Cuentos de mi tía Panchita es el nombre de una colección de cuentos de la escritora costarricense María Isabel Carvajal, conocida bajo el pseudónimo de Carmen Lyra. Publicados por primera vez en San José de Costa Rica en 1920, los Cuentos de mi tía Panchita es una colección de veintitrés cuentos de hadas que tradicionalmente se han agrupado en dos partes: los cuentos de la tía Panchita propiamente dichos, cuya temática se encuentra basada en cuentos folclóricos europeos como la Cenicienta o Hansel y Gretel, y los cuentos de tío Conejo, que están basados en la tradición oral latinoamericana, con fuerte influencia africana. Cuentos de mi tía Panchita es la obra más conocida y difundida de su autora, y es considerada un clásico de la literatura costarricense.
Historia editorial
La obra fue publicada por su autora por primera vez en San José en 1920, con una segunda edición en 1922, sin que se conserven ejemplares de ninguna de estas dos ediciones. El libro se publicó por tercera vez en 1936, ilustrado por Juan Manuel Sánchez Barrantes, y en una cuarta ocasión en 1956, a partir de la cual la obra sufre un cambio estructural y es dividida en dos grupos, basándose en su temática y origen. En 2005, la editorial Legado publicó una nueva edición ilustrada por el caricaturista nacional Hugo Díaz Jiménez, con una segunda edición en 2012. En 2015, se llevó a cabo una nueva edición de la mano de Editores Uruk e ilustrada por la pintora Ruth Angulo.
Cuentos
La obra ha sido dividida en dos grupos:
Los cuentos de la tía Panchita
El tonto de las adivinanzas
Una mujer tiene dos hijos: uno vivo y otro tonto, al que apodaban "El Grillo". Este se entera de que el rey ha lanzado un concurso para otorgar la mano de su hija a quien le diga tres adivinanzas que no él no pueda resolver, y resuelva a su vez otras tres que el rey proponga. El Grillo decide aceptar el reto, ensilla su yegua, llamada Panda, y parte. En el camino, siente hambre y decide almorzar, pero siente lástima por su yegua, así que le da la torta de arroz y huevo que su madre ha preparado para él. No obstante, la señora, inadvertidamente por estar mal de la vista, ha aderezado la torta con una hierba venenosa en lugar de orégano, y Panda muere luego de comer. Inmediatamente, tres perros llegan y lamen el hocico de Panda, muriendo también. Luego llegan siete zopilotes y se comen los cadáveres de los perros, por lo que a su vez mueren. El tonto sigue su camino y se encuentra con una vaca despeñada, a la que termina de matar y extrae de su vientre un ternero que estaba por nacer, cuya carne cocina y come. De camino, bebe agua de los cocos de una palmera. Llega al palacio y todos se burlan de que quiera intentar el reto del rey, a la vez que la princesa teme tener que casarse con aquel hombre. El tonto le dice al rey sus adivinanzas basándose en los tres hechos que le ocurrieron en el camino, para las cuales el rey no tiene respuesta. Luego el rey dice sus acertijos y el tonto acierta las tres respuestas por pura suerte. Llega el día del matrimonio, pero la princesa, para no casarse, manda al sastre que le haga al Grillo un traje muy apretado. El tonto, que no se siente a gusto, desiste de casarse y vuelve a su casa con dos mulas cargadas de oro.
Corresponde al cuento-tipo 851 de los índices de Aärne-Thompson y Hansen, "La princesa que no puede resolver el acertijo", donde es, precisamente, el concurso de acertijos el tema principal del cuento. En la literatura hispana existen más de cien versiones similares de este cuento, pero la de Carmen Lyra se distingue por un elemento: el personaje principal adivina los acertijos del rey por casualidad. Además, a pesar de salir victorioso, el protagonista rehúsa casarse con la princesa y recibe a cambio un saco de oro, constituyéndose en un final feliz "realista", elemento que aparece en 851, IV*c de Hansen. En general, el tono del cuento es humorístico: "El Grillo" no es para nada tonto, en el sentido literal de la palabra, sino más bien un tipo astuto y con suerte. La palabra "tonto" se usa como sinónimo de "vago, irresponsable", mientras que el hermano del personaje principal es "vivo" porque es responsable y trabajador. Para la sociedad costarricense contemporánea de Lyra, no trabajar es considerado una tontería, porque trabajar es la única manera de llevar el sustento al hogar. La ideología liberal de la época promulga el trabajo y el esfuerzo personal como fuente de superación y ascenso social, con la pobreza como resultado de la vagancia, la herencia o la raza, y no producto de las determinaciones económicas o sociales. No obstante, Lyra cuestiona estos principios en el cuento: gracias a su astucia y a su buena suerte, el "tonto" lleva a su hogar grandes riquezas que nunca su hermano con todo lo que trabaja pudo lograr, dándose incluso el lujo de rechazar el matrimonio con una princesa, valorando más su propia libertad. Lyra también pone en entredicho el discurso liberal sobre el ascenso social: a pesar de su éxito en el reto del rey, el tonto no se casa con la princesa, de superior clase social. Resaltan aspectos propios del folclor costarricense: cuando el tonto rechaza su matrimonio por su vestuario incómodo, refiere como excusa que no quiere quedar "como un Niño Dios en retoque", en alusión a que las sonrientes esculturas del Niño Dios las aseguran con un tornillo que les meten por detrás.
