El puente de Triviño es una estructura pontuaria sobre el río Jabalón a su paso por el término municipal de Villanueva de los Infantes, en la comarca del Campo de Montiel (provincia de Ciudad Real, España), que daba continuidad en primera instancia al camino y vía pecuaria entre dicha localidad y Almedina. Está construido con arenisca roja local y tiene 100 metros de largo por 5 de ancho, con 6 ojos, correspondientes, al menos, a tres grandes fases constructivas. Se trata de un encabalgamiento de puentes por medio de un viaducto, siendo el puente más antiguo probablemente de factura romana y la mayor parte del resto de finales del , bajo el reinado de Carlos III.

Aparece denominado en 1773 como Puente de Treviño y como Puente de la Almedina en 1883. Posteriormente ha sido nombrado por sus excavadores como Puente de Jamila (en desuso) y puente de Triviño, topónimo actual de la zona.

Localización Este puente se sitúa a 5,7 km al Sur de Villanueva de los Infantes, frente a los actuales puentes que permiten cruzar el río Jabalón por la carretera CR-632 en dirección a la localidad de Almedina. Se halla en el centro de la comarca del Campo de Montiel, altiplanicie administrativamente entre las provincias de Ciudad Real y Albacete y geográficamente entre las llanuras manchegas, el Sistema Penibético y Sierra Morena. Dentro de la penillanura montieleña discurren ríos afluentes del Segura, Guadalquivir y el Guadiana, adonde este último río tributa el río del puente de Triviño. En este punto, nacido en Montiel unos 18 km aguas arriba, el río Jabalón constituye un pequeño cauce en el centro de la gran llanura de unos 2 km de ancho que conforma su valle.

El puente de Triviño es fácilmente distinguible por hallarse en el fondo del valle frente a la cortijada de Triviño, bajo una de las pocas manchas arbóreas del lugar y junto a los actuales puentes de la carretera. Es posible llegar al viaducto de forma rápida y sencilla por la carretera CR-632 y ubicarlo a simple vista desde ella, en tanto que el camino de Intantes-Almedina y el puente de Triviño discurren en este tramo paralelos a la actual carretera. Un cartel en la zona Sur del mismo indica el lugar de entrada, llegando en apenas 100 m a un panel informativo sobre este bien cultural. A mano derecha según se lee el texto, al Norte, una malla metálica que permite cruzar un pequeño regato –un caz de los molinos harineros de la zona– y en 60 m se encuentra el viaducto.

Características técnicas Las sucesivas campañas arqueológicas realizadas por el proyecto arqueológico Entorno Jamila (PAEJ) (2000-2001; 2005-2011) han dejado al descubierto las características constructivas del puente de Triviño.

En sentido estricto el puente de Triviño es, más que un puente, una estructura pontuaria compuesta por dos zonas de arcadas en los extremos unidas por una plataforma elevada y en cuya parte central se halla otro arco menor. Cuenta con 6 arcos de medio punto, agrupados por su ubicación de Sur a Norte: tres en el área meridional; a 9,40 m un cuarto; y dos más al norte, a 20 m del anterior. El segundo y los dos últimos son arcos principales, y el primero, tercero y cuarto son arcos auxiliares.

El perfil de la última estructura pontuaria que estuvo en funcionamiento, la que se puede observar hoy día, es la de una plataforma que se une en llano desde el Sur, con apenas un resalte en la arcada Sur para salvar el ojo principal. El tramo de plataforma hasta la arcada Norte discurre durante 40 metros, a casi 5 sobre el nivel del río, prácticamente raso hasta el quinto ojo. A partir de este punto, la calzada desciende dos metros durante 35 metros aproximadamente hasta ser rota por el encauzamiento nuevo del río Jabalón.

La calzada superior tiene unos 4,90 m y se compone de un empedrado de cantos rodados cuarcíticos de pequeño tamaño. Dichos cantos rodados se organizan en torno a 3-5 nervios de piedras de mayor tamaño que discurren de forma longitudinal al puente, excepto en un tramo de la zona Norte, que lo hacen de forma transversal. El empedrado original estaba delimitado por sendos pretiles de sillares de arenisca de 30 cm de altura aproximadamente. Dichos pretiles siguen hasta abajo en las arcadas con sillares de arenisca rectangulares. En ambos lados del puente Sur se han documentado sillares con mamelones laterales que podría ser considerado como un sistema de elevación y/o engaste conocido desde época romana. Los laterales de la plataforma también son de arenisca pero, en este caso, a través de una mampostería basta.

El segundo arco, el principal de la arcada Sur, presenta el desgaste en la propia piedra del arco de las rodadas de los carros que lo transitaron, lo cual indica que estuvo largo tiempo soportando el tráfico rodado descarnado ya de la calzada. Es precisamente en uno de esos tramos en los que se ha podido ver que la calzada se asentaba sobre un relleno de piedras irregulares trabadas con argamasa –agua, arena y cal–.

miniaturadeimagen|Arcada Norte, aguas abajo, durante la campaña arqueológica de 2005 En cuanto a la cimentación, contamos con pocos datos sobre la misma en toda la estructura. A pesar de ello, se sabe que está construido sobre el mismo lecho de arcillas compactas de la zona. Para reforzar los arcos y evitar el socavamiento de los cimientos, la arcada Sur cuenta con dos tajamares triangulares entre los arcos aliviaderos y el central aguas arriba. La arcada Norte, por su parte, cuenta con otros dos tajamares triangulares y dos contrafuertes semiesféricos aguas abajo.

