El poblamiento indígena de la Argentina es el conjunto de las migraciones, adaptaciones culturales y mutaciones físicas de los seres humanos en el actual territorio de la República Argentina desde la llegada de los primeros pobladores, posiblemente en torno al décimo milenio antes de nuestra era, hasta el estado cultural y demográfico en que los hallaron los primeros europeos en arribar a esas tierras, en el .
Se describe a continuación el proceso de cambios culturales dentro de las sociedades de nivel cultural cazador-recolector, mencionando solo marginalmente la evolución y migraciones de las culturas agroalfareras.
Poblamiento de América
La ya tradicional discusión entre los sostenedores de la teoría del poblamiento tardío y de la teoría del poblamiento temprano del continente americano parece estar definitivamente resuelta en favor de esta última: ya parece imposible sostener que la totalidad del poblamiento americano haya sido posterior al final de la última glaciación, hace alrededor de 12 000 años. De modo que es indudable que el continente americano estaba ya poblado hace unos 14 000 años, y es posible que el poblamiento inicial haya sido anterior en varios milenios. Los autores suelen aceptar fechas no excesivamente tempranas –20 000 y hasta 30 000 años antes del presente– aún cuando existen sitios con fechados muy anteriores, llegando en el extremo a los 60 000 años de antigüedad.
No obstante, subsiste la evidencia más que sólida de un rápido aumento del número de sitios arqueológicos datados en fechas posteriores al décimo milenio A.C., que parecería respaldar la teoría de que existió para esa época una nueva oleada inmigratoria de origen asiático, oceánico o incluso quizá europeo, o bien una «revolución» adaptativa –cuyas características diferenciales se nos escapan– que habría permitido un brusco aumento de la población y una rápida difusión por la casi totalidad del continente en un lapso comparativamente breve de tiempo. Se han planteado teorías de poblamiento temprano combinadas con la llegada tardía –hace menos de siete o seis mil años– de poblaciones navegantes que habrían aportado nuevas tecnologías y cultivos, que algún tiempo después llevarían a la revolución neolítica en América. Se trataría de poblaciones «melanesoides» llegadas desde Oceanía, que no habrían incorporado un aporte poblacional y genético relevante, pero sí en tecnologías y conocimientos.
En todo caso, con excepción del sitio chileno de Monte Verde –con diversos datados para dos poblaciones distintas, una de las cuales se discute si tiene una antigüedad de 20 500 años–Dillehay, Tom D.; Carlos Ocampo; José Saavedra; Andre Oliveira Sawakuchi; Rodrigo M. Vega; Mario Pino; Michael B. Collins; Linda Scott Cummings; Iván Arregui; Ximena S. Villagran; Gelvam A. Hartmann; Mauricio Mella; Andrea González & George Dix (2015) "New Archaeological Evidence for an Early Human Presence at Monte Verde, Chile"; PLoS ONE 10 (11): e0141923. El estrato más profundo de Monte Verde arroja una antigüedad de 33 900 años, pero los propios arqueólogos que hicieron la exploración no se atreven a sostener que su origen haya sido indudablemente humano. Ver Politis et al. (2010): 77. los yacimientos arqueológicos más antiguos en el Cono Sur están fechados en una antigüedad máxima de 13 000 años antes del presente. Casi todos ellos se encuentran en el extremo sur del continente, en la provincia de Santa Cruz o en territorio chileno, a corta distancia del estrecho de Magallanes. Una excepción a esta generalización es el yacimiento de Viuda Quenzana, cerca de Puerto San Julián y descubierto a principios del , que aporta una fecha tan temprana como 14 500 años antes del presente. En todo caso, todas se ubican en el extremo sur del continente, lo cual probablemente no deba ser interpretado como que el poblamiento del territorio argentino se haya producido de sur a norte, sino que las condiciones para la conservación de restos humanos y de caza son mucho más favorables en la estepa seca y fría de la Patagonia que en el centro y norte del país.
En el primer cuarto del se han hecho descubrimientos más limitados, pero que alteran la cronología del poblamiento del territorio actualmente argentino: se han encontrado restos de actividad humana en las cercanías de Tres Arroyos, en la provincia de Buenos Aires, con una antigüedad de 14 000 años. El anuncio de un descubrimiento de restos de pelo y caza presumiblemente humanos en la Puna catamarqueña, anunciado en 2018 y fechado en alrededor de 40 000 años de antigüedad parece haber sido abandonado, asignándole a los restos de naturaleza indudablemente humana del sitio sólo unos 3000 años de antigüedad .
Los primeros pobladores
El final del Pleistoceno, que transcurrió durante los últimos milenios anteriores al año 10 000 antes del presente, fue un período caracterizado por el retroceso de los glaciares en toda la región andina y patagónica, de modo que surgieron la estepa patagónica y las mesetas altoandinas. En este período se produjo un marcado ascenso de la temperatura –aunque con altibajos, y siempre mucho más fría que en la actualidad– y un cambio en el régimen de vientos, que marcaron fuertes cambios ecológicos. Durante este período y comienzos del siguiente se formaron los suelos de la llanura pampeana, formados con aportes de materiales arrastrados por el viento desde la Cordillera de los Andes y la región patagónica. También se elevó considerablemente el nivel del mar –desde unos 130 m por debajo del nivel actual– destruyendo ambientes presumiblemente habitables y los restos humanos que nos hubieran permitido comprender más adecuadamente el proceso del poblamiento en el litoral marítimo y las migraciones a lo largo del mismo.
