, estoy seguro, le dejara esta renta Eten, progresaría rápidamente y no viviera en la orfandad en que se encuentra y en un atraso que habla mucho de este pueblo a pesar de estar a 15 kilómetros de Chiclayo” (Calderón 1950: 6).Es conocido que, en noviembre del 2015, las picanterías y chicherías de cinco departamentos, entre ellos Lambayeque, fueron declaradas Patrimonio Cultural del Perú, por su aporte a reafirmar la identidad cultural y por mantener la difusión de las costumbres culinarias. De acuerdo a la Resolución declarativa emitida por el Ministerio de Cultura:
(…) las reconoce como espacios de encuentro, en los que la mujer cumple un rol fundamental en la transmisión de los saberes culinarios tradicionales, y que contribuyen a reforzar los lazos sociales y la identidad cultural.
Asimismo, reconoce a las picanterías y chicherías de los departamentos de Lambayeque, La Libertad, Cusco, Piura y Tumbes, por ser espacios donde se han transmitido muchos conocimientos culinarios tradicionales, que han servido para la consolidación de la cocina regional, y que contribuyen a reafirmar la identidad cultural y la difusión de las manifestaciones culturales de nuestro país.
Las picanterías y chicherías se diferencian de otro tipo de instalaciones debido a la especialización en la venta y consumo de platos tradicionales condimentados con diversas variedades de ají y en los cuales la chicha de maíz tiene un carácter central e imprescindible.
Su origen data de tiempos coloniales y su existencia hasta nuestros días se atribuye al rol fundamental de la mujer en la dirección de estos locales, así como en la transmisión y vigencia de los saberes culinarios tradicionales, que han servido como base para las cocinas regionales.
Cada uno de estos espacios culturales ha alcanzado una particularidad que permite diferenciarlos regionalmente entre sí, ya sea por el conocimiento y uso de los insumos propios de cada región, por los utensilios que se usan para la preparación y consumo de los alimentos y la chicha.
En Lambayeque, la picantería y chichería suelen ser extensiones de la vivienda de las cocineras tradicionales, quienes involucran a los otros miembros de la familia en el expendio de las viandas y bebidas. Estos lugares también han servido para la difusión de importantes géneros musicales y literarios y la consolidación de la cocina regional lambayecana. (Resolución Viceministerial N° 156-2015-VMPCIC, de 23 de noviembre de 2015).
A fines del 2016, la Sociedad Picantera de Arequipa, ha sugerido al Ministerio de Cultura, la postulación de las picanterías a la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.