Marco geohistórico Más allá de las alusiones de eruditos acientíficos y de los hallazgos casuales entre el y finales del , el contexto histórico-arqueológico del alto valle del río Jabalón ha sido conocido poco a poco en el último tercio del gracias a los trabajos de medievalistas –como la Dra. Ángela Madrid–, a la recopilación de las cartas arqueológicas municipales y, más recientemente, por las investigaciones de equipos como el del proyecto arqueológico Entorno Jamila y el del Castillo de la Estrella.

La historia del valle de la plataforma pontuaria de Triviño se remonta a época prehistórica. Los trabajos de J.J. Espadas (1984 y 1988) y otros hallazgos casuales muestran que el poblamiento de la zona más temprano del que se tiene conocimiento data del Paleolítico Medio y durará hasta la actualidad, con cortijadas y edificios preindustriales de distinto tipo. Unos y otros ponen de manifiesto que se trata un paisaje con recursos naturales suficientes para alimentar y explotar desde la Prehistoria. Unas veces ocupando directamente el fondo del valle y otras buscando la protección de los rebordes y cerros testigo del mismo, aunque hay épocas que son mejor conocidas que otras.

El Cerro Castillón es uno de los yacimientos de la Edad del Cobre de los más importantes de la Meseta Sur. Éste muestra una comunidad del Calcolítico fuertemente jerarquizada y con unas relaciones comerciales de primer orden, cuando menos, desde el tercer milenio a.C. (Espadas et al., 1987). Se sitúa en el reborde Norte del valle en el espolón de un cerro amesetado.

Aunque sin excavar, hay varios poblados del segundo milenio a.C., correspondientes a la Edad del Bronce, en el valle del río Jabalón, como el cerro de los Conejos (Espadas, 1984). Se sitúa en el reborde Sur del valle en un cerro testigo.

De época romana hay constancia de asentamientos rurales romanos tipo villa en el fondo del valle, lo cual implica una ocupación directa de las orillas del río Jabalón y otros arroyos que lo bañan. Esta ocupación dura hasta el Bajo Imperio y época tardorromana.

miniaturadeimagen|Batalla de Las Navas de Tolosa, óleo de Van Halen expuesto en el palacio del Senado (Madrid).

Durante la época islámica se coloniza el valle con algunas alquerías y se fortifican otros puntos de paso importantes para el comercio y las propias rutas de comunicación entre la Alta Andalucía y La Meseta, como la propia Montiel y Almedina. Hacia los siglos XII-XIII tienen lugar la Reconquista y Repoblación cristianas, las cuales tendrán como fechas clave en el Campo de Montiel el año de 1213. En dicho año, pasada ya la batalla de las Navas de Tolosa, buena parte de la comarca es arrebatada a los musulmanes en una cabalgada de Alfonso VIII y tanto el Arzobispado de Toledo como la Orden de Santiago se afanan en ocupar los cerros testigo y los rebordes del valle con numerosas aldeas como Torres, La Moraleja, Peñaflor y Jamila. Será a finales de la década siguiente cuando Montiel caiga en las manos de los reconquistadores y con ella toda la comarca de forma definitiva.

Peñaflor y Jamila aparecen en la documentación medieval como aldeas alrededor del puente pero pronto (1243) se mencionarán como abandonadas, puesto que el tiempo posterior a las crisis bélicas conllevará una organización territorial de la retaguardia en favor de los núcleos más pujantes, en este caso Villanueva de los Infantes.

Desde estos momentos las poblaciones como tal desaparecen en torno al puente de Triviño, quedando solo algunas cortijadas, molinos harineros –como el de Felguera y el homónimo de Triviño– y, ya a unos 3 km de distancia, el santuario de Ntra. Sra. de la Antigua.

La importancia del puente de Triviño como zona de paso Norte-Sur hizo necesaria en 1786 su remodelación y ampliación hasta las dimensiones que hoy conocemos. No obstante, la decadencia de La Mesta y la erosión del valle por causas naturales y antrópicas, entre otras por la deforestación y la acción misma de los molinos, acabaron por colmatar también esta reforma hasta el punto de sepultar la práctica totalidad del viaducto. Finalmente, el diseño de una nueva carretera en paralelo a inicios del dejó a este puente como mero espectador del trasiego de los últimos carros y del nuevo tráfico motorizado

Fases arquitectónicas e históricas Gracias a las intervenciones arqueológicas realizadas durante el se han podido apreciar al menos tres fases en el proceso constructivo de este puente.

Fase I miniaturadeimagen|Fases constructivas de la arcada Sur del puente, aguas abajo Se construyen los tres arcos más meridionales formando el primer puente del que se tiene conocimiento. Su arco principal y los dos auxiliares evidencian la existencia de un cauce único y estable, por lo que se opta por un puente pequeño y robusto. Las dovelas y los tajamares muestran que se intentaba buscar una cierta monumentalidad en la construcción. Aun siendo difícil determinar la cronología de los puentes romanos (Durán, 2001), se ha propuesto dicha cronología para este primer puente por la cercanía de algunas villas romanas al cauce del río, la utilización de técnicas propias de aquella época y por el tránsito por esta zona de la vía 29 entre los núcleos de Mariana (Puebla del Príncipe) y Laminium (Alhambra). Esta ruta, conocida por distintos itinerarios de la Antigüedad, como el de Antonino, venía a coincidir con el camino de Aníbal o vía Augusta en su dirección hacia Castulo. La configuración original de tres ojos aparece todavía en 1773, mencionado como el puente de Treviño en el camino viejo de Almedina a Infantes:

Fase II miniaturadeimagen|Calzada lateral, aguas abajo, segunda fase constructiva del puente