El asedio de Mesolongi fue un episodio clave de la guerra de independencia de Grecia de la década de 1820, más por su importancia política que militar, porque contribuyó considerablemente a hacer la opinión europea favorable a la independencia griega.

Mesolongi (), debido a su situación en la costa norte del golfo de Patras, ocupa una posición estratégica que de hecho la convierte en la llave del golfo de Corinto, pero también domina el Peloponeso y la Grecia más al norte. Había demostrado esta importancia durante la batalla de Lepanto, en el siglo .

Mesolongi fue asediada repetidamente por los otomanos durante la guerra de independencia de Grecia: sin éxito en 1822, de nuevo en 1823 y finalmente en 1825-1826, cuando tomaron la ciudad en abril de este último año. Esta derrota griega tuvo un papel determinante en la victoria final en la guerra de independencia. A los defensores de la ciudad se había unido en efecto lord Byron en 1824, que los había financiado y entrenado. Su óbito estremeció a los filohelenos (liberales occidentales sensibles a la causa de los griegos) y a Europa en general. La defensa heroica y el sacrificio de la población de la ciudad durante el último cerco empujó a Occidente a intervenir en la contienda.

Guerra de independencia griega izquierda|miniaturadeimagen|El arzobispo de Patras, Germanos, bendiciendo a los insurgentes griegos. La guerra de independencia griega fue una guerra contra la Administración otomana. Aunque los enfrentamientos principales tuvieron lugar en el Peloponeso y en torno a Atenas, hubo también combates en Epiro y en la Grecia central.

Efectivamente, Alí bajá de Janina, que buscaba asegurar definitivamente la independencia de su territorio en Epiro, se había rebelado contra el sultán Mahmut II en 1820. La Sublime Puerta (nombre dado en ocasiones al Gobierno del Imperio otomano) había tenido que movilizar todo un ejército en torno a Ioánina para hacerle frente. El sultán había enviado a Jursit bajá, entonces gobernador del Peloponeso, al frente de sus tropas para aplastar la rebelión. Mesolongi era el puerto estratégico de comunicación entre ambas regiones, el Peloponeso y Epiro.

Para los patriotas griegos organizados en la Filikí Etería y que preparaban el alzamiento nacional desde el final del siglo la rebelión de Alí bajá favorecía sus planes, ya que habría potencialmente menos de soldados otomanos disponibles para reprimir su levantamiento. La insurrección estalló en el Peloponeso. Comenzó entre el 15 y el 20 de marzo de 1821, por toda la costa septentrional del Peloponeso (Patras, Vostitsa, Kalavryta) y en la península de Mani. Theodoros Kolokotronis, uno de los jefes de la insurrección, había recorrido el Peloponeso a principios de 1821 con el fin de fomentar la causa de la independencia. Había partido de Zante que, junto con Corfú, era una de los lugares donde se preparó la insurrección. Las islas Jónicas cerraban el golfo de Corinto, en cuya entrada se encuentran tanto Mesolongi como Patras. El 25 de marzo, el arzobispo de Patras, Germanos, proclamó la guerra de liberación nacional.

Los insurgentes griegos tomaron en algunos meses el control de Acarnania y de Etolia (el oeste de la Grecia continental, al sur del golfo de Arta), mientras que en Epiro los suliotas aliados a Alí bajá habían recobrado la posesión de sus montañas en noviembre de 1820 y acosaban junto con los armatoles de la región a las tropas otomanas. La alianza era de conveniencia: los griegos no olvidaban que Alí bajá había perpetrado matanzas de suliotas a principios de siglo. Dos tentativas otomanas de atravesar los puertos del Makrynoros (la principal vía de paso entre la región de Arta y Etolia-Acarnania) fueron rechazadas en mayo y junio. A finales de noviembre, la coalición de los armatolos griegos, de los suliotas y de las tropas de Alí atacó Arta; a pesar de ciertos éxitos iniciales, estas fuerzas no consiguieron defenderla del contraataque otomano. Las tropas de Alí abandonaron entonces a sus aliados y se pasaron al campo otomano, en parte por las desmanes antimusulmanes de los cristianos (conversiones forzosas, destrucción de mezquitas, matanzas, en especial la de Tripolizza en octubre).

Alí bajá murió a comienzos de 1822. A partir de entonces, los otomanos pudieron concentran sus fuerzas contra los insurgentes griegos, en el sur y en Epiro. Jursit bajá, que había negociado con los griegos la liberación de sus mujeres y de su lugarteniente capturados en Tripolizza a cambio de una fuerte suma y de la liberación de sus rehenes suliotas, retomó la ofensiva a finales de mayo de 1822.

Mesolongi contaba a principios de la década de 1820 con en torno a cinco mil quinientos habitantes, de los que casi todos vivían de la mar. Construida en uno de los extremos de una bahía poco profunda de difícil acceso para las naves de gran calado, la ciudad está separada del mar, que se encuentra a siete kilómetros, por una laguna pantanosa llamada Limnothalassa; queda así protegida por el oeste y el sur. La entrada de la bahía está dominada además por los islotes de Vasiladi, Dolmâ y Anatolikon (sobre el cual se hallaba una fortaleza). Hacia el este, el monte Aracinto constituía otra defensa natural. A pesar de estas defensas naturales, las artificiales se limitaban a un pequeño foso casi lleno, una muralla en mal estado y cuatro viejos cañones.

