miniaturadeimagen|300px|«Reclining male nude», pintura de Aleksander Lesser, 1837. 300px|miniaturadeimagen|«Reclining Odalisque», pintura de Hermann Fenner-Behmer.

La desnudez o el desnudo es el estado de no estar vestido. A veces se refiere al estado de llevar poca ropa (semidesnudo), o menos de lo que las convenciones o reglas de una cierta cultura o situación ha establecido, al estado de exposición de piel o partes íntimas.

En el mundo del arte es un género artístico que representa las figuras humanas despojadas de vestimenta, cuyo origen se remonta a los inicios del arte prehistórico. Alcanzó su apogeo durante la Antigüedad clásica y el Renacimiento. El desnudo en ciertas culturas occidentales puede considerarse erótico y en otras ser un estado normal al que no se asigna ninguna sensación o emoción particular.

Terminología La palabra desnudo indica que el cuerpo no está cubierto de ropas, aunque su definición posee diferentes connotaciones subjetivas. La palabra desnudo posee su origen etimológico en el latín que significa «sin ropa».

El desnudo integral thumb|Desnudo masculino Un estado de total desnudez, sin cobertura de vestidos que tapen las partes más íntimas del cuerpo. miniaturadeimagen|Un grupo de personas desnudas en el festival hinduista, Allahabad Kumbh Mela de 2007.

El desnudo parcial thumb|Desnudo femenino El desnudo parcial o semidesnudo es aquel que muestra partes del cuerpo que según la cultura suelen cotidianamente aparecer vestidas. Téngase en cuenta que, solo para dar un ejemplo, en la cuenca del mar Mediterráneo, ya fuera en el antiguo Egipto o entre los pueblos semíticos, solía considerarse como desnudez el hecho de que las mujeres mostraran en público su cabellera; la ocultación de la cabellera femenina también existió aunque más moderada en la antigua Grecia y la antigua Roma. En la Roma clásica se distinguía a la mujer que no era lupa (‘loba’, en latín: ‘prostituta’) porque llevaba en público sus cabellos o bien cubiertos o recogidos en un rodete; en el Antiguo Egipto se consideró un acto de desnudez femenino el hecho de que la mujer exhibiera su cabellera natural, pero como era común que los egipcios y las egipcias se decalvaran por cuestiones de higiene extrema (por ejemplo evitar piojos), el uso de pelucas por parte de las mujeres era altamente erótico y las mujeres semidesnudas con peluca excitaban como si estuvieran desnudas. La semidesnudez erótica entre los antiguos egipcios ha sido común en pinturas y estatuaria en la que aparecen representadas bellas mujeres vestidas con tules u otras ropas sutiles de hilado con lino cuyas trasparencias permitían observar gran parte del cuerpo femenino. Para el egipcio común como para otros pueblos, la mujer saliendo vestida de las aguas, aunque con sus ropas mojadas ciñéndole el cuerpo y mostrando la mayor parte de sus curvas, ha sido una semidesnudez (semidesnudez que se reiteró más de tres mil años después entre cierta élite francesa en tiempos previos al Imperio bonapartista: la moda estilo imperio precedió al mismo Napoleón I entre las mujeres, las cuales para evidenciar su belleza corporal llegaron a humedecer sus ropas en el bastante poco apacible clima parisino, lo cual dio lugar a un síndrome de resfríos, gripes, neumonías etc. que fue llamado «enfermedad de las muselinas» (o, recordando a la promiscua emperatriz romana, «enfermedad de las Mesalinas»).

