La Historia de la República de las Dos Naciones (1569-1648) abarca un período de la historia de Polonia y Lituania que acaba con las encarnizadas guerras que aquejaron al Estado conjunto a mediados del siglo . La Unión de Lublin de 1569 estableció la República de las Dos Naciones, un Estado federal más compenetrado que la mera unión personal que había existido hasta entonces entre ambos países. La Unión la gestionaba en gran medida la nobleza polaca, lituana y rutena —estas últimas cada vez más polonizadas— mediante un sistema de Parlamento central y de asambleas locales (las dietinas) y la encabezó desde 1573 reyes elegidos por la aristocracia. El sistema de gobierno de la nobleza, que era más numerosa que en cualquier otro país europeo, constituía un sofisticado sistema democrático primitivo que contrastaba con las monarquías absolutas predominantes por entonces en el resto de Europa.
miniaturadeimagen|izquierda|La Unión de Lublin que unió al Reino de Polonia y al Gran Ducado de Lituania en 1569.
La unión polaco-lituana era en aquella época una potencia muy influyente en Europa y una entidad cultural destacada, que extendió la cultura occidental hacia el este del continente. En la segunda mitad del siglo y en la primera del siglo , la República de las Dos Naciones era un Estado enorme de la Europa central y oriental con una extensión de casi un millón de kilómetros cuadrados.
Después de los avances de la Reforma protestante (la Confederación de Varsovia (en) de 1573 fue la culminación de un proceso único en Europa que aseguró la libertad de culto en el país), la Iglesia católica llevó a cabo una contraofensiva ideológica y una Contrarreforma que atrajo numerosos conversos del protestantismo. Había ciertos desacuerdos y dificultades en cuanto a la asimilación de las poblaciones rutenas que poblaban los territorios orientales de la mancomunidad; al principio (finales del siglo ), se manifestaron en la Unión de Brest, que dividió a la Cristiandad oriental de la mancomunidad y en una serie de levantamientos cosacos.
Fue una potencia militar especialmente durante el reinado Esteban I Báthory, pero su poderío decayó luego durante los de los reyes de la dinastía Vasa, Segismundo III y Vladislao IV, que se enfrascaron en disputas dinásticas. Surgieron también conflictos internos que protagonizaron los reyes, los poderosos magnates —la alta nobleza— y las fracciones aristocráticas. La mancomunidad libró contiendas con Rusia, Suecia y el Imperio otomano. Algunos de los poderosos vecinos de la mancomunidad también arrostraron dificultades y aprovechándolas el Estado polaco-lituano trató de dominar el este de Europa, en particular sojuzgar Zarato moscovita. Aunque la república se coligó con los Habsburgo, no participó directamente en la guerra de los Treinta Años.
En 1577, el zar Iván IV de Rusia invadió la región de Livonia y se adueñó de casi toda ella; esto empujó a Polonia-Lituania a entrar en guerra. La victoriosa contraofensiva dirigida por el rey Esteban Báthory y Jan Zamoyski dio como resultado la paz de 1582, que le permitió a la mancomunidad recuperar gran parte del territorio en disputa con Rusia y a los suecos apoderarse del norte de la región (Estonia). Segismundo III proclamó Estonia parte de la mancomunidad en 1600, lo que desencadenó una guerra con Suecia (1600-1611) por Livonia que guerra duró hasta 1611 y acabó sin un vencedor claro.
En 1600, mientras el Zarato moscovita se encontraba en un período de inestabilidad, la mancomunidad propuso una unión con el Estado ruso. Esta maniobra no fructificó y los intentos posteriores, que incluyeron invasiones militares, negociaciones diplomáticas, manipulaciones dinásticas y otras maquinaciones, también fracasaron. Las diferencias entre las dos sociedades e imperios resultaron insuperables a la postre, pero este conflicto le permitió al Estado polaco-lituano en 1619, después de la Paz de Deúlino, alcanzar su máxima extensión, aunque al precio de debilitarse por el enorme esfuerzo militar al que se había sometido en las campañas rusas.
