El Seminario Mayor de San Pelagio es un centro de formación sacerdotal de la Iglesia católica ubicado en la ciudad andaluza de Córdoba (España). Fue creado en el año 1583, y se encuentra muy cerca de la Mezquita-Catedral de Córdoba y del Alcázar de los Reyes Cristianos. Con sus más de cuatro siglos de historia, es una de las instituciones vivas más antiguas de Córdoba.
Historia El La fundación del Seminario Mayor de San Pelagio se remonta al año 1583, por iniciativa del obispo Antonio de Pazos y Figueroa y con la colaboración activa del cabildo de la catedral cordobesa, para que en él estudiaran filosofía y teología los futuros sacerdotes diocesanos. El Concilio de Trento había dispuesto la creación de centros para la formación de los sacerdotes en el decreto del 11 de julio de 1563. Este seminario era uno de los únicos centros académicos en Córdoba junto al Instituto provincial, antes Colegio de la Asunción, fundado en 1548 por Pedro López de Alba, médico del emperador Carlos I de España.
El seminario se ubicó junto al Palacio Episcopal de Córdoba, en donde existía una casa que fue del canónigo doctor Velasco. Muerto éste, la casa salió en subasta pública. El obispo aprovechó la oportunidad que se le presentaba y la adquirió con la idea de comenzar en ella el nuevo seminario. La idea de ponerlo bajo el patrocinio del santo niño mártir San Pelagio se debió a que el edificio estaba ubicado junto al llamado “Campo santo de los Mártires” donde fue martirizado en el año 925. Como el espacio era insuficiente para albergar a treinta estudiantes (según las primeras disposiciones del Obispo), el obispo Antonio de Pazos pensó en ampliar el edificio. Por delante de la casa, y entre ella y otros locales del cabildo catedralicio estaba el llamado «Campillo del Rey». El Obispo pidió al Ayuntamiento de Córdoba que le cediera este terreno y la corporación municipal, viendo las ventajas que traería a Córdoba y a su provincia el nuevo centro educativo, lo puso gratuitamente a su disposición. Por Real Cédula del 14 de diciembre de 1583, el rey Felipe II de España autorizó al Ayuntamiento para en que su nombre concediese al obispo aquel campo para incorporarlo al seminario. Fueron especialmente los obispos Francisco de Alarcón y Covarrubias, el cardenal Pedro de Salazar, Fray Juan de Bonilla, Fray Francisco de Solís y Marcelino de Siurí quienes promovieron celosamente estas obras quedando terminado lo que se llamaba «Colegio Viejo».
En los inicios del Seminario, los seminaristas cursaban los estudios de Filosofía y Teología en el Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús, a donde se desplazaban desde el Seminario. El mencionado colegio tenía dos cátedras de Teología, una de Moral, otra de Sagrada Escritura, otra de Filosofía y cuatro de Humanidades. El claustro estaba formado por miembros del cabildo de la catedral cordobesa que tenían aneja una cátedra en el Seminario: lectoral (Sagrada Escritura), doctoral (Derecho Canónico), magistral (Teología Dogmática) y penitenciario (Teología Moral). Algunas otras canonjías y beneficios tenían obligaciones para con el Seminario: desempeñar gratuitamente alguna cátedra en los días y horas que el obispo determinara.
El seminario entre los siglos y Durante el pontificado del obispo Francisco de Reynoso y Baeza, que ocupó la sede cordobesa entre 1597 y 1601, el edificio fue ampliado por primera vez, siendo la ampliación continuada por su sucesor, el obispo Diego de Mardones, de forma que hasta 1612 no se interrumpieron las obras de ampliación. Durante el pontificado en Córdoba del cardenal Pedro de Salazar Gutiérrez de Toledo se fundaron cuatro cátedras en el seminario, siendo una de ellas la de filosofía y las otras tres de teología.
