La Real Basílica de San Francisco el Grande, oficialmente Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, es una iglesia católica en Madrid, en el barrio de Palacio, dentro del casco histórico de la capital de España. Preside la cara occidental de la plaza de San Francisco, configurada por la intersección de la calle Bailén y la Carrera de San Francisco. Forma parte del convento franciscano de Jesús y María, fundado a principios del , sobre una desaparecida ermita dedicada a santa María.
La basílica fue construida en estilo neoclásico en la segunda mitad del , a partir de un diseño de Francisco Cabezas, desarrollado por Antonio Pló y finalizado por Francesco Sabatini. El edificio destaca por su cúpula, considerada como la tercera de planta circular de mayor diámetro de la cristiandad; por su suntuosa decoración interior, realizada en estilo ecléctico a finales del ; y por su pinacoteca, representativa de la pintura española de los siglos a , incluyendo, entre otros, un cuadro de Zurbarán y otro de Goya.
Su titularidad corresponde a la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén, organismo autónomo dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación. El 19 de octubre de 1980 fue declarada Monumento Nacional, según Real Decreto, recibiendo por tanto la condición de bien de interés cultural.
Historia mini|izquierda|La basílica en 1890
El lugar estuvo ocupado anteriormente por un convento-ermita franciscano, que, según la leyenda, fue fundado por san Francisco de Asís en 1217. Cuando Felipe II convirtió Madrid en capital del reino, en 1561, el convento fue ganando en riqueza e importancia y llegó a recibir la custodia de los Santos Lugares conquistados por los cruzados, mediante una Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén, y el Comisariado General de Indias.
miniatura|Detalle de La pradera de san Isidro, de Goya. El pintor plasmó la cúpula del templo en esta obra de 1788.|alt=|izquierda
En 1760, los franciscanos derribaron la primitiva edificación para construir, sobre su solar, un templo más grande, que encargaron al arquitecto Ventura Rodríguez. Su proyecto, firmado en 1761, fue desestimado, a favor de un diseño del fraile Francisco Cabezas, redactado por José de Hermosilla. Cabezas concibió una amplia rotonda para el espacio interior, cubierta por una grandiosa cúpula. Sin embargo, las obras tuvieron que suspenderse en 1768, debido a las complicaciones técnicas surgidas, lo que obligó a Cabezas a abandonar el proyecto, presionado por Ventura Rodríguez, quien aprovechó su influencia dentro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Las obras fueron encomendadas entonces a Antonio Plo, que se hizo cargo de la cúpula, concluyéndola en 1770.
En 1776 la comunidad de frailes solicitó al rey Carlos III que se incorporara al proyecto el arquitecto real Francesco Sabatini, uno de los artífices del Palacio Real, a quien se debe la fachada principal y las dos torres que la coronan. También se sumó el arquitecto Miguel Fernández (1726-1786), en calidad de asesor técnico. El edificio fue finalizado en 1784. Durante el reinado de José I (1808-1813), se pensó en destinar el templo a Salón de Cortes, a partir de una remodelación proyectada por el arquitecto Silvestre Pérez. Finalmente, fue convertido en hospital, según Decreto de 3 de marzo de 1812.
En el año 1836, en el contexto de la desamortización de Mendizábal, los franciscanos fueron expulsados y el edificio quedó en manos del Estado español, a través del organismo Patrimonio Real. Un año después, se barajó la posibilidad de convertirlo en Panteón Nacional, pero la iniciativa no pudo materializarse. En 1838, sirvió de sede a un cuartel de infantería, al tiempo que se recupera el culto religioso. La Junta Protectora de la Obra Pía de Jerusalén quedó bajo la titularidad del Estado.
mini|izquierda|Proyecto de remodelación de la iglesia de San Francisco para Salón de Cortes en 1812
En 1869 se retomó la idea del Panteón Nacional. Durante los cinco años siguientes, albergó los restos mortales de diferentes personalidades de la historia española, entre ellos los de Calderón de la Barca, Alonso de Ercilla, Garcilaso de la Vega, Francisco de Quevedo, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán). Fueron depositados en una capilla y devueltos en 1874 a sus respectivos lugares de origen.