El hecho de que la semidesnudez sea considerada tal se evidencia en los trajes de baño socialmente aceptados del «Occidente» que cambiaron radicalmente en casi 50 años durante el : a inicios del todavía imperaba la «moral victoriana» y solo las meretrices podían aparecer siendo vistas con algo más que sus cabezas, manos, cuellos y pies despojadas de vestimenta. Tras la Primera Guerra Mundial hubo un primer exhibicionismo (el de los locos años veinte, época en la cual la antropóloga Margaret Mead arremetió contra los llamados tabús occidentales. En verdad los trabajos de campo de Margaret Mead son hoy muy discutibles y más bien revelan su rechazo a la moralina oprimente contra las mujeres de la llamada época victoriana. El de los locos años veinte fue un período anticipador en el cual algunas de las mujeres de los países económicamente más desarrollados usaron minifaldas (es decir mostraron la mayor parte de sus piernas), vestidos ajustados y escotados que dejaban completamente a la vista los brazos femeninos. Pero esta moda de los años veinte fue muy acotada: en menos de una década fue substituida por un nuevo puritanismo (el de la década del nazismo y el fascismo). Solo tras la Segunda Guerra Mundial se hizo masivo y aceptado gradualmente (los alegres años sesenta fueron el inicio de la total aceptación) que las mujeres usaran trajes de baño y ropas íntimas que antes se consideraban de meretrices, odaliscas o del «desnudo salvaje típico de los pueblos primitivos»: el vestido de baño hoy llamado bikini es antiquísimo pero solo resurgió como una forma de desnudo parcial a fines de los años cincuenta (a la par que Marilyn Monroe declaraba que para acostarse solo se vestía con un perfume), ya en los sesenta también era frecuente, en ciertos balnearios europeos, lo que entonces se llamaba monokini (actualmente se le llama monokini al traje de baño femenino de una sola pieza que deja gran parte del cuerpo al descubierto, pero en los sesenta monoquini era muchas veces sinónimo de topless). Junto al topless, bastante más recatada y sugerente apareció (con auge desde los años setenta) la bikini muy reducida llamada tanga (un grado extremo de tanga es la llamada filo que solo cubre con pequeñas cintas ―en portugués filos― la cadera y la región anal) y la colaless (bikini que deja ver casi la totalidad de los glúteos).

Sin embargo, la cuestión del semidesnudo y del desnudo total no ha quedado solo restringida a las ropas o a las pocas ropas: desde fines de en muchos casos no suele considerarse enteramente desnudo un cuerpo de mujer si la mujer no se exhibe completamente depilada (por ejemplo exenta del vello púbico). Si bien se observa, la delimitación entre el desnudo y lo vestido es bastante eurocéntrica (aunque también en otras grandes extensiones de clima frío y templado se observan concomitancias o coincidencias con los criterios de desnudez europeos). En cambio en zonas tropicales e intertropicales ha sido común lo que obviamente significa que en las regiones cálidas del planeta el desnudo fuera considerado nada extraordinario ni algo particularmente excitante, lujurioso o libidinoso (en el Asia Sudoriental, en Oceanía, en la América intertropical y en gran parte de África ha sido común ―debido al clima tórrido― el desnudo habitual sin que al parecer provocara excitaciones eróticas). En cuanto al límite entre el semidesnudo y el desnudo absoluto existe una frontera subjetiva entre desnudo total y parcialmente desnudo, gobernada quizás por la excitación sexual: para algunas personas el desnudo total ya es tal cuando la persona que se observa muestra sus caracteres sexuales secundarios (por ejemplo una mujer con los senos mamarios desnudos y con el pubis desnudo aunque cubierto con vello); en cambio, para otras personas, el desnudo total es aquel en donde la persona desnuda está con el pubis completamente depilado e incluso está exenta de todo adorno.

El desnudo en el arte Véase Desnudo (género artístico) y Representación del desnudo.

Dentro del arte figurativo ha predominado la representación de los desnudos femeninos; una explicación antropológica para ello se encuentra en la tradicional consideración de las deidades madres como deidades de la fertilidad (en el sentido amplio de la fertilidad, incluyendo por ejemplo la fertilidad en mieses). Tal es el caso de las «Venus» prehistóricas cuyo ejemplo más divulgado es el de la llamada Venus de Willendorf. En tal tipo de «Venus» poco se nota de lo que posteriormente resultaría un icono erotizante; más bien en esos casos prehistóricos se representa a mujeres gordas o acaso embarazadas con grandes o resaltados senos mamarios, siendo poco importantes los detalles faciales, los que indican una personalidad.

thumb|Venus de Milo (hacia el 100 a. C.).

