alt=Una de las dos chimeneas del Terracotta, en el patio.|miniatura|Una de las dos chimeneas del Terracotta, en el patio. alt=Entrada del museo|miniatura|Entrada del museo El Terracotta Museo, en La Bisbal del Ampurdán (Gerona, España), es un museo de alfarería y cerámica industrial inaugurado en 1991.

El museu forma parte de la Academia Internacional de Cerámica del Sistema Territorial del Museo Nacional de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña y de la Red territorial de Museos de las Comarcas de Gerona y de la Red de Museos de la Costa Brava.

Edificio El museo está ubicado en la antigua fábrica de revestimientos cerámicos Terracotta, la más antigua de La Bisbal del Ampurdán, fundada en 1928. El edificio, construido en 1922, se fue ampliando progresivamente hasta alcanzar la superficie actual, de cerca de 6.000 metros cuadrados, la mitad de los cuales son espacios exteriores. La fábrica cesó definitivamente su actividad industrial en 1984, y tres años más tarde fue adquirida por el ayuntamiento de la ciudad, que la reformó para instalar el museo.

Historia La primera noticia documentada, que menciona el oficio de alfarero en La Bisbal, se encuentra en un cabreo de 1511. Desde su origen, este oficio ha generado un importante patrimonio material en esta localidad ampurdanesa. Parte de ello son las instalaciones que adaptadas como museo se inauguraron en 1991 con una sala de exposiciones temporales, y en 1998 se abrió al público la exposición permanente, tras un rehabilitación parcial que se completó entre 2010 y 2015.

Las obras supusieron la transformación radical de la institución y, sin duda, marcaron su porvenir. La reforma realizada comportó, por un lado, la monumentalización del edificio con el fin de incrementar su capacidad de promoción y atracción, la adecuación y puesta al día de los diferentes servicios y, por otro, la redacción y ejecución de un nuevo proyecto museográfico que permitió renovar la exposición permanente y programar una oferta de actividades culturales y de ocio renovada.

El Museo representa para la industria cerámica de la Bisbal y de las comarcas gerundenses un emblema sectorial de primer orden que realza sus valores de tradición (muchas de las empresas actuales son más que centenarias); sin duda el Museo es, en estos momentos, la apuesta cultural de mayor proyección de la Bisbal y uno de los museos de cerámica más importantes del país.

Exposición El Terracotta Museo cuenta con un fondo de más de 11.000 piezas, de las cuales unas 3000 proceden de toda la península ibérica y han sido cedidas por la Generalidad. La exposición cuenta con cuatro ejes temáticos, que tratan la cerámica, la cerámica preindustrial, el desarrollo industrial y un tributo a sus creadores. También se pueden visitar los antiguos hornos y chimeneas de la fábrica Terracotta, rajoleria y cerámica de creación.