Uvieta
Uro él se niega. Dios promete no llevárselo si deja bajar a la Muerte, a lo que Uvieta accede. Entonces, Dios envía al Diablo por él. Cuando el Diablo llama a la puerta de Uvieta, este usa su saco para atraparlo, y lo deshace a golpes de garrote, volviéndolo polvo. Dios convence a Uvieta de dejar de dar palos al Diablo, al que Dios vuelve a dar forma. Muy enojado, Dios vuelve a mandar a la Muerte, que llega de noche y se lo lleva al otro mundo, dejándolo en la puerta del Cielo. Cuando San Pedro se entera de quién es él, lo envía al infierno. El Diablo lo ve venir de lejos, lo reconoce y se encierra. Uvieta llama a la puerta usando el antiguo saludo de los campesinos costarricenses, "Ave María Purísima", por lo que el Diablo llama a los otros diablos para que le ayuden a que Uvieta, el hombre que lo hizo polvo, no pueda entrar. Como no le abren, Uvieta vuelve al Cielo, donde explica a San Pedro que en el infierno nadie le abre. San Pedro le interroga acerca de cómo llama él a la puerta, a lo que Uvieta responde con su "Ave María Purísima". La Virgen sale creyendo que la llaman y reconoce a Uvieta como el hombre que le regaló su pan, por lo que lo hace entrar, muy orondo, en la Gloria.
El cuento Uvieta está basado en una leyenda africana de un hombre que, mediante astucia, logra subir a la Muerte a un árbol mágico, arquetipo frecuente en las mitologías de todo el mundo. Uvieta está clasificado dentro del cuento-tipo 330A del índice Aärne-Thompson, "El herrero y el Diablo (o la Muerte)", el cual consta de cuatro elementos: I. Contrato con el Diablo. II. Recepción de un objeto mágico. III. Engaño al Diablo. IV. Expulsión de Cielo e Infierno. El cuento de Carmen Lyra carece únicamente del primer elemento, "contrato con el Diablo", siendo substituido por la ayuda que Uvieta ofrece a los tres divinos necesitados, entregándoles su única (y por ende, más valiosa) posesión. En América Latina existen algunas versiones de esta historia principalmente en México y Colombia, y solo en la versión de Puerto Rico, además de la de Carmen Lyra, se incluyen al mismo tiempo como personajes al Diablo y la Muerte. En otras versiones, el protagonista no es un anciano sino un soldado, un herrero o un pícaro burlador. En Uvieta hay elementos del mito griego de Sísifo, quien logra retener prisionero a Tánatos (la Muerte) usando su astucia. Tánatos solamente es liberado por intermedio de Ares, enviado por Zeus. A diferencia de otras versiones, Uvieta no logra entrar al Cielo mediante engaños o pactos, sino solamente gracias a haber mostrado caridad. Lyra, además, aprovecha para introducir una frase muy propia del trato coloquial costarricense de su época como el medio afortunado que permite a Uvieta tanto librarse del Infierno como entrar en el Paraíso. En 1983, el dramaturgo costarricense Alberto Cañas Escalante estrenó una obra de teatro basada en este cuento. El cuento de Uvieta es considerado en la actualidad uno de los favoritos entre el pueblo costarricense, dado que el personaje logra mediante su astucia salir adelante a pesar de los obstáculos que se le presentan.
Juan el de la carguita de leña
Escomponte perinola
Juan, a quien apodaban Juan Cacho e'Venao, o simplemente Juan Cacho, por su mala suerte, decide un día irse a rodar tierras para ver si puede cambiar su suerte. En el camino se topa con un viejito pobre y enfermo, con quien comparte su única comida. El viejito resulta ser Tatica Dios, quien para recompensar a Juan, le entrega una servilleta de virtud, que tiene la capacidad de hacer aparecer sobre ella toda clase de manjares. De vuelta para su casa para alimentar a sus muchos hijos, Juan pasa por una posada de arrieros, donde realiza el conjuro de la servilleta para dar de comer a todos, y luego se emborracha. El posadero, hombre astuto y malintencionado, aprovecha la borrachera de Juan para cambiarle la servilleta por una común y corriente, de modo que cuando Juan llega a su casa, y luego de echar por tierra la única pobre comida de su familia, intenta sin éxito repetir el hechizo de la servilleta. Su esposa y los niños, que son muy malcriados, terminan echándolo de la casa. Juan regresa al lugar donde Tatica Dios se le apareció para darle las quejas, y efectivamente, el Señor reaparece llevando tras de sí un borriquito, que tiene la particularidad de echar monedas por el trasero. Maravillado por aquello, Juan se lleva el burro y pasa por la misma posada, pero como no es nada malicioso, le muestra al posadero la gracia del animal, por lo que este, una vez más, engaña a Juan cambiándole el burro, con el consecuente desaguisado cuando Juan llega a su casa y el animalito echa boñiga sobre la mesa en lugar de las esperadas monedas. Su familia lo vuelve a echar a palos y Juan regresa al sitio donde se le apareció Dios, quien nuevamente se presenta, esta vez con un saco. Luego de darle una regañada, y ponerlo en cuentas de las burlas del posadero y de su falta de autoridad para con su mujer e hijos, Dios abre el saco y exclama "Escomponte, perinola". Inmediatamente, una enorme perinola que más parece un garrote, emerge del saco y da de palos a Juan. Una vez que Dios la ha controlado con las palabras "Componte, perinola", la entrega a Juan, quien la usa para dar su merecido al posadero - de paso, recuperando la servilleta y el borrico - y después a su mujer e hijos. A partir de entonces, Juan usa las riquezas del borrico y los banquetes de la servilleta para acabar con los pobres de su pueblo, y educar a sus hijos y a su mujer, mientras cuelga la perinola en el salón de su casa como recuerdo de que allí está quien lo arregla todo.