Arráncame la vida, novela de la escritora mexicana Ángeles Mastretta, fue escrita en la Ciudad de México, donde se publicó en 1985. En la trama, la joven Catalina Guzmán relata su construcción como mujer modernista y la percepción de su vida diaria después de la Revolución mexicana, en relación con su esposo Andrés Ascencio (que es entre 16 y 18 años mayor que ella), quien forma parte del mundo político. El tema del feminismo, nunca explícito en la novela, es factor central de su éxito. Su autora forma parte de la lucha de equidad entre mujeres y hombres, lideró la fundación de Mujeres Anti machistas en la Ciudad de México.

Argumento La historia tiene lugar en Puebla, donde vive Catalina Guzmán, una joven menor de quince años, de posición económica media, inocente e ingenua del mundo que la rodea, a quien se le presenta el General Andrés Ascencio frente a los simbólicos portales de Puebla. Andrés es un hombre de más de treinta años, al que ya le preceden varios matrimonios y que tiene como objetivo llegar a la presidencia algún día.

Ella se enamora de este hombre y acepta casarse con él, teniendo el pensamiento de querer vivir muchas cosas, efectivamente Catalina durante el transcurso de la historia tiene transformaciones en su vida, permeadas por la vida política y social de su marido, quien la violenta de diferentes formas; sin embargo, de manera consiente, ella se mantiene sumisa por la idea falsa del amor y la cultura machista que la rodea, en donde la mujer es aun vista como objeto decorativo sin voz ni voto, sin embargo Catalina en varias ocasiones demuestra una actitud de resistencia ante este pensamiento machista y logra tener pedazos de la libertad que le fue arrebatada al casarse tan joven.

Sometida a los mandatos de su marido y ocupándose de actividades ligadas al hogar y la política; Catalina vive momentos cruciales para su formación y construcción como sujeto, desempeñando distintos roles: esposa, madre, cómplice y finalmente viuda. Toda la historia es narrada desde la perspectiva de Catalina.

Contexto histórico La novela se desarrolla alrededor de 1949. Presenta el mundo político mexicano mientras se desarrolla la institucionalización que siguió a la Revolución mexicana, y muestra a los personajes encargados de la consolidación del Estado mexicano. El círculo político se ha cerrado, y los nuevos caciques han reemplazado a los viejos. La polarización entre políticos masones y potentados de la Iglesia se ha convertido en una nueva alianza tácita en contra del pueblo, y se utilizan los ritos de la tradición únicamente como símbolos de estatus social y de poder, vaciándolos del contenido orgánico que tienen para el pueblo. En la novela, las mujeres y el pueblo no tienen ni voz ni voto en el asunto político. Por eso, Catalina hubiera preferido un matrimonio tradicional; aunque esté casada con alguien que tome decisiones que den rumbo al país, su opinión y pensamientos no se toman en cuenta.

La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma, de 1860, proclamaban como inadmisible la participación femenina fuera de la "zona sagrada", es decir, la recámara, la cocina, el cuidado de la casa y el confesionario. Esto, más la idealización de la mujer como pura, inocente y fiel a la vida doméstica, forman parte del comportamiento y actividades ideales para una dama. El hogar funciona como el centro simbólico estable; si la mujer se dedica completamente a este, en lo contrario, provoca desequilibrio, enojo y escándalo social. Así, los cambios sociales que lograron remover a las mujeres de su hogar, aunque fueran muy rentables, generalmente perturbaban el rol socialmente marcado. En la novela se remarca el antagonismo entre el mundo femenino y el masculino. Los hombres están de pie, toman whisky y hablan de temas políticos mientras fuman. En cambio, las mujeres están sentadas, alejadas de los hombres, hablando sobre embarazos, chismes, moda o sirvientas.