Ámbitos Cerámica: El desarrollo de la industria de la cerámica depende, en buena medida, de las condiciones medioambientales de la zona donde se lleva a cabo esta actividad. La cerámica necesita poder tener a su alcance unas materias primas que solo puede suministrar la naturaleza: la arcilla, el combustible y el agua. El macizo de Les Gavarres es el área natural que tradicionalmente ha provisto de las materias primas a La Bisbal y, en definitiva, la que ha posibilitado el desarrollo de su industria. De los depósitos arcillosos de este macizo, los alfareros de La Bisbal han extraído los tipos de tierras más apropiados y, en sus bosques, una gran variedad de leña que han permitido adecuarse a las diferentes necesidades planteadas por las técnicas de cocción bisbalenses. Los objetos de cerámica, tanto de ladrillería como de alfarería, son, en toda su sencillez y cotidianeidad, una de las manifestaciones humanas que mejor explicitan los cambios y la evolución histórica. Aparecen en todas las civilizaciones y en todos los tiempos históricos. La creación de unas formas básicas, universales, está estrechamente vinculada con las necesidades de la humanidad a lo largo de los tiempos, y han ido variando paralelamente en su desarrollo histórico. Las formas más simples (panzudas, cilíndricas y prismáticas) se adaptan a las primeras necesidades del hombre, como por ejemplo comer, beber y construir. Más adelante, a medida que van apareciendo nuevos requisitos, los objetos de terracota toman otras funciones, y se convierten en uno de los materiales preferidos para llevar a cabo manifestaciones de carácter artístico o decorativo. Cerámica pre-industrial: La ladrillería y la alfarería son dos actividades artesanales vinculadas a un modelo de sociedad predominantemente rural, de base agraria y de economía de subsistencia. La ladrillería elabora piezas destinadas a cumplir funciones auxiliares para la construcción. Son productos toscos, austeros y sencillos; los objetos se hacen para poder aguantar, sostener y soportar, con una gran generosidad en lo que se refiere a su resistencia. Las piezas de ladrillería se elaboran a mano, siguiendo un proceso de trabajo idéntico en el que tan solo cambia el molde de madera. La obra propia de ladrillería se caracteriza por sus formas cuadradas y rectangulares, de grosores variables y sin ningún tipo de decoración. Por este motivo, podríamos decir que algunas de estas piezas, a pesar de seguir los procesos propios de la cerámica, por sus dimensiones, su grosor y su peso están mucho más cerca de la piedra que de la cerámica. La alfarería tradicional cubría las necesidades cotidianas: cocinar, comer, beber... La alfarería de La Bisbal se caracteriza por estar hecha al torno, cocida una única vez en hornos de leña (monococción) y con tres tipos de acabado principales: el rústico o mate (piezas para la construcción y el ganado), el fumado (piezas de uso doméstico que presentan una coloración negra por humo) y el vidriado o barnizado (colores paja, rojo y verde obtenidos con engobes y barniz de plomo o galena). La decoración con barniz se limitaba a algunas partes de las vasijas en el caso de obra de barro (botijos, botijos de un solo pitorro, ollas, lebrillos); en cambio, para colorear la obra de pisa (platos, bandejas, barreños, cuencos) se utilizaban los engobes locales (rojos y blancos). Cerámica industrial: El uso de las máquinas en la industria cerámica revolucionó el sistema productivo tradicional, e hizo que algunas tareas propias del alfarero, que a menudo representaban una considerable inversión de tiempo y esfuerzos, se realizaran en cuestión de minutos mediante un artilugio mecánico. El concepto de cerámica industrial se aplica a todos aquellos procesos relacionados con la cerámica en los que la energía muscular del hombre se substituye por otras energías no humanas, básicamente mecánicas y eléctricas. Pero la industrialización de la cerámica no se produce de forma repentina, sino gradual y, por tanto, durante muchos años convive con técnicas y utillajes heredados de la época preindustrial. La mecanización facilita una reducción significativa del tiempo de fabricación de un objeto especialmente en aquellos que se elaboran según un proceso seriado, y permite una clara reducción de los costes de fabricación. La calidad del objeto producido mecánicamente suele ser menor, aunque como más alto sea el grado de conocimiento de una técnica en todas sus fases, más fácil es utilizar la máquina de manera adecuada y también ensayar todas sus formas de uso. alt=Uno de sus cuatro hornos de llama invertida|miniaturadeimagen|Uno de sus cuatro hornos de llama invertidaCreadores: A principios del , y a resguardo del modernismo, aparecerá un grupo de artesanos-artistas muy especializados que dará impulso a una intensa actividad en el campo de la cerámica artística, lo que supondrá el primer reconocimiento de los valores estéticos y decorativos de la cerámica por encima de los valores de función y uso. Estos primeros artistas se dedicarán –algunos plenamente– a abastecer un mercado floreciente con piezas hasta entonces desconocidas. A partir de 1940 el descenso de la producción de alfarería tradicional empeora, hasta un punto casi terminal, de forma paralela a la consolidación de los grandes cambios culturales, económicos y sociales hacia un modelo de sociedad mucho más urbana e industrial. También contribuye a este descenso la aparición de nuevos materiales substitutivos de la cerámica, como el plástico o el acero inoxidable. Una situación de desestructuración de la cerámica que habría sido terminal si a partir de los años cincuenta no se hubiera producido el “boom” del turismo. La aparición y posterior consolidación gradual del fenómeno turístico permitirá que algunos obradores bisbalenses reorienten su producción y se adapten a las nuevas necesidades, transformando las antiguas vasijas de alfarería en objetos básicamente decorativos. A partir de ese momento y hasta la fecha, la cerámica artesana vivirá una transformación gradual, variando sus usos y utilidades tradicionales en función de las exigencias estéticas de este nuevo público, adaptando sus diseños y colores a los gustos de los nuevos consumidores y abarrocando las formas y las técnicas decorativas. No obstante, esta circunstancia tuvo consecuencias importantes en el tipo de producción y, a partir de este momento, los objetos perderán el sentido del equilibrio y coherencia que habían tenido hasta entonces. alt=Entrada al recinto|miniaturadeimagen|Entrada al recinto

Objetos destacados Tierra: La tierra es la materia básica que los ceramistas utilizan para la fabricación de objetos. Mezclada con agua se convierte en una masa plástica apta para ser moldeada, que conserva la forma dada después de secarse y, una vez cocida, adquiere gran dureza. Las tierras se localizan en los depósitos arcillosos, llamados terreras. La tierra roja, muy plástica, se ha utilizado tradicionalmente en la elaboración de vasijas de uso doméstico; la tierra blanca, de textura más dura, es más adecuada para las piezas de ladrillería. Olla: La industria de la cerámica, refugiada en su sencillez y cotidianeidad, aparece en todas las civilizaciones y en todos los tiempos. La evidente similitud formal entre objetos de épocas históricas bien diferentes y entre culturas diversas nos demuestra la universalidad y perdurabilidad de algunas tipologías básicas, especialmente aquellas relacionadas con los alimentos: ollas, cuencos y jarras. Son, todos ellos, objetos utilitarios que demuestran la permanencia de ciertos usos, así como la perdurabilidad de unas formas de vida. Medida de vino: Los ceramistas de La Bisbal tenían un alto grado de conocimiento de su oficio. La alfarería tradicional sigue siempre unos criterios de funcionalidad, equilibrio y sobriedad adecuados a unas formas de vida campesina y menestral, y su utilidad va siempre ligada a los quehaceres diarios: el botijo era el rey de fuentes y pozos, la olla ocupaba su sitio encima de los fogones, la jarra guardaba aceitunas, el barreño estaba presente en la matanza del cerdo y la tina olía a colada. Ladrillo "de abanico": La ladrillería elabora objetos destinados a la construcción. Son productos que nos acercan a unas formas de vida vinculadas a un mundo que busca la fortaleza y la solidez de las cosas y están pensados para hacer frente a las inclemencias del tiempo, a los golpes de los animales o al exceso de peso. La obra propia de ladrillería se caracteriza por sus formas cuadradas y rectangulares, de grosores variables y sin ningún tipo de decoración; cuando se decoran, como en el caso de la baldosa de secadero o los ladrillos llamados “de abanico”, es para cumplir un papel estrictamente funcional.