miniaturadeimagen|Constituciones del obispo Pedro de Salazar y Góngora (1771).En 1741, durante el episcopado de Miguel Vicente Cebrián, se ampliaron más las instalaciones tras comprarse por escritura pública otras tres casas y tres cocheras que tenía el cabildo en el Campo Santo de los Mártires. Se construyó entonces parte de la fachada, y en 1771 se publicaron las Constituciones del Seminario. En 1772 se solicitó al monarca Carlos III de España la exención de quintas en favor de los alumnos y el reconocimiento del valor académico de los estudios hechos en el seminario así como su incorporación a algunas de las universidades. En 1773, en virtud de una orden del rey firmada el 28 de junio, el Seminario Mayor de San Pelagio queda asociado a la Universidad Literaria de Sevilla pudiendo otorgar títulos del mismo carácter que aquella Universidad. En 1776 se edificó la crujía más interior y la capilla del seminario, que fue descrita minuciosamente por el cronista e historiador cordobés Rafael Ramírez de Arellano en el cuarto tomo de sus Paseos por Córdoba. Las mencionadas obras terminaron en 1781. Comprendían desde la puerta de entrada actual hasta el muro occidental de la capilla incluyendo una escalera de mármol monumental. La portada y la escalera de mármol son obra de Juan Miguel Verdiguier, autor del Triunfo de San Rafael de la Puerta del Puente, así como el primitivo altar mayor de estuco, hoy desaparecido, y dos retablos laterales de estuco dedicados a San Acisclo y Santa Victoria y a San Eulogio. Según la contratación de la obra, Verdiguier fue el director de la obra de la fachada pero no su diseñador. Una escultura de San Pelagio que se conserva en la capilla es también obra de Verdiguier. En la capilla del seminario se colocó una reliquia de San Pelagio (un peroné) traída a Córdoba desde el monasterio de las Pelayas de Oviedo tras su correspondiente solicitud en 1794. El relicario es obra del platero cordobés Manuel de Aguilar.
El El obispo Agustín Ayestarán, que rigió la sede cordobesa entre 1796 y 1804, año en que falleció, creó la cátedra de Sagrada Escritura. El 23 de enero de 1810, en el contexto de la Guerra de la Independencia Española, fue ocupado el edificio del seminario por las tropas francesas, que lo convirtieron en Maestranza de Artillería. Hasta 1813, un año después de la retirada de los franceses, el gobierno conservó el Seminario como Maestranza. Cuando se abrió de nuevo, los alumnos eran solamente veintiséis.
El obispo Juan José Bonel y Orbe creó una cátedra de cánones en el año 1836 y otra de latinidad en 1846 hasta completar los estudios de la carrera eclesiástica. Volvió a crecer el número de seminaristas y las instalaciones del seminario empezaron a ser insuficientes por lo que el entonces rector, Pedro María Cubero López de Padilla, comenzó a hacer gestiones para ampliar el edificio hacia el Triunfo de la Puerta del Puente, por un lado, y hacia el Alcázar de los Reyes Cristianos, por el otro. En 1849, comenzó el rector los trámites con el Ayuntamiento para que éste le cediera el campo que mediaba entre el huerto del Seminario y la entonces cárcel, que estaba situada en el Alcázar de los Reyes Cristianos. En diciembre de 1850 el Ayuntamiento acordó conceder gratis esa área conocida como “Campo Santo”. Al mismo tiempo, se iniciaron los trámites con el Cabildo Catedral para comprar la llamada casa “del Triunfo”, que eran unos almacenes y graneros más tarde convertidos en viviendas. Por escritura de venta otorgada el 17 de noviembre de 1850, el seminario la adquirió agregándola al edificio. Las obras terminaron el 15 de octubre de 1852 costando 86.620 reales. En 1858, se compró además a precio de 30.000 reales un huerto contiguo por la parte sur, junto al Alcázar, propiedad de Bartolomé María López. El 23 de agosto de 1863 tuvo lugar un devastador incendio en el seminario.
