La Línea K del Metrocable de Medellín, también conocida como Metrocable de Santo Domingo Savio, es una línea de teleférico utilizada como sistema de transporte masivo de mediana capacidad, inaugurada el 7 de agosto de 2004. Su trazado atraviesa las comunas 1 Popular y Santa Cruz de Medellín de oriente a occidente y viceversa, en una longitud total de 2.07km, de forma elevada. Posee una capacidad máxima de 3000 pasajeros hora sentido, 93 telecabinas, un tiempo de recorrido de 9 minutos con una frecuencia máxima de 12 segundos entre éstas y una velocidad comercial de 18km/h.
Cuenta con cuatro estaciones, dos de ellas con integración a otras líneas y todas elevadas. Sirve directamente a la comuna Santa Cruz con una estación y la comuna de 1 Popular con dos estaciones.
La Línea K se eleva 399 metros, sorteando una pendiente promedio del 20% y una pendiente máxima de 49%, apoyándose en 20 pilonas con una altura mínima de 10.5 metros y una máxima de 33.6 metros.
La Línea K del Metrocable se construyó en la zona nororiental de la ciudad, atravesando las comunas 1 Popular y 2 Santa Cruz. Éstas fueron el resultado de la invasión de terrenos y el loteo ilegal que tuvo lugar entre los años 1950 y 1960. La configuración espacial de esta línea es consecuencia de la «ocupación ilegal de tierras por inmigrantes del campo a la ciudad y sus procesos de legalización e integración en el entorno urbano».
Historia
Contexto Al finalizar el , estas dos comunas se destacaban por su alta densidad poblacional, con más de 400 habitantes por hectárea. El acceso a la zona era problemático, resultado del crecimiento urbano a través de la autoconstrucción y procesos informales de urbanización, con una escasa intervención estatal en la organización del territorio, que se limitaba principalmente a la provisión de servicios públicos. La topografía abrupta complicaba la adecuación de la infraestructura vial, y el transporte público era ofrecido por empresas privadas que operaban en las limitadas vías de acceso, frecuentemente negociando rutas complejas hacia el centro de la ciudad.
La llegada del Metro de Medellín en 1995 hizo aún más evidente las carencias en accesibilidad del sector, dado que la línea principal del Metro, que corre paralela al río que cruza la ciudad de forma longitudinal, tenía limitadas vías de acceso a las estaciones y no se logró facilitar el acceso desde las partes altas de las laderas. La idea de establecer un teleférico era prometedora, ya que ofrecería la posibilidad de eludir estos obstáculos y atraer a nuevos usuarios al sistema del tren metropolitano, que en ese entonces presentaba un volumen de pasajeros diario considerablemente inferior a su capacidad. La empresa Metro de Medellín, bajo la propiedad del municipio de Medellín y del departamento de Antioquia, desarrolló estudios técnicos durante la década de 1990, sin que la idea estuviera aún en el centro del debate sobre la ciudad ni en los planes de desarrollo urbano.
Proyecto
La historia de este proyecto se inicia en 1999, cuando la Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá Ltda. comenzó a explorar alternativas de expansión a través de sistemas de mediana capacidad, con el objetivo de aumentar su cobertura y conectar a más ciudadanos en la región metropolitana. En este proceso, se realizaron estudios para evaluar la viabilidad técnica de nuevos corredores en diversas áreas de la ciudad, incluyendo un teleférico que recorrería la Calle 107 en la zona nororiental de Medellín. Estas propuestas fueron presentadas a la administración municipal de ese momento, que decidió incorporar este corredor en su Plan de Desarrollo.
En el año 2001, el Metro de Medellín llevó a cabo la presentación del Metrocable ante los candidatos a la alcaldía, destacando sus beneficios en la interconexión de los barrios populares y marginados con el resto de la ciudad. Sin embargo, la idea de un cable aéreo en un contexto urbano como este no tenía precedentes. Se disponía de estudios que confirmaban su factibilidad técnica y económica, pero la osadía de la propuesta generó escepticismo y burla en el ámbito político, donde fue tildada de «juguete». El único candidato que se comprometió con la iniciativa fue Luis Pérez Gutiérrez (2001-2004), quien resultó ganador en las elecciones de ese año.
La iniciativa fue vista por muchos como excesivamente arriesgada. Se proponía la instalación de un teleférico en un entorno urbano, que se integraría con el tren metropolitano y tendría estaciones intermedias, además de un alto nivel de utilización. En la época, no había ningún sistema de teleférico que cumpliera con esos requisitos, ya que las instalaciones existentes eran principalmente turísticas, funcionando solo durante unos meses al año y en horarios limitados, lo que contrastaba con la visión para Medellín.
Desafíos técnicos miniaturadeimagen|350px|izquierda|Línea K del Metrocable de Medellín
A pesar de los obstáculos, el equipo encargado del proyecto no se desalentó y, con la intención de implementar un teleférico para el transporte de pasajeros en la ciudad, visitó a operadores y fabricantes en diferentes partes del mundo. La finalidad era que se comenzaran a desarrollar algunas propuestas para la construcción de este nuevo medio de transporte en las comunas 1 y 2 de la zona nororiental, que se distingue por su pronunciada pendiente y, como ya se mencionó antes, su alta densidad poblacional.
Así comenzaron a surgir las dificultades técnicas. La primera de ellas se refería a la localización de la estación motriz, que albergaría el motor y el reductor del cable. Aunque el barrio Santo Domingo se consideraba la mejor opción desde el diseño, se eligió la estación Acevedo por la confiabilidad de su suministro eléctrico, lo que facilitaba la conexión a la red del tren metropolitano de la ciudad.