En 1620, el Imperio otomano del sultán Osman II declaró la guerra a la Mancomunidad. En la desastrosa batalla de Tutora, pereció el hetman Stanisław Żółkiewski y la mancomunidad quedó casi inerme ante los ejércitos invasores turco-tártaros. Se produjo entonces una gran leva para asegurar la defensa del país, que se logró gracias a la resistencia del hetman Jan Karol Chodkiewicz a la feroz acometida del enemigo en la batalla de Jotín (1621). Se disputaron más contiendas con los otomanos, en 1633-1634; durante todo el periodo, amplios territorios de la república sufrieron las incursiones de los tártaros, que las emprendían para hacer cautivos que vendían como esclavos.
La guerra con Suecia, donde reinaba ya Gustavo Adolfo, se reanudó en 1621 por el ataque sueco a Riga; los suecos se apoderaron de gran parte de Livonia y de la costa del Báltico hasta Puck y bloquearon Dánzig. Pese al agotamiento causado por los demás conflictos, la Mancomunidad emprendió un contraataque en 1626-1627 gracias al talento militar del hetman Stanisław Koniecpolski y la ayuda austriaca. Sin embargo, la presión de varias potencias europeas detuvo la ofensiva polaco-lituana y determinó que se firmase la Tregua de Altmark, que le permitió a Gustavo Adolfo conservar gran parte de sus conquistas.
En 1632, se desató atra guerra con el Zarato moscovita, que terminó, empero, sin cambios en la situación entre los dos países. A continuación el rey Vladislavo IV acometió la recuperación de las tierras que le había arrebatado Suecia. Al terminar la guerra, Suecia evacuó las ciudades y los puertos de la Prusia Real, pero conservó la mayoría de Livonia. Curlandia, que permaneció en posesión de la Mancomunidad, prosperó como territorio de paso del comercio lituano con el Báltico. Por otro lado, la posición de la mancomunidad se fue debilitando en el Prusia frente a los duques de la dinastía Hohenzollern, que prestaron homenaje por última vez a los soberanos polaco-lituanos en 1641.
Monarquía electiva y república de la nobleza thumb|Esteban I Báthory fue uno de los extranjeros elegidos reyes. A principios de la mancomunidad, en la segunda mitad del siglo , Polonia-Lituania se transformó en una monarquía electiva, en la que la nobleza elegía al rey. El soberano escogido desempeñaba vitaliciamente el cargo, y a su muerte se celebraba una nueva elección. A este tipo de monarquía se la llama a menudo rzeczpospolita o república, por la gran influencia que en ella ejercía la nobleza, una clase social única pero heterogénea.
En 1572, Segismundo II Augusto Jagellón, el último rey de la dinastía Jagellón, murió sin herederos. El sistema político no estaba preparado para esta eventualidad, pues no existía un método para escoger un nuevo rey. Después de muchos debates, se llegó a la conclusión que al siguiente soberano lo escogiese la nobleza entera de Polonia y Lituania. La votación se llevaría a cabo en Wola, cerca de Varsovia.
La elección de los reyes polacos duró hasta las Particiones de Polonia. Los reyes elegidos en orden cronológico fueron: Enrique de Valois, Ana Jagellón de Polonia, Esteban I Báthory, Segismundo III Vasa, Vladislao IV Vasa, Juan II Casimiro Vasa, Miguel Korybut Wisniowiecki, Juan III Sobieski, Augusto II de Polonia, Stanisław Leszczyński, Augusto III de Polonia y Estanislao II Poniatowski.
thumb|left|El reinado de Segismundo III Vasa tuvo luces y sombras, pero fue muy largo: duró casi cuarenta y cinco años. La primera elección real se llevó a cabo en 1573. Los candidatos que se postularon para el cargo fueron: Enrique de Valois, hermano del rey Carlos IX de Francia; el zar Iván IV de Rusia; el archiduque Ernesto de Austria; y el rey Juan III de Suecia. Los nobles escogieron a Enrique de Valois. Pero apenas cuatro meses más tarde, le informaron que su hermano, el rey de Francia, había muerto. Entonces abandonó su puesto y marchó a Francia, donde sucedió a su hermano en el trono como Enrique III.
