La batalla del Rincón de Marlopa (3 de abril de 1821) fue un enfrentamiento militar librado en el contexto de las guerras civiles argentinas. En aquel encuentro chocaron las tropas de las provincias de Salta y Santiago del Estero, a cargo de los coroneles Juan Felipe Ibarra y Alejandro Heredia, con las de Tucumán, mandadas por los coroneles Abraham González y Manuel Arias. El combate finalizó con la victoria de las segundas.

Antecedentes Situación del Río de la Plata

En 1819, los caudillos federalistas José Gervasio Artigas, Francisco Ramírez y Estanislao López estaban en guerra con el Directorio, que ejercía un mandato centralista desde Buenos Aires. Decidido a terminar de una vez con una guerra civil que ya llevaba casi seis años, el Directorio ordenó a los jefes de los dos grandes ejércitos de la guerra de independencia que retrocedieran hacia Buenos Aires, desde donde inmediatamente atacarían a los federales. Pero el jefe del Ejército de los Andes, mandado brigadier José de San Martín, prefirió no intervenir y concentrarse en la Expedición Libertadora del Perú. Por su parte, el comandante del Ejército del Norte, brigadier Manuel Belgrano, quien estaba enfermo, inició la marcha hacia el sur con el grueso de sus tropas. Dejaba atrás una pequeña división al mando de Francisco Sayós en Córdoba, a órdenes del general Juan Antonio Álvarez de Arenales, una guarnición al mando del coronel Domingo Soriano Arévalo en Tucumán, y una pequeña fracción al mando del coronel Juan Felipe Ibarra defendiendo a Santiago del Estero de los indígenas del Chaco. A poco de andar, la enfermedad que arrastraba Belgrano desde hacía tiempo empeoró, por lo que regresó a Tucumán, donde vivía su amante Dolores Helguero y su hija natural Manuela, dejando que el ejército continuara su camino, al mando del coronel mayor Francisco Fernández de la Cruz, con el coronel mayor Juan Bautista Bustos como segundo, y divisiones al mando de los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz, y el teniente coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid.

En el noroeste argentino estaba la provincia de Tucumán, con un clima cálido, húmedo en verano y seco en invierno, básicamente una selva al pie de las sierras del Aconquija y del Candado, que desbordaba fertilidad en las zonas donde el ser humano había abierto grandes claros en el monte. Tenía una población de aproximadamente personas hacia 1820, de las que 8000 a 9000 vivían en su capital, San Miguel de Tucumán. Respecto de la vecina provincia de Salta, incluyendo el partido de Jujuy pero no el de Tarija, alterna zonas selváticas con áreas de montes espinosos, más un área desértica de altura. Tendría unos a habitantes, con su ciudad capital, Salta con una población de 8000 a 9000. Más al sur, la provincia de Santiago del Estero tendría unos , con su capital homónima albergando apenas a 4000. Su extensa frontera norte se apoyaba en el río Salado, curso de agua que le separaba del Gran Chaco, región poblada por tribus no sometidas al gobierno. Por último, se encontraba la provincia de Catamarca, tendría a habitantes, con 4000 viviendo en su capital; la mayoría de su población se concentraba en el valle que le daba su nombre.

La Intendencia de San Miguel de Tucumán, que incluía a Catamarca y Santiago del Estero, había permanecido obediente al Directorio —dejando de lado las breves insurrecciones de Borges— bajo el gobernador Bernabé Aráoz, héroe de la batalla de Tucumán, y luego de Feliciano de la Mota Botello. Por su parte, en 1815 la Intendencia de Salta del Tucumán había nombrado a su propio gobernador —contrariando al Directorio— en la persona del jefe de las milicias gauchas que la defendían contra las invasiones realistas, Martín Miguel de Güemes. Éste gobernaba en un delicado equilibrio entre el apoyo de la clase alta, siempre condicionado a que no se tocasen sus intereses, y el de las clases bajas, que formaban parte de unas milicias (los Gauchos de Güemes) que ejercían suficiente presión en favor del caudillo, pero no participaban en el gobierno. Exceptuando las zonas más al oeste de estas provincias, su clima cálido y húmedo permitía el cultivo de trigo y algodón, y la cría de abundante ganado.