Se hizo necesario resolver el inconveniente relacionado con los gálibos, que son las zonas despejadas de obstáculos para el tránsito de las cabinas, así como las alturas requeridas. En el diseño se incluían cruces con vías vehiculares, algo que no se observaba en los sistemas de cables invernales europeos. Para el proyecto de Medellín, era fundamental que la estructura se elevara, manteniendo un gálibo de 4,5 metros entre la vía y el nivel inferior de la cabina. La localización de las pilonas constituyó otro desafío, dado que se debía seleccionar su posición para causar la menor interferencia posible en una área densamente poblada. En ese periodo, no se disponía de las herramientas digitales que estuvieron disponibles tiempo después, lo que significaba que cualquier reubicación de una pilona en el diseño requería la modificación de todo el trazado.
Se definió un trazado preliminar que contemplaba las dos estaciones intermedias, los gálibos y la ubicación de las pilonas. Con esta base, se dio comienzo al proceso de contratación, el cual fue adjudicado a una unión temporal conformada por las empresas Poma de Francia, Conconcreto y Termotécnica de Colombia.
Construcción miniaturadeimagen|350px|izquierda|Línea K del Metrocable de Medellín
Con el comienzo de la construcción, las interfaces entre el sistema electromecánico y la obra civil se convirtieron en un reto considerable. Este periodo estuvo marcado por la necesidad de realizar ajustes y de buscar soluciones a los desafíos que planteaba la interacción entre el sistema electromecánico, que incluía las cabinas y los cables, la obra civil y la gestión social, la cual fue activa y comenzó a desarrollarse incluso antes de que se iniciara la construcción.
Los equipos de Línea K eran representativos de la tecnología más avanzada del momento. Sin embargo, dado que el sistema operaba 19 horas al día, todos los días de la semana, algunos materiales se desgastaron rápidamente después de que comenzó el servicio comercial, lo que hizo necesario sustituirlos por otros más robustos. Este fue el caso de las ruedas de circulación y ciertos elementos de caucho. Este proceso promovió la homologación de componentes con empresas locales y la generación de conocimiento y experiencia tanto para la empresa Metro de Medellín Ltda. como para el proveedor, quien ha podido mejorar sus sistemas para operar en otras instalaciones en Medellín y en otras ciudades del mundo. De hecho, el metrocable Picacho o línea P, contaría, entre otras innovaciones, con un sistema de transmisión directa, una tecnología más avanzada que permite transmitir el movimiento directamente a la polea del cable sin la necesidad de un reductor.
La capacitación del personal realizada por el contratista fue fundamental, pero resultó ser insuficiente, lo que obligó a una intensificación y profundización de la misma. También se diseñaron rutinas de mantenimiento que se alinean con las necesidades de la Línea K.
Inauguración El 30 de julio de 2004 se programó la inauguración del vuelo inicial para la fase educativa del Metrocable. En la estación Acevedo, el ambiente estaba impregnado de una mezcla de alegría, nerviosismo y expectativa. En la inauguración del Metrocable de la zona nororiental de Medellín, el presidente del momento Álvaro Uribe se encontraba entre los invitados especiales. Al abordar la primera cabina, comenzó su trayecto, pero al llegar a la pilona 4, el sistema se detuvo, dejando las cabinas suspendidas. Se descubrió que un hilo de cometa había causado el inconveniente. Esta anécdota provocó risas y cierta tensión, aunque la situación se resolvió rápidamente, permitiendo que las cabinas continuaran su viaje, mientras los vecinos y el equipo de Metro de Medellín Ltda. celebraban con aplausos el esfuerzo de años.
Luego de la fase instructiva, el 7 de agosto de 2004, las telecabinas iniciaron su operación comercial, lo que resultó en un beneficio significativo para los habitantes de la zona nororiental de Medellín y del resto del área metropolitana del Valle de Aburrá.
De esta manera la empresa Metro de Medellín Ltda., que hasta el año 2004 había estado dedicándose al transporte de pasajeros mediante vías férreas, asumió el reto de poner en marcha el primer sistema de teleférico urbano para el transporte de pasajeros a nivel mundial. Años después, se puede afirmar que se han superado con éxito los múltiples desafíos tecnológicos y operativos que presentó la línea K.
Recorrido |miniaturadeimagen|350px|izquierda|Línea K del Metrocable de Medellín
La línea K inicia su recorrido desde el río Medellín a la altura de la estación multimodal Acevedo hacia el este. La primera estación en este sentido es Andalucía, ubicada en el barrio homónimo de la comuna 2 Santa Cruz. Luego ingresa a la comuna 1 Popular en la estación Popular en el barrio homónimo de esta comuna; continúa su recorrido hasta la estación Santo Domingo Savio, terminal y de interconexión, ubicada en el barrio homónimo de la comuna 1, en donde termina su recorrido y se enlaza con la línea L en la estación Arví. En el sentido inverso, esto es, de este hacia el río Medellín, su trayecto es exactamente el mismo.
Estaciones
La línea K del Metrocable de Medellín cuenta con cuatro estaciones de teleféricos, todas ellas se encuentran en el municipio de Medellín. La totalidad de las estaciones están adaptadas para facilitar el ingreso a personas de movilidad reducida (PMR).
A continuación, el listado de las estaciones de la línea K de oriente a occidente. En negrita, estaciones de combinación con otras líneas del SITVA.
EstaciónInauguraciónComunaDirecciónInterconexiónTipo de estaciónPosición20px20px|link=Línea L (Metrocable) ElevadaPopularAndalucíaElevadaAcevedo20px 20px|link=Línea A (Metro de Medellín)20px20px|link=Línea K (Metrocable) 20px|link=Línea P (Metrocable)Elevada
Impacto social