Pocos reyes lograron dejar una marca en la Mancomunidad. Esteban Báthory se había propuesto recuperar el poder del monarca, que poco a poco se había ido deteriorando, aunque para ello tuviese que enfrentarse a la poderosa nobleza. Segismundo III, Vladislao IV y Juan Casimiro pertenecían a la dinastía Vasa de Suecia; la preocupación con los asuntos extranjeros y de la dinastía les impidieron concentrarse en dar estabilidad a Polonia-Lituania. Juan III Sobieski dirigió el socorro de Viena en 1683, que resultó ser la última gran victoria de la «República de las Dos Naciones». Estanislao II Poniatowski, el último de los reyes polacos, fue una figura controvertida. Por un lado, impulsó las importantes y constructivas reformas que emprendió tardíamente la mancomunidad. Por otro, su debilidad y titubeos, en especial en sus tratos con el Zarato moscovita, abocaron al desastre tanto las reformas que había favorecido como al país mismo.
thumb|Ana de Habsburgo, la primera esposa de Segismundo III.
La República de las Dos Naciones, a partir de la Unión de Lublin, resultó un modelo político que contrastaba con las monarquías absolutas que por entonces se extendían por Europa. Su sistema político cuasi democrático de la «Libertad Dorada», aunque limitado a la nobleza, no tenía precedentes en la historia de Europa. Supuso un precedente fundamental para el desarrollo posterior de las monarquías constitucionales de Europa.
Sin embargo, las peleas por el poder entre la baja nobleza (szlachta), la alta nobleza (los magnates) y los reyes acabaron con los valores de la ciudadanía y minaron gradualmente la capacidad del Gobierno de imponer su autoridad, gestionar los asuntos públicos y brindar protección al país. El procedimiento infame del liberum veto se usó para paralizar las sesiones parlamentarias en la segunda mitad del siglo . Tras una serie de guerras muy dañinas que el país libró a mediados del siglo (las más notables fueron la rebelión de Jmelnitski y El Diluvio), Polonia-Lituania dejó de ser una potencia en la política europea. Se calcula que la república perdió un tercio de la población en estas contiendas de mediados de siglo (pérdidas mayores las sufridas en la Segunda Guerra Mundial). La dependencia de la nobleza de la agricultura y la servidumbre perjudicó la economía y el crecimiento; unida a la debilidad de la burguesía, retrasó la industrialización del país.
A principios del siglo , la República de las Dos Naciones, aún uno de los Estados europeos más grandes y populosos, era poco más que un peón de sus vecinos (el Imperio ruso, Prusia y Austria), que se entrometían en la política nacional a placer. En la segunda mitad del siglo, las potencias vecinas fueron arrebatándole territorios en varias particiones hasta que en la tercera dejó de existir.
Evolución económica y social
thumb|El castillo de Pieskowa Skala. La primera señal de la crisis de 1580 fue el fin del aumento de los precios de los alimentos, que marco el cese de la expansión comercial de los productos agrícolas en Europa oriental. Luego hubo una disminución importante en los precios de los productos de la agricultura, que aquejó primero a Europa occidental. El apogeo de esta crisis que afectó gravemente a las economías serviles del este europeo se alcanzó a finales del . La llegada de plata americana desde Europa occidental suscitó la devaluación de la moneda en torno a 1620, lo que agudizó la crisis. Sin embargo, por entonces aún grandes cantidades de grano polaco se exportaban desde el puerto báltico de Danzig (Gdańsk). La nobleza de la mancomunidad tomó una serie de medidas para combatir la crisis y mantener la productividad, entre ellas, aumentar las onerosas cargas de los siervos. Los nobles también compraron o arrebataron propiedades a los campesinos más acomodados, un fenómeno muy común en la segunda mitad del siglo .
thumb|left|Jan Zamoyski