Históricamente, la base de la economía de Jujuy era el tránsito por la Quebrada de Humahuaca hacia el Alto Perú, el de Salta la invernada y venta de mulas a las minas del Alto Perú, la del Tucumán era la fabricación de las carretas con que se viajaba a través de las Provincias Unidas al sur de Salta y Jujuy —donde comenzaba el predominio de las mulas— mientras que las economías de Catamarca y Santiago del Estero eran más concentradas en el mercado local, al que se agregaba el cultivo, hilado y tejido del algodón, con destino parcial también en el Alto Perú. El estallido de la Guerra de la Independencia y la separación del Alto Perú de las Provincias Unidas arruinó gran parte de casi todos los ramos de comercio orientados hacia las provincias del lejano norte.

Faltando casi por completo los verdaderos caminos, el tránsito se hacía en mulas o a caballo, de modo que también la guerra se hizo con predominio de la caballería.

Aráoz en Tucumán A finales de aquel 1819, en la intendencia de San Miguel de Tucumán mandaba un gobernador intendente leal al Directorio, coronel Feliciano de la Mota Botello, de origen santafesino, quien aplicó exacciones y embargos de bienes con el apoyo del cabildo. Estos se usaron para generar un empréstito forzado de pesos que debió pagar el vecindario, además de reclutarse hombres para un nuevo regimiento. La provincia ya estaba agotada por llevar años suministrando reclutas a la guerra; contaba con una guarnición de 300 hombres acuartelados en La Ciudadela, la fortaleza cercana a Tucumán. Eran los últimos restos del Ejército del Norte y estaban mandados por el teniente coronel Domingo Arévalo, quien secundó en todo al gobernador. Los oficiales de la tropa se encontraban descontentos ante la rígida disciplina impuesta por Arévalo, mientras que los vecinos eran forzados a un toque de queda nocturno por Mota Botello.

En la noche del 11 de noviembre de 1919 empezó una conspiración inspirada por el coronel mayor y exgobernador Bernabé Aráoz. Los sublevados fueron dirigidos por el capitán del regimiento N.° 9, Abraham González, oriental, y los capitanes de los escuadrones de Dragones, Felipe Heredia y Manuel Cainzo. El capitán González arrestó a Belgrano, quien estaba enfermo en su casa, junto al cuartel, y no opuso resistencia. Cainzo fue a la casa de Mota Botello, quien intentó resistirse al arresto, pero un soldado le hirió con un chuzo un brazo. El capitán Heredia y otros oficiales arrestaron a Arévalo cuando aquel salía de su habitación a inspeccionar las causas de los ruidos que escuchaba por el cuartel.

A la mañana siguiente, el cabildo leyó un oficio mandado por los capitanes y resolvió nombrar un gobierno interino. Se mandó llamar a Aráoz, quien estaba en sus propiedades de Río Seco, El cabildo le hizo prestar juramento y así, el 14 de noviembre, Aráoz se transformó en el primer gobernador nombrado de forma autónoma en la historia de Tucumán.

El motín de Arequito y la Anarquía del Año XX El 8 de enero de 1820, las tropas del Ejército del Norte se amotinaron en Arequito bajo el mando de Bustos, Paz y Heredia, y emprendió la marcha de regreso al norte, deteniéndose en primer lugar en Córdoba. Un día más tarde, el batallón N.° 1 de Cazadores de los Andes, acantonado en San Juan y de 1000 plazas, se alzó al mando del capitán Mariano Mendizábal y los tenientes Francisco Solano del Corro y Pablo Morillo, deponiendo al gobernador, el licenciado José Ignacio de la Rosa.