En 1879, el templo fue objeto de una profunda reforma y restauración, impulsada por el político Antonio Cánovas del Castillo y financiada por el Ministerio del Estado. La rehabilitación fue aprovechada para decorar su interior, en un proceso que se extendió desde 1880 hasta 1889 y en el que intervinieron diferentes artistas españoles especializados en pinturas murales y artes decorativas, entre los que cabe destacar a Casto Plasencia, José Casado del Alisal y Salvador Martínez Cubells. La mayoría de sus estudios y bocetos se conservan en el Museo del Prado.
miniatura|Traslado de los restos de Calderón de la Barca, desde San Francisco el Grande (en la imagen, a la izquierda) hasta el cementerio de San Nicolás, a su paso por el primitivo Viaducto de Segovia. El grabado corresponde a 1874, cuando el templo dejó de tener la función de Panteón Nacional y fueron devueltos los restos mortales allí depositados a sus lugares de origen
Las obras fueron realizadas a expensas de los fondos de la Obra Pía de los Santos Lugares, dirigiéndolas, por parte del Ministerio de Estado, Jacobo Prendergast. En la reforma tomaron parte escultores tan renombrados como Jerónimo Suñol, Justo de Gandarias Planzón, Mariano Benlliure, Ricardo Bellver, Juan Samsó y Antonio Moltó; pintores de la fama de Carlos Luis de Ribera y Fieve, Alejandro Ferrant y Fischermans ayudado por su gran amigo José María López-Merlo Pascual, Casto Plasencia, Maximino Peña, Germán Hernández Amores, Manuel Domínguez Sánchez, José Casado del Alisal, José Moreno Carbonero, Antonio Muñoz Degraín, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover y Casanova, Eugenio Oliva y Rodrigo, José Marcelo Contreras y Muñoz y Manuel Ramírez Ibáñez.
También ejecutaron obras de talla y ornamentación Francisco Molinelli, Pedro Nicoli y Varela.«La glesia restaurada de San Francisco el Grande en Madrid», Las Provincias, 26 de enero, 1889.
En 1926, el rey Alfonso XIII devolvió el templo a los franciscanos. El 30 de junio de 1962 fue declarado basílica menor por el papa Juan XXIII y el 8 de noviembre del mismo año quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, tras una nueva consagración.
A lo largo del se fueron sucediendo reformas y rehabilitaciones, permaneciendo cerrado durante décadas. Cabe señalar la iniciada en 1971, abordada por el arquitecto Luis Martínez-Feduchi, en la que se actuó sobre las cubiertas y la cúpula, con la impermeabilización del emplomado y la restauración de los frescos del domo. En su interior fue grabada la famosa escena final de Cielo Negro (1951), película de Manuel Mur Oti.
En noviembre de 2001, tras décadas en obras, la iglesia volvió a abrirse al público y en 2006 fueron desmontados los andamios instalados en el interior, con los que los restauradores procedieron a la recuperación de las pinturas murales.
El edificio
Estructura
miniatura|izq|Representación de la iglesia y convento de San Francisco el Grande, en el año 1830. Maqueta o modelo topográfico de Madrid, del ingeniero León Gil de Palacio
La basílica de San Francisco el Grande es de planta central y circular, con vestíbulo y ábside. La cubierta se resuelve mediante una gran cúpula, custodiada por seis pequeños domos, que rodean la base del edificio por el norte y por el sur.
Estos elementos encuentran correspondencia en el espacio interior del templo, conformado por una amplia rotonda y seis pequeñas capillas circundantes (tres a cada lado). La capilla mayor está instalada en el ábside y preside todo el conjunto.
Los materiales de construcción combinan sillares de granito, empleado principalmente en la fachada principal, y ladrillo enfoscado.
