Numismática mexicana es la denominación que designa a la historia del objeto de estudio de la numismática en las distintas etapas históricas de México, desde el Virreinato de la Nueva España, Primer Imperio Mexicano, México Independiente, Segundo Imperio Mexicano, República Restaurada, Porfiriato, Revolución Mexicana y época contemporánea.

Época Prehispánica El comercio en la época prehispánica se efectuaba por medio del trueque de artículos como algodón, oro en polvo, piedras preciosas, plumas de quetzal, conchas, navajas de obsidiana, pedernal y cacao. Este sistema consistía en el intercambio de bienes entre determinados territorios mesoamericanos, pues abarcaba desde el altiplano central hasta lo que hoy se conoce como Guatemala y El Salvador. Uno de los recintos comerciales más importantes fue el Mercado de Tlatelolco.

Durante este periodo, uno de los medios de cambio fue el cacao, del cual 100 gramos equivalían a un real de plata. Debido a la escasez de la moneda, los españoles se vieron obligados a intercambiar con esta semilla, incluso el propio Hernán Cortés difundió entre sus soldados la importancia del cacao para que se pudiese utilizar como pago. Sin embargo, la gran demanda que tuvo gracias a que fue uno de los medios de cambio más eficaz, hizo que apareciera la falsificación de la semilla. El proceso consistía en extraer la almendra del cacao para introducirle barro con el fin dar el peso equivalente a una semilla sin alterar. Esta era una de las muchas maneras que existieron para falsificar el cacao, de ahí que los españoles rechazaron este método de cambio.

Nueva España

Ante la prohibición que tuvo España de importar moneda, los primeros españoles en territorio americano vieron la necesidad de comenzar a intercambiar con los medios prehispánicos. Los descubrimientos mineros que realizaron en la región de Michoacán y Guerrero hicieron que la explotación de los metales fuera una de las muchas prioridades que tuvieron los españoles. A partir de 1521, ya consumada la conquista de México-Tenochtitlán, los nuevos habitantes se vieron en la necesidad de fundir el oro en discos fáciles de transportar. Estos llevaban una marca por su peso.

Desafortunadamente la gran demanda que tuvieron comenzaron a rebajar la cantidad de metal precioso en las piezas, crearon una aleación entre oro y cobre. El oro en vez de tener su color amarillo se transformó en un tono rojizo, los indígenas pronto notaron la diferencia entre los materiales, por lo que la denominaron tepuzque. Esta especie de moneda no fue bien aceptada por la población mesoamericana, debido a que el cobre era un metal poco valioso, el cual utilizaban de forma en la fabricación de objetos utilitarios. Pese a ello, según "el Acta del Cabildo de 1526, se asentó la decisión de emplear el oro de tepuzque para fabricar moneda". Esta se fundiría en tejos dentro de la Real Oficina de Fundición y Ensaye. Cada tejo debía de pesar 1, 2 o 4 tomines, la cual era "la medida de peso que representa 12 granos y se usaba para indicar 1/8 de peso de oro". Los encargados de su fabricación fueron los plateros Diego Martínez y Juan Celda.

Debido a las grandes cantidades que se demandaron de la moneda de tepuzque, Hernán Cortés decidió nombrar a dos valuadores para constatar su validez en cuanto al quilataje. Cortés aconsejó que cada una de las piezas se marcara con 3 quilates más del metal fino que contenían, lo cual resultó perjudicial, pues no se declaraba el porcentaje correcto de oro que contenían. Seis años más tarde se retiraron de circulación para fundirse de nuevo y así resellarse correctamente.