Poco después, las sublevaciones federalistas se contagiaban por todo el territorio, excepto el Alto Perú, ocupado por los realistas, la provincia de Salta y la antigua intendencia del Paraguay, que eran autónomas en la práctica. De hecho, Salta llevaba luchando sola contra los realistas desde hacía años. Desde la perspectiva de Güemes, los territorios tarijeño, jujeño y salteño acabaron devastados, mientras que entre 1814 y 1818 los gobiernos tucumano y porteño se mantuvieron en calma, ayudándolo poco y a regañadientes.

El 1 de febrero de 1820, el director Rondeau fue completamente derrotado en Cepeda, y la noticia sacudió la capital: tras una serie de episodios caóticos, el Directorio y el Congreso se disolvieron el 18 de febrero y, al día siguiente, el cabildo de Buenos Aires declaraba que cada provincia tenía plena autonomía para gobernar sus asuntos internos.

El nuevo jefe del Ejército del Norte, el cordobés Bustos, forzó primero la renuncia del gobernador directorial de su provincia, luego logró ser reelegido gobernador de su provincia, y suspendió el avance hacia el Alto Perú. Heredia y Paz, sus subordinados, protestaron por este hecho, y Bustos permitió al primero llevar algunas tropas al norte, aunque retuvo a la mayoría de sus fuerzas. Paz, autorizado a llevar de regreso a Santiago del Estero a sus soldados, se sublevó pero fue rápidamente vencido y terminó refugiado en Santiago; allí lo encontraría cuatro años más tarde el estallido de la guerra del Brasil. Las fuerzas de Heredia pasaron por Tucumán, donde el coronel exigió a Aráoz que pusiese a sus órdenes las tropas que habían sido de Arévalo y las armas que éste había estado encargado de custodiar. Como no lo logró, Heredia y parte de sus hombres continuaron su camino hasta Salta, donde se pusieron a órdenes del gobernador Güemes.

Conflicto entre Aráoz e Ibarra

Ante tal situación, el 22 de marzo, Aráoz lanzaba una proclama para organizar la República del Tucumán, un territorio autónomo que incluía Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero. Intentó organizar un Congreso Constituyente, pero sus elecciones fueron impugnadas en Santiago del Estero. A mediados de enero, había llegado a esa ciudad el capitán Heredia con la escolta de Belgrano, quien era llevado moribundo a Buenos Aires. Dejó en la ciudad al capitán Juan Francisco Echauri, quien fue nombrado teniente de gobernador dependiente de Aráoz y depuró de opositores al cabildo local, asegurando la elección de los representantes Juan José Lami y Santiago de Palacio al disponer soldados vigilando la sala donde se celebró la votación.

Esto fue demasiado y sus opositores pidieron ayuda al capitán Juan Felipe Ibarra, comandante del Fuerte de Abipones. Ibarra avanzó con su tropa y el Viernes Santo, 31 de marzo, se enfrentó en las calles de la ciudad con Echauri, a quien derrotó. Sus partidarios en el cabildo lo nombraron teniente gobernador y lo ascendieron a coronel. El 27 de abril, ese territorio fue oficialmente proclamado separado de la jurisdicción del Tucumán el 27. El 22 de mayo se proclamaba la República del Tucumán, que incluía a Tucumán y Catamarca.

El 16 de enero de 1821, Juan Esmerejildo Vargas denunció una conspiración para deponer a Ibarra, encabezada por el capitán de milicias Celedonio Alderete, el comandante López y Juan Nepomuceno Paz, cuyas reuniones se celebraban en la casa de este último en Ardiles; fue rápidamente abortada. También por la misma época, algunos vecinos santiagueños que se oponían a Ibarra solicitaron ayuda a Aráoz, quien movilizó a sus milicianos. Al enterarse de la movilización, Ibarra pidió ayuda a los gobernadores vecinos, especialmente a Güemes. Aráoz entró en Santiago del Estero con 1000 hombres bien pertrechados, pero fue vencido en Los Palmares o Palmar el 11 de febrero, batalla en la que los tucumanos perdieron a muchos oficiales como muertos o prisioneros. Los soldados de Aráoz provenían de Tucumán y Catamarca según fuentes de la época.

Intervención de Güemes