La relación hombre-mujer, según la novela, es semejante a la relación hombre-ganado: mientras más cabezas tenga, más respetado es. Así, una mujer que queda embarazada es como si se tratara de una inseminación exitosa. La emoción del padre por tener un hijo varón es como la emoción del ganadero cuando nace un ternero macho. Los hombres son como toros: son los sementales. La mujer, en cambio, no se entera de nada. No le enseñan ni le explican nada.

Fue durante la primera mitad del cuando ocurren acontecimientos de la primera ola del feminismo. Durante esta época, las mujeres empezaron a ganar los derechos civiles y las libertades personales. Pero no fue sino hasta 1947 cuando las mujeres mexicanas ganaron el derecho de votar (véase voto de la mujer). Además, empezaron a tener la oportunidad a expresar públicamente su voz o sus ideas y sus pensamientos.

La acción de la novela pone al descubierto las difíciles condiciones de vida de la mujer en el mundo caciquil del México posrevolucionario, Se enfoca en diferentes periodos históricos, como los acontecimientos de la Revolución mexicana (1910 a 1917), y la lucha entre hombres para ganar el poder político después de la Revolución, en los años veinte y treinta. La Revolución impone ideologías de los personajes de la novela. Es la forma de justificar sus acciones, mentalidades y personalidades de algunos de los personajes a lo largo de ésta.

La historia comienza cuando Catalina se encuentra con Andrés Ascencio en el año 1929. Sus diferencias de ideales, que se remarcan durante toda la trama, son gracias al desarrollo del contexto que les ha tocado vivir. Catalina nació en 1915 y Andrés en 1896: mientras que ella estaba en su casa jugando dócil e inocente, él participó en la Revolución mexicana en los años veinte, que le ayudó a construir sus ideales e influyó más tarde en los de Catalina, porque la consideraba ignorante de todo lo que él conocía.

Mientras tanto, en 1930, en el contexto mundial, fue la época de la "Gran Depresión", y la parálisis económica afectó profundamente al país.

En México, el presidente era Pascual Ortiz Rubio, quien duraría únicamente dos años en el poder, a causa de una disputa con Plutarco Elías Calles, quien no había cedido el poder detrás de la presidencia y contaba con el apoyo del Ejército. Además, era el jefe indiscutible del Partido Nacional Republicano, organizado por él mismo después de la muerte de Obregón. En Puebla y sus alrededores, el anticlericalismo callista, que la burguesía, los antiguos hacendados y gran parte del pueblo veían como una afrenta más a su clase, los primeros, y a sus tradiciones el segundo, es brevemente mencionado por la protagonista, quien nos dice haber continuado sus estudios un poco más allá de la primaria, gracias a una beca que le fuera otorgada por unas monjas salesianas que enseñaban en un colegio clandestino, así lo narra Catalina: Total, termine la escuela con una mediana caligrafía, algunos conocimientos de gramática, poquísimos de aritmética, ninguno de historia y varios manteles de punto de cruz.

La preocupación de Mastretta es mostrar la historia no oficial de México, lo político visto desde el ámbito doméstico. Sin embargo, en lo que ambas coinciden es en buscar una escritura más allá de los géneros, en apartarse de los parámetros tradicionales impuestos por la mirada masculina del mundo y explorar otras posibilidades de contar, de contarse, de encontrar belleza y verdad en el lenguaje escrito.

Sistema de personajes Arráncame la vida es una novela de evolución, de crecimiento. Su personaje central, Catalina Guzmán, está inmersa en una concatenación de hechos que la llevan u obligan a despertar subjetivamente, y esto se hace evidente en muchas de las enunciaciones que la protagonista realiza a lo largo de la historia. Alrededor de Catalina, están personajes centrales que influyen altamente en las transformaciones y en su construcción como mujer, se explicarán uno a uno a continuación, en el orden que aparecen dentro de la historia:

Catalina Guzmán: mujer ingenua en un principio, pero curiosa; esta cualidad la lleva a un despertar en el que toma caracteres como la audacia, la sensatez, perspicacia, astucia, entre otros. Para descubrir a su esposo y revelar su realidad y así acabar con la idea falsa del amor y encontrar la manera de ser feliz de alguna manera en medio de su entorno machista. A continuación se citan algunos fragmentos en el texto que aluden a su manera de ser:

"Y de veras me atrapó un sapo. Tenía quince años y muchas ganas de que me pasaran cosas. Por eso acepté cuando Andrés me propuso que fuera con él unos días a Tecolutla."