En septiembre de 1528, se hizo obligatorio un sello que llevara las armas reales y el lema PLVS VLTRA (Más allá) junto con el peso y la ley adecuada de cada pieza, el encargado en realizar este trabajo, fue Pedro Espinoza. A pesar de los intentos de Hernán Cortés por legitimar la moneda de tepuzque entre los indígenas, este sistema de intercambio no satisfizo las necesidades de la población. La mayoría de los cargamentos de metal que llegaban a la metrópoli para su acuñación eran esporádicos y por el trayecto que realizaba se elevaba el costo de la moneda, por lo que, para 1530 el establecimiento de una casa de moneda fue una solicitud recurrente por parte del Cabildo de la Ciudad de México, esta demanda había iniciado desde 1525. No fue sino hasta 1535, con la instauración del Virreinato de la Nueva España, que las autoridades reales decidieron enviar con el primer virrey, Antonio de Mendoza, la Real Cédula de creación de la Ceca de Mejico, otorgada en Madrid el 11 de mayo de ese mismo año por la reina Juana I de Castilla.

Entre los principales deberes asignados a Mendoza estuvo el de investigar las necesidades de la creación de la ceca mexicana. Ordenó encontrar el recinto idóneo para su establecimiento y de no encontrar un recinto apropiado, debía erigir el edificio con los recursos de la corona española. El virrey había ocupado el cargo de tesorero en la Casa de Moneda de Granada, de manera que tenía la experiencia suficiente para la fundación de la primera casa de moneda del Nuevo Mundo.

Durante el el Imperio Español ya se consolidó dentro de la región de la Nueva España. Es por esto mismo que la acuñación de monedas empieza a realizarse de manera más seria y numerosa. Estas monedas en su totalidad continúan produciéndose con el proceso de martillado, llamándose estas monedas macuquinas. Durante el el sistema de reales es el predominante, puesto que durante los reinos de Felipe III, Felipe IV y Carlos II la mayoría de monedas acuñadas en la Nueva España son de plata, si bien hubo algunos escudos de oro acuñados con el fin de mover mayores cantidades económicas para la aristocracia novohispana.

Durante el

Inicios del y Colapso del Imperio Español miniaturadeimagen|Imagen trasera y frontal de Medio Real de Fernando VII. Acuñada en 1811, Zacatecas El fue el último para el Imperio Español en América Continental. El vio a dos reyes gobernar el imperio español: Carlos IV y Fernando VII. Este siglo se caracteriza en la Nueva España por la diversidad de monedas acuñadas en la época, en especial por la aparición de las primeras monedas de los grupos rebeldes que existieron entre 1810 y 1814.

El sistema monetario durante esta época continúa siendo la misma que la existió en siglos anteriores, siendo esta divididas en las denominaciones de Escudos, Reales y Vellones, cada una siendo de oro, plata y cobre respectivamente.

Las principales casas de la moneda para acuñar en la Nueva España durante los comienzos del fueron las de Zacatecas, Guanajuato, Guadalajara, Ciudad de México y Nueva Guatemala, aunque hubo algunas monedas que fueron hechas en otras ciudades, en especial aquellas de menor denominación.

Escudos izquierda|miniaturadeimagen|Moneda de 14 Escudos conmemorativa de la Proclamación del Rey Fernando VII. Casa de la Moneda de Ciudad de México, 1808 Los escudos fueron monedas de oro acuñadas durante el Imperio Español. Durante el reinado de Carlos IV y Fernando VII fueron hechas tanto en Ciudad de Guatemala como Ciudad de México. Estas monedas fueron utilizadas principalmente por las clases altas y el gobierno ya que su valor, al ser de una suma significativamente elevada, era imposible de utilizar dentro de las clases populares para las compras del diario vivir.

8 Escudos Las monedas de 8 escudos fueron las de mayor valor acuñadas en todo el imperio español. Estas estaban hechas por 87.5% oro puro y legalmente solo se permitía acuñarlas en Ciudad de México y en Nueva Guatemala de la Asunción en la Nueva España. Esto debido a que eran las capitales del Reino de México y el Reino de Guatemala, convirtiéndolas en los centros urbanos de mayor importancia regional.

Sin embargo, es importante notar que la Ciudad de Guadalajara, capital del Reino de Nueva Galicia, acuñó monedas de 8 escudos como manera de mostrar su apoyo al Rey Fernando VII que en la época estaba captivo por Napoleón.