Cúpula miniatura|Cúpula desde el lado meridional
La cúpula de San Francisco el Grande tiene 33 m de diámetro y 58 m de altura (72 m desde el suelo). En lo que respecta a las cúpulas de planta circular, es la tercera de mayor diámetro de la cristiandad, por detrás de la del Panteón de Agripa (43,4 m) y de la de San Pedro del Vaticano (42,5 m), ambas en Roma (Italia).
Si se consideran también otro tipo de cúpulas, es la cuarta de mayor tamaño, por detrás de la cúpula de Santa María del Fiore (45 m), en Florencia (Italia), de planta octogonal y facetada en ocho caras.
Supera en diámetro a las cúpulas de Santa Sofía (31,8 m), en Estambul (Turquía); de la Catedral de San Pablo (30,8 m), en Londres (Reino Unido); de Los Inválidos (24 m), en París (Francia); y a la Cúpula de la Roca (20 m), en Jerusalén (Palestina).
Los problemas técnicos surgidos durante la construcción obligaron a adoptar una solución de escasa elevación para la cúpula, en la línea del modelo empleado en el Panteón de Agripa. Está realizada en ladrillo macizo, fabricado a pie de obra, en una sola hoja. En su arranque, la hoja presenta un grosor de tres metros, que va descendiendo hasta la coronación, donde el espesor es inferior al metro.
El domo está coronado por una linterna circular, con chapitel y cruz de hierro forjado sobre la flecha.
En la realización de la decoración pictórica de la cúpula, tanto en lo que se refiere a las ocho molduras como a los gallones, participaron algunos de los más prestigiosos pintores de la época, como Casto Plasencia, Alejandro Ferrant y Fischermans, Salvador Martínez Cubells, Francisco Jover o Manuel Domínguez.
Alrededor de la rotonda, separando las diferentes capillas, se encuentran doce esculturas de los Apóstoles talladas en mármol blanco de Carrara entre 1885 y 1886, según modelos en barro realizados por artistas españoles. La nómina de escultores que llevaron a cabo este proyecto se compone de Mariano Benlliure (San Mateo), Elías Martín y Riesco (Santo Tomás y Santiago el Menor), Justo de Gandarias (San Judas Tadeo), Jerónimo Suñol (San Pablo), Antonio Moltó (San Felipe y San Simón), Agapito Vallmitjana (Santiago el Mayor y San Pedro), Juan Samsó (San Juan) y Ricardo Bellver (San Bartolomé y San Andrés). Estas esculturas se encuentran situadas sobre grandes pedestales y tienen aproximadamente 2,50 metros de altura.
La decoración se completa con los cuatro Evangelistas y las doce Sibilas, situados en el arranque de los gallones, todos obra de Alejandro Ferrant, enmarcando las vidrieras situadas en los vanos que rodean la parte inferior de la cúpula. Estas fueron realizadas por la casa Mayer de Múnich en 1882, a partir de un diseño de Amérigo y Laplaza, en el que se representan escenas de la vida de la Virgen. Destacan igualmente entre los elementos decorativos, los 16 candelabros monumentales situados en las paredes de la rotonda, realizados en latón por la Compañía metalúrgica de San Juan de Alcaraz en 1889 y las magníficas pilas de agua bendita, obra de Vancells.
Fachada principal miniatura|Fachada principal
La fachada principal está orientada al este. Es obra de Francesco Sabatini, quien concibió un diseño netamente neoclásico, si bien matizado por su configuración convexa, necesaria para adaptarse a la planta circular de la estructura.
Presenta dos cuerpos. En el inferior se sitúan tres arcos de medio punto, sujetados mediante pilastras dóricas. El orden jónico domina el segundo cuerpo, constituido por tres ventanales adintelados. El conjunto se remata, en su parte superior, con un frontón triangular, situado en el punto central, y una balaustrada, que recorre los lados.
miniatura|izquierda|Estatuas en la balaustrada de la fachada principal