Primer asedio (noviembre de 1822-enero de 1823) Después de la derrota y muerte de Alí bajá, los suliotas se encontraron prácticamente solos frente a las numerosas tropas de Jursit bajá (catorce mil hombres). Solicitaron entonces el auxilio de los demás griegos insurrectos. Alexandros Mavrokordatos acudió al lugar con novecientos veinte pallikares griegos y ciento veinte filohelenos. Sus ocho naves zarparon de Corinto rumbo a Mesolongi, puerto de entrada a Etolia. Los suliotas, en un último esfuerzo, habían conseguido desembarazarse de los otomanos. Mavrokordatos acudió a su encuentro y luego marchó hacia Arta, donde fue vencido el por siete u ocho mil otomanos en la batalla de Peta. Perdió un tercio de sus hombres y la mitad de los filohelenos y tuvo que replegarse hacia el sur. Después de firmar una capitulación en agosto, los suliotas pasaron a Cefalonia en septiembre, en buques británicos. izquierda|miniaturadeimagen|Markos Botsaris A mediados de octubre, el ejército otomano mandado por Omer Vrioni abandonó Arta y atravesó el Makrynoros sin encontrar oposición; una parte de los armatoles se unió al bando otomano. Los griegos decidieron evacuar Etolia, abandonar las posesiones y quemar tanto las granjas como las cosechas, para que no se adueñasen de ellas los otomanos.

Los griegos convergían en Mesolongi. Allí acudió también el ejército otomano el . Mientras que la infantería turca bloqueaba la ciudad por tierra, tres naves de guerra la bloquearon por mar. Mavrokordatos y Markos Botsaris no querían abandonar Mesolongi, porque la pérdida de la ciudad habría flanqueado el paso de las tropas turcas al Peloponeso. Las fuerzas enfrentadas, sin embargo, no favorecían al bando griego: trescientos sesenta de estos, con municiones y víveres apenas para un mes, estaban rodeados por once mil soldados otomanos con once cañones y cuatro obuses. Entre los soldados de la Sublime Puerta, se encontraban los albaneses musulmanes, considerados como las tropas selectas que aún continuaban invictas.

Omer Vrioni comenzó por negociar para tratar de lograr la rendición pacífica de la localidad sin tener que combatir. Para mostrar su buena voluntad, concedió una tregua de ocho días con el fin de que los griegos pudiesen reunir los barcos necesarios para la evacuación de los civiles. Hidra y Spetses enviaron siete naves que, en lugar de evacuar las poblaciones, persiguieron a las otomanas (); después desembarcaron refuerzos: primero setecientos peloponesios mandados entre otros por Petrobey Mavromichalis, después mil pallikares con sus capétans (jefes), con provisiones y municiones ().

Por su parte, los sitiadores sufrían hambre y enfermedades (la región de Mesolongi es muy pantanosa). Además, los soldados albaneses reclutados por Omer Vrioni, que no habían recibido su paga, se negaban a combatir. Las salidas regulares y cruentas de los asediados desmoralizaban además a las tropas otomanas.

Omer Vrioni decidió rematar el asedio lanzando un asalto el día de Navidad de 1822 (del calendario juliano). Esperaba que los asediados, ocupados en la fiesta religiosa, bajarían la guardia, facilitando la maniobra de los atacantes. El efecto de sorpresa se perdió, sin embargo, porque algunos cristianos al servicio de los otomanos consiguieron prevenir a los sitiados. Estos estaban por tanto en sus puestos cuando la infantería otomana pasó a la acción. El combate duró tres horas. Los otomanos tuvieron finalmente que batirse en retirada después de haber perdido quinientos hombres (entre muertos y heridos) y doce banderas. Los griegos no sufrieron más que cuatro muertos.

Los asediados continuaron sus salidas de hostigamiento los días siguientes. Les ayudaban pequeñas bandas de pallikares que habían conseguido alcanzar Mesolongi por tierra. Se había anunciado una expedición de socorro para librar a los griegos sitiados y se enviaron tropas al mando de Mavromichalis a la desembocadura del Aqueloo, con el fin de cortar la retirada otomana. Por otra parte, ciertos armatoles como Rhangos, que se habían pasado al campo otomano en julio después de la derrota de Peta, volvieron nuevamente al griego y ocuparon los desfiladeros del Macrynoros.

Cada vez más amenazado, Omer Vrioni dio orden de levantar el campo. Los otomanos levantaron el asedio la noche del 11 al 12 de enero de 1823 (), abandonando toda su artillería. Un desacuerdo, que abundaban entonces entre los jefes griegos, retrasó la persecución. El ejército otomano no logró cruzar el Aqueloo y tuvo que acampar en las ruinas de Vrachori; un intento de cruce fue rechazado el 2 de febrero, y el hambre comenzó a afectar intensamente al campamento otomano, ya que la región había sido arrasada. Los otomanos no lograron franquear el río hasta el 27 de febrero, operación en la que se ahogaron seiscientos soldados. Finalmente, los restos del ejército otomano alcanzaron sus bases en Vonitsa y Preveza en torno al 5 de marzo, atravesando el golfo de Ambracia en barco.

El balance de este primer cerco de Mesolongi fue favorable para los griegos insurrectos: los albaneses del ejército otomano perdieron su reputación de invencibilidad y los otomanos no podían ya intentar retomar el Peloponeso durante esa campaña, al menos desde el norte. La victoria de Mesolongi dio esperanzas a los griegos en una posible victoria final. Además, las naciones de Europa occidental comenzaron a interesarse por la suerte de los griegos, que parecían poder ganar la contienda contra el Imperio otomano.

Segundo asedio (octubre-diciembre 1823) izquierda|miniaturadeimagen|La muerte de Markos Botsaris, por Filippo Marsigli.