8 escudos equivalían a 128 reales de plata o a 1024 "tlacos" de cobre.

El diseño numismático de la moneda de 8 escudos tiene en la cara del retrato del rey Fernando VII la leyenda FERDIN•VII•D•G• HISP•ET IND•R •1811•, en donde el año puede ser de 1800 a 1821, años en los que se acuñaron las monedas. La leyenda en latín puede traducirse en español como "Fernando VII en gracia de Dios Rey de España y de las Indias en el año 1811". Estas monedas varían el nombre de Ferdin VII por el de Carolus IV, el padre y antecesor de Fernando que gobernó de 1788 a 1808.

En la parte del escudo contiene la leyenda "IN•UTROQ•FELIX•AUSPICE•DEO•8S •Mo• •HJ•" que traducido al español significa "Bajo el auspicio de la felicidad de Dios, acuñada en Ciudad de México por el secretario HJ". Dependiendo el origen de la moneda era la leyenda escrita. Las tres leyendas para los escudos en la Nueva España fueron:

Mo: Ciudad de México

NG: Nueva Guatemala de la Asunción

Ga: Guadalajara

4 Escudos Las monedas de 4 escudos fueron de las segundas monedas de mayor valor acuñadas en todo el imperio español. Estas estaban hechas por 87.5% oro puro y legalmente solo se permitía acuñarlas en Ciudad de México y en Nueva Guatemala de la Asunción en la Nueva España. Sin embargo, es importante notar que la Ciudad de Guadalajara, capital del Reino de Nueva Galicia, acuñó monedas de 8 escudos como manera de mostrar su apoyo al Rey Fernando VII que en la época estaba captivo por Napoleón.

En 1808 se acuñaron monedas de la proclamación de Fernando VII como nuevo rey del imperio para colección numismática en la ciudad de Oaxaca.

El diseño numismático de la moneda de 8 escudos tiene en la cara del retrato del rey Fernando VII la leyenda FERDIN•VII•D•G• HISP•ET IND•R •1811•, en donde el año puede ser de 1800 a 1821, años en los que se acuñaron las monedas. La leyenda en latín puede traducirse en español como "Fernando VII en gracia de Dios Rey de España y de las Indias en el año 1811". Estas monedas varían el nombre de Ferdin VII por el de Carolus IV, el padre y antecesor de Fernando que gobernó de 1788 a 1808.

En la parte del escudo contiene la leyenda "IN•UTROQ•FELIX•AUSPICE•DEO•4S •Mo• •HJ•" que traducido al español significa "Bajo el auspicio de la felicidad de Dios, acuñada en Ciudad de México por el secretario HJ". Dependiendo el origen de la moneda era la leyenda escrita. Las tres leyendas para los escudos en la Nueva España fueron:

Mo: Ciudad de México NG: Nueva Guatemala de la Asunción Ga: Guadalajara

4 escudos de oro equivalían a:

64 reales de plata

206 cuartillas

512 "tlacos" de cobre.

2 Escudos Las monedas de 2 Escudos fueron monedas hechas de un total de 87.5% oro. Estas monedas pesaban 6.7668 gramos. Contrario a las monedas de mayor o menos valor, estas no vieron mucha acuñación y principalmente se hicieron en Ciudad de México y Nueva Guatemala. Contrario a otras variedades como la de 8 escudos, esta no fue acuñada por simpatizantes del Rey y la única variación que hay es la realizada por el Congreso de Chilpancingo.

Las monedas del gobierno novohispano tienen una busto del lado frontal y un escudo en el opuesto. La leyenda que sale es la misma que en monedas de 4 y 8 reales y el escudo que se enseña es el de España en su totalidad y no únicamente el de Castilla y León que se pone en los reales de plata.

1 Escudo

1/2 Escudo izquierda|miniaturadeimagen|Medio escudo acuñado en la Nueva España durante el reinado de Fernando VII. Ciudad de México, 1814