El trastorno del procesamiento auditivo (APD por sus siglas en inglés), también conocido como trastorno del procesamiento auditivo central (CAPD por sus siglas en inglés), es un término general que se usa para describir una variedad de desórdenes que afectan la forma en como el cerebro procesa la información auditiva. Los individuos con APD usualmente tienen una estructura y función normal del oído externo, medio e interno (audición periférica). Sin embargo, éstos no pueden procesar la información que escuchan de la misma manera que otros lo hacen, lo cual lleva a dificultades en el reconocimiento e interpretación de los sonidos, en especial aquello que componen al habla. Se cree que estas dificultades surgen de una disfunción del sistema nervioso central.

El APD no destaca en las clasificaciones de diagnóstico populares, tales como el Diagnóstico y Manual Estadístico de Desórdenes Mentales de la cuarta edición (DSM-IV por sus siglas en inglés). La Academia Americana de Audiología señala que el APD es diagnosticado a través de las dificultades en uno o más procesos auditivos que se sabe que reflejan la función del sistema nervioso auditivo.

El APD puede afectar tanto niños como adultos, aunque el predominio entre ellos es actualmente desconocido. Se ha sugerido que los hombres tienen el doble de probabilidad de ser afectados por el trastorno que las mujeres, pero no hay estudios epidemiológicos que lo demuestren.

Definiciones La Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (ASHA por sus siglas en inglés) publicó un trabajo titulado "(Central) Auditory Processing Disorders" en enero del 2005 como parte de una actualización de "Central Auditory Processing: Current Status of Research and Implications for Clinical Practice" (ASHA, 1996). La Academia Americana de Audiología ha publicado más guías prácticas vigentes relacionadas con el trastorno.

En el 2011, la Sociedad Británica de Audiología publicó el trabajo "best practice guidelines".

El trastorno del procesamiento auditivo puede aparecer progresivamente o de manera adquirida. Puede resultar de infecciones en el oído, lesiones en la cabeza o retrasos en el desarrollo neural que afectan al procesamiento de la información auditiva. Esto puede incluir problemas con: "... la localización del sonido y lateralización; discriminación auditiva; reconocimiento auditivo de patrones; aspectos temporales de la audición, incluyendo a la integración temporal, la discriminación temporal (por ejemplo, detección de brechas de tiempo), ordenamiento temporal, así como enmascaramiento temporal sonoro; rendimiento auditivo en cuanto a señales acústicas competitivas (incluida a la escucha dicótica); y por último, el rendimiento auditivo con señales acústicas degradadas".

El Comité de Profesionales Médicos del Reino Unido, el cual dirige el Programa de Investigación del Trastorno del Procesamiento Auditivo en el Reino Unido, ha desarrollado la siguiente definición funcional del trastorno: "El APD resulta de ciertas funciones neurales dañadas y es caracterizado por la escasez de reconocimiento, discriminación, separación, agrupación, localización u ordenamiento de los sonidos del habla. No solo resulta de un déficit general en la atención, lenguaje u otros procesos cognitivos."

Historia La primera investigación sobre el APD comenzó en 1954 con el estudio de Helmer Myklebust, titulado "Auditory Disorders in Children".Myklebust, H. (1954). Auditory disorders in children. New York: Grune & Stratton. El trabajo de Myklebust surigió que el trastorno del procesamiento auditivo fuera separado de las dificultades del aprendizaje en el lenguaje. Su trabajo produjo un interés en los déficits auditivos que surgían después de lesiones en el cerebro que afectaban los lóbulos temporales, además de llevar el tema a trabajos adicionales que buscaban las bases fisiológicas del procesamiento auditivo, pero no fue hasta finales de los años 70 y principios de los 80 que la investigación a fondo sobre el APD comenzó. En 1997, la primera conferencia en el tema del APD fue organizada por Robert W. Keith, doctor de la Universidad de Cincinnati. Los resultados de dicha conferencia fueron publicados por Grune y Stratton bajo el título de "Central Auditory Dysfunction" (Edición de Robert W. Keith). La conferencia inició una nueva serie de estudios enfocados en el APD en niños.Katz, J., & Illmer, R. (1972). Auditory perception in children with learning disabilities. In J. Katz (Ed.), Handbook of clinical audiology (pp. 540–563). Baltimore: Williams & Wilkins. Prácticamente todas las pruebas usadas actualmente para diagnosticar el APD se derivan de este trabajo. Estas primeras investigaciones también inventaron muchos de los acercamientos hacia el entrenamiento auditivo, incluyendo el entrenamiento de transferencia interhemisférica y el entrenamiento de diferencia de intensidad interaural. Este periodo proporcionó una comprensión aproximada de las causas y posibles opciones de tratamiento para el APD. Mucho del trabajo de finales de los años 90 y principios de los 2000 ha estado buscando refinar las pruebas, desarrollando opciones de tratamiento más sofisticadas, y también buscando factores de riesgo genético para el APD. Los científicos han trabajado en la mejora de las pruebas conductuales de la función auditiva. Con la conciencia global de los trastornos mentales y la creciente comprensión de la neurociencia, el procesamiento auditivo se encuentra más que nunca dentro del conocimiento académico y público.

