El Museo de Salamanca, llamado antiguamente Museo Provincial y situado en la ciudad de Salamanca (España), fue creado en 1835 y desde 1947 tiene su sede en la Casa de los Abarca, que es un antiguo palacio salmantino edificado a finales del .
El museo está compuesto por una sección de arqueología y por otra de Bellas Artes. La entrada se encuentra en el Patio de Escuelas, aunque la fachada noble de la Casa de los Abarca está situada en la calle Serranos.
Sin embargo, Alfonso Rodríguez Gutiérrez de Ceballos llegó a afirmar que la mayoría de las obras del museo, y a excepción de un reducido número, «no responden ni a la magnificencia del palacio que los alberga ni a la categoría monumental de Salamanca», y otros autores también han destacado que las colecciones del museo «nunca han tenido la calidad que cabía esperar de una ciudad como Salamanca».
Historia 200px|thumb|Portada renacentista conservada en el museo. El Museo Provincial de Salamanca fue creado oficialmente en 1835, durante la regencia de María Cristina de Borbón, con obras procedentes de los conventos y monasterios desamortizados en Salamanca en esa época durante la Desamortización de Mendizábal, y consta que al principio estuvo compuesto por unos quinientos cuadros, otras tantas esculturas y ciento sesenta relieves. El museo cambió de emplazamiento en varias ocasiones, ya que al principio estuvo instalado en el claustro del convento de San Esteban y posteriormente en el patio de las Escuelas Menores, y al hallarse en este último lugar las obras, «que no debían ser, en general, de excepcional calidad», prácticamente a la intemperie, como señaló Rodríguez Gutiérrez de Ceballos, su número fue disminuyendo considerable y paulatinamente.
Desde 1942 algunas obras del museo comenzaron a exhibirse en su actual emplazamiento, la Casa de los Abarca, que había sido adquirida por el Estado español, pero mientras el palacio era restaurado el Museo tuvo su sede provisionalmente en la célebre Casa de las Conchas de Salamanca, aunque en 1947 pudo ser inaugurado en el edificio que aún ocupa, y con motivo de su inauguración sus fondos aumentaron considerablemente con algunas obras que le cedió el Museo del Prado y el desaparecido Museo de Arte Moderno de Madrid.
Orígenes El Museo de Salamanca es un ejemplo típico de los museos surgidos tras la desamortización. Su desarrollo, como en otros casos, estuvo estrechamente vinculado al contexto social de la región. En el caso de Salamanca, su evolución fue algo más favorable que en otros lugares, aunque no exento de dificultades. Durante las primeras décadas del , el financiamiento del museo provenía principalmente de la subvención anual otorgada por la Diputación Provincial, con una colaboración mínima por parte del Ayuntamiento.Las principales fuentes de información sobre este período provienen de la documentación de la Comisión de Monumentos, conservada en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca, que incluye actas de reuniones, correspondencia y numerosos borradores. Hasta hace poco, las actas disponibles solo llegaban hasta 1865, y aunque la documentación posterior era relevante, apenas cubría el período hasta 1918. En 2011, la Universidad de Salamanca entregó a la Junta de Castilla y León el fondo documental de Norberto Cuesta Dutari, quien fuera secretario de la Comisión Provincial de Monumentos, para su inclusión en el Archivo Histórico Provincial de Salamanca. Este nuevo material completa la información desde 1925 hasta 1972, con algunas referencias posteriores. Desde entonces, el archivo ha realizado un valioso trabajo de inventario e indización de la documentación, aunque este proceso aún no se ha completado. En cuanto al Museo de Salamanca, se conserva muy poca documentación anterior a la década de 1970. Solo se encuentran algunas hojas sueltas y unas pocas actas de las sesiones del Patronato del Museo correspondientes a esos años. A partir de los años 70, ya se dispone de documentación más continua. De la época anterior, se han ido incorporando a los expedientes copias de documentos procedentes del archivo de los museos nacionales, que se suman a los pocos documentos originales existentes, como la significativa entrega de materiales arqueológicos y etnológicos realizada por la Diputación en 1937. El número cuatro del Boletín de Amigos del Museo de Salamanca, publicado en 1999 para conmemorar el 150 aniversario del Museo, se presenta como una fuente organizada e imprescindible para entender la historia del Museo de Salamanca.
El museo se formó a partir de cuadros y otros objetos artísticos provenientes de conventos que fueron disueltos, tal como lo documentan los trabajos realizados por la comisión de inventarios. En 1839, el número de piezas inventariadas por esta comisión ascendió a 330, mientras que la colección acumulada por la comisión científica-artística alcanzó las 637. Entre los objetos se incluyen aproximadamente 480 cuadros, 500 estatuas y 150 relieves, según los registros de la comisión.
La desamortización comenzó oficialmente el 22 de agosto de 1835, cuando se reunió la comisión civil de inventarios de los conventos suprimidos en las salas de la Escuela de Dibujo de Salamanca. Esta reunión respondía a una orden real que requería la formación de comisiones compuestas por "individuos inteligentes y activos" con "ilustración y gusto acreditado", encargadas de examinar, inventariar y recoger todo lo que encontraran en los archivos y bibliotecas de los conventos disueltos.
Sin embargo, la falta de recursos financieros e infraestructurales pronto limitó el alcance de la expropiación. Para noviembre de ese mismo año, ya se había decidido que solo se custodiarían las pinturas, separándolas de las reliquias. En enero del año siguiente, hubo situaciones curiosas, como la del subdelegado de policía de Alba de Tormes, quien afirmó haber realizado los inventarios en los conventos de la localidad sin encontrar ninguna pintura.
