El Cabecilla fue un semanario satírico español adscrito al carlismo publicado en Madrid entre 1882 y 1890 durante la llamada Restauración.

Historia Fue fundado por Rafael Balanzátegui, bajo la dirección de Leoncio González de Granda. Subtitulado «Periódico montaraz de pura raza», en la cabecera, dibujada por Ramón Cilla, figuraba un voluntario carlista con la bandera en la mano. En las páginas centrales publicaba láminas en colores, retratos y caricaturas.

Sostuvo rudas batallas contra el delegado de Don Carlos en España Cándido Nocedal —a quien denominaba despectivamente «Capetillo»— y su periódico El Siglo Futuro, defendiendo al también diario carlista La Fé en su disputa con el anterior. También se enfrentó con los semanarios satíricos El Papelito y Rigoleto, afectos a Nocedal.

En su primer número dijo que era:

Se editaba a cuatro páginas de 44 por 33, a tres columnas en la Imprenta de Ubado Montegrifo, Bailén, 26. Su redacción y administración se hallaba en la Cuesta de Santo Domingo, 12, entresuelo izquierda. Las dos páginas centrales la ocupaban una lámina con una viñeta humorístico-política. En los textos, algunos en verso, se comentaba la actualidad política, noticias, revista de prensa, y una sección bajo el epígrafe Trabucazos.

300px|thumb|Primera caricatura de El Cabecilla, que representaba al carlismo como un toro de lidia y a Cándido Nocedal como el matador. Ramón Nocedal se querelló varias veces contra el director, contra Vildósola y contra Isidoro Ternero, propietario del semanario, por la publicación de artículos que consideró ofensivos para él y para Cándido, su padre.

En sus ataques a Cándido Nocedal, El Cabecilla no dudó en recordar continuamente su pasado anticarlista como miliciano nacional y después ministro de Isabel II, calificándolo de «neo» y vividor del presupuesto público.

El periódico recibió el apoyo de algunos destacados excombatientes carlistas, como el brigadier Pascual Cucala y el general Eusebio Rodríguez.

El 1 de enero de 1883 Ternero dejó de ser propietario, se retiró del periódico, y las caricaturas fueron entonces a dos tintas. Cesó en diciembre de 1888. En noviembre de 1889 comenzó una segunda época. En junio de 1890 Granda fue denunciado por el director de El Movimiento Católico por injuria y calumnias.

Colaboradores Fueron colaboradores Valentín de Novoa y Valentín Gómez, entre otros.

Referencias

Bibliografía

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