Diagnóstico El APD es un trastorno difícil de detectar y diagnosticar. Los síntomas subjetivos que llevan a una evaluación del APD incluyen a una discapacidad intermitente para procesar la información verbal, llevando a la persona a adivinar para llenar los vacíos en el procesamiento. Podrían también existir problemas desproporcionados con la decodificación del habla en los ambientes ruidosos.

El APD ha sido definido anatómicamente en términos de la integridad de las áreas auditivas del sistema nervioso. Sin embargo, los niños con síntomas de APD por lo general no tienen evidencia de la enfermedad neurológica y el diagnóstico es hecho sobre la base del rendimiento en las pruebas auditivas conductuales. El procesamiento auditivo es "lo que hacemos con lo que oímos", y en el APD hay un desajuste entre la habilidad periférica de la audición (la cual es típicamente normal) y la habilidad para interpretar o discriminar los sonidos. Por tanto, en aquellos que no muestran signos de daño neurológico, el APD se detecta por medio de las pruebas de audición. Sin embargo, no hay consenso sobre cuales pruebas deban ser usadas para el diagnóstico, como fue evidente en la serie de reportes de especialistas que han aparecido en años recientes. El primero de estos ocurrió en 1996. Esto fue seguido por una conferencia organizada en la Academia Americana de Audiología. Los expertos que han intentado definir los criterios del diagnóstico tienen que lidiar con el problema de que un niño pueda tener malos resultados en una prueba de audición por razones distintas a la escasa percepción auditiva; por ejemplo, el fracaso puede ser por la falta de atención, dificultad para acatar las demandas y tareas o la habilidad limitada del lenguaje. En un intento por descartar por lo menos algunos de estos factores, la Academia Americana de Audiología recomendó que para que el APD fuera diagnosticado, el niño debía tener un problema de modalidad específica, lo cual significa que éste afecta la audición pero no la vista. Sin embargo, un comité de la ASHA rechazó la modalidad específica como una característica de los trastornos de procesamiento auditivo.

El problema de la modalidad específica ha generado debate considerable entre los expertos en el campo. Cacace y McFarland han argumentado que el APD debería ser definido como una disfunción perceptiva de modalidad específica que no se debe a la pérdida de la audición periférica. Ellos critican las conceptualizaciones más incluyentes del APD como carente de especificidad diagnósticas. Uno de los requerimientos para la modalidad específica podría evitar potencialmente el incluir a niños cuyo bajo rendimiento auditivo es debido a factores generales tales como la falta de atención o memoria. Otros, sin embargo, han argumentado que el acercamiento de la modalidad específica es muy estrecho, además de que fallaría en niños que han tenido problemas perceptivos genuinos que afectan tanto al procesamiento auditivo como al visual. También es impráctico, dado que los audiólogos no tienen acceso a pruebas estandarizadas que sean análogas visuales de las auditivas. El debate sobre este asunto sigue sin resolución. Sin embargo, es claro que un acercamiento de modalidad específica diagnosticará menos niños con APD que uno de modalidad general, y que este último corre el riesgo de incluir a niños que reprueban los test auditivos por otras razones que no son un escaso procesamiento auditivo. Aunque la prueba de modalidad específica ha sido defendida por más de una década, a la fecha ninguna de las que ha sido publicadas permitiría a los audiólogos realizar una evaluación de modalidad específica (es decir, no existen versiones clínicas de análogos visuales para las pruebas de procesamiento auditivo).

Otra controversia se refiere al hecho de que la mayoría de las pruebas tradicionales de APD usan materiales verbales. La Sociedad Británica de Audiología ha abrazado la recomendación de Moore (2006) de que las pruebas de APD deberían evaluar el procesamiento de los sonidos no verbales. La preocupación es que si los materiales verbales son usados para diagnosticar el APD, entonces los niños podrían fallar por causa de la habilidad lingüística limitada. Una analogía puede ser elaborada al tratar de escuchar sonidos en una lengua extranjera. Es muy difícil distinguir entre sonidos o recordar una secuencia de palabras que no se conocen bien: el problema no es auditivo, sino que se debe a la falta de experiencia en el idioma.

En años recientes, han surgido críticas adicionales de algunas pruebas populares para el diagnóstico del APD. Las pruebas que usan inglés americano grabado han demostrado sobreindentificar el trastorno en hablantes de otras formas del inglés. Se descubrió que el rendimiento en un conjunto de pruebas auditivas no verbales creadas por el Instituto de Investigación Auditiva del Consejo de Investigación Médica fue profundamente influenciado por demandas de tareas no sensoriales, mientras que los índices de APD mostraban poca confiabilidad cuando esto era controlado. Esta investigación socava la validez del APD como una entidad distinta en su propio derecho, por lo cual sugiere que el uso del término "trastorno" por sí mismo no está justificado. Hace poco, en una reseña elaborada sobre tales asuntos de diagnóstico, se recomendó que los niños con posibles discapacidades de procesamiento auditivo recibieran una evaluación psicométrica holística que incluyera habilidad intelectual general, memoria y atención auditiva, procesamiento fonológico, lenguaje y alfabetismo. Los autores declaran que "una comprensión más clara de las contribuciones relativas de los factores perceptivos y no sensoriales, unimodales y supramodales al rendimiento en las pruebas psicoacústicas podrían ser la clave para descifrar la presentación clínica de estos individuos."