Luego de la prehistoria, paulatinamente y sobre todo con el surgimiento de estados civilizados, se nota un paulatino énfasis en el rostro, en un primer momento muy idealizado tal cual se observa en las Koré y los Apolo del arte griego arcaico que en este aspecto semeja aún al arte de los grandes imperios de la Mesopotamia Asiática o del Valle del Nilo. Sin embargo, el arte minoico acaso inspirado en cierto arte naturalista egipcio que lograba eludir al hieratismo supo resaltar la dinámica vital de los cuerpos anticipando de este modo al arte griego clásico (el cual se explaya en cuanto al desnudo en tres vertientes: la idealizante, la naturalista y la realista) durante el periodo de apogeo del arte griego (luego difundido a Etruria y Roma) se exalta el kalos (la belleza) del cuerpo humano y para esto se evitan las rigideces o las formas pesadas; sin embargo, de esta aparente ausencia de hieratismo, la noción griega del kalos plantea un profundo conocimiento de la anatomía (al menos de la anatomía más visible), la existencia de cánones (canon de alturas: 8 cabezas para el varón y 7 para la mujer, como el kanon de Policleto) y acorde con estas proporciones todas las demás proporciones siguiendo en lo posible a la sección áurea. De este modo se evita toda desmesura (o hybris) para mantener la armonía; tal armonía se puede observar en la especial serenidad de las posturas y rostros (miradas, labios) de las estatuas de Afrodita o de Apolo.

Incluso muchas figuras vestidas del arte griego, como la Niké de Samotracia (Victoria alada de Samotracia), en realidad parecen mostrar solo sutiles veladuras que permiten apreciar ―como por translucidez― al cuerpo desnudo.

thumb|Desnudos eróticos en el templo de Khayurajo (India, siglo X).

Tras las campañas de Alejandro, el arte del desnudo helénico irradia sus influencias y llega al arte de la India en el cual los cuerpos (especialmente los femeninos) son plasmados artísticamente con cánones típicos en los que se resaltan las formas curvilíneas de cinturas estrechas que resaltan las caderas femeninas y senos mamarios turgentes más un abundante añadido de adornos (pulseras, ajorcas, collares, tocados de cabello), las figuras femeninas suelen ser dispuestas en líneas sinuosas casi como evocando las de los vegetales que así acentúan la morbidez (lo más semejante será el contraposto en «Occidente)», este despliegue de arte sensual y voluptuoso hinduista se puede apreciar en los templos de Ayantá, el de Suria o el de Chapri entre otros hasta tener su apogeo entre los siglos  y  en los templos de Khayurajo. Mientras que en el «Occidente» con el avance del cristianismo, religión que en sus inicios ―como el judaísmo y el islamismo― repudiaba el culto a las imágenes figurativas que pudieran inducir a idolatría en lugar de la sublimada adoración a un Uno y Único Dios, es decir el prístino cristianismo era forzosamente iconoclasta y ni qué decir que con ello la representación artística del desnudo decayó: aun cuando en su proselitismo ecumenista el cristianismo hizo pragmáticas concesiones ante los gustos estéticos de los «gentiles» el cristianismo exaltó una representación muy sublimada de los seres humanos al considerar los teólogos que la «carne» era frágil, perecedera, mortal e inducible al «pecado», ante esto el arte cristiano medieval (en particular el arte bizantino) trató de exaltar los aspectos «espirituales» del cuerpo humano, lo cual prácticamente equivalió a evitar el desnudo (por contrapartida las representaciones corporales fueron pintadas o dibujadas con ropas holgadas, infladas, y los cuerpos fueron alargados en una estilización que llegó a un canon de 10 y 11 cabezas; la misma cabeza de las personas consideradas santas se dibujó a partir de dos círculos superpuestos).