Cazadores del Pleistoceno
Las condiciones ecológicas de la estepa patagónica eran muy distintas a las actuales a fines del Pleistoceno, aproximadamente hace unos 12 000 años: si bien hacía más frío, había mucha mayor humedad, corrían varios ríos que hoy son cañadones secos, y el número de lagunas de agua dulce era mucho mayor que el de la actualidad. La megafauna del Pleistoceno aún no se había extinguido, por lo que los primeros cazadores aprovechaban la carne de los gliptodontes, megaterios, milodones y algunos otros grandes herbívoros de movimientos lentos. Haya sido por la presión de la caza humana o por otras condiciones ecológicas, esta fauna desapareció al comienzo del Holoceno, hace unos 10 000 años.
Es seguro que los cazadores se trasladaban periódicamente de un lugar a otro en busca de sus presas, pero los yacimientos arqueológicos que se pueden encontrar hoy son refugios fijos, casi todos ellos ubicados en las barrancas rocosas junto a los ríos y lagunas; así, los yacimientos de Piedra Museo, Los Toldos y otros, son cuevas o aleros que ofrecían refugio frente a las nevadas y vientos, ubicados en las cercanías de aguadas que atraían a los animales que se convertirían en las presas de los cazadores. Junto a los huesos de los animales cazados, los restos que se han encontrado son exclusivamente líticos,Todos los yacimientos del período paleolítico, es decir anterior a la agricultura, contienen únicamente herramientas de piedra, en ocasiones restos de la fabricación de esas herramientas, restos de comida, especialmente huesos, y fogones protegidos por círculos de piedra y tiznados de ceniza. En ningún caso se han encontrado restos de seres humanos, por lo menos hasta el comienzo de la sedentarización debida al establecimiento de la agricultura. y consisten generalmente en lascas talladas en una de sus caras y en uno de sus filos. No hay pruebas que permitan dilucidar si eran puntas de dardo para ser utilizados con propulsores o simples herramientas de mano.
No se han hallado yacimientos anteriores al décimo milenio antes del presente en ningún otro lugar del actual territorio argentino, con excepción de la Puna; allí, restos fechados a partir de los 11 000 años antes del presente, ubicados también en refugios junto a arroyos y lagunas, muestran un desarrollo de la técnica lítica muy similar a la existente en el sur patagónico, a más de 4000 kilómetros de distancia. Más claramente que en la Patagonia, los restos más antiguos, anteriores a las puntas de proyectiles, son hachas bifaciales.
El Holoceno temprano
A partir del comienzo del Holoceno, hace unos 10 000 años, se produce un rápido aumento del nivel de los mares, aunque la temperatura de la atmósfera sufrió aumentos moderados. Para este período se dispone ya de una mayor cantidad de yacimientos, tanto en el extremo sur –Marazzi y Tres Arroyos en Tierra del Fuego, Cueva Fell y Pali Aike al norte del estrecho de Magallanes– como en el centro y norte de la Patagonia, con el conocido caso de la cueva de las Manos. También existen yacimientos en la llanura pampeana –en las inmediaciones de las sierras de Tandil, de la Ventana y de la Tinta, como también en las cercanías de Tres Arroyos y, a orillas del río Quequén Grande, los cinco yacimientos del Paso Otero, el más antiguo de los cuales tiene una antigüedad de 10 450 años y contiene restos de no menos de diez especies de mamíferos desaparecidos. El yacimiento más antiguo en el centro de la Argentina es el del cerro La China, al noroeste de Olavarría (Buenos Aires), con una antigüedad de 10 800 años.
Simultáneamente aparecen otros yacimientos, de un estado cultural muy similar, en la provincia de Mendoza y en las sierras de Córdoba, cuyo yacimiento más conocido es el de la cueva de Inti Huasi, en San Luis, con una antigüedad máxima de 8700 años.
thumb|Puntas de flecha de «cola de pescado»; cueva Fell, Magallanes. Estos yacimientos muestran una cierta uniformidad en el desarrollo cultural, con variantes locales: en casi todos ellos aparecen en esta época pinturas rupestres, puntas de flecha o de dardo bifaciales –es decir, trabajadas en sus dos caras y sus dos filos– y con adaptaciones especiales para atarlos a un astil y formar una flecha, especialmente las puntas de flecha conocidas como «cola de pescado», que se encuentran en casi todos los yacimientos, ubicados a veces a enormes distancias, desde la región magallánica hasta la región cuyana y central. Si en la etapa anterior parece seguro que utilizaban exclusivamente lanzaderas, en esta época aparecen indudablemente las lanzas de mano y quizá los arcos y flechas.
Como se puede apreciar, todos estos yacimientos responden a regiones de clima estepario, excepto los del sur de la actual provincia de Buenos Aires; no obstante, el clima entre el décimo y el octavo milenio antes del presente también allí era mucho más frío y seco que en la actualidad, y predominaba también en esta región un ambiente de estepa árida o semiárida. Por otro lado, como la megafauna ya se había extinguido, los cazadores debieron especializarse en especies de tamaño mediano, mucho más móviles: junto al guanaco, el ñandú y el venado, que han sobrevivido hasta el presente, eran cazadas otras especies que presumiblemente fueron extinguidas por la presión cinegética, como el caballo Hippidion saldiasi, los camélidos Lama gracilis y Lama oweni, y el zorro Dusicyon avus.
Con excepción de los restos líticos y algunos restos de las presas, lo único que ha sobrevivido de la cultura de estos pueblos son las pinturas rupestres: se utilizaba preferentemente el ocre y las tintas obtenidas de frutos y cortezas vegetales; se representaban sobre todo escenas de caza de guanacos y otros auquénidos, pero también existen representaciones esquemáticas de seres humanos, formas líneales de todo tipo –repitiéndose el motivo de la espiral– y las conocidas manos pintadas. thumb|Pinturas rupestres en la cueva de las Manos, Santa Cruz.