El 4 de junio de 1837, se emitió una real orden que disponía que todos los objetos pertenecientes a la diócesis de Ciudad Rodrigo fueran entregados al obispo electo de la ciudad. Previamente, ya se había acordado no vender ni despojar de sus bienes a las imágenes o esculturas que fueran objeto de culto.
Además, las obras de arte no solo estaban almacenadas en el Palacio de Anaya y en el convento de San Esteban, sino también en varios conventos de monjas de la ciudad, a los que los comisionados no podían acceder sin el permiso del obispo, o incluso en depósitos privados.
La situación fue similar a la de otras provincias: falta de recursos económicos, escaso personal capacitado para realizar los inventarios fuera de la capital, y una administración desorganizada que permitió que los frailes extrajeran bienes de valor sin ser controlados, como señaló el gobernador civil Cambronero en 1835. Además, hubo problemas con la falta de espacios adecuados para almacenar la colección y la presencia de tratantes de arte dudosos en las provincias.
En menos de dos años, el alcance de la comisión se redujo considerablemente y en 1838 fue reemplazada por la Comisión Científico-Artística de la Provincia. En julio de ese mismo año, esta comisión solicitó al Ayuntamiento un edificio para albergar el museo y la biblioteca. El 3 de agosto de 1846, el Estado solicitó un presupuesto para el mantenimiento del museo y la biblioteca, así como para realizar excavaciones, siendo esta la primera mención oficial de la arqueología en relación con el museo.
Etapa en el Palacio de Anaya (1848-1865) Después de varios intentos fallidos, finalmente se concede como sede para el museo el Palacio de Anaya, edificio del antiguo Colegio Mayor de San Bartolomé, ya que los colegios mayores habían sido desamortizados en 1798. Mediante una orden real de 25 de mayo de 1846, se asignó el Palacio de Anaya a la Comisión de Monumentos. El 5 de abril de 1848, El Correo Salmantino publicó en su portada un artículo titulado "El Museo Provincial", instando a la inauguración del museo público. Finalmente, el 29 de septiembre de 1848, se ordenó que, a partir del 1 de octubre, se habilitara una habitación para el pintor y escultor Isidoro Celaya, y que se asignara también el cargo de "conserje" del museo a don Villalonga, quien recibiría una asignación de 2 reales diarios. El museo fue inaugurado oficialmente el 10 de octubre de 1848.En cuanto a las fechas de la apertura, se tiene constancia de dos versiones: la de Fernando de Araujo, que señala el 1 de octubre, y la de Manuel Villar y Macías, que menciona el 10 de octubre. Se prefiere la segunda fecha, ya que Villar y Macías formaba parte de la comisión de monumentos, fue director del museo a finales del , y tenía una conocida tendencia a prestar atención a los detalles correctos en sus publicaciones, lo que, irónicamente, contribuyó a su depresión y posterior muerte. Es probable que Araujo se refiriera a la toma de posesión del edificio (la instalación del museo), mientras que Villar y Macías hacía referencia a la fecha en que el museo abrió sus puertas al público.
Sin embargo, en enero de 1852, un decreto destinó este edificio a oficinas públicas, lo que provocó que las obras se trasladaran a las galerías, un espacio poco adecuado para su conservación, ya que servía como acceso a otras habitaciones del piso principal.
Tras la inauguración del museo, las noticias directas sobre su actividad se vuelven escasas. La información disponible proviene principalmente de menciones esporádicas en la prensa, donde se reclama más presupuesto para mejorar la exposición, se critica la calidad de las obras y se instan esfuerzos para recuperar las piezas que aún están en manos del clero o incluso en propiedades particulares. La fuente principal de información durante este período son las actas de la Comisión de Monumentos, aunque las referencias en estos documentos son limitadas. Las comisiones encargadas de velar por los monumentos estaban presididas por el gobernador o jefe político, la misma autoridad encargada de promover las infraestructuras en la provincia, lo que generaba un posible conflicto de intereses. Este conflicto se hizo evidente en Salamanca, donde, bajo las órdenes del gobernador Fernando Zappino, se llevó a cabo una obra que alteró profundamente el puente romano de la ciudad, eliminando las almenas que lo adornaban, derribando el castillete central y retirando todas las losas antiguas. Además, el verraco que adornaba el puente romano se lanzó en 1837 al margen del río, donde se partió y quedó abandonado; algunos afirman que esto fue debido a su asociación con la revuelta comunera, mientras que otros creen que se debió a preocupaciones sobre el riesgo de derrumbe.
Las obras ya habían suscitado oposición ciudadana antes de su ejecución, y esto coincidió con una orden de la Comisión Central Superior de Monumentos que exigía a las comisiones provinciales enviar un listado de los monumentos bajo su custodia que poseyeran valor histórico y artístico y que necesitaran reparación urgente.
Como consecuencia de esta situación, el 6 de abril de 1853, el gobernador civil de Salamanca fue trasladado a la provincia de Málaga en comisión de servicios. En septiembre de 1853, el nuevo gobernador, Rafael Húmera, informó a la comisión de que uno de los encargados del museo, Isidoro Celaya, había sido despedido, aunque aún figuraba en el cargo según algunos registros. Solo permaneció en el museo Pedro Micó, un pintor relacionado con la restauración de sus cuadros. Finalmente, el 28 de febrero de 1854, el Ministerio de Fomento, mediante una orden real, nombró a Pedro Micó como encargado del museo, reemplazando oficialmente a Celaya.
Este proceso no resolvió las críticas ni las quejas previas de la ciudadanía, pero formalizó la administración del museo bajo nuevas directrices, aunque las acciones pasadas quedaron en gran medida sin respuesta.