Tras verse afectado gran parte del edificio, tuvieron que acometerse importantes reformas. Dentro de las reformas programadas estaba la alineación de la fachada del seminario y la desaparición del arco de guía que unía el Palacio Episcopal con el seminario (el Ayuntamiento lo expropió y derribó ampliando así la calle Amador de los Ríos). Inmediatamente comenzaron las obras gracias a la gestión del entonces obispo Juan Alfonso de Alburquerque, y el seminario se restauró pronto. Con la desaparición del arco de guía, se ensanchó la calle y se reformó la fachada. También desapareció la primera verja del paseo del Triunfo quedando aquel lugar más ancho y espacioso, y el monumento más visible. Las obras se prolongaron hasta el final del curso 1867-1868 al agotarse por completo los fondos del seminario. El rector José Cobos y Junguito anticipó de su peculio 90.000 reales para que se pudieran terminar. Desde la capilla en dirección al Alcázar, se amplió notablemente el edificio obteniendo siete clases en la planta baja, y ochenta y dos habitaciones en los pisos principal y segundo. En este periodo se reconstruyó también el techo de la escalera del Cardenal y se llevó a cabo la restauración de la capilla.
Desde el punto de vista académico, se produjo un giro importante en el periodo del obispo dominico Ceferino González y Díaz Tuñón, que ya en el último cuarto del fundó un colegio anexo al seminario para los jóvenes que carecían de medios económicos. A partir de 1874 se nombró por primera vez un director espiritual por indicación del nuevo rector, José Pozuelo. Poco después, el obispo Ceferino confió a la Compañía de Jesús la dirección espiritual del seminario cordobés. En el verano de 1876 se realizaron diversas obras de adaptación del edificio. Ese mismo año se creó también el Colegio de Segunda Enseñanza de San Pelagio y quedó incorporado, en un primer momento, al Real Colegio de la Purísima Concepción de Cabra (luego Instituto Aguilar y Eslava). Dos años más tarde, se incorporó el Seminario al Instituto Provincial de Córdoba, que era el antiguo Colegio de la Asunción, y se instituyeron las llamadas preceptorías de latín en distintas parroquias de la diócesis, con el fin de facilitar el estudio de las humanidades a los candidatos al sacerdocio en sus mismos lugares de origen.
En 1878 el Ayuntamiento acordó en sesión ordinaria cambiar el nombre de la calle del Seminario y designarla con el nombre de Amador de los Ríos, en memoria del insigne alumno que tuvo el centro y que falleció el mes anterior. El obispo Ceferino promovió también diversas obras de adaptación del seminario a las nuevas necesidades entre 1880 y 1881: ensanche de salas de estudio, reformas en los dormitorios, nuevos cuartos para la mejor vigilancia y disciplina, espacioso comedor para los seminaristas del Seminario de San José para seminaristas pobres, etc. En 1884 volvieron los sacerdotes diocesanos a hacerse cargo de la dirección espiritual. En 1885 se publicó el Reglamento del seminario, que venía a cubrir una laguna importante en el centro. El número de internos en el seminario creció tanto en aquellos años que fue ya materialmente imposible albergar cómodamente a tan excesivo número de alumnos matriculados. Ese mismo año, siendo presidente del seminario José Córdoba y Torres, se vio la necesidad de habilitar la casa donada por la marquesa de Zugasti, una dama de la nobleza, sita en la calle Gondomar número cuatro, como “sucursal del Seminario” donde pudieran estudiar los tres primeros cursos de Latín y Humanidades, y que fue denominado “Colegio chico”, albergando en la actualidad el Colegio de la Milagrosa. El número de seminaristas, sin embargo, decreció en los años sucesivos de modo que quedó suprimido este colegio pasando todos los alumnos al seminario propiamente dicho. En 1899, el edificio anteriormente mencionado dejó de ser Colegio auxiliar del seminario y se convirtió en Escuela-asilo de niños asistido por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y bajo la gerencia del magistral González Francés.
Algunos alumnos del seminario del fueron nombrados obispos:
Antonio Domínguez Valdecañas fue designado obispo de Guadix-Baza en 1857. Pedro Cubero López de Padilla, siendo rector del seminario mayor, fue nombrado en 1858 obispo de Orihuela y llegó a participar como padre conciliar en el Concilio Vaticano I.