"Entonces me propuse aprender. Por lo pronto me dediqué a estar flojita, tanto que a veces parecía lela. Andrés hablaba y hablaba mientras caminábamos por la playa; yo columpiaba los brazos, abría la boca como si se me cayera la mandíbula, metía y sacaba la barriga, apretaba y aflojaba las nalgas"

Marcos Guzmán: es el padre de Catalina y tiene gran influencia en la manera en la que ella concibe el mundo y las relaciones con los hombres. Don Marcos tiene complacencias y consentimientos con su hija, que para la época no corresponden con la educación que debía recibir una señorita, la de ser ama de casa. Tienen un lazo de amistad muy fuerte y es el confidente y alcahuete de su hija.

"Después me sentaba a oírlos y a dar opiniones con toda la contundencia que me facilitaban la cercanía de mi padre y mi absoluta ignorancia… Entonces mi papá hacía bromas sobre mis ojeras y yo me ponía a darle besos…"

"Me gustaba besar a mi papá y sentir que tenía ocho años, un agujero en el calcetín, zapatos rojos y un moño en cada trenza los domingos. Me gustaba pensar que era domingo y que aún era posible subirse en el burro que ese día no cargaba leche, caminar hasta el campo sembrado de alfalfa para quedar bien escondida y desde ahí gritar: «A que no me encuentras, papá.» Oír sus pasos cerca y su voz: «¿Dónde estará esta niña? ¿Dónde estará esta niña?», hasta fingir que se tropezaba conmigo, aquí está la niña, y tirarse cerca de mí, abrazarme las piernas y reírse."

General Andrés Ascencio: es militar, político, esposo y el mayor agresor de Catalina, es la idealización del amor y de hombre que ella conoció siendo aún una niña; sin embargo, es el encargado de su despertar. En la novela, se le describe como un hombre muy varonil de cabello negro y mirada profunda, y su apariencia es tan determinante que Catalina asegura su temor e intimidación cuando lo conoce, sin embargo le gusta por la curiosidad que despierta en ella. El maltrato por parte de Andrés hacia Catalina jamás es físico, pero sí psicológico, por la cultura en la que este crece; es el prototipo tradicional de macho mexicano, criado solo por su madre, quien le resalta un sinnúmero de cualidades y forma el carácter del típico hombre machista, con la concepción de que las mujeres no sirven para nada. Es precisamente esta concepción la que impulsa a Catalina a mostrarle sus alcances y lo inteligente que puede ser.

"Dijo su nombre y se sentó a conversar entre nosotros. Me gustó. Tenía las manos grandes y unos labios que apretados daban miedo y, riéndose, confianza. Como si tuviera dos bocas. El pelo después de un rato de hablar se le alborotaba y le caía sobre la frente con la misma insistencia con que él lo empujaba hacia atrás en un hábito de toda la vida. No era lo que se dice un hombre guapo. Tenía los ojos demasiado chicos y la nariz demasiado grande, pero yo nunca había visto unos ojos tan vivos y no conocía a nadie con su expresión de certidumbre."

"Andrés les contaba historias en las que siempre resultaba triunfante. No hubo batalla que él no ganara, ni muerto que no matara por haber traicionado a la Revolución o al Jefe Máximo o a quien se ofreciera."

"Nos empezaron a llegar rumores: Andrés Ascencio tenía muchas mujeres, una en Zacatlán y otra en Cholula, una en el barrio de La Luz y otras en México. Engañaba a las jovencitas, era un criminal, estaba loco, nos íbamos a arrepentir."